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jueves, 4 de marzo de 2021

La Red Social (Una Red para Atraparlos a Todos)

 


Un artículo sobre la reticulación social ubicua y sobre Facebook, vistos como una intervención radical sobre las redes sociales elitistas que estuvieron en el origen de la intervención genial de Zuckerberg sobre la comunicación mediada por ordenador y sobre la presentación social del sujeto. Todo ello por medio de una crítica al film de David Fincher La Red Social, basado en los pleitos que rodearon a la autoría de la aplicación. Trascendiendo la sociabilidad elitista de Harvard, Facebook supuso una reelaboración radical de los espacios en red y de la blogosfera, amén de una metamorfosis de la identidad personal de Zuckerberg, de sus círculos sociales y de su proyecto vital.

Texto completo:

La Red Social (Una Red para Atraparlos a Todos) 

https://ssrn.com/abstract=3718003


Ibercampus (Nov. 2, 2010)

12 Pages Posted: 17 Feb 2021

José Angel García Landa

Universidad de Zaragoza

Date Written: October 24, 2010

Abstract

Spanish abstract:

English abstract: 

The Social Network (A Network to Net Them All)

A paper on Facebook and ubicuous online social networking as a radical intervention on the elitist social networks which were at the origin of Zuckerberg's stroke of genius in computer-mediated communication and in social self-presentation. This is done by way of a critique of David Fincher's film The Social Network, based on the lawsuits attending the authorship of the network. The elitist Ivy-League Harvard sociality was transcended into a radical reworking of personal online spaces and of the blogosphere, as well as a metamorphosis of Zuckerberg's personal identity, his social circles, and his priorities and agenda.

Keywords: Facebook, Fincher, Zuckerberg, Social networking, Elitism, Sociality, Computer-mediated communication

Garcia Landa, Jose Angel, La Red Social (Una Red para Atraparlos a Todos) (The Social Network (A Network to Net Them All)) (October 24, 2010). Ibercampus (Nov. 2, 2010), Available at SSRN: https://ssrn.com/abstract=3718003

 

 

_____. "La red social (Una Red para Atraparlos a Todos)." Rev. of David Fincher's film. In García Landa, Vanity Fea 24 October 2010.*

         http://vanityfea.blogspot.com/2010/10/la-red-social.html

         2010

_____. "La red social (Una Red para Atraparlos a Todos)." Rev. of David Fincher's film. Ibercampus (Vanity Fea) 2 Nov. 2010.*

         http://www.ibercampus.es/articulos.asp?idarticulo=14508

         2013

_____. "La red social (Una Red para Atraparlos a Todos)." Academia 4 Nov. 2020.*

         https://www.academia.edu/44482065/

         2020

_____. "La red social (Una Red para Atraparlos a Todos)." ResearchGate 29 Nov. 2020.*

         https://www.researchgate.net/publication/346471785

         2020

_____. "La red social (Una red para atraparlos a todos)." Humanities Commons 6 Dec. 2020.*

         http://dx.doi.org/10.17613/6qtr-ns92

         https://hcommons.org/deposits/item/hc:33539/

         2020

_____. "La Red Social (Una Red para Atraparlos a Todos) (The Social Network (A Network to Net Them All))." SSRN 17 Feb. 2021.*

 https://ssrn.com/abstract=3718003

         2021

_____. "La Red Social (Una red para atraparlos a todos)." In García Landa, Vanity Fea 3 March 2021.*

         https://vanityfea.blogspot.com/2021/03/la-red-social-una-red-para-atraparlos.html

         2021

_____. "La Red Social (Una red para atraparlos a todos)." Net Sight de José Angel García Landa 4 Jan. 2024.*

         https://personal.unizar.es/garciala/publicaciones/RedSocial.pdf

         2024


 

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jueves, 7 de febrero de 2019

Retropost (7 de febrero de 2009): El curioso caso de Benjamin Button





Película que, dicen, está basada en un cuento de Scott Fitzgerald, aunque esa base es muy escasa, y el tono y la intención cambian por completo. Igual podía estar basada en Time's Arrow de Martin Amis, con la misma justicia—hay todo un género de narraciones de tiempo invertido de las que ya hablé aquí—"Backwards". Aquí hay una buena reseña de James Berardinelli.  Para quien opine que la película no funciona, mejor estará la reseña de Roger Ebert, o la del San Francisco Chronicle, muy certera con sus puntos débiles si nos ponemos en plan duro.  Pero no queremos: como decía Aristóteles, no hay que pedirle a la tragedia todos los tipos de placer sino sólo el que le es más propio, y desde luego esta película sí que tiene muchos valores propios para recomendarla.

Siendo una película de ambientación histórica y que requiere mucha habilidad en trucaje, hay que decir que destaca por su manera de llevarlo adelante, con recreaciones de ambientes y personajes acertadísimas desde el punto de vista técnico (irreprochable desde el maquillaje al CGA) y estilístico—con imitaciones de cine antiguo muy bien tratadas, que son un gusto de ver y le dan un toque elaborado y sofisticado a la película, a la vez irónico y melancólico, y todo con gran soltura. El detalle está mimado, algo que no agradecen bastante esos críticos crueles.

Es una película muy rica en escenas y situaciones, y su planteamiento básico da para pensar, o para dejar que las emociones se asocien en muy diversas direcciones, según quién  la esté viendo. En parte esto sucede por la imposibilidad del planteamiento, claro, que nos lleva a buscar posibles sentidos a una historia en la que el tiempo se mueve hacia atrás, y sin embargo y como no podía ser menos, también hacia adelante. Las reacciones de los espectadores a este kit de posibilidades parecen ser muy diversas, desde la repugnancia y las denuncias de falsedad y tongo, hasta las declaraciones de que es una experiencia conmovedora y misteriosamente inexplicable.

Parte de las quejas se deben a que Benjamin Button "no hace nada especial", que lleva una vida normal. No, nada, sólo se recorre el mundo en moto, y hunde un submarino alemán que acababa de torpedear a un transporte de tropas americano. Bueno, hay que decir que el recorrido del mundo suena mucho a postal panorámica de la vida de un tío ideal (ya Brad Pitt en sus buenos años por entonces), y que el hundimiento del submarino se debe más bien al patrono del remolcador en que trabaja Benjamin, un marinero artista de los tatuajes que aborrecía su remolcador y así se lo lleva al fondo.  Pero a lo que voy es que no hace falta que Benjamin haga nada especial: la película se basa en los encuentros periódicos con Daisy (Cate Blanchett) de niña a anciana, y en la dinámica de esa relación imposible.

Otros temas interesantes son el asunto interracial, pues el monstruoso bebé Benjamin es adoptado por una familia negra, y allí se cría, en la residencia de ancianos donde trabajaba su madre. "Al principio", dice, "no sabía que era un niño, creía que era como todos los demás", como los alzheimer inválidos que iban muriendo día sí día no. Pero va mejorando de salud y cogiendo fuerza, y de "septuagenario" conoce a su padre, propietario de una fábrica de botones, que lo había abandonado horrorizado tras intentar tirarlo a un canal. Está arrepentido, pero no le dice que es su padre (y le pasa el negocio) hasta más tarde, con lo cual Benjamin es Button sólo la segunda mitad de su vida. Hay una buena escena en la que aprende a andar, saliendo de la silla de ruedas a instancias de un predicador baptista milagrero, entre cantos de espirituales y alabanzas a Dios—con la ironía de que en el mismo momento cae fulminado el predicador por un síncope. Es una escena más de las muchas que hay en ambientes de época, todas ambientadas con talento, de tal modo que la película se queda en la mente de algunos como una colección episódica de escenas, que también lo es. Decía Aristóteles que el argumento episódico es malo pues le falta unidad: no basta la unidad de protagonista sino que hace falta unidad de acción—y para eso está la relación con Daisy. Que es seguramente insuficiente de por sí, pero que queda compensada por la dinámica propia que tiene el rejuvenecimiento gradual de Benjamin, toda una historia que se mueve hacia atrás, contra la corriente de la gente que conoce, hasta que vemos a Brad Pitt juvenil como cuando empezó su carrera, y luego a un niño y luego a un bebé de los que nos dicen que son Benjamin, aunque ellos ya no lo saben, pues tienen Alzheimer.

Es una de las cosas que da la película, un cambio de perspectiva sobre la dependencia de la infancia y de la senilidad, hasta las conmovedoras escenas, breves y bien llevadas, de Daisy anciana paseando al pequeño Benjamin, que se está olvidando de cómo hablar y de cómo andar, hasta que muere como el bebé perfecto que nunca fue al nacer. Bueno, perfecto no: tiene una pequeña vieja cicatriz de Brad Pitt, bajo el ojo, última alusión al cuerpo estelar, y sus ojitos por supuesto.

Puede subestimarse, en el logro precario de la película, el acierto de las elecciones que se toman para sacar la historia adelante, precisamente no eligiendo mucho entre dos posibilidades que serían las Escila y Caribdis de esta historia: se evitan las inconsecuencias de mostrarnos a un anciano con mente infantil, y luego de mostrarnos un chaval que sea una persona hecha y modelada por la vida. Porque evidentemente en nuestro caso el cuerpo y el alma envejecen a la vez—pero aquí se esquivan los aspectos más grotescos del cuento de Fitzgerald, gracias a un uso hábil de un problema hoy muy visible como es el Alzheimer. Al principio Benjamin es un anciano extremo, pero también es como un niño. Y aprende pronto, pero está aislado de los demás niños—su relación con Daisy es como la complicidad con un abuelete que ya pasa de todo. Luego, es un chaval (anciano) que tiene su centro del mundo y su seguridad en la residencia, nunca tratando con otros niños, aunque juegue a los soldaditos o lea Ivanhoe. Y su entrada en el mundo laboral es gradual, como una jubilación al revés. Todo esto está muy bien llevado, como también su maduración inversa... viéndolo en sentido contrario, Benjamin crece como un bebé y un niño en un asilo, y se va haciendo mayor mientras todos rejuvenecen a su alrededor: es criado por Daisy, que le parece extremadamente anciana, y volverá tras años de separación para encontrar que es una señora mayor con la que puede tener una aventura erótica, pero es sólo en la madurez cuando la diferencia de edad no importa...  y tras los años mozos de él recorriendo el mundo en plan turista sin raíces, se establece, y funda una familia, y se separa... y lleva una vida de negociante, y acaba jubilado y decrépito en una residencia, adoptado por una familia negra, y jugando con Daisy como quien juega con su nieta.

Dos frases se repiten en la película, dos actitudes hacia el tiempo: una, que la vida está hecha de momentos (los famosos episodios) y es cierto, la película está también hecha de ellos, pero también queda claro que tienen (tanto la vida como la película) una estructura narrativa—y es la peculiaridad de la de Benjamin la que desfamiliariza la estructura narrativa de las demás vidas. Todos vivimos en momentos flotantes, fuera de la dirección de nuestras vidas, pero también somos conscientes del río en el que estamos. La segunda frase es que "nadie sabe lo que le espera"—the future is not ours to see, una cosa sí que sabemos, que moriremos, pero ni siquiera sabemos si lo sabremos entonces—por no hablar del cuándo y el cómo. Mientras tanto, enjoy the ride—aunque no sea perfecta, nobody's perfect. Y es el caso de muchos, no tan curioso en realidad, ese de "
no soy tan viejo como parezco".

La película tiene una especie de prólogo, la historia de un relojero ciego (the blind watchmaker, quizá) que hace un reloj que funciona al revés. Ha perdido a su hijo en las trincheras de la Primera Guerra Mundial, y hace el reloj que marcha hacia atrás como un homenaje y un deseo de volver el tiempo atrás y sacar de sus tumbas a los que no debieron morir entonces ("Por eso he hecho que mi reloj funcione hacia atrás. Ruego me disculpen si a alguien he ofendido"). La noche de la victoria nace Benjamin Button, y su vida durará lo que dure ese reloj, inaugurado ante Teddy Roosevelt, que se descubre ante el relojero... Cuando lo descuelgan de la estación de Nueva Orleans a finales del siglo XX, muere Benjamin; pero el reloj queda aparcado en un sótano, que se inunda durante el huracán Katrina. Es entonces cuando está agonizando Daisy en un hospital, y cuenta a su hija, hija de Benjamin, la historia del que fue su verdadero padre. Este aspecto de la relación con la hija es un tanto forzado, pues el personaje de ésta no queda desarrollado de modo significativo. El sótano se inunda con el Katrina y la película termina con el reloj que se va cubriendo de agua y se pone a funcionar de nuevo. Por una parte, todo esto subraya la dimensión que tiene Benjamin Button de "crónica americana", pasando por experiencias comunes a diversas generaciones de americanos. Esta dimensión colectiva resuena más en América que aquí, supongo. También el reloj que arranca de nuevo, como los colibríes, es un símbolo de trascendencia, esta vez quizá la trascendencia de las vidas que se cuentan. Porque por otra parte, la imagen del reloj que va hacia atrás es, por naturaleza, un icono metafílmico. Toda película es como Benjamin Button en cierto sentido, moviéndose en cuenta atrás hasta un nacimiento que también es una muerte. Porque toda narración tiene su nacimiento en su final, en la perspectiva retrospectiva que la organiza, y que sienta cúal es la historia que interesa contar, y cuál es su principio—y tras pasar por ese principio, se alcanza el final a sí mismo.

También hay una escena de reflexión sobre la causalidad: Daisy es bailarina, pero es atropellada por un coche y un accidente acaba con su vida de estrella disipada—y la reúne con Benjamin. Y la película muestra la conjunción de circunstancias contingentes que llevaron a ese accidente, a la vez evitable e inevitable. Todo está atado en la vida, como en una película, aunque sólo retroactivamente veremos, y siempre oscuramente, cuál es el argumento en el que nos hemos visto inmersos. Una película con una significativa dimensión retroactiva, como es ésta de Benjamin Button, nos hace pensar en la narratividad inherente a la vida. Nuestras vidas son relatos, que van a dar a la muerte, que es el principio del relato de lo que (ahora ya se ve, por fin) fue nuestra vida.


 

The Curious Case of Benjamin Button.
Dir. David Fincher. Written by Eric Roth, based on a short story by F. Scott Fitzgerald. Cast: Benjamin Button: Brad Pitt; Daisy: Cate Blanchett; Caroline: Julia Ormond; Elizabeth Abbott: Tilda Swinton; Monsieur Devereux: Elias Koteas; Queenie: Taraji P. Henson; Thomas Button Jason Flemyng. Paramount Pictures, 2008.


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sábado, 3 de junio de 2017

Retropost #1641 (3 de junio de 2007): Zodiac


Mucho más me gustó en conjunto Se7en, aunque digan que esta Zodiac es la mejor película de Fincher hasta la fecha. Conste que Zodiac está muy bien hecha en muchos aspectos, pero es una película demasiado larga para llegar a donde llega, sin resolver mucho, y con notables fallos de tensión. Deja al espectador insatisfecho, no tanto por la no resolución del caso, sino por haberle dedicado tanto tiempo y esfuerzo y detalle a algo que va a parar en nada. Durante la propia proyección de la película, la gente olvida y se hace vieja y pasa a otras cosas. Y hasta los asesinos en serie se aburren—ciertamente sería un tormento obligarles a ver todas las películas que se han hecho sobre Zodiac, es como para desanimar a un copycat killer que fuese razonable. Pero no lo son, claro, ni ellos ni los directores de cine, y vuelven incansablemente al mismo asunto. Esta vez las faltas de hortografía de las cartas que escribe el asesino son tan gordas y aparecen tan en primera línea que le quitan todo el glamur intelectual al quíler semianalfabeto éste. Tipos tan cutres no merecen semejante inversión de atención, dinero y personal, y menos volver a recrear la California de los años sesenta con todo detalle—que es lo mejor de la película en realidad, en el día a día, aunque también se dan el lujo de mostrarnos la pirámide de San Francisco creciendo en versión digitalizada para mostrar el paso del tiempo. La película falla por un argumento que a base de buscar contar diversos aspectos de la historia de la investigación se pierde constantemente en líneas muertas: quizá el cine no está hecho, o al menos esta película no lo está, para contar una realidad que se resiste a ser narrativizada. Comenzamos con un argumento de ética periodística, pero esos personajes desaparecen, se pierde el foco en ellos. En los asesinados no digamos, porque ninguna de las víctimas interesa al espectador. Los policías encargados del caso, y sobre todo Toschi, se ven frustrados, ninguneados por las autoridades y luego por la película, pues sus investigaciones rozan al culpable sin llegar a demostrar nada. Y el protagonista en cuyo libro se basa la película nos desorienta al principio, no interviene en la historia hasta el final, también en direcciones erráticas (como requiere un caso sin solución) con lo cual el efecto sobre el espectador es más de irritación y frustración que de otra cosa. Es el fallo de optar por (o ir a parar a) una forma imitativa del hecho narrado: investigación larga y frustrante, sin solución, que da lugar a película larga y frustrante, sin solución. Y se ha de recurrir a muchas explicaciones finales en títulos de crédito, casi un certificado de estructura narrativa fallida. El fracaso familiar del novelista-guionista viene casi a avisarnos de que esta película se basa en una obsesión poco recomendable, de crucigramista o sudokista plasta. Seguirle los pasos hasta tal punto al asesino durante años viene a ser casi jugar su juego—algo que parecen no poder evitar hacer los medios, y el público. El asesino en serie tipo Zodiac es el terrorista propio del suelo americano: busca atención, su crimen no es un fin, sino un medio para publicitarse, y acongojar a toda la sociedad en espera del siguiente. Busca ser el mejor caso. Pero paradójicamente, un buen caso, uno llamativo, es un caso resuelto; el vuelo del asesino en serie es efímero y necesita del topetazo final. Que aquí no hay propiamente. No creo que esta vez el marasmo patético de irresolución en que acaba Zodiac invite a ningún copión a plantar pistas para ser capturado. Y si aquí se cita a Harry el Sucio y se nos recuerda la invitación de Zodiac a hacer una buena película sobre él, creo que por fin ha encontrado lo que merece, y esta película no volverá a ser citada intertextualmente en Otra vez no, por favor: El Regreso de Zodiac. Pues este final que no lleva a nada no lo quiere ni el propio asesino, que busca, como cualquier otro agente narrativo, una clausura más espectacular. Sea como sea, les dedicamos demasiado tiempo y atención a esta gente, cuando lo que necesitan es quizá lo contrario, una caja oscura donde meterlos.


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domingo, 24 de octubre de 2010

La red social (Una Red para Atraparlos a Todos)







La red social

A algunos decepcionará la película dirigida por David Fincher, porque no es una película sobre el papel de Facebook como red social, sino una película sobre intrigas empresariales y demandas judiciales, en torno al origen y crecimiento de la empresa Facebook. Pero está muy bien llevada y desde luego yo recomiendo verla a todo el que tenga un Facebook (que a fecha de la salida de la película eran más de 500 millones de personas, y vete a saber si ya serán el doble).

Una noche de otoño de 2003, Mark Zuckerberg, estudiante en Harvard y genio de la programación, se sienta ante su ordenador y comienza a trabajar febrilmente en una idea nueva. En un arrebato de blogueo y programación, lo que empieza en el dormitorio de su residencia estudiantil pronto se convierte en una red social global y en una revolución en las comunicaciones. Tan sólo seis años, y 500 millones de amigos, más tarde, Mark Zuckerberg es el multimillonario más joven de la historia... pero a este empresario el éxito le conduce a complicaciones tanto personales como legales. (Resumen en IMDb). 

Recomiendo continuar con la reseña de Roger Ebert. Termina éste llamando la atención sobre lo absorto que parecía el público mirando esta película—que con una historia no especialmente trepidante nos da una experiencia trepidante. Y es que seguramente todo el que la va a ver tiene un interés directo en ella, porque tiene un Facebook. También lo tienen, seguro, los actores de la película, y los protagonistas, empezando por Mark Zuckerberg. Que por cierto no se hace eco público de la película en su Facebook.

Siendo una película sobre personajes reales (al menos la mayoría de ellos), ha creado inevitablemente polémica—pues no es una película "oficial" de Facebook, más bien todo lo contrario. El propio director se manifestó diciendo que no le gusta Facebook porque crea relaciones falsas entre las personas. Zuckerberg declaró que la película es exacta en algunos detalles insignificantes y falsa en su perspectiva general—pues básicamente le presenta a él como un  geek inadaptado que no consigue ligar y que compensa sus frustraciones con un gigantesco montaje de una red social que le permita ser popular entre las chicas. Y rico y famoso. Se presenta a Zuckerberg como frustrado por no pertenecer a la élite social de Harvard, sin poder obtener acceso a sus clubs de contactos exclusivos—y su triunfo empresarial es la venganza de un judío despechado. La película termina sin embargo con un tono sarcástico, con Zuckerberg intentando que lo acepte como amigo en Facebook la chica que lo llama jilipollas en la primera escena (por su obsesión con el exclusivismo social). Mientras, suena la canción de los Beatles Baby You're a Rich Man:







How does it feel to be
One of the beautiful people?
Now that you know who you are
What do you want to be?
And have you travelled very far?
Far as the eye can see.
How does it feel to be
One of the beautiful people?
How often have you been there?
Often enough to know.
What did you see, when you were there?
Nothing that doesn't show.
Baby you're a rich man,
Baby you're a rich man,
Baby you're a rich man too.
You keep all your money in a big brown bag inside a zoo.
What a thing to do.
Baby you're a rich man,
Baby you're a rich man,
Baby you're a rich man too.
How does it feel to be
One of the beautiful people?
Tuned to a natural E
Happy to be that way.
Now that you've found another key
What are you going to play?
Baby you're a rich man,
Baby you're a rich man,
Baby you're a rich man too.
You keep all your money in a big brown bag inside a zoo.
What a thing to do.
Baby you're a rich man...



La respuesta de Zuckerberg a sus críticos insistía en que sus móviles principales al diseñar Facebook eran un deseo creativo—el de desarrollar una herramienta que permitiese mejorar la comunicación entre las personas—y en la película ciertamente se ven ambas cosas, las frustraciones personales del personaje y su motivación creativa para hacer cosas que no se habían hecho antes, cosas que le fascinan y que tiran de él y adquieren su propia dinámica. Facebook explota como fenómeno global, haciéndole a su autor llevar un camino que por una parte quizá colme sus aspiraciones, pero que por otra lo arrastra y le hace escapar a su propio control, transforma sus prioridades, y le lleva a dejarse atrás a sí mismo y a sus viejos amigos y a sus viejos planteamientos.

La película está estructurada en torno a ese contraste entre el presente (Zuckerberg forrado, con forro polar, y rodeado de abogados) y el pasado reciente, hace tan poco, cuando era un friki de mal asiento en Harvard. De hecho, siendo una película medianamente hostil hacia Zuckerberg, su fuente parece estar en los documentos de las demandas judiciales, y por tanto en el punto de vista de sus demandantes.  Los flashbacks zumban adelante y atrás, entre el desarrollo de la idea de la red social, antes, y después—el momento unas reuniones previas a la vista judicial, reuniones en las que Zuckerberg acabará pactando con las partes contrarias.

Hay dos pleitos con los que vérselas, de antiguos asociados suyos: uno, la demanda de los gemelos posh Winklevoss, que lo habían contratado para desarrollar una red social en Harvard—se puede decir que Zuckerberg les robó parte de la idea, o no, porque los gemelos querían precisamente restringir el acceso a contactos de Harvard, exactamente lo contrario de lo que hace Facebook—era una idea elitista en una universidad elitista. (Ahora Harvard tiene por supuesto sus propias páginas en Facebook, como todo quisque... yo también veo a veces allí el grupo de Brown University, que era mi universidad elitista de la Ivy League). La película presenta en parte el logro de Zuckerberg como una manera de volar por los aires ese elitismo. Zuckerberg podrá quizá entrar en aquellos clubs exclusivos, pero no es eso lo relevante, sino el hecho de la revolución en las comunicaciones que ha tenido lugar. La película termina con una nota irónica, con Zuckerberg reducido al papel de un mero usuario de Facebook, intentando ver si la chica que cortó con él lo acepta como amigo de Facebook. Si creemos a los rumores, esta escena sería imposible porque Zuckerberg se ha autoreservado un lugar especial de modo que nadie pueda rechazarlo como amigo. Bueno, puede que no sean rumores sino malas lenguas.

La historia de esta chica en la película es reveladora: corta con Zuckerberg al principio llamándolo gilipollas por su obsesión con las élites, y luego reaparece como becaria del despacho de abogados de la parte contraria. Le aconseja a Zuckerberg pactar, cosa que hará, y se despide diciéndole "no eres un gilipollas, aunque lo intentas mucho". Lo tiene rendido, parece, pero este episodio, siendo ficticio, es uno de esos momentos clave en los que la película se separa de los hechos para añadir, y dar una interpretación algo tendenciosa. También es uno de los elementos que ayudan a crear clausura narrativa y un argumento más peliculero, con ida y vuelta. La ironía sería que Zuckerberg tiene ahora todos los amigos de Facebook que quiere, pero por sus deficiencias personales y sus prioridades erróneas sigue sin acceder a las auténticas amistades y al amor—y he ahí la lectura del director, al efecto de que Facebook crea una ilusión de relaciones.  Lo que sucede para Zuckerberg es que falsifica la única relación realmente amistosa que tenía, con su compañero Eduardo, que comienza como inversor y asesor financiero, y es pronto desbordado por el crecimiento de la compañía, y expulsado de ella. Su lugar lo ocupa Sean Parker (el otro golden kid que había pasado ya por el triunfo súbito, creando Napster y hundiendo con ello a la industria de la música). Parker aparece aquí como un desaprensivo yuppie dispuesto a trepar y a inflar la empresa por encima de toda consideración ética. Con mucho más olfato comercial que Zuckerberg y que Eduardo, eso sí.

La otra demanda a la que se enfrenta Zuckerberg es la interpuesta por Eduardo, a quien se dejó atrás con malas artes al expandir la empresa. Es la historia con más "interés humano" de la película, porque es allí donde se confrontan éxito y fidelidad a uno mismo. Evidentemente Zuckerberg elige ser fiel al que va a ser, no al que ha sido—y con frecuencia luce una vena arrogante que no le va mal del todo al personaje. A Eduardo lo echa fuera presentándole un contrato con letra pequeña, como para demostrarle que es tan nulo como director financiero que no sabe ni cuidar sus propios intereses leyendo entre líneas el riesgo que había allí para él. Y en el juicio, aunque pactará, les espeta en la cara a sus demandantes que la situación es tautológica—"si alguna de estas personas hubiese sabido fundar Facebook, habría fundado Facebook", posición en la que está él y no otro... pero ay, toda idea consta de ingredientes, debe algo a alguien, y Zuckerberg encontrará prudente pactar por una "calderilla" de millones y cerrar las demandas a tiempo. Otra salida buena es cuando le dice al abogado de los Winklevoss que no puede prestarle sino parte de su atención, porque en esta sala se está hablando de cosas que nadie más que yo entiende ni es capaz de hacer—y menos que nadie, sus dos clientes (refiriéndose a los gemelos de alto standing). A ese lado genial e insolente del personaje también se le hace justicia, aunque el énfasis final queda un tanto injustamente en el frustradillo que quiere ligar por Facebook.

A lo largo de la película vemos cómo evoluciona la idea, a través del pequeño mundo obsesivo de Harvard, basado en los contactos, y la observación y vigilancia mutuas. De ahí tuvo que surgir Facebook—y allí estaban los "facebooks" originales, los álbumes de miembros de las distintas fraternidades y residencias (álbumes impresos en origen, y en red después), que utiliza Zuckerberg primero para hacer un programa machista (para "comparar qué tía está más buena", despechado con las chicas). Luego vemos cómo se difunde la plantilla para crear páginas individuales y enlaces, cómo Parker sugiere reducir "The Facebook" a "Facebook", como aparece "el muro"... pero tampoco vemos mucho más sobre aplicaciones y desarrollos. Es un historia de ética de los negocios, como digo, un poco la contraria a la que vemos en In Good Company, más que una historia sobre redes sociales. (En In Good Company, un yuppie tiburoncillo de la empresa maduraba y descubría los valores humanos; aquí vemos cómo un chaval de greñas y forros polares se convierte en un magnate despiadado).

De hecho en algunas cosas de las más obvias Zuckerberg iba a tientas: es un hacha de la programación, y de las soluciones ingeniosas combinando órdenes de código, pero a veces le cuesta ver qué es lo que quiere la gente, o qué le interesa. La idea de los contactos y su valor se la inspiran los elitistas Winklevoss; la idea de incluir el "estado civil" libre o con pareja, sale en una conversación por casualidad.

En suma, que Facebook surge como conjunción del desarrollo tecnológico que lo pedía, de unas capacidades personales de su autor, y de un ambiente social muy concreto (los contactos entre universitarios), donde se mezcla la protección del pequeño mundo universitario con el deseo de darse a conocer y arriegarse un poco a enseñar la cara. Los blogs se habían popularizado desde hacía unos años, pero no habían llegado a arrancar al modo masivo en que lo hizo Facebook. Es en origen, básicamente, un blog con una plantilla muy rígida, un blog un poco para gente que si no le obligasen sus amigos no haría un blog—y pensado para constantes provocaciones al intercambio y a la comunicación en un pequeño círculo. Está pensado también para crecer a modo de efecto dominó, con unos contactos llevando a otros, haciéndose el sistema publicidad a sí mismo y asegurándose el desarrollo a través de sus usuarios que enganchan a sus amistades. 

Está claro que la gente necesitaba un espacio fijo en la red, identificable con ellos, donde presentarse, comentar su día a día con los amigos, compartir textos, fotos, vídeos, etc., —un espacio un poco más cerrado que los blogs, tan abiertos ellos a trolls malevolentes. Sobre todo, la gente necesitaba una moda, quizá, y la moda acabó surgiendo explosivamente cuando la tecnología ya iba muy por delante del uso limitado que estaba haciendo la gente de ella, por una actitud un tanto timorata o ignorante. Había que acercar la red a la red social de las personas, hacerla más usable (aún más usable que un blog, aún más fácil)—y eso es lo que ha logrado hasta ahora Facebook, con tres o cuatro aplicaciones más. Skype, sobre todo, que es lo que le falta integrar a Facebook: el videochat, que parece que le gusta mucho al personal. Seguramente será en Facebook donde se haga la conjunción tecnológica final del espacio en red e instrumento comunicativo multimedia total, porque se ha extendido en el momento adecuado para convertirse en el estándar. Y sin embargo quién sabe—porque quién sabía nada de Facebook hace cinco años. A mi facebook va, automáticamente, todo lo que pongo en el blog, pues esa función de absorber o recopilar contenido es una de las más útiles que tiene.

Me lo abrí ya hace bastantes años, uno de estos Facebooks, cuando sólo estaba de moda entre estudiantes americanos. Y me quedé durante años solo, esperando a que se uniese el resto del personal. Que mientras se hacían de Tuenti y de otras historias. Hace poco más de un año fue la gran explosión de Facebooks en España, o al menos en mi círculo, y de repente todo el mundo tenía uno. Aparte  lo uso relativamente poco, sigo centrado en el blog, que da más cancha a la escritura por extenso, y menos a la interacción, que por lo que se ve no me interesa tanto como parecía. Por cierto, este post ya dura demasiado.

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The Social Network. Dir. David Fincher Written by Aaron Sorkin, based on the book The Accidental Billionaires by Ben Mezrich. Cast: Jesse Eisenberg (Mark Zuckerberg), Rooney Mara (Erica Albright), Bryan Barter (Billy Olsen), Brenda Song (Christy Lee), Armie Hammer (Cameron Winklevoss / Tyler Winklevoss), Joseph Mazello (Dustin Moskovitz), Patrick Mapel (Chris Hughes), Max Minghella (Divya Narendra), Andrew Garfield (Eduardo Saverin), Calvin Dean (Mr Edwards), Cedric Sanders (Reggie), Justin Timberlake (Sean Parker), Dakota Johnson (Amelia Ritter).  Music by Trent Reznor and Atticus Ross. Cinemat. Jeff Cronenweth. Ed. Kirk Baxter and Angus Wall. Prod. des. Donald Graham Burt. Art dir. Curt Beech, Keith P. Cunningham and Robyn Paiba. Exec. prod. Aaron Sorkin and Kevin Spacey. Prod. Dana Brunetti, Ceán Chaffin, Michael De Luca and Scott Rudin. Columbia Pictures, 2010.




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