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lunes, 2 de diciembre de 2024

SPENGLER: EL PROFETA DE LA DECADENCIA

  


Fernández-Cruz Sequera, Francisco José. "Spengler: El profeta de la decadencia - I." YouTube (Clave Geopolítica) 11 Oct. 2024.*

https://www.youtube.com/live/Xq2W7JCyZgY

         2024

_____. "Oswald Spengler: El profeta de la decadencia – II." Video. YouTube (Clave Geopolítica) 18  Oct. 2024.*

https://www.youtube.com/live/tvVcLGiotDI

         2024

_____. "Oswald Spengler: El profeta de la decadencia – VI." YouTube (Clave Geopolítica) 23 Nov. 2024.*

         https://www.youtube.com/live/SXhGNKnFQhg

         2024

 

miércoles, 3 de mayo de 2023

La muerte de Occidente

 

lunes, 19 de septiembre de 2022

El Shock de Occidente

 

domingo, 1 de mayo de 2022

Lo de Ucrania y el Mundo Libre

 Un hilo de Daniel Ari, con la versión alternativa a la de TVE y La Sexta y La Cope:





lunes, 20 de mayo de 2019

On Orientalism, multiculturalism and islamophobia




Una frase (harto previsible, por otra parte) para saborear y analizar: "Trump’s anti-Muslim racism". 

El resto, léase con la misma precaución.

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domingo, 23 de septiembre de 2018

Occidente a la defensiva

viernes, 17 de febrero de 2017

Retropost #1476 (19 de febrero de 2007): Letters from Iwo Jima




Buena película (aquí resumen) del género "horrores y temores de la guerra", en la línea de películas sobre la Segunda Guerra mundial como La Delgada Línea Roja, o la del Soldado Ryan del propio productor Spielberg. Esta vez con muy pocas heroicidades y pocas posibilidades de identificación con los protagonistas, pues se nos presenta la acción desde el punto de vista del enemigo, no como en la película compañera de ésta, Banderas de nuestros padres, también dirigida por Clint Eastwood. Las dos son críticas con el patriotismo comecocos que manda a la gente marcando el paso a la muerte. Pero en este caso al esfuerzo militarista de la guerra se suma la crítica a unas estructuras de pensamiento y actitudes sociales poco menos que medievales todavía...

Entre estos soldados enemigos los hay más y menos ilustrados, y fanatizados, y la película juega a mostrar un abanico de actitudes que se pueden tomar una vez se ve uno encerrado en una ratonera absurda, en la que la propia mentalidad planta la mitad de los barrotes. Así pues, poca empatía se fomenta entre el público (al menos este público) y el mundo retratado en la película. Aviso, de entrada, que hay pocas cosas en el mundo que me repugnen más que el feudalismo Mishima y su conclusión lógica, el harakiri, y ese es el trasfondo ideológico del mundo que aquí vemos retratado; de él participan hasta los personajes más humanos, como los tres protagonistas, el general, el jinete olímpico y el panadero Saigo. En la película los malos son los que (por un problema de carácter, se ve) se crecen en semejante ambiente, y acogotan a los demás poniéndolos firmes y haciéndoles gritar las consignas patrióticas con voz que les sale falsa; algunos personajes tanáticos no dudan en ir a la muerte de cabeza pero llevándose primero por delante a todos los subordinados que puedan. Los buenos son los que dudan, los que intentan vivir y dejar vivir, los que interpretan de modo benevolente el reglamento, los que dan opciones a los demás.

En última instancia, la película es una defensa del individualismo liberal, y una condena del feudalismo, fascismo y autoritarismo. Y aun presentando todas las actitudes en un contexto histórico y cultural, también deja claras, por tanto, las responsabilidades individuales. El totalitarismo como un problema de carácter, vamos, tanto de carácter nacional como individual. Y el tratamiento elegido es poco hollywoodiense; hasta el color apagado, casi blanco y negro, contribuye a ello. Sin escapar a la marca de la casa (que todo lo devora), casi vemos aquí un caso de lo que Bordwell llama la estética del materialismo histórico, como si lo hubiese filmado Kozintsev.

Hay sin embargo, a pesar de la multiplicidad de líneas y la apariencia de acción colectiva, una historia claramente recortada: es la historia de una pistola, en cierto modo. Se la regalaron a Kuribayashi sus amigos americanos, y sí es cierto que su estancia en América, si bien no le resquebraja sus valores patrióticos, contribuye a hacerlo más comprensivo y humano. La pistola la empleará no para matar americanos, como temía en broma y serio una señora durante la cena en la que se la dan, sino para matarse a sí mismo, acción de dudoso gusto moral. En lugar de aceptar la derrota y volver a casa a reformar el suelo de la cocina... bueno, casi lo comprendo. Pero Kuribayashi se mata tras haberle dado al panadero-soldado raso Saigo una salida de la ratonera del honor: le exime del suicidio, y le dice: quédate a quemar mis papeles (y que te cojan prisionero los americanos, que es lo mejor que te puede pasar). Y lo es. Algún yankinazi también hay, pero la bondad general de los individuos y del sistema americanos se demuestra al final. El panadero Saigo ve la pistola de Kuribayashi en el cinto de un americano que la ha encontrado, y pierde el oremus, les ataca, casi opta de nuevo por el suicidio (esta vez por cuestión de fidelidad a su amigo, no al Emperador). Pero los americanos, en lugar de darle un tiro, lo tranquilizan de un mamporro, y lo devuelven a su familia. Como al país entero, parece decirnos la película.

Por otra parte, puede leerse todo esto en clave iraquí. El asalto a la isla es la Tormenta del Desierto tecnológica, y la mentalidad de turbante prieto de los orientales es en cualquier caso el máximo obstáculo. De ahí la importancia de mostrar cómo es necesario liberarlos primero de sí mismos, y de los paraísos imaginarios que les prometen, y de la mentalidad gregaria que les hace preferir volarse por los aires a quedar mal con los compañeros de trabajo. Los ataques suicidas eran en mis años mozos una excepción al orden de las cosas en la que sólo incurrían los kamikazes: desde entonces ha proliferado lo del cinturón de explosivos, y una de las finalidades de esta película es desautorizar la ideología que lleva a esas abominaciones. Pocas escenas hay más patéticas y abyectas que esa en la que el grupo de fanatizados se van volando por los aires uno tras otro, llorando de miedo pero adelante, no me vayan a criticar estos colegas. El mensaje es el mismo a japoneses y sunitas: "Os habéis metido con un enemigo contra el que no podéis.  Habéis llegado lejos, a base de echarle mucha fe y mucha estupidez colectiva, con un coste personal desproporcionado, y gracias a una ideología oficial que desprecia a la vida propia y ajena. Pero el destino de esa ideología es desaparecer, y vuestro destino ser derrotados. Lo mejor que le puede pasar a Japón, y a Irak, es que América le invada y le libre de sus actitudes y voceros más patrióticos, pues no son sólo peligrosos para los demás, sino autodestructivos: es  triste decirlo, pero  sois una vía muerta en la evolución de la mente humana.  Así que mamporro y vuélvete a casa con tu familia, hijo, luego nos darás las gracias. Ya te pondremos tele, y películas americanas; hasta en japonés si hace falta te las pondremos. Y tus jefes, oye, por mí como si se hacen el harakiri, allá ellos, pero que nos dejen en paz a los demás. La verdad es que creíamos que estaba la cosa más avanzada, pero bueno... por lo que parece les hace falta a estos valientes samurais y jihadistas un poquito más de exposición a los valores de Occidente".


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domingo, 15 de septiembre de 2013

Elysium

Hoy vamos a ver Elysium, la última del sudafricano Neill Blomkamp.






Y sigue en efecto la línea cyberpunk de Distrito 9, que también nos gustó mucho. Excelente, igualmente, en cuanto a efectos especiales. Los niños no han quedado decepcionados con las simulaciones de cuerpos explotando, espectáculo occidental muy de nuestros días.

El guión, también de Blomkamp, se parece a Distrito 9 en la temática del apartheid, ciudadanos con dos tipos de derechos, y es también una historia de liberación, con el colapso del sistema opresor en la falsa utopía Elysium, construida en una estación espacial fuera de la Tierra superpoblada. Las lecturas a que invita no son sólo los condominiums sudafricanos, norteamericanos y cada vez más también europeos, áreas residenciales a salvo de intrusos, sino más generalmente el contraste entre haves y have nots, quizá con un énfasis en el contraste entre Occidente y el Tercer Mundo, la historia de las vallas fronterizas y pateras como la que tenemos en España, vista en un espejo distorsionador del futuro. Demasiado cercano a veces a la actualidad, el espejo, como para que resulte una ficción tranquilizadora.

Elysium, queda claro, está construido sobre la explotación capitalista de la mayoría de la población, confinada a una Tierra sin recursos y sumida en la pobreza, con derechos laborales nulos, y donde el crimen y las mafias gobiernan el día a día, con ocasionales intervenciones de la Isal Flotante (esa Laputa opresora la inventó Swift, hay que recordarlo) cuando sus intereses se ven amenazados, o no se comportan los de abajo. Sale Occidente bien retratado: las cloacas del Estado envueltas en intrigas y golpes políticos para reconducir la situación, los mercenarios entre marginales y protegidos para trabajos sucios, la burocracia europea aparentemente bienpensante e idealista, pero regida por intereses que apenas quieren reconocer, y pelele en última instancia de los intereses del gran capital. Que si bien funciona como una máquina, y es controlado por máquinas en buena medida, siempre tiene una clase ociosa flotando como nata blanca por encima, y esos no son máquinas, aunque a veces lo parecen. La ministra del interior, Jodie Foster, es una francesa nazi, vestida de blanco inmaculado pero pringándose más de lo que querría. Se enreda en sus maniobras sucias cuando intenta cambiar el código para que sea la alianza de Lobbies Armamentísticos y Aristocracia Capitalista la que rija Elysium, dejándose ya los legalismos y zarandajas de los burócratas de Bruselas, o de la ONU.

El ritmo de la película, endiablado como requieren los tiempos, es lo que más la abre a críticas, pues le lleva a enseñar las costuras cuando necesita acelerar aceleradamente algún proceso, ya sea informático o médico, para pasar a la siguiente escena. Lo tomamos fácilmente como una convención del género, OK, pero es que si todo lo pasamos por convenciones del género todo vale. El final trágico / feliz, pongamos. Matt Damon se sacrifica y visto que va a morir, muere por un ideal de entrega, para salvar a la hija de su chica, y ¿acabar con Elysium? Eso sugiere la película, pero lo que vemos es una revolución o la toma del poder por los comunistas—en este caso por Spider, el hacker mafioso que organizaba viajes en patera voladora. No parece muy de fiar como gobernante, y tampoco lo fueron Lenin y Stalin, rompiendo los huevos a la clase dominante y a millones de súbditos, para instaurar un régimen de miseria para todos... menos para ellos. Un vistazo a la historia no le augura mejor futuro a la revolución ésta que nos permite cerrar la película con final feliz.

Sí, la pareja protagonista se regía por el ideal de la Tierra como planeta azul, planeta ecológico donde todos somos responsables de todos, y del cual no se puede o no se debe huir a empíreos de privilegio. (Es una monja la que le enseña el ideal de la Tierra solidaria, por cierto). Pero al final de la película si la Tierra hace algún gesto de solidaridad, no es más azul que antes, ni promete serlo. Cierto, que un planeta corresponsable tiene mejores razones para no degradarse, y por eso el planeta debería ser socialista-ecologista o no será.... pero quién sabe lo que será. 

Me recuerda esta historia de gueux asaltando la Île de la Cité al musical que se hizo sobre Notre-Dame de Paris de Victor Hugo, o a la reciente película de Los Miserables si se quiere también, historias de revoluciones, allí fallidas (aunque triufaba el ideal virtualmente), aquí realizadas... pero con un oportuno corte a tiempo, y comieron perdices. A los Occidentales de Elysium, que vamos al cine a pagar entretenimiento caro, nos gusta además que éste haga gestos solidarios y muestre el colapso de nuestro sistema de privilegios, somos así de viciosos. 

En serio, muchas de las imágenes de la película, con Los Angeles convertido en un Tercer Mundo decadente, rascacielos invadidos de chabolas, etc., son inquietantes y casi valen tanto como la película en su conjunto. Pero no son originales, claro, estas ficciones de crisis están a la orden del día, y más que estarán, a medida que apriete la superpoblación y la escasez de recursos. Hablaba hace poco de Inferno de Dan Brown, a costa de esto, también proponiendo soluciones imaginarias a problemas reales, como buena ficción ideológica. Ha dado allí Dan Brown con un problema importante como base para su argumento, un acierto, y lo mismo podemos decir de Elysium, a pesar del tratamiento ambivalente que se da a las cuestiones ideológicas en estos productos de gran tirada.

La gran contradicción de Elysium—la pongo en dos palabras, porque se vea bien el meollo de la cuestión. El argumento opone egoísmo y altruismo, el egoísmo de protección mutua de las redes de contactos e influencias de Elysium, frente al altruismo del protagonista, que da su vida por salvar a la chica de su chica. Pero Matt Damon también se movía por egoísmo—los intereses de supervivencia propia dictan muchas de sus elecciones, y el altruismo frente a su moza es sólo accidentalmente altruista para con los demás habitantes del planeta. Los motivos de los personajes van dictados por el máximo beneficio para sí, su grupo o su proyecto—Spider se arriesga a ir a Elysium en lugar de controlar su mafia tranquilamente porque así se colocará a la cabeza del cotarro, luego ya veremos qué hace con él. La mamá / chica de Damon piensa en su hija, y no tenemos noticias de que le preocupe el resto de la humanidad excepto como apéndice unido a su hija. 

Y en sustancia, si hay un Elysium es porque cada cual lucha por la vida y procura rentabilizar sus posibilidades de medrar uno mismo y los que define como los suyos. Y esto se hace frente a otros grupos. En este caso, el saqueo de la utopía de Elysium es una fuente de recursos, pero no parece que la calidad de la sanidad privada de Elysium vaya a extenderse a todo el planeta, a pesar de la tendenciosa escena final de los hospitales aterrizando (será la Seguridad Social de Obama, o algo así, lo que se sugiere). 

En fin, que también hay tela aquí para discutir lo de la privatización y los recortes sanitarios. De decisiones egoístas, y de revoluciones superficialmente altruistas, está hecho ya el mundo que vemos al principio de la película. Es el mundo que construye la acción humana ejercida sin control, y ya vemos en el robot-JohnnyTaxi que el control total informatizado tampoco es bueno ni utópico.

Así que ésta es mi crítica: que la utopía construida al final de la película está construida, como la estrella flotante de Elysium, sobre bases engañosas o falaces. Y es tan poco sostenible como la Isla Flotante. Occidente, créanme, no va a elevar a su nivel de vida al resto del mundo. Y dentro del altruismo que guía las revoluciones se esconde, de nuevo, el gusanillo del interés—propio o tribal—que ha llevado al planeta a donde está ahora, y que lo seguirá llevando de conflicto en conflicto mientras haya recursos que repartir y bacalao que cortar, o mientras quede en pie el último árbol, como en Rapa Nui.


 
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jueves, 3 de mayo de 2012

No terminamos de aterrizar en la realidad

A pesar de las reformas de cada viernes, de los recortes de partidas, la pérdida de derechos laborales, de la prima de riesgo subida a la parra y demás, no acabamos de aterrizar en la realidad, mientras la crisis se recarga con nuevos nubarrones en lugar de ir aminorando. Van a cerrar más negocios, van a ir a la calle más gente de los bancos, sin prejubilaciones sustanciosas (excepto quizá los directivos, que las malas costumbres seguirán, y siempre se lo van a llevar crudo y a manos llenas). Lo mismo las universidades y las televisiones autonómicas—a redimensionar. A los funcionarios les van a bajar el sueldo si no pasan evaluaciones, como nos pasa ya en la Uni. Nos van a cobrar hasta por pasar por la carretera, y ya puestos en harina casi ni nos extraña. Mientras hacen amnistías fiscales a los delincuentes, a los demás nos suben el IBI, el IVA, y los demás impuestos, hasta a los que no fumamos. Pero entretanto, otra de gambas, frase que se va a hacer más proverbial que el vuelva usted mañana de Larra. Las autonomías, nos las van a minimizar cuando el garito se hunda en firme, y quedarán como Estados Asociados sólo Cataluña y el País Vasco, como si estuviésemos en la crisis de los 30. Pero en Andalucía, Grecia de España, reeligen a Griñán—nada menos que a Griñán, que nos propone el Modelo Socialista— y seguirán los cantes y los bailes hasta que lleguen los Agentes Smith de alguna intervención bancaria foránea, a quitarles el Per y el paro. En China creo que no cobran tanto paro, y el sistema chino es lo que nos espera si hay justicia en el mundo (que, convengo, es dudoso, amén de indeseable para Occidente). No quiero decir que me agrade la perspectiva, pero esta crisis va enlazar con la crisis del la energía y la curva descendente del Pico del Petróleo—descendente en producción, ascendente en precios y demanda. Entretanto, no acabamos de aterrizar en la realidad. Los negros sí, me piden dinero por la calle, "¡Está mu hodido, mu hodido en España!" El país se va hundiendo como un rascacielos en el fango, pero como está calculado por los ingenieros el ritmo de hundimiento, aún suben los precios de alquiler de algunos pisos. Entretanto. Ya habrá quien recoja las ganancias a tiempo y se mude a otra torre down the track, de hecho ya están en ello si Urdangarín sabe algo de fuga de capitales. El PP y el PSOE están interesados por igual en mantener el chiringuito rodando, tocándolo lo menos posible, mientras aguante occidente—que los griegos aún nos llevan ventaja. Y así seguimos con la ficción de que aquí se va a recuperar el empleo mientras no haya una reforma laboral que deje chiquita a la vista hasta ahora, y un recorte del gasto público que nos deje temblando. Aún más paro y recortes, hasta que se junte la economía sumergida con la real, en el mismo lodo todos manoseaos, y el sistema funcione como funciona... Rusia, y nos den la bienvenida al desierto de lo Real. Y me temo que llegará todo esto. Pero de momento seguimos todos haciendo como si no—que para eso hemos elegido a Rajoy, que hace como que sí.



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