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jueves, 25 de febrero de 2016

Retropost #669 (26 de diciembre de 2005): Oliver Twist



Acudimos, huyendo del frío, a ver la celebrada película de Polanski, los niños por obligación dictada por sus superiores (hmm, muy a tono con la película: "y ahora, niños, silencio y a ver Oliver Twist, que ahí vais a aprender lo que es bueno y cómo las gastan con los niños que no quieren ir al cine..."). Yo por mi parte con curiosidad por ver si le añadían a twist to the old tale. Y bueno, siempre lo hay, pero básicamente por el procedimiento de que queda enfatizado lo que no se corta; en la novela entran naturalmente a hachazos, no hay otra manera...

Así, desaparece el parentesco de Oliver con sus benefactores, desaparece toda la historia de la madre, y la de Monks su hermanastro maligno, con el anillo y el medallón, y desaparece toda referencia a herencias y fortunas caídas del cielo; desaparecen otras casualidades demasiado casuales (no hay Noah Claypole en la banda de Fagin, se pierde de vista el señor Bumble cuando ya sobra, etc...). Lo que queda proporciona una muy buena adaptación clásica. La ambientación histórica está muy lograda, y algunas actuaciones son memorables: la de Nancy, la del perro de Bill Sikes, y en especial la de Ben Kingsley como Fagin. Pero es curioso, es básicamente el Fagin de Ron Moody, el del musical Oliver! el que recrea Ben Kingsley: claro que todo en aquella película era un gran acierto, y por tanto un reto difícil de ignorar -- así que de hecho esta película de Polanski da la impresión de ser un remake de Oliver! sin la música, más que una visión independiente de la novela de Dickens. El modelo realista elegido ya estaba logrado y superado en el musical, por tanto es un poco pobre volver a él sin más cuestión: la estética de la película es todo menos experimental, y eso que el material es excelente: un clásico sólo a medio explotar (y no me contradigo), más una tradición fílmica de Olivers como filón... La estrategia de adaptación contraria a la aquí seguida hubiera enfatizado las casualidades, los retornos obsesivos de personajes, las fortunas caídas del cielo, el surrealismo de Dickens más que su realismo, la voz narrativa incluso, por qué no, las ilustraciones de Cruickshank (aunque han inspirado a la iconografía fílmica, también ellas tienen más jugo por exprimir). En lugar de thrillificar el argumento (como se hace manteniendo a Oliver como rehén de Sikes hasta el final) sería más interesante un guión que sacase a la luz los puntos problemáticos de la historia, cosas que la novela contiene a su pesar pero que quiere esconder, como el origen de las misteriosas fortunas, la maquinaria social que destina a unos a mano de obra esclava y a otros a cómodas rentas... una maquinaria contemplada por Dickens con una mirada fascinada y horrorizada, mirada apartada en última instancia con gestos semihistéricos. Bueno, en ese sentido la película sí es fiel a Dickens, pues hace lo mismo que él, instalando cómodamente a Oliver en un orden social que se ha revelado como caótico e injusto: pero es lo que todos hacemos en Occidente, ¿no?

Me interesaba especialmente el tratamiento de la figura de Fagin, siendo judío Polanski y siendo Fagin uno de las representaciones abyectas de judios más emblemáticas producidas por el antisemitismo (claro que Dickens negó ser antisemita, y puso luego un buen judío en otra obra). Y sí que encontramos en la película un cierto énfasis en la figura de Fagin y su destino. A pesar de su maldad, pues malvado es, nunca pega a Oliver, y lo cura de su herida (visto que aquí falta Rose Maylie) con un ungüento "más viejo que el tiempo", tradición judía sin duda. Merece también Fagin que se conserve (y es un episodio subrayado aquí, por tanto) la visita de despedida de Oliver en la cárcel, cuando se le va a colgar como espectáculo público; y un cierto asomo de chivo expiatorio sí se le da al personaje en este momento. Además es una visita tanto más gratuita cuanto que el Fagin de la película no tiene ningún secreto crucial que revelar. No llega el blanqueamiento de este Fagin, sin embargo, al nivel del simpático Fagin de Oliver!, que es indultado por el guión y se pierde, a modo de John Silver, por el horizonte de nuevas aventuras, implausiblemente redimido. Aquí no: el judío ha de ser exterminado, y presentado como ente abyecto. Polanski no es averso a estas caricaturas chocantes (pienso en el final de El Pianista, con su confrontación estética entre un acobardado judío de manual antisemita y un elegante, artístico y noble nazi). Y tampoco es cosa sólo de Polanski: Spielberg, por ejemplo, otro judío, muestra la caricatura más abyecta de un judío jamás aparecida en el cine, en la persona de ese moscardón que era el amo del niño Anakin en el "episodio 1" de Star Wars (una figura que quizá deriva de Fagin, por cierto). Aunque ni en este caso ni en el del Fagin de Polanski se menciona la palabra "judío". Son curiosos experimentos, a medias quizá entre la tradición antisemita, el humor judío y una cierta voluntad de autoabyección. Todo lo cual es... curioso, y quizá el aspecto más experimental y arriesgado de esta película, con, insisto, una magistral actuación de Ben Kingsley, irreconocible y memorable.





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domingo, 28 de marzo de 2010

The Ghost Writer


El escritor han titulado en España a esta película muy recomendable de Roman Polanski. Debería llamarse mejor El escritor fantasma, o El negro, o La negra. Como siempre hay una buena reseña de Roger Ebert antes de que los demás nos pongamos a escribir la nuestra; ésta de Andrew O'Hehir también es interesante. Recuerda esta película al Hitchcock de obras de intriga política como Topaz—pero tanto tanto que podría ser ésta una película de Hitchcock ambientado en el siglo XXI y transmigrado al alma de Polanski. Con esto queda dicho que no hay que perdérsela bajo ninguna circunstancia.

Básicamente, trata de un negro, un personaje sin nombre ni vida personal, para enfatizar más su insignificancia, que es contratado para darle un repaso a las memorias de un ex-primer ministro británico, más en concreto de Tony Blair, que aquí se llama Adam Lang. Lo interpreta Pierce Brosnan con el toque exacto de inteligencia, superficialidad, dinamismo y fatuidad que requiere el personaje. Lang no es el autor de sus memorias—las había escrito un negro anterior, que aparece ahogado en la playa en la primera secuencia de la novela. Buenas perspectivas para su sucesor, que tras ser contratado y presentado al jefe, va descubriendo secretillos inconvenientes de su pasado, o eso cree él... Básicamente, cree descubrir que este pseudo-Blair es un agente encubierto de la CIA, y que de ahí su seguidismo abyecto con la política de Bush. (Es una película sobre la periferia de la guerra de Irak, y que denuncia las conexiones entre la administración Bush, los servicios secretos manipulados, y la Halliburton—añadiéndole a ello los escándalos de cárceles secretas y torturas en Irak.).

Bien, pues resulta que se había equivocado en cierto modo el detective aficionado éste, el negro—pues el primer ministro británico no era de la CIA, sino que lo era su mujer, ya desde los años 70: que fue quien lo metió en política y quien le "orientaba" las opiniones. De ahí lo de "la negra"—en realidad, detrás del primer ministro está el negro que le escribe la biografía, y la otra negra, la infiltrada, su mujer, que le dicta las tomas de decisiones en la sombra.


Todo esto lo va descubriendo primero un escritor fantasma, y luego su sucesor, y ambos corren la misma suerte: aquí la CIA y sus miembros asociados—muy bueno por cierto Tom Wilkinson como profesor corrupto y mafioso—el mentor de la pseudo-Cherie Blair. Que se sepa, Cherie no metió a Tony Blair en ninguna sociedad secreta que no fuese la Iglesia Católica, pero... vaya usted a saber qué contactos non sanctos hay en estas sociedades de gente excelente como la que llevaba el profesor, o en las diversas logias y mafias y clubes y masonerías que son la política detrás de los partidos. Y los entendimientos personales súbitos, claro (como en el trío Aznar-Bush-Blair) que no parecen requerir en realidad ninguna pertenencia común a la Comisión Fulbright. En fin, mucha conspiración y contra-conspiración: el escritor negroide éste no respeta mucho su contrato de confidencialidad, y pacta también con un ex ministro que denuncia la política de Blair (igualito igualito también que en el mundo real). El tipo no se calla nada, lo larga todo, y desde luego no es de sorprender que acabe asesinado por no saber controlar la sinhueso. (En otro orden de cosas, hay que decir que si bien su contrato de confidencialidad no incluía seguramente en la letra pequeña lo de no acostarse con la mujer del jefe, hay cosas que conviene dar por presupuestas...). Recuerdan un poquito las visiones de trastienda del gran político un artículo que escribió Martin Amis sobre Blair, aparecido en The Second Plane. Quizá lo leyó Thomas Harris, en cuya novela se basa el guión, o Polanski.

Aparece Google, dando información al parecer fácilmente accesible sobre los contactos industriales entre Halliburton/Blackwater y los agentes secretos de la CIA. Y otro recurso tecnológico, un GPS, lleva al negro siguiendo los pasos de su predecesor, el otro fantasma que se pasea por la película, hasta la puerta de "su destino": la casa del profesor Ellis/Wilkinson, que ordenará su asesinato por hurgarle en las narices. Aunque ciertamente nunca he visto un GPS que funcione así, sin invitación previa—pero de todo puede haber en el mundo. También es extraño (por no decir un fallo de guión) que la policía no hubiese investigado el trayecto del coche del primer negro asesinado—pero bueno, todo se puede justificar por secretismos o contraórdenes si se quiere. La película mantiene la incertidumbre y la tensión en todo momento, y está llena de escenas memorables.

Aunque algunos elementos del guión no parecen muy coherentes—por ejemplo el papel de la secretaria y amante de Blair, que no se sabe en qué bando está. Tampoco se explica cómo el negro no pierde su contrato por mediación de la CIA, a pesar de su indiscreción deslenguada, ni tampoco se entiende su decisión final de comunicarle a la Ruth Lang/Cherie Blair que ha descubierto su implicación en la CIA. A no ser por pura estupidez y deseo de lucimiento. La escena está filmada de un modo un tanto amanerado que tampoco resulta creíble, con el negro pasándole un papel a la viuda en una recepción donde se presenta el libro póstumo de memorias de Blair/Brosnan y su negro (—sí, al final también asesinan a Blair/Brosnan—). El papel con el secreto pasa en la recepción de mano en mano, bonita escena, pero inverosímil procedimiento y como digo algo incoherente, a menos que sea coherente con la idea de mostrar al protagonista metiéndose en aguas en las que pierde pie. Pero defectillos, defectillos—el conjunto está muy logrado, y hecho con gran eficacia. Al final no triunfa la justicia y el esclarecimiento de los hechos—sólo quedan esclarecidos para el público, pero el protagonista es asesinado, en una bonita escena fuera de cámara, antes de que salga a la luz la verdad. Con lo cual se interpreta la versión pública del mundo como una gran pantalla de encubrimiento, y sin duda es así en gran medida. No podemos seguir la pista a todas las conspiraciones, y haberlas haylas hasta en donde no las intuimos—algunas saldrán a la luz cuando ya no interesen a nadie.

Un aspecto interesante de la película es sin duda lo cerca que anda de cuestiones históricas y personajes concretos a la vez que las mezcla descaradamente con ficción. No puede decirse que en este sentido sea satisfactoria, pues más bien desorienta sobre las fuentes del auténtico problema de por qué la política de Bush tuvo tal predicamento con Tony Blair. (Cherie supongo que es más bien inocente de colaboración con la CIA y la Halliburton, o de enrollarse con los negros de Blair). Eso requeriría otra película, otro género y otros personajes. Estos son de thriller, no de historia, eso que quede claro.


The Ghost Writer. Dir. and screenplay by Roman Polanski, based on Thomas Harris's novel The Ghost. Cast: Ewan McGregor, Pierce Brosnan, Olivia Williams, Jon Bernthal, Kim Cattrall, Tim Preece, James Belushi, Timothy Hutton, Tom Wilkinson, Eli Wallach. Music by Alexandre Desplat. Cinematogr. Pawel Edelman. Ed. Hervé de Luze. Prod. des. Albrecht Konrad. Art dir. Cornelia Ott, David Scheunemann, Steve Summersgill. Coprod. Timothy Burrill, Christoph Fisser, Henning Molfenter, Chrarlie Woebcken. Prod. Robert Benmussa, Roman Polanski, Alain Sarde. RP Films 7 France 2 / Elfte Babelsberg / Runteam / Medienboard Berlin-Brandenburg, 2010.



 

Oliver Twist


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