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domingo, 8 de septiembre de 2024

Origen mafioso del Estado según Unamuno

 Un capítulo de la segunda parte de la Vida de Don Quijote y Sancho de Miguel de Unamuno,

LX - DE LO QUE SUCEDIÓ A DON QUIJOTE YENDO A BARCELONA.

Primero le sucede a Don Quijote la rebelión de su escudero y la derrota que éste le inflige; y sigue el encuentro con los bandoleros catalanes que da lugar a que Unamuno nos exponga su reflexión (que es también la de Cervantes) sobre la necesidad de la ley y de la justicia aun entre bandoleros.  Lo cual lleva a Unamuno más lejos, hasta proponer una teoría antropológica casera que sentaría el origen mismo de la ley en estas sociedades criminales, como medio de llevar a cabo su depredación de modo más sistemático y eficaz. 

Es algo de lo que tratamos en tiempos aquí a cuenta de José María Ciordia y su teoría sobre el origen mafioso del Estado, surgido para la depredación organizada (y la "protección") en las sociedades agrícolas con acumulación primitiva y excedentes comercializables. 

Veamos lo que dice Unamuno al respecto en la segunda parte de este capítulo:

 

Y este mismo Sancho que arremete a su amo y le pone la rodilla sobre el pecho, al sentir sobre su cabeza y pendientes de un árbol dos pies de persona con zapatos y calzas, tiembla de miedo y da voces llamando a Don Quijote que le acorra y favorezca.

No bien acaba de desmandarse contra su amo y señor natural al grito revolucionario de ¡yo soy mi señor!, cuando no es ya señor de sí mismo, sino que tiembla de miedo al sentir sobre su cabeza unos pies calzados, y llama a su amo y señor natural, al que le amparaba del miedo. Y Don Quijote, ¡claro está!, acudió a la llamada, porque era bueno. Y supuso fueran pies de forajidos y bandoleros que en aquellos árboles estaban ahorcados.

Así lo vieron al amanecer en que cuarenta bandidos vivos que de improviso les rodearon, diciéndoles en lengua catalana que estuvieran quedos y se detuvieran hasta que llegase su capitán. Y el pobre Don Quijote hallóse a pie, su caballo sin freno, su lanza arrimada a un árbol, y, finalmente, sin defensa alguna, y así tuvo por bien cruzar las manos e inclinar la cabeza guardándose para mejor sazón y coyuntura. ¡Ejemplarísimo Caballaro! ¡Y cómo le han enseñado las burlas de los duques, las coces de los cabestros y la arremetida de Sancho! Es que barrunta, aun sin conocerla, la cercanía de su muerte.





 ("Les quarante voleurs" —Ali Baba, la musicale comédie).

Llegó el capitán, Roque Guinart, y vio la triste y melancólica figura de Don Quijote y le animó. Había oído hablar de él. Y allí conoció Don Quijote la concertada república de los bandoleros y pretendió persuadir con buenas palabras, y no obligarle por la fuerza, a Roque Guinart a que se hiciese caballero andante. Sirvió el encuentro para que el Caballero admirase la vida del caballeresco bandolero, la equidad con que se repartían los despojos del robo y su generosidad con los viandantes. Y él, Don Quijote, que con grande escándalo de las personas graves había dado libertad a los galeotes, no intentó siquiera deshacer la república de los bandidos.

Esto de la justicia distributiva y el buen orden que en repartir los despojos del botín se observaba en la banda de Roque Guinart, es condición de toda sociedad de bandoleros. Fernando del Pulgar, al hablarnos en sus Claros varones de Castilla del bandolero don Rodrigo de Villadrando, conde de Ribadeo, que con sus bandas y su gran poder "robó, quemó, destruyó, derribó, despobló villas e lugares e pueblos de Borgoña e de Francia" nos dice que "tenía dos singulares condiciones: la una, que facía guardar la justicia entre la gente que tenía, e no consentía fuerza ni robo ni otro crimen; e si alguno le cometía, él por sus manos lo punía". Por donde se ve cómo es en el seno de las sociedades organizadas para el robo donde más severamente se persigue el robo mismo, y así como en los ejércitos organizados para ofender y destruir es donde más duramente se castigan las ofensas y lo que a la destrucción del ejército mismo tienda. Y así cabe decir de todo género de justicia humana que brotó de la injusticia, de la necesidad que esta tenía de sostenerse y perpetuarse. La justicia y el orden nacieron en el mundo para mantener la violencia y el desorden. Con razón ha dicho un pensador que de los primeros bandoleros a sueldo surgió la Guardia Civil. Y los romanos, formuladores del derecho que aún subsiste, los de ita ius esto, ¿qué eran sino unos bandoleros que empezaron su vida por un robo según la leyenda por ellos mismos forjada?

Las historias de los romanos las comentaba en este sentido un clásico del evolucionismo cultural, Giambattista Vico, que cifra el progreso de la humanidad en el desarrollo de la organización y de las instituciones como modos de orientar, generar y perpetuar la cooperación. Observaba Vico que nuestras instituciones, cooperaciones y sociedades son superiores a las que se daban en los albores de la humanidad, en tiempos de los cíclopes, y que se han ido imponiendo a esas formas simples o las han desplazado. (Por las buenas o por las malas, habría que añadir).

Recordemos a este respecto lo comentado sobre la cooperación para la exterminación en artículos como "Somos hijos de la guerra", o "Con quién cooperamos", o "El dilema o contradicción de la cooperación humana." 

Conviene, lector, te pares a considerar esto de que nuestros preceptos morales y jurídicos hayan nacido de la violencia y de que para poder matar una sociedad de hombres se haya dicho a cada uno de estos que no deben matarse entre sí, y se les haya predicado que no deben robarse unos a otros para que así mejor se dediquen al robo en cuadrilla.

(Inciso: es sorprendente hasta qué punto se suelen malinterpretar los mandamientos de la ley de Dios, los del Éxodo, en el sentido cristiano de darles una interpretación universal, cuando es meridianamente claro y ni siquiera necesita especificación que no matarás significa no matarás judíos...). Pero así sigue Unamuno:

Tal es el verdadero abolengo y linaje de nuestras leyes y nuestros preceptos; tal la fuente de la moral al uso. Y este su abolengo y linaje se descubre en ella, y por esto nos sentimos inclinados a perdonar y aun querer a los Roque Guinart, porque en ellos no hay doblez ni falsía, sino que aparecen sus bandas tal y como son, mientras los pueblos naciones que se dicen llamados a cumplir el derecho y servir a la cultura y a la paz son sociedades fariseas. ¿Conocéis algún rasgo quijotesco de una nación de hombres como tal nación?

Consideremos, por otra parte, cómo del mal sale el bien—porque el fin es un bien si bien transitorio, el de la justicia distributiva—y tiene este sus raíces en aquél, o son más bien caras de una misma figura. De la guerra brota la paz, y del robo en cuadrilla, el castigo al robo. La sociedad tiene que tomar sobre sí los crímenes para libertar de ellos, y de su remordimiento, a los que la forman. Y ¿no hay acaso un remordimiento social, desparramado entre sus miembros todos? Sin duda, y el hecho este del remordimiento social, tan poco advertido de ordinario, es el móvil principal de todo progreso de la especie. Acaso lo que nos mueve a ser buenos y justos con los de nuestra sociedad es cierto oscuro sentimiento de que la sociedad misma es mala e injusta: el remordimiento colectivo de una tropa de guerra es tal vez lo que les mueve a prestarse servicios entre sí y aun a prestárselos, a las veces, al enemigo vencido. Por conocer la insolencia de su oficio se guardaban fe entre sí los compañeros de Roque. (Ensayos, Aguilar, II.306-8).

Casi formula aquí Unamuno una teodicea escéptica desengañada al modo de Darwin—de la lucha por la vida, de la muerte y la depredación, es de donde salen las bellas formas como producto acabado, y así justifican en parte la base sobre la que se edifican. También Darwin daba un papel a la cooperación en la dinámica de la competición universal de todos contra (casi) todo.  Su teoría de la selección natural y de la evolución de las especies es, ya lo decíamos aquí, una teodicea cósmica que ve la imbricación mutua del mal y el bien, del sufrimiento y el logro, la historia completa de la vida y el surgimiento de la humanidad, desde una perspectiva evolucionista y compleja, superior y más fría.

En Unamuno también vemos que son posibles las leyes y virtudes altruistas únicamente en el seno de esas sociedades criminales, valga la redundancia, construidas sobre la depredación universal, y que regulan ésta con normas y leyes para su mayor eficacia.

En suma, que cooperar es muy bonito y muy inclusivo, y muy guay y resiliente, muy salimos de ésta todos juntos, y no nada individualista ni egoísta.... —pero no hay que olvidar que normalmente se coopera contra algo... o contra alguien, contra algún cíclope quizá, o contra un grupo menos numeroso o menos organizado. Así surgió y se desarrolló la muy particular sociabilidad humana, la del hombre-lobo, lobo para el humano, hombre para el hombre.

 

 

Nociones erróneas sobre la evolución de la cooperación

 

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martes, 5 de abril de 2022

Nuestros eminentes Juristas

Nuestros eminentes juristas


Exceptuado el juez Presencia, que sí que ha hecho acto de ante los tribunales denunciando estas cuestiones, ningún jurista español, ni Decano de Colegio, ni Magistrado, ni Juez, ni Catedrático, ni Gran Abogado ni Pollas en Vinagre, ha denunciado el Expediente Royuela o siquiera mostrado extrañeza o curiosidad por el mismo.

Lo cual, a estas alturas de la película, los implica a todos en la conspiración de silencio, desinformación y encubrimiento que supone este caso. La justicia española, y todas las demás instituciones en fila, y todos los periodistas, políticos, académicos, médicos, policías, religiosos, militares—todos desacreditados por sí mismos al participar por omisión, dejación y encubrimiento pasivo (cuando no activo) en este caso de corrupción contagiosa que crece como la Masa Que Todo lo Traga.

Todos son ya Desinformadores y Encubridores a estas alturas de la película.


Zapatero ordena a la Fiscalía no juzgar la gestión del Covid






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sábado, 1 de enero de 2022

JAVIER MARZAL DENUNCIA LA METAMAFIA DE LAS INSTITUCIONES ESPAÑOLAS


 

Javier Marzal expone la veracidad del Expediente Royuela y denuncia la metamafia de TODAS las instituciones españolas, que o bien participan directamente del crimen organizado, mediante la corrupción, el chantaje y los asesinatos discretos y secretos mediante los servicios secretos corrompidos, o bien (y esto ya abarca a todas las instituciones del Estado - Monarquía, Gobierno, Poder Judicial, Fiscalía, Tribunal Supremo, Parlamento, partidos políticos, medios de comunicación, académicos e intelectuales) conoce y encubre estos delitos, silenciando y desacreditando a los denunciantes y enterrando así una vez tras otra las denuncias. Asegurando de este modo la perpetuación de la mafia corrupta que controla el poder en España.

Es el país que tenemos, y la mayoría de la gente ni se entera ni quiere enterarse. No se sorprendan de ver a todos con mascarilla por la calle. Lo raro es que no se la pongan delante de los ojos.

 

 

 

Me pasman ustedes

 

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sábado, 20 de julio de 2019

La fallacie platonique


Aprovecho para introducir en la lengua francesa el sustantivo fallacie, que me parece necesita urgentemente, teniendo los adjetivos fallacieux o fallacieuse que se están apoyando en la nada léxica.

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martes, 27 de febrero de 2018

Post-apocalipsis y Civilización: El evolucionismo social en Platón

En el Libro III de su diálogo tardío Las Leyes, Platón retoma la leyenda de la Atlántida, o quizá las versiones griegas del Diluvio Universal recogidas en el mito de Decaulión y Pirra, y proporciona uno de los primeros acercamientos filosóficos al evolucionismo cultural, a la historia de las civilizaciones, y a la teoría del desarrollo social. No fue el primero:

"Según K. Reinhardt, 'Hekataios von Abdera und Demokrit", Hermes 47 (1912), 492-513, el apartado que aquí comienza hasta 682c tiene como fuente una obra de Demócrito" (Francisco Lisi, nota p. 290).

No deja de recordar este pasaje de Platón a otra teoría del desarrollo político más elaborada, la de Polibio en sus Historias. En "Evolución, Anaciclosis y dialéctica social de la historia" comenté esta teoría de Polibio como una forma temprana de pensamiento evolucionista—con ciertas interferencias empero de una concepción cíclica del tiempo que también se aprecian en Platón. Polibio ciertamente conocería la obra de Platón, y como él reflexionó sobre la naturaleza de la organización política, las instituciones y su surgimiento, y la naturaleza de las diversas constituciones y formas de gobierno.

Reproduzco aquí el pasaje de Platón (posiblemente inspirado en Demócrito) de esta edición de las Leyes, un diálogo entre el Ateniense y Clinias (del libro III: Los principios constitutivos del Estado; 676a-682d).


Platón. Diálogos VII: Leyes (Libros I-V). Diálogos VIII: Leyes (Libros VI-XII). Introd., trans. and notes by Francisco Lisi. 2 vols. Madrid: Gredos, 1982. Rpt. (Biblioteca Gredos, 31, 32). Barcelona: RBA, 2007.*

snowstorm Turner


AT.— Esto, entonces, es así. Pero ¿cuál diremos que fue el principio de la organización política? ¿No es acaso desde la siguiente perspectiva desde la que se la comprendería de manera más fácil y mejor? 
CL.— ¿Desde cuál?
AT.— Desde donde hay que contemplar siempre el progreso de las sociedades que se da al mismo tiempo hacia la virtud y hacia el vicio. 
CL.— ¿Y de dónde dices?
AT.— Creo que desde la infinidad de la extensión del tiempo y de los cambios que se produjeron en él.
CL.— ¿Cómo dices?
AT.— Veamos, ¿crees que es fácil captar la cantidad de tiempo que transcurrió desde que hay ciudades y hombres que se organizan políticamente?
CL.— No es fácil en absoluto.
AT.— ¿Pero al menos estarás de acuerdo en que sería algo infinito e inconmensurable?
CL.— No cabe duda de que eso como mínimo.
AT.— ¿Acaso, pues, no han surgido en ese tiempo decenas de miles de ciudades unas tras otras, y, según el mismo cálculo numérico, no menos han desaparecido? ¿Han tenido, además, todo tipo de órdenes políticos muchas veces en cada lugar?, ¿y unas veces han nacido ciudades de mayor  tamaño de otras más pequeñas, mientras que otras más pequeñas de más grandes, así como peores de mejores, y mejores de peores? 
CL.—Necesariamente.
AT.— Intentemos captar, si pudiéramos, la causa de su cambio, pues probablemente, quizá, podría mostrarnos el primer surgimiento y transformación de los sistemas políticos.
CL.— Bien hablas y debemos esforzarnos, tú al exponernos lo que piensas de ellas y nosotros al atenderte.
AT.— ¿Acaso creéis que las antiguas historias tienen algo de verdad?
CL.— ¿Cuáles?
AT.— Las que dicen que hubo muchas destrucciones de hombres por cataclismos, enfermedades y otras múltiples desgracias, de las que sobrevivió sólo un pequeño número de seres humanos.
CL.— Para todo el mundo eso tiene mucha verosimilitud.
AT.— Veamos pues. Pensemos en una sola de las muchas, en esa que una vez tuvo lugar a causa del cataclismo. 
CL.— ¿Qué debemos pensar acerca de ella?
AT.— Que los que entonces escaparon de la destrucción serían, si no me equivoco, unos pastores montañeses, pequeñas ascuas de la raza humana, salvadas, en algún lugar, en las cimas de las montañas.
CL.— Evidente.
AT.— Además, es necesario, me parece, que gente semejante careciera de experiencia no sólo en las otras artes, sino también en las tramas que urden unos contra otros los que viven en las ciudades para hacer ganancias, imponerse y para todas las otras maldades que conciben para dañarse mutuamente.
CL.— Es probable, en efecto.
AT.— ¿Suponemos pues que las ciudades de las llanuras y las habitadas junto al mar fueron totalmente destruidas en ese tiempo?
CL.— Supongamos.
AT.— ¿Diremos entonces que desaparecieron todas las herramientas y aun que si había algún descubrimiento serio relacionado con el arte político o con alguna otra pericia, todo eso se debilitó en ese entonces? ¿Pues, cómo, querido amigo, si esas cosas hubieran permanecido durante todo el tiempo tal como están organizadas actualmente, podría haberse descubierto alguna vez algo nuevo?
CL.— Esto implica que los de aquel entonces no tuvieron noticia de esas cosas durante diez mil veces diez mil años y que han transcurrido mil años desde que han surgido, o dos veces tantos años. Unas se le revelaron a Dédalo, otras a Orfeo, otras a Palamedes, la música a Marsias y a Olimpo, la lira a Anfione y muchísimas otras a otros, las que surgieron, por decir así, ayer y antes de ayer.
AT.— Está muy bien, Clinias, que dejaras de lado al amigo, el que nació justamente ayer.
CL.— ¿No te refieres a Epiménides?
AT.— Sí, a él. Porque, con su ingenio, el vuestro superó en mucho a todos, amigo, lo que Hesíodo anunció antiguamente con su palabra, aquél lo cumplió con su acción, como decís vosotros.
CL.— Lo decimos, es cierto.
AT.— ¿No debemos decir que, cuando se produjo la destrucción, tal era la situación de los asuntos humanos: una inmensa soledad temible, una gran cantidad de tierra pródiga, mermados los restantes animales, quedaban algunas reses y, si por casualidad había sobrevivido alguna raza de cabras, éstas también eran escasas para que sus pastores vivieran de ellas?
CL.— Sin duda.
AT.— De la ciudad, de la forma de organización política y de la legislación, cuyo argumento ahora se nos ha hecho presente, ¿creemos que, hablando a grandes rasgos, existía algún recuerdo en absoluto?
CL.— En absoluto.
AT.— ¿Entonces no surgió de aquellos grupos, que estaban dispuestos de esta manera, todo lo que hoy existe, ciudades y sistemas políticos, artes y leyes, así como mucha maldad, pero también mucha virtud?
CL.— ¿Cómo dices?
AT.— ¿Pensamos acaso, querido amigo, que los hombres de entonces, al desconocer las muchas cosas bellas que albergan las urbes y las muchas cosas contrarias, llegaron a ser perfectos respecto de la virtud o del vicio?
CL.—Muy bien dicho; entendemos a qué te refieres.
AT.—¿Cuando pasó el tiempo y se multiplicó nuestra raza, no avanzó todo hacia la situación actual?
CL.— Muy cierto.
AT.— No súbitamente, como es probable, sino poco a poco, durante muchísimo tiempo.
CL.— Es muy probable que sucediera así.
AT.— Todos tenían todavía miedo en el cuerpo, creo, como para bajar de las alturas al llano.
CL.— Sí.
AT.— ¿No se alegraban al verse, por el pequeño número de los que vivían en aquella época y porque prácticamente todos los medios de transporte para viajar por tierra o por mar se habían casi extinguido, así como las artes necesarias para construirlos? No era para nada posible, creo, que tuvieran contacto entre sí. El hierro, el bronce y todos los metales habían desaparecido confundidos en el lodo, de modo que carecían totalmente de medios para extraerlos, y el talado de árboles era escaso. Supongo que si se había conservado alguna herramienta en las montañas, éstas, rápidamente gastadas, desaparecían y otras no iban a poder producirse antes de que llegara nuevamente a los hombres el arte de los metales.
CL.— ¿Cómo podrían?
AT.— ¿Cuántas generaciones más tarde creemos que sucedió eso?
CL.— Es evidente que muchísimas.
AT.— ¿En aquel entonces, durante ese período y aún más, no deben de haber permanecido desaparecidas también las artes que necesitan el hierro, el bronce y todas esas cosas?
CL.— Sí.
AT.— Y, además, en aquel tiempo también había desaparecido la rebelión junto con la guerra por muchas razones.
CL.— ¿Cuáles?
AT.— En primer lugar, a causa de la soledad, se apreciaban y tenían una buena disposición entre sí; luego, no tenían que luchar por la alimentación, pues, salvo quizás para algunos al principio no escaseaba el ganado del que vivían fundamentalmente en aquel entonces. En consecuencia, en absoluto necesitaban leche ni carne y, además, por medio de la caza obtenían una alimentación que no era ni mala ni poca. También tenían abundancia de vestimenta, lecho, habitación y recipientes resistentes al fuego y no resistentes a él. Pues las artesanías que producen por modelación y las relacionadas con el tejido y el trenzado no necesitan para nada el hierro. Un dios concedió que estas dos artes proveyeran a los hombres de todo eso, para que cada vez que los hombres cayeran en una carencia tal, el género humano pudiera tener un reflorecimiento y un progreso. Por eso, no eran muy pobres y, al no estar coaccionados por la pobreza, no surgían discordias entre ellos. Nunca llegarían a ser ricos los que carecieran de oro y plata, situación que entonces se daba entre aquéllos. En la comunidad en la que no habitan la riqueza ni la pobreza, pueden darse caracteres nobilísimos, pues no nacen en ella la insolencia ni la injusticia, así como tampoco los celos y las envidias. Por eso y por la ya mencionada simpleza, eran buenos. Por ser simples, creían que era la pura verdad lo que escuchaban que era bello o feo, y obedecían. Nadie poseía conocimiento como para sospechar la mentira, como ahora, sino que creían que era verdad lo que se decía de los dioses y de los hombres y llevaban una vida de acuerdo con esas máximas. Por tanto, eran absolutamente tal como los acabamos de describir.
CL.— Bien, a mí, al menos, y a éste también nos parece que fue así.
AT.— ¿No debemos decir entonces que las muchas generaciones, que viven de esta manera, van a poseer menos conocimientos prácticos e incluso van a ser más ignorantes en las otras artes que los que habían nacido antes del cataclismo y que los hombres actuales y, especialmente, en las relacionadas con la guerra, las que ahora se practican en tierra firme y en el mar y cuantas se dan sólo en el interior de la ciudad, las llamadas procesos judiciales y sediciones, que urden de obra y de palabra todos los medios para que los ciudadanos se perjudiquen unos a otros y se cometan injusticias, ya que eran más simples y más valientes y también más prudentes y más justos en todo? Ya hemos explicado la causa de esto.
CL.— Tienes razón.
AT.— Quede esto establecido y digamos todo lo que se sigue para comprender cuál llegó a ser la necesidad de leyes que tuvieron los de aquel entonces y quién era su legislador.
CL.—Bellas palabras, ciertamente.
AT.— ¿No es verdad que aquéllos no necesitaban legisladores ni solía darse algo semejante en esa época? En efecto, lo que nacieron en esa parte del período no poseían leyes escritas, sino que vivían regidos por las costumbres y las llamadas leyes patrias.
CL.—Es probable, en todo caso.
AT.— Éste ya es al menos un tipo de organización política.
CL.—¿Cuál?
AT.— Me parece que todos llaman a la forma de organización política existente en ese tiempo señorío, la que todavía existe en muchos lugares tanto entre griegos como entre bárbaros. Homero dice también que ella existía donde habitaban los cíclopes, cuando dice
   No tienen asambleas para tomar decisiones ni leyes
   sino que viven en las cumbres de altas montañas
   en huecas grutas; cada uno da las leyes
   a sus hijos y mujeres y no se preocupan unos de otros.
CL.—Este poeta vuestro parece haber alcanzado una perfección de estilo. Nosotros también recitamos otras cosas de él muy bonitas, no muchas, sin embargo, pues los cretenses no recitamos demasiados poemas extranjeros.
MEGILO.— Nosotros lo recitamos, por cierto, y nos parece superior a los poetas de ese género, aunque nunca describe una forma de vida lacedemonia, sino más bien un cierto tipo jonio. Sin embargo, ahora parece servirle bien de testigo a tu exposición, puesto que, en su historia legendaria, refiere lo antiguo en ellos a su rusticidad.
AT.— Sí, le sirve de testigo, en efecto, y tomémosolo como informante de que tales formas de organización politica se dan en alguna ocasión.
CL.—Bien.
AT.— ¿Acaso, pues, no surgen a partir de estas formaciones, dispersas en asentamientos aislados y organizadas por linajes a causa de la escasez que produjeron las destrucciones, en las que gobierna el elemento más anciano, porque del padre y la madre les ha venido la autoridad a los jefes, a los que los otros siguen, como pájaros, para formar una bandada, en la que son regidos por leyes paternas y están sometidos a la monarquía más justa de todas?
CL.—Absolutamente.
AT.— Después, se reúnen en grupos más numerosos, formando comunidades de mayor tamaño y las primeras en las laderas de las montañas se dedican a la agricultura, hacen unas vallas de piedras alrededor como defensas amuralladas contra las fiera y construyen una única gran casa común.
CL.—Es probable que haya sucedido así.
AT.— ¿Y qué?, ¿No es acaso probable lo que sigue?
CL.— ¿Qué?
AT.— Cuando estos asentamientos mayores crecen de los menores y primeros, cada uno de los pequeños sigue existiendo con su ordenamiento familiar, con el más anciano como jefe y con ciertas costumbres propias, por vivir los unos separados de los otros: son diferentes las que tienen acerca de los dioses y de sí mismos, porque otros son los que los engendraron y criaron; más sosegadas las de los más sosegados, y más impulsivas las de los más impulsivos, y, como cada uno imprime así, siguiendo la costumbre, sus concepciones en sus hijos y en los hijos de sus hijos, como decimos, llega con sus propias leyes al asentamiento mayor.
CL.—En efecto.
AT.— Además, es necesario que a cada uno le satisfagan las leyes propias, pero menos las ajenas.
CL.—Así es.
AT.— Es como si hubiéramos pisado sin darnos cuenta el umbral de la legislación, tal como parece.
CL.—Totalmente.
AT.— Ahora bien, el paso siguiente es necesariamente que los que  se han unido elijan en común a algunos de entre ellos para que, tras considerar las costumbres de todos, señalen claramente a los que guían y rigen los pueblos como si fueran reyes las que más les satisfacen para el uso de la comunidad y recomienden su adopción. Ellos se llamarán legisladores y tras poner a los jefes como gobernantes, instaurando una aristocracia a partir de los señoríos o incluso una monarquía, vivirán esn este orden político cambiado.
CL.—Por cierto, podría haber sucedido así paso a paso.
AT.— En tercer lugar, mencionemos el surgimiento de una forma de sistema político en la que coinciden todas las especies y características de las organizaciones políticas y, al mismo tiempo, de las ciudades.
CL.—¿Cuál es?
AT.— La que también mencionó Homero después de la segunda, cuando dice que la tercera surgió así:
   Fundó Dardania,
creo que dice,
          cuando todavía la sagrada Ilión
   no estaba habitada en la llanura, ciudad de hombres de voz articulada,
   sino que aún poblaban las laderas del Ida de muchos manantiales.
Pues dice estos versos y aquellos que dijo acerca de los Cíclopes. Todos están expresados de alguna manera bajo inspiración divina y, por tanto, como sucedieron en realidad. Pues, por cierto, cuando eleva un himno de alabanza, el linaje de los poetas es realmente divino, porque está poseído por un dios, ya que con la ayuda de algunas Cáritas y Musas siempre trata muchas cosas de la forma en que realmente han sucedido.
CL.— Y mucho.
AT.— Avancemos en la leyenda que ahora se nos ha narrado, pues quizá nos podría indicar algo acerca de nuestro objeto de deliberación. ¿No lo creéis necesario?
CL.— Absolutamente.
AT.— Bajaron, decimos, de las alturas a una llanura grande y hermosa y fundaron Troya, sobre una colina, no alta y con muchos ríos que descendían del Ida.
CL.— Se dice, en todo caso.
AT.— ¿No creeremos que esto tuvo lugar mucho tiempo después del diluvio?
CL.— ¿Cómo no iba a suceder mucho tiempo después?
AT.— Bien, parece que entonces ya habían olvidado completamente la destrucción que acabamos de mencionarr, cuando colocan una ciudad así cerca de numerosos ríos que bajan de las alturas, confiados en unas colinas no excesivamente altas.
CL.—Es evidente, por tanto, que un lapso muy grande los separaba de tal calamidad.
AT.—Otras muchas ciudades, creo, habitaban ya en las zonas bajas, mientras aumentaba el número de los seres humanos.
CL.—En efecto.
AT.—Por lo menos, supongo, las que hicieron una campaña por tierra contra ella y quizás también por mar, pues ya todos utilizaban el mar sin temor.
CL.—Así parece.
AT.—Tras permanecer unos diez años, los aqueos devastaron Troya.
CL.—Totalmente.



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domingo, 14 de enero de 2018

John Searle on Language & Social Ontology














Searle, John. "John Searle on Language and Social
Ontology." Video of the lecture at Oslo, May 2011. YouTube (Philosophy Overdose) 11 June 2013.*
    

In this talk, John Searle attempts to explain how human institutional
facts are created and maintained by a specific type of linguistic
representation (i.e. a status function declaration). This creates and
maintains systems of deontic power: rights, duties, obligations and
empowerments of various kinds. And these provide the glue that hold
human society together. They do such by providing humans with desire
independent reasons for action, that is, reasons for doing things that
are independent of one's immediate inclinations.

This talk was given at the University of Oslo in May 2011.





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sábado, 25 de marzo de 2017

Retropost #1524 (25 de marzo de 2007): En las escaleras del Conservatorio


(Traduzco aquí el cuento de Donald Barthelme "On the Steps of the Conservatory", de Sixty Stories, aparecido en Great Days, 1979).

– Vamos Hilda no te preocupes.

– Bueno Maggie es que es un golpe.
– Que no te preocupes, no dejes que no te vaya a deprimir.
– Antes pensaba que me iban a admitir al Conservatorio pero ahora sé que nunca me admitirán al Conservatorio.
– Sí son muy suyos con la gente que admiten al Conservatorio. Nunca te admitirán al Conservatorio.
– Nunca me admitirán al Conservatorio, ahora lo sé.
– No tienes madera de Conservatorio me temo. Esa es la verdad pura y simple.
– No eres importante, me dijeron, sólo acuérdate de eso, no eres importante. ¿Qué tienes tan importante? ¿Qué?
– Vamos Hilda no te preocupes.
– Bueno Maggie es que es un golpe.
– ¿Cuándo te vas a cambiar, a convertirte en un pan o en un pez?
– Enseñan simbología cristiana en el Conservatorio, también simbología islámica, y la simbología de la Seguridad Pública.
– Círculos rojos, amarillos y verdes.
– Cuando me lo dijeron, agarré las guías de mi calesita china, y me alejé trotando pesadamente.
– Los grandes portalones forjados del Conservatorio, cerrados para tí para siempre.
– Me alejé trotando pesadamente, hacia mi casa. Mi casa pequeña, pobre.
– Vamos Hilda no te preocupes.
– Sí, todavía estoy intentando entrar en el Conservatorio, aunque seguramente tengo menos oportunidades que nunca.
– No quieren mujeres embarazadas en el Conservatorio.
 – No se lo dije. Les mentí sobre eso.
– ¿No te preguntaron?
– No, se olvidaron de preguntarme y yo no se lo conté.
– Bueno, pues malamente será por eso por lo que...
– Noté que lo sabían.
– El Conservatorio es hostil al nuevo espíritu, allí el nuevo espíritu no se aprecia.
– Bueno Maggie de todos modos es un golpe. Tenía que volver a mi casa.
– Donde aunque recibes a los artistas e intelectuales más destacados de tu tiempo te vas desesperando y deprimiendo progresivamente.
– Sí era un desastre como abogante.
– ¿Como amante?
– Eso también, de espanto. Dijo que no me podía hacer entrar en el Conservatorio por mi falta de importancia.
– ¿Había gastos de matrícula?
– Siempre hay gastos de matrícula. Libras y libras.
– Estaba yo en la terraza trasera del Conservatorio y estudiaba las losas enrojecidas con la sangre vital de generaciones de estudiantes del Conservatorio. Allí de pie me dije: Hilda jamás será admitida al Conservatorio.
– Leí la Circular del Conservatorio y mi nombre no estaba entre los de la lista.
– Bueno, supongo que fue en parte tu adherencia al nuevo espíritu lo que influyó en contra tuya.
– Nunca abjuraré del nuevo espíritu.
– Y además eres una veterana. Habría pensado yo que eso inclinaría la balanza a tu favor.
– Bueno Maggie es una decepción. Tengo que admitirlo francamente.
– Vamos Hilda no llores ni te arranques el pelo aquí que te pueden ver.
– ¿Están mirando por las ventanas?
– Probablemente estarán mirando por las ventanas.
– Se dice que importan un cocinero los días de fiesta.
– Tienen modelos desnudos también.
– ¿De verdad, crees? No me sorprende.
– A los mejores estudiantes les suben la comida en bandejas.
– ¿De verdad, crees? No me sorprende.
– Ensaladas de cereal y grandes porciones de viandas selectas.
– Ay, duele, duele, duele.
– Pan espolvoreado, y los días de fiesta pastel.
– Tengo tanto talento como ellos, tengo tanto talento como algunos de ellos.
– Decisiones tomadas por un comité de espíritus. Dejan caer judías blancas o negras en un cuenco.
– En tiempos pensé que me iban a admitir. Hubo cartas alentadoras.
– No tienes madera de Conservatorio me temo. Sólo la mejor madera es madera de Conservatorio.
– Soy tan buena como algunos de esos que ahora descansan en blandas camas de Conservatorio.
– El mérito siempre se examina con detalle.
– Podría devolverles la sonrisa a las caras sonrientes de los rápidos, peligrosos profesores.
– Sí, tenemos modelos desnudos. No, no tenemos relaciones emocionales con los modelos desnudos.
– Podría trabajar con arcilla o pegar cosas juntas.
– Sí, a veces les pegamos cosas encima a los modelos desnudos—ropa, mayormente. Sí, a veces tocamos con nuestros violines de Conservatorio, violonchelos, trompetas, para los modelos desnudos, o les cantamos, o les hacemos correcciones lingüísticas, mientras nuestros hábiles dedos vuelan sobre los blocs...
– Supongo que podría rellenar otro impreso de solicitud, o varios.
– Sí, ahora llevas una tripa bastante notable. Me acuerdo cuando era plana, plana como un libro.
– Me moriré si no entro en el conservatorio, me muero.
– Naaa.. no te morirás, eso sólo lo dices.
– La palmaré del todo si no entro en el Conservatorio, te lo prometo.
– Las cosas no están tan mal, siempre puedes hacer otra cosa, qué sé yo, vamos Hilda sé razonable.
– Toda mi vida depende de esto.
– Ay Dios me acuerdo cuando estaba plana. Menudo si rompíamos cosas. Me acuerdo de ir corriendo por esa ciudad, escondiéndonos en sitios oscuros, era una ciudad estupenda y qué pena que nos fuimos.
– Ahora hemos crecido, adultas y decentes.
– Bueno, te engañé. Sí tenemos relaciones emocionales con los modelos desnudos.
– ¿Sí?
– Los amamos, y nos acostamos con ellos continuamente. Antes del desayuno, después del desayuno, durante el desayuno.
– ¡Oye, pues eso está muy bien!
– ¡Oye, pues está genial!
– ¡Me gusta!
– ¡No está tan mal!
– Ójala no me lo hubieses contado.
– Venga Hilda no seas tan obsesiva, hay muchas otras cosas que puedes hacer si quieres.
– Supongo que operan con algún tipo de principio de exclusividad. Mantener a algunas personas fuera, mientras dejan entrar a otras personas.
– Tenemos ahí dentro un indio Coushatta, un auténtico indio Coushatta de pura sangre.
– ¿Allí dentro?
– Sí. Hace muros colgantes de retazos de tela y palitos, muy bonitos, y hace pinturas de arena y toca silbatos de varios tipos, a veces canturrea, y le da a un tambor, trabaja la plata, también es tejedor, y traduce cosas del inglés al Coushatta y del Coushatta al inglés y también es un tirador de élite y puede tumbar reses como un bulldog y coger siluros con hilos de pescar múltiples y cabalgar sin silla de montar y hacer medicina con ingredientes comunes, aspirina mayormente, y canta y también es actor. Tiene mucho talento.
– Toda mi vida depende de ello.
– Escucha Hilda, quizá puedas ser una Asociada. Hay un trato que tenemos según el cual pagas doce dólares al año, y eso te convierte en Asociada. Recibes la Circular y tienes todos los privilegios de una Asociada.
– ¿Que son?
– Recibes la Circular.
– ¿Y eso es todo?
– Bueno, supongo que tienes razón.
– Me voy a sentar aquí sin más no me voy a ir.
– Tu profunda pena me resulta conmovedora.
– Tendré al niño aquí mismo en estos escalones.
– Bueno, quizá uno de estos días haya buenas noticias.
– Me siento como un muerto sentado en una silla.
– Aún eres bonita y atractiva.
– Qué bueno oírlo, me alegro de que lo pienses.
– Y cálida, eres cálida eres muy cálida.
– Sí tengo una naturaleza cálida muy cálida.
– ¿No estabas hace años también en Peace Corps?
– Sí, y conduje ambulancias allá en Nicaragua.
– La vida en el Conservatorio es igual de paradisíaca que como te la imaginas—exactamente así.
– Supongo que tendré que volver a mi casa sin más, hacer la limpieza, sacar los papeles y la basura.
– Supongo que ese chaval nacerá uno de estos días, ¿no?
– Y continuar trabajando en mis Estudios digan lo que digan.
– Eso es admirable creo.
– La cosa es no dejar que te venzan el espíritu.
– Supongo que después de un tiempo nacerá el chaval, ¿no?
– Supongo. Esos mierdamocos de verdad que me van a dejar fuera, ¿sabes?
– Tienen mentes inflexibles y rígidas.
– Probablemente porque soy una pobre embarazada, ¿no crees?
– Decías que no se lo habías dicho.
– Pero quizá sean psicólogos muy penetrantes y lo podían saber con sólo mirarme a la cara.
– No aún no se nota ¿de cuantos meses estás?
– Dos y medio, se nota justo cuando me quito la ropa.
– No te quitaste la ropa, ¿verdad?
– No, llevaba sabes lo que llevan los estudiantes, vaqueros y un poncho. Llevaba una cartera verde.
– Llena a rebosar de Estudios.
– Sí. Me preguntó dónde me había formado antes y se lo dije.
– Ay chica me acuerdo cuando estaba plana, plana como la cubierta de algo, un barco, un navío.
– No eres importante me dijeron.
– Ay cariño lo siento tanto por tí.
– Nos separamos entonces, yo andando por la preciosa luz de Conservatorio hasta el hall, y luego pasando por los grandes portalones de hierro forjado del Conservatorio.
– Yo era una cara al otro lado del cristal.
– Mi aspecto mientras me alejaba extremadamente digno y sereno.
– El tiempo todo lo cura.
– No, no lo cura.
– El labio cortado, el labio gordo, el labio hinchado, el labio partido.
– ¡Jua jua jua jua!
– Bueno Hilda hay otras cosas en la vida.
– Sí Maggie, supongo que sí. Ninguna que yo quiera.
– La gente que No Es del Conservatorio tiene su vida propia. La gente del Conservatorio no es que tenga mucho trato con ellos, pero nos dicen que tienen su vida propia.
– Supongo que podría inteponer un recurso si se puede interponer un recurso a alguien. Si hay alguien.
– Sí, es una idea, nos llegan remesas de recursos, remesas y remesas.
– Puedo esperar toda la noche. Aquí en los escalones.
– Me sentaré contigo. Te ayudaré a formular las palabras.
– ¿Están mirando por las ventanas?
– Sí, creo. ¿Qué quieres decir?
– Quiero decir que toda mi vida depende de eso. Algo así.
– Va contra las reglas que la gente del Conservatorio ayude a la gente que no es del Conservatorio, sabes.
– Joder, vaya, pensaba que me ibas a ayudar.
– Vale, te ayudaré. ¿Qué quieres decir?
– Quiero decir que toda mi vida depende de esto. Algo así.
– Tenemos modelos desnudos hombres y modelos desnudas mujeres, arpas, plantas en macetas gigantes, y cortinajes. Hay jerarquías, unas personas situadas más alto, otras más abajo. Se mezclan unos y otros, en la luz preciosa. Nos divertimos un montón. Hay montones de mobiliario verde, sabes, con pintura. Con pintura verde desgastada. Líneas de dorados a un centímetro del borde. Líneas doradas desgastadas.
– Y probablemente llamitas ornamentales en hornacinas en las paredes, ¿no?
– Pues sí, tenemos llamitas. ¿Quién es el padre?
– Un tío, Roberto se llama.
– ¿Os lo pasasteis bien?
– El rollo siguió el trayecto habitual. Fiebre, aburrimiento, atrapada.
– Caliente, a remojo, centrifugado.
– ¿Es todo maravilloso allí, Maggie?
– Tengo que decir que sí. Sí. Maravilloso.
– ¿Y te sientes genial, estando allí? ¿Te sientes de maravilla?
– Sí, se siente uno muy bien. Con frecuencia hay, en la bandeja, una rosa.
– Nunca me admitirán al Conservatorio.
– Nunca te admitirán al Conservatorio.
– ¿Qué aspecto tengo?
– Bueno. Malo no. Muy bueno.
– Nunca entraré. ¿Qué aspecto tengo?
– Muy bueno. Genial. El tiempo lo cura todo, Hilda.
– No, no lo cura.
– El tiempo lo cura todo.
– No, no lo cura. ¿Qué aspecto tengo?
– Discutible.




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miércoles, 17 de agosto de 2016

Retropost #1108 (17 de agosto de 2006): Planetas errantes, hechos brutos, y realidades virtuales

Planetas errantes, hechos brutos y realidades virtuales

Publicado en Semiótica. com. José Ángel García Landa

Parece ser que una convención astronómica internacional va a revisar la lista de planetas, y en lugar de los que siempre hemos aprendido en la escuela, Mercurio, Venus, la Tierra, Marte, Júpiter, Saturno, Urano, Neptuno y Plutón, va a dar cabida al menos a tres más: 1) al hasta ahora asteroide Ceres, entre Marte y Júpiter; 2) a Caronte, hasta ahora considerado satélite de Plutón, y que por su gran tamaño relativo pasa a formar con él un sistema planetario doble; 3) al planeta X (o sea, Xena, como lo llama su descubridor, y hasta ahora sin nombre oficial). Claro que hay otros planetas X parecidos a éste más allá de Plutón, como el publicitado Sedna, y otros pseudo-plutones, así que la lista podría alargarse... (Ver un artículo muy bueno sobre el tema en Por la boca muere el pez, ayer). [Actualización: Bueno, pues hay sorpresa. Tras el congreso, en lugar de alargar la lista de planetas, la han acortado, expulsando al pobre Plutón, y nos dejan con sólo ocho planetas, y una serie indefinida por ahora de "planetas enanos"...].
El quid de la cuestión parece ser que hasta ahora no había una definición oficial de planeta, o sea, de criterios para determinar qué es lo que es un planeta. La lista recibida de la Antigüedad ya se había ampliado con los descubrimientos debidos al telescopio, pero claro, ahí ya había cambiado el criterio por lo bajini (para los antiguos, un planeta era ante todo algo que se veía en el cielo, no algo que no se veía). Así que las definiciones implicitas o explícitas han ido cambiando según los progresos tecnológicos y el avance del conocimiento. Los planetas nunca han sido lo que eran.
Por otra parte, una definición oficial no hace sino proporcionar un ámbito institucional para determinar lo que es un planeta; y los nuevos planetas lo serán dentro de los discursos que se refieran a ese ámbito institucional: influyente sin duda, pero seguramente no exhaustivo. Los planetas serán unos para determinados fines y en determinados lugares, y otros en otros ámbitos de discurso. Porque al fin y al cabo su existencia no es un hecho bruto, sino un hecho institucional. Lo mismo podríamos decir de cualquier otro fenómeno: qué es y no es, por ejemplo, una mesa, o un blog. El caso de los planetas es llamativo por su carácter digamos público, allá arriba a la "vista" de todos, y por su magnitud y número aparentemente, sólo aparentemente, definido. Pero lo mismo podría aplicarse a los continentes, pongamos: así, podríamos decir que en realidad hay sólo tres continentes: Europasiáfrica-América (unidos por el casquete polar norte), Australia, y la Antártida. Por ejemplo.
La distinción entre hechos brutos y hechos institucionales la proponía John R. Searle en Actos de habla. Serían hechos brutos los que existen al margen de su representación lingüística; los hechos institucionales, por el contrario, son producto de algún acto de habla, de alguna convención comunicativa en el marco de una determinada institución. (Por ejemplo, un nombramiento, un matrimonio, una promesa, etc.).
Pero esta distinción propuesta por Searle no se sostiene: todos los hechos del universo humano son institucionales, productos de una convención comunicativa. Por eso no sabemos cuántos planetas hay en el sistema solar, así en bruto. Tampoco se sostiene una distinción en cierto modo paralela que proponía John L. Austin al principio de How to Do Things with Words: la distinción entre actos de habla constativos y realizativos (o performativos), es decir, la distinción entre los usos del lenguaje que, respectivamente, meramente describen el mundo, y aquéllos que "crean" la situación a la que se refieren (por ejemplo, una promesa, un acto de contraer matrimonio). El libro de Austin es en cierto modo la historia de cómo esa distinción inicial entre lenguaje constativo y lenguaje realizativo se vuelve problemática o imposible (Más sobre eso aquí).
Un ejemplo que trata Austin es la frase "Francia es hexagonal". Esta frase, "Francia es hexagonal", es un ejemplo de lenguaje (al menos aparentemente) constativo: describe el mundo, o parte de él. Se supone que el lenguaje constativo está sometido, de un modo en el que no lo está el realizativo, a condiciones de verdad. Tiene sentido preguntar si las "constataciones" que hacemos sobre el mundo son o no ciertas. Ahora bien, ¿podemos decir, como habríamos de poder decirlo sobre una frase constativa ideal, si esta frase es verdadera o si es falsa? Según Austin, depende. Es verdadera o falsa ségún el contexto, o según para qué. Es suficiente para un general, quizá, pero no para un geógrafo. Esto lleva a Austin a una noción relativista de la verdad. La verdad, y los hechos constatables, son un efecto de discurso. Las cosas, o las representaciones que damos de ellas, no son de por sí verdaderas o falsas. Concluye Austin que
Es esencial darse cuenta de que "verdadero" o "falso" (...) no se refieren en absoluto a nada simple sino a una dimensión general de ser una cosa apropiada o inapropiada si se dice en tal circunstancia, ante tales interlocutores, para tal o cual propósito y con tales o cuales intenciones. (How to Do Things with Words 144)
Es decir, una cosa sólo es cierta o falsa con respecto a una determinada "dimensión de valoración" que dice Austin, o un determinado universo discursivo. Como señala Hillis Miller en Speech Acts in Literature, Austin acaba, quizás involuntariamente, reduciendo la realidad humana a efectos de discurso, y nos lleva a concluir que recreamos la realidad en la que vivimos cada vez que abrimos la boca.
Me gusta el comentario que proporciona Stanley Fish sobre Austin en Is There a Text in This Class? (198-99), y aquí lo traduzco.
A primera vista, la frase "Francia es hexagonal" es un ejemplo perfecto de enunciación constativa--una enunciación que se limita a referir, o describir, o informar sobre algo—y Francia es un ejemplo perfecto de hecho bruto, un hecho que existe independientemente de cualquier cosa que se diga sobre él, pero lo que Austin descubre al final de Cómo hacer cosas con palabras es que todos los enunciados son realizativos—son producidos y entendidos con los supuestos de alguna dimensión de valoración socialmente concebida—y que por tanto todos los hechos son institucionales, son hechos únicamente en virtud de la institución previa de alguna dimensión tal. Eso quiere decir no sólo que los enunciados afirmativos sobre un objeto serán evaluados (como ciertos, falsos, relevantes o irrelevantes) según las condiciones de su enunciación, sino que el objeto mismo, en la medida en que está disponible para referirnos a él y describirlo, será un producto de esas condiciones. Hay muchísimas cosas que se pueden decir sobre Francia, incluyendo el que sea o no hexagonal, pero la felicidad o acierto de lo que uno diga estará en función de su relación a una u otra dimensión de valoración—ya sea esa dimensión militar, geográfica, culinaria o económica—y, además, la Francia sobre la cual lo estamos diciendo será reconocible, y por tanto describible, únicamente en términos de esa dimensión.
[Aquí Fish se columpia un poco, porque lo interesante es precisamente, como dice más adelante, la multiplicidad de dimensiones o marcos de referencia que diría Goffman, y las maneras imprevisibles en que se solapan unas con otros o crean superposiciones de sentido paradójicas o conflictivas.]
Es decir, lo único que no puedes decir de Francia es lo que es realmente, si por realmente te refieres a Francia tal y como existe fuera de cualquier dimensión valorativa. La Francia de la que hablas siempre será el producto del discurso sobre ella, y nunca será accesible de modo independiente. (...)
Naturalmente, no todo el mundo cree lo mismo o, para ser más exactos, las percepciones de la gente no están en función del mismo conjunto de creencias, y así habrá no uno sino muchos relatos estándar en relación a los cuales el mundo se consituirá de modo diferente, con diferentes hechos, valores, maneras de argumentar, procedimientos para establecer la evidencia, y demás. Como resultado, lo que puede ser ficción para los personajes de un determinado relato estándar, será verdad obvia y de sentido común para los personajes de otro. La distinción entre lo que es verdadero y lo que es ficticio siempre se hará, pero se hará desde dentro de un relato (o dimensión de valoración) y por tanto siempre será una distinción entre lo que es verdadero y lo que no lo es desde el punto de vista de ese relato. Además, es una distinción que siempre estará sujeta a debate, poque no podrá nunca decidirse invocando a hechos independientes de algún relato.
Claro que podríamos preguntarnos si en ese caso no tiene una validez y realidad institucional la categoría de hecho bruto. Se llegua por aquí a un territorio un tanto metalingüístico y paradójico, pero parece ser que tal es precisamente una de las funciones del metalenguaje: anular (imaginariamente o convencionalmente) al lenguaje como marco productor de sentido, e instituir (o soñar) una dimensión de discurso en la que es posible la distinción entre hechos brutos y hechos institucionales. Pero obsérvese que se ha invertido aquí la relación entre ellos: no son los hechos institucionales los que se erigen un tanto arbitrariamente sobre unos cimientos de realidad bruta, sino que son los hechos brutos los que se asientan sobre unas convenciones metalingüísticas, los que aparecen, por tanto, como un determinado efecto de lenguaje (un efecto de autoanulación hipotética), un juego lingüístico e institucional delimitado discursivamente. E históricamente: ¿existían los hechos brutos antes de que Searle los invocase? ¿Existen más, o menos, luego, después de su teoría, y de la evaporación de su teoría a manos de Fish, de Derrida, de Hillis Miller—y hasta de Austin? Que viene a ser como preguntar, ¿existían los planetas antes de su descubrimiento? Más allá de los planetas, ya decía Borges que el "Universo" como tal probablemente no tenía otra existencia como objeto definido al margen de la que le daba esta ambiciosa palabra—"Universo". El Universo mismo es un hecho institucional y convencional, un efecto del lenguaje.
Interesantes dimensiones narrativas y consecuencias retroactivas tiene cualquier uso del lenguaje. Pero por hoy lo dejaremos aquí, y a los planetas, hechos brutos o institucionales, los dejaremos flotando en el vacío, y si hace falta, hasta girando alrededor de un centro de gravedad que es un punto virtual.









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