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sábado, 11 de agosto de 2018

Retropost (11 de agosto de 2008): Excursión por la Mariña


barcofarobarco


Excursión del lunes—

Desde el monte San Roque - En el castillo del Mariscal Pardo de Cela - y por Burela:

Cuando tenga mejor conexión, irán a Flickr más fotos que me estoy hinchando de tomar. De momento lo tengo atrasado ese blog—pero bueno, a quien le guste ver fotos, ahí tiene más.







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jueves, 26 de julio de 2018

Retropost (26 de julio de 2008): San Xiao



Que no es ningún sabio chino, sino la versión gallega de San Julián, o San Jenaro dicen otros. El día de Santiago fuimos de excursión a Cariño. Pasando por la ría de Ortigueira, que hay que rodearla toda, se ven algunos de los paisajes más bonitos que se puedan ver en España o en otra parte; y Cariño permanece un poquito como atascado fuera del tiempo, en un rincón apartado de la realidad donde no pasan muchas cosas. Nos llegamos con unos amigos de Beatriz al cabo Ortegal, donde se ve un paisaje impresionante de acantilados e islas de roca, con una flota microscópica de barcos en torno a ellas—engaña la perspectiva. A lo lejos se ve la punta de Estaca de Vares (o Bares), que vemos desde el otro lado cuando nos vamos a la playa de Xilloi. Bien, pues bajando hacia el pueblo, en una ladera del cabo, se encuentra la ermita de San Xiao, donde hacen los de Cariño una romería en enero, debe ser la más tempranera del año.

Es una iglesita diminuta, que se abre con una llave que hay colgada a la puerta de una casa un poco más arriba. Y entre otras figuras de vírgenes y santos, ahí está la de San Xiao, una figura al estilo de 1600 que lleva una escopeta. Debe ser el único santo con escopeta. Hombre, al lado está la figura de San Miguel dándole al diablo, pero ese lleva espada, o lanza. Lo de la escopeta tiene su historia, claro, que los santos no pasean por ahí sus atributos porque sí.

Resulta que este Xiao era cazador, nos cuenta la leyenda, y vivía en una casita del monte aislada. Y volviendo un día a casa, ve metidas dos figuras en su cama. Pensando que su mujer estaba refocilándose con otro, ni corto ni perezoso les pega allí mismo dos tiros. Y al salir de casa "cuál no sería su sorpresa" al ver a su mujer, que le venía y le dice que habían llegado los padres de él de visita, y que como estaban muy cansados, les ha dicho que se echasen en la cama. Resulta que creyendo hacer un castigo de honor, se había convertido en parricida.

Drama, desesperación, arrepentimiento, penitencia. Y de allí a santo. Como se ve, la historia tiene su moraleja y su ironía trágica, algo así como "no hay que precipitarse—vamos, que la intención era buena, pero sorpresas te da la vida...."

Tela, lo de San Xiao.

Relacionado con esto, me leía en Ghosts of Spain algo que no sé si entiendo bien sobre el código civil de hace cien años. Decía, creo deducir, que si el marido que mata a su mujer y al amante de ella no lo hace al pillarlos in fraganti, sufrirá pena de destierro. Entiendo que quería decir no que fuese obligatorio matarlos, bajo pena de destierro (por cabronazo consentidor que nos rebaja las gónadas patrias, etc.) sino que si en el sofocón del momento los mata, no hay pena alguna, pero que si los mata después, de modo meditado y vengativo, será desterrado como castigo. En cambio, si el celoso marido sólo les causa lesiones de menor importancia (¿a posteriori, se entiende?) no hay castigo alguno. De la venganza de la mujer no dice nada, creo.

Vamos, que lo de San Xiao era parte del paisaje peninsular, no sólo del cabo Ortegal. Y aún tendría intención cristiana la cosa.


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sábado, 19 de noviembre de 2016

Retropost #1234 (19 de noviembre de 2006): Aventuras en Bañales


Aventuras en Bañales

Publicado en Personales. com. José Ángel García Landa

20061119215848-atilia.jpgHoy nos ha dado la ventolera y nos hemos ido de excursión domiguera a las Cinco Villas, con la idea de visitar unos restos arqueológicos del año la polca que por ahí guardan (mal señalizados, por cierto, pues en la carretera no había ningún cartel que indicase que metiéndose por tal camino, llega usted a las ruinas de tal ciudad romana).

La primera cosa excepcional que hemos visto ha sido una bandada de cientos de cigüeñas—pero cientos— posadas en tierra, delante de nuestras narices. Había oído que la especie iba a más, pero desde luego nunca había visto tantas juntas. Ni las volveré a ver. Luego nos hemos parado en el castillo de Sádaba, que estaba cerrado... y hemos hecho un picnic en una especie de mazmorra muy bonita que tiene delante (—"bonita, y lóbrega" puntualiza Álvaro). Siguiendo camino, nos hemos pasado de las ruinas romanas (por la falta de cartel) y nos hemos ido hasta Uncastillo ("otro castillo" que dice Otas), a donde nos hemos prometido volver con más tiempo; es un pueblo precioso con otro castillo, claro, iglesias románicas preciosas, una cantidad impresionante de caserones antiguos, y una judería que ocupa medio pueblo... se ve que prosperó durante la Edad Media, y más, todo lo que quiso.

Y luego hemos llegado volviendo camino a Layana, cerca de Sádaba, donde está la estela funeraria de los Atilios, en medio de ninguna parte. No se sabe si impresiona más la voluntad de perdurar, o el hecho de que haya perdurado, o el hecho de que todavía se pueda leer la inscripción dedicada por Atilia "al mejor de los padres" hace dos mil años. Lo que impresiona debe ser el conjunto, la combinación: la casualidad de este monumento aislado en medio del campo, sosteniendo su dedicatoria durante milenios, cuando de tantas otras cosas de su época no queda ni rastro. Nuestra interpretación del monumento, y de la inscripción: que Atilia, probablemente heredera soltera (pues no aparece etiquetada como "vxor" de nadie), al quedarse huérfana de padre, hizo erigir el monumento uniéndola a ella todavía viva a la memoria de su padre, y de su abuelo, seguramente grandes terratenientes, como a modo de cédula de propiedad y garantía de pedigrí, mostrando de dónde venían sus derechos a la propiedad, más cuestionables siempre para las mujeres. Lo cual no quita para que echase de menos a Atilio padre, claro...  Pero vamos, que hizo el monumento porque era mujer, y necesitaba sentar sus reales.

Cruzando Layana se llega a las ruinas de la ermita de Bañales, construida seguramente con piedras de las ruinas romanas (ruinas de ruinas, y llena de cuervos que escapan al acercarnos). Y lo que queda de la ciudad romana, de nombre desconocido (Bañales la llaman ahora, antes Atilia, antes quién sabe). Quedan los restos de la columnata del Foro... y un pequeño trozo que excavaron los arqueólogos de la Universidad hace veinticinco años, aunque de cualquier otro trozo excavado saldrían los mismos cimientos de viviendas, de hecho se ven por todas partes.

- ¡Mira, papá, hemos encontrado restos romanos!
- Sí, mira, aquí en esta roca está la cara de un romano.
- ¡Jaja! Pues sí que le han puesto cara de romano, mira el perfil... pero esto lo hizo, seguro, un estudiante bromista del Dr. Beltrán. En esa roca de allá también hay otra, se nota que las han tallado hace poco.
- Vamos a subir arriba, que allí está la ciudad antigua, seguramente esa era ya prerromana, y luego los romanos hicieron el barrio nuevo aquí abajo, cuando la cosa estuvo ya más calmada.
- Ay. Oscar me ha pegado una patada en la cara mientras trepaba.
- ¿Cuándo se extinguieron los romanos?

Por todas partes se ven montículos que son casas derruídas, a veces el trazado de las calles, hasta las habitaciones, bases de columnas, goznes de piedra para las puertas, aljibes, mesas de piedra o (quizá) un altar, esquinas... muchas piedras de las mejor talladas se han ido sin duda a Sádaba, pero quedan los restos de centenares de viviendas. Ni un habitante desde hace muchos siglos, por razones desconocidas. De sus huesos tampoco queda ni rastro; de sus palabras sólo la inscripción de Atilia hija. Las Ruinas, o meditaciones sobre las revoluciones de los imperios. Paseamos hasta las ruinas del acueducto, va lloviznando, no se ve a nadie en todo el horizonte,  y es amplio.

- Las ascuas de un crepúsculo morado.
- Mira cuantas huellas de jabalí.
- Pues ahora ya se hace de noche, mira que si viene uno y se lleva a Otitas colgado del colmillo.
- ¿Pasarías la noche en esa ermita en ruinas, Álvaro? ¿Con los cuervos?
- Ni loco. Igual me hablaban—me dirían "Nunca más." Bueno, eso lo diría yo si me quedase.
- Tú nos haces andar demasiado, mamá. Hemos andado más que en la plaza. Yo estaría muy bien como una ostrita jugando al Tzar con mi ordenador. Como una auténtica ostrita.
- Pues por eso os hacemos andar, hala.

Volvemos sin incidentes a Zaragoza, ya de noche cerrada a las siete. Pibo nos anuncia que va a comer como un tiranosaurio.

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sábado, 29 de octubre de 2016

Retropost #1203 (28 de octubre de 2006): Excursión por el tiempo


Hoy, aunque nos cuesta arrancarnos de la pantalla, aún nos ha dado tiempo de dar un viaje por el tiempo, o esa es la impresión que nos ha hecho. Hemos emprendido camino a San Juan de la Peña (tan cerca y tan lejos...) Tan lejos con críos, que exigen paradas técnicas de pises y mareos cada poco tiempo. La parada gastronómica, también exigida, ha sido en Ayerbe; y allí nos hemos metido a fisgar por lo que parecía talmente una judería, y allí estaba la casa donde vivió de mocete Santiago Ramón y Cajal.... vaya. Y su hermano Pedro, claro, que fue el que construyó la casa donde nosotros vivimos ahora, que aún pertenece en parte a sus descendientes. Así que nos la hemos visitado, convertida ahora en casa-recuerdo, llena de fotos y películas y objetos que te transportaban a finales del XIX. Entre los documentos de mano de Ramón y Cajal, un par de datos interesantes: que en su vejez cobraba 6000 pesetas, mientras que algunos de sus ayudantes cobraban 20.000 o 30.000, pero que renunciaba a pedir más, porque realmente no necesitaba mucho, decía. Otro: pide que lo entierren en el cementerio laico. Masón era, al parecer. ¿Judeo-masón? Posible, en familia de médicos... En fin, aprovecho para comprame un recuerdo: los tres volúmenes de Textura del Sistema Nervioso del Hombre y de los Vertebrados, por "S. Ramón Cajal", sic; esta semana precisamente hace cien años que le dieron al hombre el Premio Nobel. En la Universidad de Zaragoza no lo quisieron de catedrático... y ahora lo tienen presidiendo el Paraninfo, Lincoln-like. Vueltas que da la vida.

Seguimos camino hacia San Juan de la Peña, y pasamos al lado de los Mallos de Riglos, que dice Ivo: "Uau! Es de alto como el Empairen Stein! Pero no: parece ser que (bueno, según se mida) el Empáirenstein es más alto que los Mallos. Pero no más impresionante.
Mallos de Riglos



Adentrándonos en el "Reino de los Mallos" pasamos por el Pantano de la Peña, por Triste (volveremos por Bailo), y damos vueltas y revueltas sin fin hasta llegar por fin, cuando ya se iban los últimos visitantes, a San Juan de la Peña. Donde dicen que, dicen que, hace mil años se guardaba el Grial. Lo que sí parece es que el lugar ha debido ser sagrado desde tiempo inmemorial. Sin turistas, y anocheciendo, todas estas montañas vacías, de camino a Santa Cruz de la Serós, parecían una fortaleza natural donde los monjes se hubiesen atrincherado durante siglos en un lugar que nadie les fuese a disputar.

La vuelta, a oscuras, se nos ha hecho un poco larga, y es que los pequeñajos se resienten de las excursiones domingueras. El susto ha sido cuando nos hemos encontrado con una pareja de jabalíes en la carretera. Jabalíes, o jabalís, o aun jabalines, que les dicen en mi pueblo. La jabalina (creo) aparta al jabato que la seguía, sacándolo de la carretera con un golpe de hocico decidido. Nos hemos librado, o se han librado, por poco. También un lironcillo que ha pasado corriendo y le ha recordado a Pibo el cuento de un lirón que se está leyendo, Gringolo.

20061029163320-jabalin.jpg

 


Sin más incidentes ni amagos de colisión hemos llegado a la autovía. Y cuando hemos estado otra vez entre las luces de neón y la publicidad en Zaragoza, parecía talmente que terminábamos de hacer un viaje a través del tiempo, y de bastantes siglos por cierto. Hasta un poco shockeados estaban los enanos creo... cuando he propuesto otra excursión a ver los mallos de Agüero, se han desapuntado, con grandes aspavientos.
(PS: cuando les pregunto qué les ha gustado más de la excursión, contestan los tres: "¡Los macarrones!").


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sábado, 27 de agosto de 2016

Retropost #1119 (27 de agosto de 2006): A Ribadeo


(Domingo 27 de agosto de 2006)

A Ribadeo

Publicado en Personales. com. José Ángel García Landa

Oscar es un niño agradecido: se lee sus libros, juega con sus bolos, da sus besitos, recita la lista de regalos a quienes lo llaman por teléfono para felicitarlo. Luego nos vamos de excursión a Ribadeo, y le ponemos las velitas en un trozo de tarta Contessa en un restaurante de carretera, de camino a Ribadeo. Bajamos a la Playa de las Catedrales, y nos lo pasamos en grande saltando olas, sobre todo la sección femenina, que no había quien la sacase del mar. Luego, habiendo comido como boas, se nos hacen cuesta arriba las cuestas abajo de Ribadeo. Los mejores caserones antiguos están en ruinas, sobre todo los del barrio que baja a la ría, los clásicos... sigue en pie, arriba, el del marqués de Sargadelos, el que fusilaron por afrancesado hace doscientos años. ("Seguro que fueron los del barrio de abajo los que lo denunciarion—que les pudría la envidia que ya no tenían el dinero, pero tenían la sociedad agarrada y bien agarrada"). Luego hacemos una excursión al faro (o "to the lighthouse", los hombres no tienen muy bien papel, mentes cuadradas y obsesivas frente a la poética mentalidad femenina en las excursiones a los faros).  Y de vuelta, vuelta a saltar olas, al ponerse el sol, en la playa de Reinantes, bien grande, y que la teníamos para nosotros solos; esta vez se animan hasta los pequeños a enfrentarse a los tsunamis y las brutas de animal. Las olas daban bofetadas imponentes, y Oscar, a pesar de sus flamantes seis años, acaba revolcado por los suelos y escarmentado como un pollo escaldao. Se bate en retirada, y nos mira prudente desde la orilla. Y yo, para redondear el día, piso una faneca. Otra faneca, vamos. Pero cuando se pasa el dolor de la picadura se nota un calorcillo agradable en el pie. Y rematamos el día en una pizzería con pizzero italiano y todo, donde nos cuentan toda la historia de la familia de la pizzera, y sus emigraciones y sus adopciones y la novia rusa del chico, una lagarta sin duda según la suegra... Álvaro se está leyendo Sapiens de Eudald Carbonell et al., y nos informa sobre la dieta de parántropos que gastaban los de Atapuerca. (Ivo: - "¿Qué es un Boisei?" - "Pues hombre, esos que imitabas tú tan bien... Siempre me acordaré de Pibo haciendo su imitación del Australopithecus Boisei"). Oscar redondea el día con un volantito volador que le sale en el helado; y se va a la cama satisfecho de haber cumplido años como es debido ("Con todo el dinero que tengo, me podría comprar una burra"). Por la noche, los sueños soñados incluyen un atentado de la extrema derecha contra Letizia, una casa-barco inestable y semiflotante, y una vuelta a matricularme en la Universidad, en Hispánicas, donde me aprobaban un examen por evaluación continua; menuda sensación de back in school again... y es que ya quedan pocas vacaciones.


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