lunes, 5 de agosto de 2024
domingo, 28 de enero de 2018
Visita al santuario de la Operación Antropoide
Estuvimos en Praga en la iglesia donde fue acorralado el comando que atentó contra Heydrich—una historia contada en HHhH de Laurent Binet, o en las películas HHhH y Operation Anthropoid. Allí hay un memorial a las víctimas—no del atentado, sino de la represión y respuesta de los nazis. Un sitio que te deja con un nudo en la garganta. Aquí hay unas fotos—en el fotoblog a la derecha de ésta:
miércoles, 20 de septiembre de 2017
Irène Némirovsky, 'Suite Française': Una novela con su tiempo inscrito
Irène Némirovsky fue una novelista de la primera mitad del siglo XX recuperada recientemente para la literatura francesa como un clásico moderno. Su Suite francesa recibió muy póstumamente el premio Renaudot en 2004. Es un libro con una historia excepcional: se escribió en 1942, poco antes de que deportasen a su autora, judía rusa exiliada en Francia, a la cámara de gas. Pero podría decirse, tristemente, que la novela fue desbordada por la historia antes de su publicación, pues se concentra en las pequeñas mezquindades y pasa por alto los grandes crímenes de la historia.
Texto completo:
Irène Némirovsky's 'Suite Française': A Novel with the Inscription of Its Times
Irène Némirovsky was a novelist from the first half of the 20th century who has recently been recovered as a modern French classic. Her Suite Française received the Renaudot award quite posthumously in 2004. The book carries an exceptional history: it was written in 1942, shortly before the author, a Jewish Russian exile, was deported to the gas chambers. But the book had been sadly overtaken by history before its publication, sadly enough, as it concentrates on the meanness of everyday life while overlooking the great historical crimes.Keywords: Novel, French literature, Occupation, Holocaust, Nazism, Second World War, Irène Némirovsky, Jewish writers
Universidad de Zaragoza
Suggested Citation:
_____. "Irène Némirovsky, Suite française." In García Landa, Vanity Fea 30 Aug. 2006.*
http://garciala.blogia.com/2006/083001-irene-nemirovsky-suite-fran-aise.php
2006
_____. "Irène Némirovsky, Suite française: Una novela con su tiempo inscrito." Ibercampus 30 Aug. 2017.*
http://www.ibercampus.es/irene-nemirovsky-suite-franaise-35502.htm
2017
_____. "Irène Némirovsky, 'Suite Française': Una novela con su tiempo inscrito (Irène Némirovsky's 'Suite Française': A Novel with the Inscription of Its Times)." SSRN 30 Aug. 2017.*
https://ssrn.com/abstract=3029447
2017
_____."Irène Némirovsky, Suite Française: Una novela con su tiempo inscrito." In García Landa, Vanity Fea Sept. 2017.*
http://vanityfea.blogspot.com.es/2017/09/irene-nemirovsky-suite-francaise-una.html
2017
_____."Irène Némirovsky, Suite Française: Una novela con su tiempo inscrito." Net Sight de José Angel García Landa 4 Jan. 2023.*
https://personal.unizar.es/garciala/publicaciones/suitefrancesa.pdf
2024
martes, 30 de agosto de 2016
Retropost #1121 (30 de agosto de 2006): Suite française
Publicado en Literatura y crítica. com. José Ángel García Landa
Muy recomendado viene este libro desde que le dieron el Prix Renaudot en 2004; tiene su historia excepcional, pues se escribió en 1942, poco antes de que deportasen a su autora, judía rusa exiliada en Francia, a la cámara de gas. Su marido corrió la misma suerte; sus hijas se salvaron con la asistenta, y guardaron el manuscrito durante años hasta su reciente edición. Tiene delito que quienes la arrestasen para su deportación fuesen los gendarmes franceses, que también buscaron a sus hijas sin éxito. Y casi aún más delito tiene que la madre de Irène, personaje frívolo y egoísta hasta decir vale, se negase a recibir a sus nietas en su pisazo de Niza; murió en 1989 a los 102 años de edad. Había hostilidad entre madre e hija, y parte del sarcasmo frío de la Suite française y de otras obras de Némirovsky va dirigido contra personajes de la clase y actitudes de su madre. Incluso se han intentado buscar elementos antisemitas en su obra... por ejemplo lo intentó su marido, con la vana esperanza de defenderla ante los nazis como una conversa cristiana (que lo era, técnicamente) enemiga de los judíos (que evidentemente no lo era).
La Suite Française está inacabada; consta de dos partes de las cinco que iba a tener, si bien las notas de Némirovsky dejan claro que el argumento de conjunto apenas estaba esbozado, y que iba improvisando conforme escribía. Tenemos lo que le dio tiempo a hacer antes de su deportación: una primera parte llamada Tempête en juin, que narra la huiída de París de grandes y pequeños burgueses ante el temor de la llegada de los alemanes en 1940; y una segunda parte llamada Dolce, sólo levemente conectada con la primera, centrada en la estancia de las tropas alemanas en un pueblo de la Francia ocupada, y en las reacciones de los vecinos a lo largo de los tres meses que dura su convivencia. En las dos partes, la voz narrativa no se explaya por cuenta propia en reflexiones ni interpretaciones, sino que más bien se atiene a reflejar los pensamientos e impresiones de diversas clases de personajes: en sus notas muestra Némirovsky una voluntad de estilo muy modernista de mostraren lugar de decir. Lo más que se permite es poner en evidencia irónica la mezquindad, egoísmo e hipocresía de los ricachones que intentan ante todo conservar sus bienes y privilegios, mejor que ayudar a sus vecinos en apuros. Aunque de todo hay: la primera parte es una panorámica de diversos personajes y escenas, y también hay comentaristas fiables (al menos moralmente rectos) de la situación., como el matrimonio de bancarios que no consiguen huir de París y son despedidos por el típico patrón avaro Corbin (posbilemente una caricatura judaica de las que se solían achacar a Némirovsky). La mayoría de los personajes de esta primera parte pertenecen a una familia adinerada que es contemplada con bastante ironía fría, aunque varios de sus miembros mueren durante la invasión alemana. La segunda parte se centra en Lucile angellier, una joven dama en un sofocante ambiente de provincias, esposa de un prisionero de guerra al que no ama, y que vive con su suegra en un caserón, pendiente del ausente; y su amistad romántica, casi amores, con el oficial alemán que les asignan para alojamiento. Termina esta parte con los alemanes retirándose cantando a la lejanía, partiendo hacia las batallas de Rusia, y sin que ni el conflicto ni el amor hayan llegado a los extremos que eran de temer o de desear. Casi se les va a echar de menos...
Así pues, la obra, fuese a ser lo que fuese en tanto que novela organizada, no nos queda sino como dos fragmentos autónomos, cuyo mayor valor está en mostrar desde dentro la psicología e impresiones del tiempo de la ocupación. Lo realmente curioso de leer la Suite Française tal como se ha publicado actualmente es que a la vez que tenemos la visión de los personajes controlados por la autora, tenemos las notas de la novelista que muestran otra narración de guerra, la de su propia escritura, con reflexiones sobre cómo limitarse a retratar y crear sensaciones, comentando sobre los alemanes que su marido y ella tuvieron que alojar en el pueblo de Issy-l'Évêque donde estuvieron entre 1941 y 1942, y después las cartas desesperadas de su pobre marido buscando ayuda para liberar a su esposa, intentando demostrar su antibolchevismo, antijudaísmo... (en vano, claro; pronto sería gaseado él mismo). Las dos historias no coinciden totalmente. Por supuesto, una es ficción, con personajes inventados, etc., y la otra no, pero me refiero a que las prioridades no parecen ser las mismas. En la Suite française, los alemanes aparecen vistos un tanto exteriormente; apenas unos ejércitos que pasan en la primera parte, y unas disciplinadas tropas de ocupación en la segunda. Los malos, o los personajes caricaturizados o expuestos a la ironía de la autora, no son nunca los alemanes; siempre los franceses, sobre todo los de las clases más pudientes y más dispuestos al colaboracionismo tras el primer sofoco de terror al invasor. Los que alaban a Pétain y barren para casa mientras moralizan a los demás, o los denuncian, como hace la vizcondesa de Montmort en Dolce. Por supuesto, era prudente para la autora no criticar abiertamente a los alemanes por si se encontraba su manuscrito. Y sin embargo, he aquí que los alemanes aparecen en exceso bien parados. Poco imaginativos, en todo caso dados a un romanticismo educado; guapos, bien perfilados, pulcros, disciplinados, gente de orden, educados, cordiales con los invadidos, si bien de una cordialidad ligeramente siniestra a veces, basada como está en la fuerza que no se muestra. Hay amenazas de ejecuciones, etc., pero las únicas muertes violentas e injustas son los franceses quienes las llevan a cabo, y no los más admirables. En este sentido la novela recuerda mucho a la célebre de Vercors, Le Silence de la mer, de la misma época, donde un culto y educado oficial alemán de las fuerzas de ocupación se encontraba con el muro de silencio y el rechazo gélido que le ofrecen una joven y su padre en la casa donde se aloja. No es el caso aquí, donde Lucile casi casi es seducida por el alemán, aunque no puede vencer su rechazo interno al final, y hasta ayuda a ocultar al vecino que ha matado al alemán que le alojaban a él en casa (a traición, un gesto feo). Pero, como digo, la novela es casi germanófila, triste paradoja. Con estos encantadores alemanes, la colaboración no parece sino una conveniencia sin apenas contrapartida moral, algo más que sorprendente aunque ciertamente sí ayuda a entender la percepción y la ambivalencia de tantos franceses de entonces... Pero ni un pensamiento dedicado jamás por nadie a las políticas brutales del Reich, o a las opresiones mentales del nazismo. Podría decirse, tristemente, que es un libro desbordado por la historia, que se concentra en las pequeñas mezquindades y pasa por alto los grandes crímenes... Hasta el asesinato del alemán Bonnet se diluye convirtiéndolo en cuestión más de celos que de guerra o política. Así pues, mal puede ser ésta la gran novela de Francia en la segunda guerra mundial. La cosa que más llama la atención en la ficción la ausencia total de referencias a las persecuciones de los judíos—algo que desde luego ocupa un primerísimo plano en las notas y cartas de la autora y su marido, la novela detrás de la novela. Expulsados de París, fichados, despedidos de su empleo... y ni una la menor alusión a las "desventajas" de la política judía del Reich en la ficción. ¿Prudencia también? ¿Incredulidad, o inconsciencia, de hasta dónde podían llegar las cosas? Es curioso que el "tema judío" sólo aparezca en las notas de la autora cuando se refiere a su vida cotidiana, nunca a sus planes para la escritura. Y el desagradable Corbin sí parece ser judío... Así que, aunque la Suite française es un relato apreciable, lo es tanto más como síntoma de los tiempos, por lo que no cuenta y quizás no podía contar, y por las extrañas prioridades que muestra en lo que sí cuenta. Requiere, en todo caso, ser leída como parte de la historia y destino de su autora, pues lo que aparece en el texto marginal es tan indicativo, y tan trágico, como la novela que se premió. ¿O quizá se premió el conjunto de novela inacabada, culminando en muerte trágica de la autora? Así, inhabitualmente, en la edición de Folio se ha elegido un retrato de la autora para la portada. Es, en todo caso, un fenómeno literario de poco habitual de conjunción, y contraste, entre vida y obra.
PS: comentario que pongo a una reseña poco positiva de Suite française en solodelibros:
Veo que te ha chocado lo mismo que a mí: lo suavísimo que es el libro con los alemanes, que poco después iban a exterminar a Némirovsky y a su marido y su comunidad; aunque de antisemitismo no hay ni palabra en el libro: todos los alemanes son idealistas, correctos, guapos… y son los franceses los que son falsos y vendidos y rastreros la mayoría, que seguramente sí lo eran. Supongo que la intención de Némirovsky era publicar su libro… si vivía, y malamente podía poner de vuelta y media a los alemanes. Triste ironía, que ahora se celebre como un retrato ajustado de la situación un libro hecho para publicarse en condiciones de tiranía asesina y opresión. Y que sin embargo, como dices, se deja leer… pero ojo con él. Saludos.
sábado, 16 de octubre de 2010
Lacombe Lucien
Lacombe Lucien es una obra maestra del cine francés, de Louis Malle, ambientada en el sureste de Francia, durante la ocupación nazi. Es la historia de un infeliz paleto, con ínfulas de matoncillo, que se enrola como colaboracionista en la policía alemana. Los títulos de crédito finales, un tanto abruptos, nos dicen que fue arrestado y fusilado; la película sin embargo se centra en sus actividades como abusón, en el ambiente de los agentes colaboracionistas, y en la historia "de amor" de Lucien con una refugiada judía, a cuya familia chantajea.
El título de esta película es el nombre del protagonista dicho al revés—así se presenta él, tras oír cómo en los informes policiales se leían los nombres empezando por el apellido. Es un rasgo muy característico de este personaje, que a veces parece actuar por mero instinto de imitación, en plan "a donde fueres haz lo que vieres". Así la película tiene toques muy sarcásticos, porque en la Francia de 1944 Lacombe Lucien ve más colaboracionismo con los nazis que resistencia. Y ve que los que medran son los colaboracionistas, así que no duda en subirse al carro. Sin mucho cálculo, porque como digo es un paleto abismalmente profundo, un chaval de pueblo sin inteligencia ni cultura ni don de gentes ni capacidades de expresión, excelentemente retratado. Los trabajos sucios de las guerras se hacen con el personal que hay a mano, y mucho de lo que se pone a mano parece ser como este Lacombe. Otros maulas vemos, en el hotel que les sirve como comisaría, sala de torturas y casa de citas: un psicópata antisemita, un ciclista venido a menos, un niño bien perdulario que vive la vida, etc. Todos dispuestos a las mayores crueldades sin pensarlo dos veces, y de hecho buscándolas como adrenalina sádica. Hay muchas escenas memorables, como cuando se hacen pasar por resistentes para cazar a quienes estén dispuestos a ayudarles, y disfrutan aterrorizando a sus víctimas, saqueando sus casas, abusando como los matones de siempre y de toda la vida, los que organizan novatadas en los colegios o en la mili, los voceras de taberna que te echan el brazo encima y te hablan a gritos, ese tipo de gente, que en las guerras sacan lo mejorcito de sí mismos, y pasan a hacer redadas, interrogatorios a golpes, y listas, muchas listas, les encantan de repente los listados y la revisión de documentos. De ese mundo apestoso va Lucien Lacombe, un retrato del fascismo en acción que es memorable porque vemos quiénes son los canallas de toda la vida que son los que le han dado al fascismo su fama merecida—pero cuando los tiempos no prometen no van necesariamente de fascistas.
Lucien es a la vez típico y diferente. No tiene iniciativas—de él no saldrían estas situaciones, si no se las encuentra. Es de los que siguen a los demás e imitan. La película tiene muchos planos de valoración (implícita, digo), y en algunos Lucien es simplemente, o podría ser, un muchacho más de su pueblo, si no hubiese guerra podría haberse casado con la pastorcilla de las ovejas. Le gusta matar pajarillos, sí, pero bueno, eso lo hacen muchos chavales de pueblo que no llegan a asesinos. Lucien está haciéndose hombre, está en su propia crisis: su padre se ha unido al maquis, y su madre se ha arrejuntado con el dueño de la finca que lo empleaba. Lucien limpia su escopeta, pero no va a matar al patrón, sólo caza conejos. Pero tiene confusión y rabia interna; quiere crecer, hacer algo que lo saque de su trabajo en el hospicio. Un buen trabajador honrado, como el caballo que ve sacar muerto, sólo consigue acabar deslomado. Y eso también enseña. Ve que unos se apuntan al maquis, como su padre, otros (y les va mejor) a la colaboración. La moneda cae del lado de la colaboración, un poco por casualidad también. Delata a la red de resistentes que conocía de oídas, un poco como todos, medio por miedo medio por deslenguado y por mero cateto. Un lado de Lucien sigue siendo ese chaval simple de su aldea, y cuando tenga que huir al campo al final de la película vuelve a ser el crío que cazaba pájaros y liebres. La inocencia sigue allí, pero ha sido pervertida irremediablemente, por sus elecciones, sí, pero también por las circunstancias, y por la historia. En otro ambiente Lucien no hubiera hecho nada reseñable, o bien poco, a pesar de su falta total de compasión y su estolidez moral. Una sociedad ordenada lo hubiera mantenido en orden, pero la guerra (la guerra civil especialmente) desordena profundamente el orden moral que hace ser a la gente lo que es.
Lo más reseñable que hace Lucien tras su elección inicial es cambiar de bando súbitamente. Gran parte de las escenas son las de la humillación del refugiado judío Hamm, que ve cómo Lucien y su mentor, el pijonauta psicópata, lo van atenazando, humillando, extorsionando, a él y a su hija. El otro quería dinero; Lucien es aún peor porque se enamora (dentro de sus posibilidades) de la chica judía, France, y la mete en problemas, y la seduce o viola, la putea en opinión de su padre, y se convierte en una pesadilla para la familia, el autoinvitado indeseable, que se impone por una mezcla de brutalidad, estupidez y de falta de mundo sin más. Un poco lo contrario de lo que pasa con los alemanes en novelas de la Ocupación como Le Silence de la mer de Vercors o la Suite française de Irène Némirovsky. Lo patético es que el mundo de Hamm y de su hija se ha reducido tanto (y esto está magistralmente llevado), tanto que acaban por doblegarse a su destino: el educadísimo Hamm, acorralado en su propia casa por la vulgaridad armada, va a entregarse al hotel-comisaría, en unas escenas de auténtico humor negro; France su hija acaba entendiéndose con Lucien y disfrutando de su compañía (alegoría alegoría... y placer), sobre todo cuando las salva a ella y a su abuela de ser internadas en un campo de concentración... Pero en ese momento Lucien estaba improvisando, venía a arrestarlas con un alemán, y de no ser porque el alemán le disputa el botín, hubiera llevado a France y a su abuela tan tranquilo a embarcarlas para el campo. Pero en un arrebato mata al alemán, y huyen... a España, pero no llegan. En el campo encuentran la tranquilidad, toman el sol, cazan pájaros y conejos, allí no hay guerra, casi son una familia vulgar, la vida sigue improvisadamente, hasta que irrumpen los títulos de crédito de la historia, a pasar factura.
En fin, una película de antihéroe, magistral, pero es que en las guerras abundan esos más que los héroes. También una película de guerra que pocos clasificarán como tal, y es que las guerras suelen estar mal filmadas. Esta no.
Lacombe Lucien. Dir. Louis Malle. Written by Louis Malle and Patrick Modiano. Cast: Pierre Blaise, Aurore Clément, Holgen Löwenadler. France, Germany, Italy, 1974.


