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viernes, 5 de junio de 2020

No Country for Oldowan Men: Origen evolutivo del lenguaje




Murphy, Elliot. (U College London). "No Country for Oldowan Men: Emerging Factors in Language Evolution." Frontiers in Psychology 19 June 2019.*
         2020






lunes, 26 de noviembre de 2018

Retropost (26 de noviembre de 2008): Bio/Neurolingüistica



Entrevista con Juan Uriagereka en Tercera Cultura—sobre la naturaleza y origen del lenguaje; salen a colación uno de mis temas de interés, las neuronas espejo. Y también me parece interesante cómo modera Uriagereka la posición reduccionista, admitiendo que los problemas se pueden tratar a distintos grados de "granularidad" por así decir—o sea, que cada tipo de problema requiere su enfoque, y su disciplina.

Un poco decepcionante resulta tanta especulación sobre el papel del supuesto gen del lenguaje, FOXP2, total para decirnos al fin que no sabemos lo que hace... aunque bueno, no sería la primera vez que una reactivación genética de algo muy antiguo da lugar a fenómenos y combinaciones nuevos—como la capacidad de procesar lenguaje que interesa (chomskianamente) a Uriagereka. O incluso esta idea del origen del lenguaje en un virus... vaya a saber si tendrá alguna base de realidad, que también hay viruses que provocan mutaciones, aunque aquí lo diga en un tono especulativo casi de broma.

Enfatiza esta aproximación biolingüistica los temas chomskianos básicos: la gramática universal, la identidad fundamental de todas las lenguas, la existencia de un "mecanismo cerebral" específico para el lenguaje... pero de una manera un tanto más constructiva e interesante, que los pone en conversación con otras disciplinas e incluso al final (quién sabe) hasta con el evolucionismo cultural. Aunque para esto último aún parece que les falta un poco de desarrollo.

En fin, que con lo que más estoy de acuerdo con él que ojo no vayamos a intentar reducir todo a biolingüística y neurolingüística ahora... Por interesante que sea el trabajo que hagan en el Biolinguistics Network.

El toque abstracto se le ve a Uriagereka cuando se niega a reconocer la preponderancia de unas lenguas sobre otras y se pone casi sentimental, idealista, hablando de las lenguas castigadas por la brutalidad de la historia... Desde un punto de vista chomskiano, quizá todas las lenguas sean iguales o equivalentes, pero eso es lo que le falta a este universalismo—el reconocer que no sólo de gramática vive la lengua. Será comprensible en alguien medio vasco, pero semejante victimismo lingüístico no tiene los pies en el suelo (llega a proponer Uriagereka rescatar como lingua franca el lakota u otra lengua extinta, mejor que aceptar el papel del inglés como lengua internacional. Y esto estando en Maryland...). De los procesos comunicativos y sociales que a lo largo de la historia han constituido las grandes lenguas, se queda Uriagereka sólo con la brutalidad de la historia y el colonialismo que oprime y margina: ignorando el logro cultural que supone la existencia de lenguas francas, comunes e internacionales. Por matizar esta postura, modificaría yo una frase de Walter Benjamin: todo documento de cultura, además de ser un documento de barbarie, es un documento de cultura.

En fin, que como buen chomskiano al fin y al cabo—hay que leerse su profesión de fe para creer hasta qué punto—Uriagereka elige ignorar la historia (o vilipendiarla) y en última instancia esto le lleva a ignorar de hecho la evolución del lenguaje: no considera que el lenguaje sea algo que se hace progresivamente, que evoluciona, que se va improvisando y desarrollando a partir de otros sistemas cognitivos y motores, con la interacción, la internalización de esquemas, y la complejificación gradual de procesos sociales y comunicativos, no: este enfoque tiende a considerar el lenguaje como algo que surgió... algo así como por un virus o una mutación súbita. Y, teniendo su meollito de verdad (siempre hay pasos significativos, gotas que desbordan el vaso, presas que se rompen, etc.)—hay que señalar que este planteamiento básico es el error básico de los bio/neurolingüistas.

A no perderse, tampoco, los comentarios sobre la entrevista, en el blog de La Revolución naturalista. De éstos, en general vengo a concurrir con el PaleoFreak.

PS: otra crítica a algunos planteamientos biolingüísticos en Babel's Dawn.

Y re-PS: Me ponen un enlace en el nuevo blog Biolingüistica.










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domingo, 21 de octubre de 2018

Retropost (21 de octubre de 2008): Orígenes del bable



A cuenta de un reciente análisis genético de neandertales asturianos (en Biolinguistics): en suma, todavía no sabemos si hablaban o no los neandertales, y menos aún qué decían. Aunque los autores no pueden descartar la posibilidad, no consideran que la estructura genética descubierta sea prueba suficiente. Tampoco se descarta en el artículo la hibridación con otras especies humanas. Lo que me parece improbable es que se puedan explicar las mutaciones observadas en genes "lingüísticos" de los neandertales con "the existence of two parallel selective processes with identical molecular outcomes in two different species"—eso suena a estadísticamente improbable. A mí me parece que de hecho, mientras la investigación no pueda descartar una cosa y otra, a saber, lenguaje neandertal e hibridación entre especies, más plausibles se van haciendo ambas—sobre todo si tenemos en cuenta que no es una cosa de todo-o-nada, sino de grado. El concepto de una "capacidad de lenguaje" como algo bien delimitado que parece presuponer el artículo (quizá por influencia generativista) me parece lo más discutible del trabajo, y lo que sesga sus razonamientos. Porque lo de neandertales "speaking in a modern way" (p. 226).... ¡ja, ja! ¿quién exactamente propugna eso? Los generativistas corren el peligro de pasar de un mecanismo lingüístico puramente conceptual y racional a uno puramente genético—o de identificar ambos—saltándose a la mayor velocidad posible todo el terreno intermedio entre genética y estructura actual, el terreno perteneciente propiamente a la evolución del lenguaje y a su modelación por los procesos comunicativos y por la interacción social.

A este nuevo (y viejo) paradigma de la lingüística chomskiana lo podríamos llamar lingüística gene-rativa.

El artículo ("Also sprach Neanderthalis... Or Did She?", de Antonio Benítez-Burraco, Víctor M. Longa, Guillermo Lorenzo y Juan Uriagereka) puede leerse en el último número de Biolinguistics; se registra uno gratis, como parte que es del Open Journal Systems.

Un caso especialmente llamativo de la separación generativista entre lenguaje y capacidad simbólica general puede verse en la reseña de Massimo Piattelli-Palmarini en ese mismo volumen. "Symbolic systems are not relevant to language, and they
cannot be offered as an intermediate step in language evolution"—nos dice, así con un par (240), oponiéndose al evolucionismo en la línea de Arbib, Deacon o Tomasello. Más acertada me parece la contestación de Edmund Blair Bolles defendiendo una postura evolutiva comprensible.

El lenguaje surge de la capacidad simbólica, y las características "únicas" que le atribuye Piattelli-Palmarini derivan de una capacidad más general de articular símbolos complejos, de transformarlos, insertarlos y subordinarlos unos en otros—el tipo de procesos cognitivos que analiza Goffman en Frame Analysis. ¿Qué es la sintaxis (ese icono generativista), sino una serie compleja de marcos invisibles trazados alrededor de los sonidos y palabras, para ordenarlos unos con respecto a otros de modos cada vez más complejos? Pues esa herramienta cognitiva pertenece a una capacidad simbólica general, y por ahí deben buscarse no tanto los orígenes del lenguaje (búsqueda sin fin, esa) sino los principios de desarrollo del lenguaje.

Claro que Piattelli-Palmarini parece creer que "No sentence in any language requires “minutes” to be understood by a ten-year-old, or by anyone at any age" (241). No, a veces requiere años llegar a entender una frase—y otras veces no llega a entenderse nunca. Pero vete a explicarle esto a un generativista. Tendría que mutarle algún gen, antes de entenderlo.






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martes, 13 de agosto de 2013

¿Es el lenguaje (a pesar de todo) algo exclusivamente humano?

Una excelente conferencia de Antonio Benítez Burraco sobre el origen del lenguaje y biolingüistica evolutiva que oí en la Facultad de Filosofía y Letras como parte de los seminarios organizados por SYLEX / Zaragoza Lingüística:


 




sábado, 26 de septiembre de 2009

Adam's Tongue 10: Mentalizándonos

Reseña del libro de Derek Bickerton sobre el origen del lenguaje, Adam's Tongue (2009)

En este capítulo habla Bickerton del desarrollo mental y cerebral, empezando con una referencia a las teorías de Gary Marcus, sobre la construcción históricamente contingente y "accidental" del cerebro humano. Como Marcus, nos propone Bickerton evitar la teleología y la falacia de la retrospección. Gracias al cerebro pensamos y hablamos. Peero, de ahí no se sigue que el cerebro se haya desarrollado "para" pensar y para hablar. Son los resultados colaterales, exaptados o imprevisibles que adornan la historia de la evolución (al menos tal como la veía Stephen Jay Gould) y le dan forma incalculable e irrepetible.


El cerebro se desarrollo para recibir mensajes de los órganos, analizarla, decidir una acción en respuesta a la información sobre el medio, y enviar una orden para ejecutar esa acción. Eso es lo que hacen los animales, mayoremente: reaccionar en interacción con el medio externo, procesar mentalmente información procedente del exterior. Es lo que Bickerton llama pensamiento en red o conectado (online thinking). Ahora bien, en el caso de los humanos, se ha desarrollado enormemente otro tipo de pensamiento, el pensamiento fuera de red o desconectado (offline thinking)—"pensamiento que no tiene conexión directa o necesaria con lo que sucede fuera, sino que se genera y tiene lugar íntegramente en el interior del cerebro" (194). Es lo que nos permite pensar cosas aparentemente tan sencillas como "las rosas son rojas"—un pensamiento abstracto desconectado de ninguna rosa que estemos viendo. El proceso de los dos tipos de pensamiento es muy diferente. Uno va por pasos necesarios del estímulo a la reacción y a la orden de respuesta; el otro no tiene por qué resultar en una orden al cuerpo, y tiene una estructura de conexión mucho más laxa o variable.


"Quizá debido a esta estructura aparentemente más laxa, y por lo que parece ser la simplicidad básica de pensamientos como 'las rosas son rojas', mucha gente da por hecho que nos llegan gratis, por así decirlo, sólo por tener cerebro. Y esto se suma a otra creencia muy extendida, compartida hasta por algunos que aceptan que el lenguaje es el motor primero de la inteligencia—a saber: que los pensamientos de alguna manera son lógicamente prioritarios con respecto a las oraciones, que el lenguaje surgió para expresar pensamientos, que primero tienes que pensar algo antes de poderlo vestir en palabras y mandarlo afuera al mundo. Recordemos que no es sólo que no haya imágenes ni palabras en el cerebro—tampoco hay pensamientos allí—sólo una cascada continua de actividad neuronal, de picos de actividad oscilando, de impulsos yendo en todas direcciones.

Para mí, la creencia de que el pensamiento precedió al habla en términos evolucionarios, y de que lo precede operacionalmente en nuestras vidas diarias, es una de esas creencias inicialmente plausibles que cuando la ponemos bajo la luz y la examinamos con cuidado, vemos que no tienen ningún fundamento real ni en los hechos ni en la teoría. De hecho, voy a sostener que hasta que pudimos hablar, no podíamos ni siquiera pensar 'las rosas son rojas'." (195)

Sigue una comparación entre las mentes humanas y las no humanas. Los otros animales están "presos del aquí y ahora" porque no tiene otro sitio a donde ir: "No pueden comunicarse sobre coss más allá del aquí y ahora porque no pueden dirigir sus pensamientos fuera del aquí y ahora"—sólo se pueden referir a acontecimientos específicos e inmediatos porque no tienen conceptos abstractos.
Hay una tendencia, desde Darwin, a enfatizar la continuidad y similaridad fundamental entre las mentes humanas y las de los animales. (Y mucha investigación sobre el origen y naturaleza del lenguaje sigue ese camino: ver por ejemplo el libro de Christine Kenneally The First Word, y mi artículo sobre "La caverna del cerebro: el lenguaje como realidad virtual"). Por ejemplo, Irene Pepperberg señala la capacidad de los animales para el razonamiento práctico y para resolver problemas complejos: "las capacidades para resolver problemas complejos de los animales no humanos forman un continuo con las de los humanos"—pero para Bickerton, esto sólo se aplica a la capacidad ante un problema relacionado con la capacidad selectiva, y si los elementos del problema están o bien presentes o almacenados en la memoria episódica—asociados a una experiencia almacenada narrativamente.


"La cuestión no es si los animales pueden solucionar problemas—obviamente pueden—sino si tienen conceptos que puedan invocar voluntariamente y manipular, de modo que puedan imaginar, y así producir a continuación, comportamientos novedosos" (197)

Se arguye a veces que el lenguaje supone una discontinuidad ya muy grande entre humanos y animales. Que si, además de no terner palabras, no tuviesen ni siquiera conceptos, toda la teoría darwiniana del gradualismo y el origen natural de lo humano se vería seriamente comprometida.

Y un poco maximalista parece Bickerton sobre la cuestión de si los animales tienen conceptos "como los nuestros"—dice que "o los tienen, o no los tienen", mientras que yo diría que los tienen más o menos, en mayor o menor (normalmente menor) grado—o, por así decirlo, cómo los nuestros sólo en parte. Un concepto es seguramente un complejo artefacto mental, un "loose baggy monster" hecho de múltiples conexiones neuronales de distintos tipos: algunas van ligadas a la verbalización, y al "etiquetado" del concepto—y eso falta, desde luego, en los conceptos animales, pero otros elementos de los conceptos, o preconceptos, o pseudoconceptos llámeseles si se quiere, tienen naturaleza procedimental, motora o perceptual. Y allí sí que tenemos más terreno en común con los animales. Por ejemplo, un animal que pueda percibir la diferencia entre el color rojo y el verde no tendrá el término "rojo" ni ningún otro que le permita comunicar al exterior el concepto de "rojo", pero sí tendrá unos hábitos perceptuales y unas asociaciones mentales que le permiten autocomunicárselo—y diferenciar el rojo del verde en su percepción y en su respuesta, dado el caso.

A este tipo de "conceptos" alude Bickerton, cuando se refiere a las investigaciones de Richard Herrnstein sobre la conceptualización en las palomas. Su conclusión de que este comportamiento no require conceptualización es demasiado tajante, separando limpiamente lo que es concepto humano de lo que no… pero dejándose por el camino, me temo, gran parte de los constituyentes "animales" de los conceptos humanos, precisamente los que permitían a las palomas de Herrnstein reconocer imágenes de árboles, gente, o hasta de unos peces que no habían visto nunca.

Otro ejemplo—en los estudios de Clayton sobre la memoria episódica de los arrendajos, se demuestra sólo que algunos animales tienen capacidades memorísticas específicas diferentes y superiores a las humanas. Pero no demuestra eso que tengan conceptos como los humanos, insiste Bickerton. Cada especie desarrolla los mecanismos (mentales o físicos) necesarios para su nicho—y los arrendajos necesitan acordarse de sus almacenes de semillas, nosotros no. No existe una "escala universal" ordenada de la inteligencia y el poder mental, en la que nosotros estaríamos en la cima.


"La evolución no funciona así. Un estribillo repetido en este libro ha sido el siguiente: una especie hace lo que tiene que hacer. Si un ave entra en el nicho de hacer almacenes de semillas, probablemente desarrollará, antes o después, el tipo de habilidades que tiene un arrendajo de los matorrales. La selección natural se ocupará de que lo haga. Los que hacen lo que tienen que hacer mejor que otros sobrevivirán más, criarán más, tendrán descendientes que lo harán incluso mejor que ellos. El nicho crea la inteligencia—no algún tipo de talento generalizado, sino la clase de inteligencia especializada que necesite el nicho." (199)

Los experimentos con monos y simios tampoco convencen a Bickerton de que tengan conceptos estos animales. Tienen, sí, lo que Bickerton llama "categorías" (procesos mentales más asociados al comportamiento, la percepción y la respuesta, en la línea que hemos dicho antes). Así contradice a Jim Hurford sobre los "conceptos" asociados a las llamadas de alarma de los monos Diana, y también a quienes enseñan lenguaje humano a los simios. Vale la pena citar su razonamiento en este último punto—con dos explicaciones alternativas de por qué a los simios les cuesta tanto "coger" la idea de que un signo manual representa algo.


"Hay dos explicaciones posibles aquí. Si tiene razón la gente que piensa que los simios piensan como nosotros, los simios ya tenían los conceptos adecuados. Lo único es que no tenían etiquetas para esos conceptos. Entonces llegaron unos amables humanos y les proporcionaron etiquetas. Costó un tanto, pero antes o después llegó ese momento de "¡ajá!" y lo simios les adhirieron las etiquetas que les habían dado a los concepts que ya tenían—fin de la historia.
La alternativa reza así. Los simios no tenían conceptos. Igual que cualquier otro animal no humano tenían categorías en las cuales podían clasificar las cosas para saber cómo responder a ellas. Esaas categorías no se coagulaban para formar conceptos accesibles porque sólo funcionaban cuando los simios veían u oían u olían o tocaban o probaban los rasgos en los que se basaban las categorías. Esto pasaba de modo ocasional e impredecible. La red de neuronas que se activaba cuando en efecto pasaba sólo se enlazaba en esos momentos y rápidamente se desvanecía en el olvido cuando los rasgos dejaban de percibirse. No quedaba nada que amarrase juntos totos esos rasgos.
Entonces los simios aprendieron signos para nombrar sus categorías. Los signos amarraban juntos todos los rasgos de una categoría juntos y les daban un hogar permanente. Lo hacían porque la presentación de los rasgos categoriales—los rasgos que distinguen, pongamos, los plátanos de los lacasitos, ya no era ocasional e impredecible. Los investigadores seguían poniéndoles plátanos y lacasitos delante de la cara a los simios. Las neuronas de los circuitos activados por estas presentaciones, junto con las que representaban los nombres de los objetos, seguían activándose y activándose. Las neuronas que se activan juntas se enlazan unas a otras. El circuito se reforzó y quedó anclado por el signo que se acababa de aprender." (201)

El lenguaje proporcionó a los simios capacidades cognitivas que no tenían los simios sin lenguaje. ¿Que por qué no se volvieron humanos y empezaron a hablar como todo el mundo? Bickerton dice que ya hicieron bastante, pasando de cero a donde llegaron en unos años. Consiguieron juntar hasta tres conceptos en un mensaje. Nosotros llevamos la delantera de millones de años de evolución. No es extraño que hagamos más, y "deberíamos respetarlos, en lugar de intentarlos convertir en copias borrosas nuestras en papel carbón" (201).

En suma, para Bickerton "la presencia o ausencia de conceptos de tipo humano es lo que separa a los humanos de los no humanos" (202). (Un tema éste, lo que separa a los humanos de los no humanos, que ya hemos tratado antes aquí). La presencia de conceptos permite el comportamiento constantemente innovador de los humanos. Las herramientas humanas, hasta las más sencillas, como una punta de flecha, requieren pensamiento previo y planificación:


"El pensamiento previo y la planificación, as su vez, exigen que no se trabaje con objetos físicos sino con ideas de esos objetos—conceptos que puedes combinar en la mente para hacer nuevas estructuras y crear cosas maravillosas sin precedentes.
Observemos ahora exactamente dónde cae la línea divisoria, la discontinuidad, el límite entre lo humano y lo no humano. No entre los ancestros humanos y los simios. Cae entre nuestra propia especie, por una parte, y por otra todas las demás especies que viven o han vivido jamás, incluyendo a nuestros propios ancestros directos. Sólo nuestra especie, al parecer, ha producido jamás artefactos que necesitasen intencionalidad previa; por tanto sólo nuestra especie ha practicado jamás el pensamiento offline, fuera de red" (204)

Una idea sugestiva, ésta de Bickerton, y cierta seguramente en un 90%. Para el resto del porcentaje, hay que recurrir a las capacidades limitadas de pensamiento previo, planificación y conceptualización que tienen los animales—por ejemplo esos cuervos capaces de hacer un gancho para pescar alimento, o los carnívoros cazadores capaces de trazar un plan que anticipe el comportamiento propio y el de la presa.

Para Bickerton es crucial, pues, la diferencia entre conceptos y categorías, para distinguir el pensamiento humano del no humano. los quiere definir neurológicamente. Con un concepto, dice, se puede pensar, y también se puede pensar en él. Una categoría es sólo algo a lo que un objeto pertenece o no pertenece. Las categorías van asociadas a comportamientos y percepciones, y son desarrolladas por la selección natural para aumentar la adaptación de un animal y su adecuación al medio—a base de muchas respuestas adaptadas a situaciones e impresiones concretas, por ejemplo, la visión de un depredador. Pero estos hábitos asociativos de pensamiento no son equivalentes a lo que entendemos nosotros por "concepto"—por ejemplo el concepto "leopardo". No es esa su función:


"Los animales no tienen que pensar en leopardos una vez se ha ido un leopardo concreto. No tienen que preocuparse por lo que podrían hacer la siguiente vez que se encuentren con uno, ni trazar elaborados planes para evadirse de los leopardos. Recordemos que el aviso de leopardos del vervet sólo significa "leopardo" cuando hay un leopardo allí. Bien, lo que sostengo aquí es que su comunicación refleja directamente lo que sucede en sus mentes. No es lo que Hurford y muchos otros autores parecen pensar—que tienen una vida mental pero que nunca han encontrado la manera de comunicar esa vida. Al contrario, sólo se pueden comunicar sobre el aquí y ahora porque sus mentes sólo pueden funcionar en el aquí y ahora. No pueden pensar, como nosotros podemos, en leopardos en el pasado, o en el futuro, o sólo en su imaginación ("Me pregunto si podría domesticar un leopardo y tenerlo de mascota?") porque no tienen unidades mentales lo suficientemente abstractas con las que pudiesen hacerlo." (206)

Tienen memoria, por supuesto, y asociaciones mentales, y modos de acceder a sus recuerdos en situaciones concretas, pero no tienen manera de pensar mediante conceptos abstractos, porque en su mente "no hay neurona o cohorte de neuronas que funcione como un símbolo puro de 'leopardo'" (207). Es como la diferencia entre RAM y CAM en los ordenadores—random-access memory frente a content-addressable memory; esta última asocia los datos relevantes estén donde estén almacenados, no sólo los asociados a una dirección concreta, y es por supuesto más compleja. (En este artículo de Science Daily se informa acerca de un ejemplo de investigación neurológica sobre tales categorías: la manera en que el cerebro procesa de manera espontánea los seres vivos de los no vivos—un ejemplo de las categorías de la percepción animal y de su base cerebral. Pero para Bickerton, hace falta algo más que esto para decir que existe un "concepto" de ser vivo en el cerebro). Las respuestas de los animales son difusas—responden a un "leopardo" cuando hay un determinado número y nivel de neuronas asociadas a un estímulo o peligro—pero no se responde a un "leopardo" como tal "leopardo", pues cada vez puede haber una combinación de estímulos diferente: "Lo crucial es que no hay en ninguna parte un conjunto de neuronas fijo y determinado que represente 'leopardo' y nada más"—y lo que aporta el lenguaje es precisamente eso: "una vez tienes una palabra o un signo para 'leopardo' tiene que existir ese conjunto" (207). Y a ese conjunto se asocian todas las representaciones de "leopardos":


En otras palabras, lo que sostengo es que lo que dio lugar a los conceptos de tipo humano—cosas con una residencia permanente en el cerebro, en lugar de ir y venir cuando y a medida que se estimulan—fue la emergencia de las palabras. (207)

Los animales piensan sin palabras, y sin conceptos, en el sentido de que procesan impresiones, recuerdos, anticipan comportamiento... pero lo hacen todo online, en interacción con el mundo real. (Y no pueden hacerlo en la realidad virtual creada con el lenguaje). Los humanos piensan tanto online como offline, en red y desconectados, y también simultáneamente las dos cosas a la vez. El pensamiento en red puede ser consciente o inconsciente—a veces va asociado a comportamiento interiorizado, manipulación de objetos, etc. En cambio, "el pensamiento offline tiene que ser consciente, porque por definición las cosas en las que estás pensando no están ahí. Sólo los conceptos pueden estar allí." Más aún, lo que llamamos consciencia, arguye Bickerton, quizá sea el pensamiento offline, fuera de red (o el mundo virtual creado por el pensamiento a que nos referíamos en el enlace anterior). ¿Y el lenguaje?


"sin las palabras nunca habríamos llegado a tener conceptos. Las palabras son simplemente anclas permanentes que tienen la mayor parte de los conceptos—una manera de poner juntos todos los aspectos y sonidos y olores, todos los tipos variados de conocimiento que tenemos sobre aquello a lo que se refiere el concepto. Pero una vez el cerebro encontró dió con el tranquillo de construir conceptos, ya no necesitaba una palabra como base para un concepto nuevo. Sólo necesitaba algún lugar en el que todo el conocimiento pudiera converger y enlazarse a otros conceptos" (208).

Esta fue según Bickerton la manera en que comenzó la coevolución del lenguaje y el pensamiento, que desarrollará algo más en el siguiente capítulo.


"Lo principal a tener en mente es que entre los humanos y los no humanos hay dos discontinuidades, no sólo una. Tenemos lenguaje, y ninguna otra especie lo tiene, y tenemos una creatividad al parecer ilimitada, y ninguna otra especie la tiene. El lenguaje y la creatividad son, a efectos prácticos, infinitos: ¿es esto una simple coincidencia? Que existan dos discontinuidades de esta categoría e independientes en una sola especie es algo realmente demasiado extraño en términos evolutivos. De modo que cuanto menos vale la pena explorar la posibilidad de que las dos discontinuidades tengan el mismo origen". (209)

Los conceptos humanos, como las categorías de la mente animal, clasifican las cosas en clases, pero además pueden ser evocados por otros conceptos incluso en ausencia de los objetos a los que se refieren, "Y así pueden usarse en el pensamiento desconectado, offline" (210). No hay nada en el comportamiento ni la psicología animal que requiera presuponer que tienen semejantes conceptos.


"Con el tiempo, el lenguaje y la cognición humana coevolucionaron efectivamente. Pero, antes, las primeras palabras tuvieron que desencadenar los primeros conceptos, y el cerebro tuvo que proporcionarles a esos conceptos unas ubicaciones neuronales permanentes. Sólo entonces pudo la creación de los conceptos capacitar a la mente para que pudiese vagar libremente por el pasado y el futuro, por lo real y por lo imaginario, igual que lo hacemos hoy en día en nuestra habla y nuestros escritos. Dicho de otro modo, antes de que pudieran desarrollarse maneras de conocimiento típicamente humanas, tuvo que crecer el lenguaje en sí. Y en el siguiente capítulo, veremos cómo" (210).



miércoles, 10 de junio de 2009

El origen (Del lenguaje)



Un magnífico libro sobre el origen del lenguaje acaba de publicar Derek Bickerton: Adam's Tongue: How Humans Made Language, How Language Made Humans (Nueva York: Hill and Wang, 2009). Es, además, lectura compulsiva, cosa que no suele suceder con los libros de lingüística. No sé si he recomendado alguna vez un libro en este blog, aunque hablo de muchos—pues éste sí lo recomiendo. Aquí recojo algunas de las ideas centrales del mismo, traduciendo cuando corresponde.

Introducción

La diferencia entre habla y lenguaje. Puede haber habla sin lenguaje: el habla es sólo un vehículo para el lenguaje, como pueden serlo también los signos manuales de los sordos. (Y también la escritura, que es un avatar del lenguaje, y del habla en su versión alfabética: contrariamente a lo que dice Bickerton, sí que se puede ver el habla, y el lenguaje). En sustancia, "el lenguaje es lo que determina los significados de las palabras y lo que las combina en unidades de sentido, unidades que sumadas dan conversaciones, discursos, ensayos, poemas épicos" (3).

Más allá, el lenguaje es lo que nos permite combinar las ideas de manera estructurada. "Aunque te parezca que piensas en imágenes, el lenguaje es lo que combina esas imágenes en unidades de sentido, más allá de simples líos desordenados y enredados" (4). "El lenguaje es lo que nos hace humanos. Quizá sea lo único que nos haga humanos" (4).

Y es un gran problema científico sin resolver. Darwin ya supuso que era el uso continuado de un lenguaje elaborado lo que nos dio autoconsciencia, poder de abstracción... para Bickerton, yendo algo más allá, el lenguaje nos dio un cerebro altamente desarrollado (y no al revés). Tantas capacidades y características hay que se han propuesto como únicas y distintivas de lo propiamente humano.... Que si nuestra consciencia, que si nuestra autoconsciencia, nuestra capacidad de previsión, o de retrospección, nuestra imaginación, la capacidad de planear... Habría que estudiar cómo evolucionó todo eso, y para eso hay que estudiar la evolución del lenguaje que las hizo posibles. "Una cosa que suelen ignorar con demasiada frecuencia quienes escriben sobre el origen del lenguaje, pero que quiero enfatizar en este libro, es que la evolución del lenguaje es parte de la evolución humana, y que sólo tiene sentido si se considera en tanto que parte de la evolución humana" (6). Y el centro del problema, el momento clave, es "el momento en el que nuestros antepasados por primera vez rompieron con el tipo de sistema comunicativo que había servido bien a todas las demás especies durante por lo menos quinientos millones de años" (6).

Un obstáculo para encarar bien el problema es el enfoque sobre lo específicamente humano que ha surgido del darwinismo. Al colocar al ser humano como un primate más, en reacción al antropocentrismo de los enfoques anteriores, se ha perdido la perspectiva. Se han enconado las posturas entre los naturalistas y los antinaturalistas, de modo que los primeros enfatizan de modo exagerado la continuidad entre simios y humanos. La idea más extendida entre los evolucionistas era que no había una discontinuidad fundamental entre el no lenguaje y lo prehumano, y el lenguaje—con pasos intermedios, una transición suave. Pero, para Bickerton, "Si el hueco entre los humanos y los otros animales es tan pequeño como nos han dicho, ¿qué podrá entonces ser esta minúscula diferencia que hace que todos los demás animales hagan tan poco y nosotros hagamos tanto? En lo que a mí se me alcanza, nadie de los que defienden la continuidad entre los humanos y otras especies se ha dado cuenta siquiera, por no hablar de admitir, que cada vez que se minimiza el hueco, las múltiples y manifiestas capacidades de los humanos se vuelven más misteriosas que nunca" (8).

Aunque para nada tiene intención Bickerton de proponer ningún deus ex machina ni diseño inteligente para resolver este punto. "La discontinuidad existe", dice, "y la discontinuidad no se limita al lenguaje—se extiende a todos los aspectos de la mente humana. Primero tenemos que admitir que existe. Y luego llegar a desentrañar cómo la pudo haber producido la evolución" (9). Aquí habla de cambios súbitos de fase, como el agua que pasa a hielo, o el desarrollo del vuelo: "lo que dio energía a la mente humana es el equivalente intelectual del vuelo" (9). Penn y otros han supuesto dos discontinuidades básicas entre humanos y animales: el lenguaje y la cognición. Pero esto no tiene sentido, una ya sería bastante malo. Hay que mostrar cómo evolucionó el lenguaje, y "cómo el lenguaje causó la evolución de la mente humana" (9).

La visión tradicional de la evolución (George Williams) es que los organismos se adaptan al medio, no al revés. Pero esto no es así. Entendida así como una calle de dirección única, "la 'adaptación' suena como si los organismos estuviesen haciendo algo positivo, pero no significa eso. Significa que los animales, incluyéndonos, no son agentes de su propio destino" (10). Para Bickerton, lo son (en cierta medida al menos). Los organismos están en interacción con el medio ambiente: se adaptan a él, pero también lo transforman, y se adaptan a ese medio transformado, y así sucesivamente, en retroalimentación constante. Al contrario de lo que propugnan evolucionistas como Dawkins, la evolución no es una cuestión de genes egoístas replicándose a sí mismos sin talento: "Es un proceso en el que las cosas que hacen los animales guían su propia evolución" (11).

(Y aquí sí que retoma Bickerton aspectos una vieja teoría idealista de la evolución humana: la de que los humanos transforman el medio ambiente y "progresan" dinámicamente, no pasivamente, hacia un objetivo. La teoría de los nichos ecológicos extiende esta noción a otros seres vivos, que coevolucionan dinámicamente con su ecosistema y lo transforman y a sí mismos con él. Lamarck había propuesto una vaga "dinámica del progreso" hacia la complejidad, complementaria o contrapuesta a la adaptación al medio, pero no llegó a formular coherentemente sus principios. La teoría de los nichos propone un mecanismo plausible para esta interacción de seres vivos y medio ambiente, y para la construcción de ecosistemas—la acción de transformación de los seres vivos en su medio ambiente– adaptando así estas nociones de evolución progresiva y guiada, de una manera mucho más coherente y 'user-friendly', al pensamiento ecológico. Otro personaje "maldito" a recuperar en esta cuestión de la interacción entre la adaptación al medio y la adaptación del medio es el hoy despreciado Herbert Spencer, que en sus First Principles desarrolla una filosofía evolutiva general en la que enfatiza la creciente complejidad y especialización de las formas vivas, y el proceso dialéctico que se da entre las fuerzas opuestas del organismo y su medio ambiente).

Esta visión ha sido propugnada recientemente por la teoría de la construcción de nichos ecológicos. En sustancia, el libro de Bickerton aplica esta teoría al problema del origen del lenguaje. De este modo, "Ya no es la evolución humana, y la compleja cultura producida por la evolución humana, una anomalía única en su género. Lo que la impulsa puede verse ahora como un proceso activo en muchas otras especies—posiblemente en la mayoría de las especies" (11). La cultura humana es, sencillamente, el nicho ecológico construido por los humanos.

El origen del lenguaje y de la cultura se debe a acciones muy particulares de nuestros antepasados—luego veremos que es un tipo de depredación colaborativa—que requería hacer algo que ninguna especie con capacidad cerebral comparable había hecho: romper los límites que restringen a casi todos los demás sistemas de comunicación animal. Y una vez abierto ese hueco, el lenguaje siguó evolucionando con el mismo circuito de retroalimentación: del comportamiento a los genes, de los genes al comportamiento, que siguen todos los procesos de construcción de nichos. "El lenguaje cambiaría, crecería y se desarrollaría hasta convertirse en el medio infinitamente complejo e infinitamente sutil que todos conocemos y usamos y damos por hecho hoy y cada día de nuestras vidas" (12).

Bickerton quiere explicar el origen del lenguaje porque es la explicación del origen de la humanidad. Y para ello hay que combatir algunas explicaciones y teorías que desorientan la investigación: el sesgo "primatecéntrico", por una parte, y la creencia en que los sistemas de comunicación animal forman una jerarquía o escalera que asciende hasta el lenguaje en la cima—o sea, el sesgo "homocéntrico". "En realidad, el sistema comunicativo de cualquier especie está diseñado (pero Bickerton no quiere decir "diseñado", ojo) sola y únicamente para ocuparse de las necesidades evolutivas de esa especie" (13). En suma, hay que salir de la dicotomía que nos lleva a pensar o bien que todos los sistemas de comunicación forman un continuo, o bien que el lenguaje es un sistema totalmente diferente. "Tenemos que darnos cuenta de que la dicotomía es falsa: lo segundo puede que sea cierto ahora, pero desde luego no lo era entonces" (14), cuando surgió el lenguaje. Esto requiere examinar con atención ese momento clave en que se rompe el molde de la comunicación animal, abriendo el camino a la alteración de la comunicación y de las mentes que se comunicaban. Y esa fuente hay que buscarla no en los simios, que no hablan, y no en las cosas que los simios hacen hoy, sino en cosas que hacían nuestros antepasados y que los simios ni hacían entonces, ni hacen ahora.

viernes, 29 de mayo de 2009

Web de biolingüística


Curioseando por el vecindario encuentro esta web de Biolingüistica que lleva al parecer Mª Carmen Horno y no sé si otros miembros del grupo Sylex de investigación del área de Lingüística General. A mis favoritos va. Creo que le estreno el libro de visitas a la web, y aprovecho para decir (allí y aquí) que me está encantando el libro de Derek Bickerton Adam's Tongue: How Humans Made Language, How Language Made Humans. El blog de biolingüistica que más sigo es Babel's Dawn, y allí aparece por cierto una crítica al libro de Bickerton. Lo más biolingüístico que he escrito yo hasta ahora es este artículo sobre "Interacción internalizada: el desarrollo especular del lenguaje y el orden simbólico." Seguiremos curioseando por el tema.





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PS, 2019: Qué poco duran los enlaces. Sobre todo, observo, los ajenos. Mis propios enlaces procuro que sigan vivos al cabo de diez años—aunque a veces no lo consigo. Ignoro por qué habrá desaparecido la web de biolingüística; puede haber muchas razones, aparte del desaliento y el cansancio que todo esfuerzo persistente produce.  En cuanto a mis propios enlaces rotos, vienen mayormente de las trabas que me ha puesto mi propia Universidad, obligándome a borrar buena parte de mi web. Por orden directa del Rector—al parecer algo (unspecified) les ofendía mucho en ella, y me obligaron a borrar todo lo que no fuera estricta estrictísimamente académico. Incluyendo sobre todo blogs que contuvieran enlaces a Internet (???).  Y claro, mi blog, siendo académico al 50% o 60%, hubo que borrarlo. Con lo cual, de 30.000 entradas, pongamos, al garete que se fueron quince o veinte mil artículos académicos.  

Jamás he visto a un Rectorado actuar con semejante frivolidad con el trabajo de uno de sus profesores. 

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