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domingo, 2 de octubre de 2011

Deproyectado


Me pregunta una corresponsal de la Argentina por mis proyectos profesionales o intelectuales, y le digo:

Proyectos... Soy un poco "el hombre de-proyectado", es el título del libro de un colega mío aquí en la Universidad de Zaragoza. Aquí los investigadores universitarios suelen unirse a otros para obtener eso, "proyectos" lo llaman, o sea, subvenciones para proyectos de investigación (en equipo). A mí se me da mal, lo de obtenerlas y hasta lo de pedirlas, voy un poco por libre. Improviso. Hago más o menos lo que puedes ver por la web, cuelgo todos mis escritos como un poseso. Eso no lo hacen mis colegas, procuran escribir libros, y venderlos, con éxito variable, poco en general, aunque hay excepciones. Yo hago blogs, y artículos en red. Aquí por ejemplo los cuelgo: http://papers.ssrn.com/sol3/cf_dev/AbsByAuth.cfm?per_id=889468
 

Escribo a veces sobre lo que voy leyendo, sobre teoría de la narración, sobre evolución y el origen de la humanidad... lo que me llama la atención y me divierte. Bueno, también hago cosas aburridas, una bibliografía que empecé hace más de veinte años, http://tinyurl.com/garcialanda - [http://bit.ly/abibliog] y... no sé, proyectos no tengo, me quedo pensando, si es ético vivir sin proyectos. Intelectuales, digo. ¡Si resuelvo algo al respecto, te lo cuento! Gracias por tu interés.


Creo que en cierto modo estoy bajo el "shock of the new" de las nuevas tecnologías de la escritura. Ha dejado de tener sentido para mí escribir en revistas académicas (digo para mí en concreto, no digo que hubieran de desaparecer, o que a otro no le puedan servir). También es cierto que no estoy intentando promocionarme profesionalmente, o al menos no en serio. Me resulta mucho más estimulante intelectualmente que cuando sí escribía escritos más académicos, y publicaba en sitios académicos. Eso me paralizaba si no todas las ideas, sí al menos el ochenta por ciento de ellas: el corsé que impone el género del "artículo para revista", o del libro, corsé ante todo por la misma forma impresa (sin hipertexto ni multimedia), pero también por los protocolos editoriales, que si cita a cual (aunque no vayan tus ideas por allí), que si recorta dos mil palabras, que si esto está fuera de tono, etc. 

Quizá sea un proyecto viable, el quitarles los corsés a las ideas (al menos a las ideas). Sin embargo, más que como un proyecto, lo vivo como un "dejar pasar", quizá en el sentido de sentarse y ver el mundo explicarse ante uno, levantando acta en parte. Igual es la forma de estudio adecuada a mi provecta edad, como decía mi padre, ir entendiendo mejor quién eres, qué es el mundo, y lo poco que depende el mundo de lo que uno proyecte o haga. Aunque sin duda también puede tener su lado bueno grandes ilusiones de que el mundo sí depende de uno, no es por allí por donde me llevan mis reflexiones, precisamente. Kafka escribía en una de sus meditaciones cómo por contemplación pasiva el mundo se volvía activo frente a uno y se revelaba, "extasiado se retorcerá ante tí". No digo que llegue a tanto, pero... 

 




También me viene a la cabeza "Il Penseroso" de Milton; a veces me siento yo así:


And missing thee, I walk unseen
On the dry smooth-shaven green,
To behold the wandering moon,
Riding near her highest noon,
Like one that had been led astray
Through the heaven's wide pathless way;
And oft as if her head she bowed,
Stooping through a fleecy cloud.
Oft on a plat of rising ground,
I hear the far-off curfew sound
Over some wide-watered shore,
Swinging slow with sullen roar;
Or if the air will not permit,
Some still removèd place will fit,
Where glowing embers through the room
Teach light to counterfeit a gloom,
Far from all resort of mirth,
Save the cricket on the hearth,
Or the bellman's drowsy charm,
To bless the doors from nightly harm;
Or let my lamp at midnight hour
Be seen in some high lonely tower,
Where I may oft outwatch the Bear,
With thrice-great Hermes, or unsphere
The spirit of Plato to unfold
What words or what vast regions hold
The immortal mind that hath forsook
Her mansion in this fleshly nook...

—El estudio, o la contemplación, que acaban por converger,
supongo, son un proyecto sin fin.


 
—oOo—

sábado, 6 de noviembre de 2010

Defensa de la Wikipedia

En la lista PsyArt, algunos desdeñan la Wikipedia, y la calidad de sus artículos—aunque a esos les responde Norman Holland, "eh, que precisamente la idea es que puedes editarlos y mejorarlos, si no te gustan"...  Otros proponen que se deberían listas bibliográficas de fuentes académicas  fiables, en lugar de la Wikipedia (parece como si no hubieran oído hablar de mi Bibliography of Literary Theory, Criticism and Philology... que desde luego no aspira a competir con la Wikipedia, me faltan las fuerzas).

    Me gusta la respuesta que les da otro listero, Matt Carland, y la crítica que les hace a quienes critican los artículos enciclopédicos:

q: Why not just have a list of sources written by real scholars? No information, just lists of RL books, and articles in scientific journals?
 
well, because a list of sources is clearly not an encyclopedia article..?
 
I am just as cognizant as the next academic that attempting to summarize a domain of knowledge almost always entails debasing or bastardizing it to some extent, but scholarly groaning about wikipedia & co. has always struck me as being at least partially based on a kind of blindness towards -- or stubborn refusal to aknowledge -- the ultimate purpose of the exercise itself. What you all do as scholars is to invest decades of your life in careful and deep study of a subject, possibly with the aim of adding to it in some way. What people are doing when they write encyclopedia articles is a fundamentally different kind of endeavour; articles are written so as to be a very general and cursory overview of a broad subject, a goal which necessarily entails the removal of the kinds of nuance that one is used to as a scholar in the field. This isn't a problem, it's a necessarily consequence of the goal at hand when someone sits down to write an article!
 
ultimately there seems to be two different 'fallacies' going on where wikipedia is involved:
 
1) the confusion of the encyclopedia-writing exercise with the exercise of scholarly work (often on the part of academics themselves, described above), and
 
2) a confusion (often on the part of the end user) between the comprehension of an article and a mastery of the subject of the article.
 
Obviously reading the wikipedia article on Freud isn't going to make me a Freud scholar, and anyone who thinks so is clearly a fool (i doubt, though, that there are actually very many people who ever think this, but whatever). But only slightly less foolish, in my view, is to judge the quality of such an article on the assumption that this was what it was supposed to do in the first place. A good encyclopedia article is never going to be a replacement for primary sources, but that's fine because it's not supposed to be in the first place. So many academicians make this category mistake but it always strikes me as a peculiarly thoughtless error.


 
                                           —oOo—


viernes, 29 de octubre de 2010

Wikipedia como libro de texto


Nos pasa Norman Holland este mensaje a una lista, de Jeremy Butler. Sobre el uso de Wikipedia para elaborar manuales para los estudiantes. Copypasteo:

This morning I was playing around with a relatively recent Wikipedia feature
that allows you to assemble up to 500 pages of articles into a "book". You
can then download that book as a PDF or you can pay to have it printed and
shipped to you.

This got me to thinking: Would this be a useful ancillary product for a
(TV-studies) textbook?

Fr'instance, I'm currently revising *Television: Critical Method and
Applications* (Routledge, 2011). Here's how I might put the Wikipedia book
feature to use:

1. I could search for all the terms in the *TVCM&A* glossary. Then I could
collate them into a single PDF file and post it on the companion Website.
Users could access it through a browser and/or download it to their own
computers and/or electronic readers.

This would be a *searchable* PDF, thus allowing students/teachers to buzz
through the PDF and find additional info on the glossary terms.

2. A similar PDF file could be compiled with all the proper-name (people,
companies, TV shows, etc.) articles.

'Course, users could just search Wikipedia directly for this information and
find more up-to-date articles and Wikipedia is not 100% accurate; but it
seems to me that it still might be handy to have all that info collated into
one PDF.

Another feature that the Wikipedia book function offers is the ability to
pay to have the collection itself printed. I don't know if a printed
collection of articles would be a useful supplement to a textbook or not,
but it's a pretty cool concept.

I'd be curious to hear the thoughts of TV/film studies teachers. Would you
and/or your students use this material if it were made available at no cost?

P.S. It's perfectly legal to make such quasi-commercial use of Wikipedia's
articles. They're all published under a Creative Commons "share and share
alike" license. That is, you can use them pretty much as you wish, as long
as you don't try to copyright them as your own work and restrict others' use
of them.

A mí me parece buena idea —un "trayecto guiado por la Wikipedia" mejor para muchos fines que el mero uso de la Wikipedia cada cual a su aire; más centrado, sobre todo una vez el profesor conoce bien el material que pasa. Pero no evita (sino que más bien contribuye a) el síndrome que nos aqueja: el uso de Wikipedia como fuente no ya preferente, sino muchas veces única, por parte de los estudiantes.  A mí me parece excelente la Wikipedia, les digo a los míos, y les estimulo a consultarla, pero que también consulten libros y otras fuentes. Lo que tiene un toque siniestro es la imposición, aunque sea mediante brote espontáneo, de un Liber Mundi como fuente única.


martes, 14 de septiembre de 2010

El silencio del archivo y el ruido del ciberespacio

 

Reseño aquí el artículo "The Silence of the Archive and the Noise of Cyberspace", de Leah S. Marcus, publicado en The Renaissance Computer: Knowledge Technology in the First Age of Print (ed. Neil Rhodes y Jonathan Sawday, 2000). Según su propio resumen, Marcus explora en qué medida el ordenador cumple el viejo sueño de crear una "memoria enciclopédica". Nos proporciona funciones de memoria inauditas en otros tiempos, pero a la vez plantea problemas irritantes y familiares parecidos a los que se encontraron los usuarios de las tecnologías del conocimiento renacentistas. Como en sus esquemas memorísticos, el ordenador nos permite imaginar espacialmente el funcionamiento de la memoria, con sus sistemas de archivos, carpetas y sitios web, a la manera de los edificios mentales imaginarios que aparecen en obras renacentistas. Y también promete replicar en versión digital la textura ruidosa y parlanchina del encuentro entre lector y texto, previa a la hegemonía del "silencios de los archivos", característica de la letra impresa en la era moderna. Para Marcus, este silencio idealizado se ve reemplazado por una forma más activa, mutable y "ruidosa" de reproducción textual, y aparecen en este "ruido del ciberespacio" unas formas de relacionarse con el conocimiento anterior que son altamente teatrales y auditivas. Los blogs, entiendo, son una forma muy característica de esta textualidad típicamente ciberespacial, aunque su emergencia masiva sea posterior al artículo de Marcus. En la textualidad electrónica del ordenador convergen la manipulabilidad y customizacigón individual del manuscrito previo a la imprenta, con la reproducibilidad masiva y el acceso a muchos textos que facilita la imprenta. También se parece, observa Marcus, al "florilegio" o miscelánea que permitía acceso rápido a materiales diversos a finales de la Edad Media y principios del Renacimiento. 

 


Marcus observa cómo en los archivos en red modernos creamos nuestras propias versiones de los florilegios, a la vez contando con la exactitud de la imprenta y con el potencial de adaptación personal del manuscrito. La imaginación asociada a la tecnología del conocimiento da lugar en el Renacimiento a invenciones curiosas que parecen querer llevar más allá las posibilidades de la letra impresa. Así la máquina de leer de Agostino Ramelli (descrita e ilustrada en Le Diverse e Artificiose Machine de Capitano Agostino Ramelli, París, 1588), una especie de atril múltiple giratorio que permite al lector pasar de un libro a otro rápidamente... casi un antecedente, diríase, del Memex de Vannevar Bush, aunque, claro, no deja huellas del trayecto de lectura ni enlaces visibles en los libros.  La tradición psicológica y la mnemotécnica llevaban también a imaginar la mente como un espacio con diversas salas: hay abundantes ejemplos renacentistas, en el Pastime of Pleasure de Stephen Hawes (1509) o el Mirrour of the World de Caxton de 1527. También la Mnemonica, sive Arte Reminiscendi de John Willis (1618); de estos artefactos mnemotécnicos habla Frances Yates. Las alegorías mnemotécnicas imaginan utópicamente algunas de las capacidades de acceso a la información que da hoy el ordenador. Otro ejemplo es L'an 2440 de Louis-Sébastien Mercier, 1771, en el que los sabios condensan el saber de una biblioteca en un pequeño libro. También el ordenador reposa sobre una conceptualización comparable: 

"Como los sistemas de memoria artificial abogados por los rétores y filósofos naturalistas de la Edad Media y del Renacimiento, el ordenador equipado con Windows emplea imágenes llamativas o iconos que actúan como controles memorísticos para obtener acceso a bloques mayores de información; y como los anteriores sistemas, provoca en un principio asombro y maravilla en los usuarios, ante el aumento de capacidad que parece ofrecer a nuestro intelecto humano" (21, traduzco) 
 

Esto dentro de las obvias diferencias que también reseña Marcus. Es difícil, dice, en una cultura inundada de imágenes como la nuestra, recrear el impacto de las escasas imágenes disponibles en la cultura de hace quinientos años. Pero la imprenta produjo un impacto similar en cierto modo al que hoy produce la informática, creando también sentimientos de alienación y rechazo a una cierta "inhumanidad" del medio: "D.F. McKenzie y Keith Thomas recogen muchos testimonios sobre alienación frente a la imprenta en la modernidad temprana, en particular cuando los lectores se encontraban con versiones impresas de materiales que con los que tenían previamente la 'experiencia viva' de la representación: obras de teatro, lecciones, y sermones" (22). 

El libro se concibió durante el primer siglo de la imprenta como una especie de vehículo de almacenamiento, como un disco de ordenador, "más bien que como un sustituto del cuerpo del autor" (22)—Roger Chartier dice que costó un tiempo conceptualizar al libro impreso como la imagen de su autor. Algo parecido a lo que sucede hoy con la necesaria parafernalia electrónica del texto electrónico. Preocupaba el desplazamiento de la inmediatez de la comunicación humana: "Tanto el primer siglo de la cultura impresa como nuestra cultura digital actual estaban preocupados por la imagen híbrida del humano que es también una máquina" (23); esto da lugar a imágenes peculiares en Shakespeare o Sidney. Sugiere Marcus que "esta hibridación entre el organismo humano y la tecnología (...) es característica de tiempos en los que un método tradicional de comunicación se ve amenazado por métodos nuevos y se ve gradualmente desplazado" (23). Y si hoy la presencia del autor en el libro se ve problematizada, quizá la erosión se deba al desarrollo de la comunicación en red. 

Por su parte, el ordenador empieza a adquirir la personalización y presencia antes atribuidas a la letra impresa. (Una vez más, los blogs son un fenómeno muy característico a este respecto, aunque Marcus no los conocía todavía). Maquiavelo, o Milton, presentan la lectura como presencia fantasmal o espiritual del autor, conversación desplazada con él; y estos modos muy teatrales y auditivos de relacionarse con el saber escrito era más bien la regla que la excepción en esta época temprana de la imprenta. Esta interactividad vuelve hoy a través del ordenador: 

"El ordenador y el ruidoso mundo del ciberespacio nos permiten recapturar parte de los elementos auditivos y sociables de la lectura y memoria renacentistas, los que el archivo y la biblioteca modernos han suprmido bajo el aviso de 'Silentium'." (27)

Incluso el contacto con la voz de los autores es posible, a través del desarrollo de los sistemas multimedia; "es imposible predecir las maneras en que se profundizará y cambiará nuestro conocimiento del pasado si nos adaptamos a la etraña práctica de oír además de ver nuestros archivos" (28) Hasta aquí el artículo de Marcus, muy en la línea McLuhaniana que anima todo el volumen (siempre hay que volver a La Galaxia Gutenberg para estas cuestiones). Los desarrollos multimedia, como se sabe, han ido a más, y se han diversificado las experiencias multimedia en la red. Quizá el resultado más significativo sea un relativo arrinconamiento de la cultura archivística procedente del mundo de la imprenta, a pesar de la proliferación de repositorios y archivos digitales. En la dimensión digital perviven reencarnados, o mejor dicho desmaterializados, todos los fenómenos propios de la era de la imprenta y hasta del manuscrito: es posible examinar todos los pergaminos amarillos de Beowulf en red. Pero en esta explosión de información y textualidad pasan a tener preeminencia y prioridad los fenómenos propios, inéditos y característicos de la nueva era—con lo cual no quiero decir que la digitalización de la cultura impresa no sea propia, inédita y característica, entiéndaseme bien. Pero es la literatura en sí lo que se ve desplazado por un nuevo régimen de comunicaciones que sigue protocolos interaccionales diferentes—lo que Marcus llama "el ruido del ciberespacio". 

 

 
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