La
Unión Europea acaba de poner precio a los refugiados sirios: 250.000
euros por cabeza. Es lo que les cobrarán en concepto de "contribución
solidaria" a los países que no quieren admitir refugiados, por cada
refugiado que no admitan de su cuota asignada.
Es feo a primera vista, esto de ponerle precio a la gente, cuando
solemos cacarear que la vida humana no tiene precio, etc. (y luego no
damos ni un duro, qué digo un euro, por salvar una vida tercermundista
a través de una ONG). Es cierto que una vida puede tener un precio
indeterminado, alto, altísimo, pero sólo si cae en el torbellino de la
propaganda de los medios. Si no, salen baratas, y las bombas de
alfombra de los Aliados, o los cuchillos garganteros del Estado
Islámico, se las ventilan alegremente y sin comentarios.
El precio concreto podría discutirse, como decía Groucho Marx, pero nos
aclara las cosas saber que las vidas tienen precio. Y tiraremos a baja,
de hecho, por la ley de la oferta y la demanda. Me refiero a que
alegremente cogería cada refugiado sirio los 250.000 euros que le dicen
que vale, y les diría a los funcionarios de la Unión que se olvidasen
de él, dinero en mano. Por eso habrá negociación a la baja.
Pero no me parece mal esta iniciativa de la Unión Europea, por aclarar
un poco el panorama. Primero, de cara a los Estados que no quieren
refugiados: por aclarar si lo que no quiere Vd. es musulmanes en casa,
o si lo que no quiere es gastar dinero. Ahora se puede elegir
modalidad, aunque desde aquí me sospecho que lo que no se quiere es ni
una cosa ni la otra.
Segundo, porque de cara a cada país, incluidos los de "welcome
refugees", los más enrollados que podamos concebir, se plantea ahora un
dilema: con este millón de euros disponible, ¿quiere Vd. pagar un
subsidio a familias sin ingresos, de ciudadanos de este país, que no lo
tengan, o quiere Vd. acoger cuatro refugiados? En la partida de gastos
sociales, digo.
Es un dilema a considerar, y es que el dinero a aflojar (y más si es
por parte de uno mismo) aclara rápido el precio de las cosas que,
supuestamente, no tienen precio. Y establece pronto las prioridades,
porque cada cual sabe cómo administrarse las suyas sin asesoramiento,
en lo que toca al bolsillo. Aquí por ejemplo, es prioridad regalarle
muchos millones de euros a Cuba, a saber por qué. ¿Deberíamos
gastárnoslos en refugiados? ¿O en pagar la deuda, visto que tenemos que
pedir prestado para dar caridad?
Y oigan, quien sea partidario de gastar más dinero en refugiados, más
de 250.000 euros digo, libre es de contribuir. Que nos pase sus cuentas
con sus ONGs, de cómo se gasta libremente su dinero, y luego hablamos
de cómo gastar obligatoriamente el de todos.
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