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lunes, 20 de noviembre de 2017

Retropost #1870 (20 de noviembre de 2007): Mysterious Object


Veo que nadie adivina qué es mi objeto misterioso en el concurso organizado en Big Bottle... Daré una pista. Ha sido mencionado (más o menos) en este blog este mes.

Aquí va el objeto, para ejercitar la imaginación. Y cuidado con usarlo, o usarla, demasiado fuerte.

object

—oOo—

viernes, 5 de agosto de 2016

G. H. Mead - Los objetos científicos y la experiencia



Traduzco aquí uno de los ensayos suplementarios de La Filosofía del Presente de George Herbert Mead.


III. Los objetos científicos y la experiencia

El proceso del conocimiento sigue para el científico un camino distinto del que sigue para el epistemólogo. El científico parte de un mundo material incuestionado, y con objetos incuestionados que aparecen en el problema del que se ocupa su investigación; a partir de estos pasa, por inferencia, a la formulación de hipótesis y a las consecuencias que conlleva, y de ahí pasa a la observación y al experimento con el cual somete a prueba su hipótesis. Aunque critica sus experiencias perceptuales y exhibe los errores e ilusiones de la percepción, su crítica siempre se funda sobre objetos que están allí, y su crítica no invalida éstos, ya que ha de apelar a ellos como pruebas de los errores que descubre. En el proceso se pensar su hipótesis sus ideas simbolizan relaciones en un mundo que está allí, y él busca de modo tentativo establecer entre ellas interrelaciones que superen los conflictos que hay entre los objetos y sus significados, o entre los diferentes significados de las cosas. Por fin, deduce los resultados que se siguen de su reconstrucción hipotética, y mediante la observación y el experimento en un mundo incuestionado halla, o no consigue hallar, la confirmación que busca. Su proceder cognitivo parte un mundo perceptual aceptado, y pasa por casos excepcionales y significados conflictivos, hasta el mismo mundo, una vez sus significados se han reconstruido. El mundo ése, de por sí, nunca lo cuestiona.

El epistemólogo, por otra parte, parte del hecho de que todas las experiencias perceptuales dependen de la relación entre el mundo y el organismo, y usa experiencias tales como las ilusiones y los errores de percepción para localizar perceptos en una consciencia totalmente separada del mundo de objetos al que se refieren estos perceptos. Esta posición quedó muy fortificada por la doctrina de la ciencia renacentista según la cual las cualidades secundarias no pueden pertenecer al mundo físico del que se ocupa la ciencia física. El conocimiento, tal como lo concibe el epistemólogo, se propone la tarea de pasar desde esos estados de conciencia, incluyendo toda la experiencia perceptual, hasta un mundo ontológicamente separado al cual parecen referirse esos estados de consciencia. Se ve llevado así a la concludsión de que hay una referencia cognitiva asociada a toda experiencia perceptual. La existencia de un mundo al que se refieren tales estados de consciencia se convierte en el problema del epistemólogo.

Es importante situar al objeto científico en su relación con el mundo perceptual, que está, como hemos visto, presupuesto tanto en el problema del científico como en sus datos experimentales. Ese objeto es una abstracción de lo que en la experiencia se somete a medición exacta. Es además una cosa física, es decir, ocupa un volumen de extensión que concebiblemnte podría traerse al ámbito de una experiencia manipulatoria. Incluso si nos atenemos al idea de de Broglie y formulamos la materia en términos de movimiento ondulatorio, hemos de recaer en una porción definible del espacio que está dentro de nuestro ámbito de manipulación concebible en la medida en que podamos medir las ondulaciones. El éter, mientras la ciencia lo mantuvo, podía concebirse como el material que llenaba este espacio, y se le podían ascribir a él la elasticidad y la rigidez.objetos científicos






















Si nos volvemos a los hallazgos experimentales a los cuales debe apelar incluso la hipótesis más abstrusa, si con algún resorte se puede apelar a ellos, vemos que la prueba tiene lugar dentro de lo que he llamado el área manipulatoria. Nos las vemos aquí con lecturas de indicadores que reflejan cambios que se hallan a distancia del los cambios que tienen lugar en el aparato. En el ámbito de esta experiencia manipulatoria, las perspectivas visuales desaparecen, y podemos alcanzar un alto grado de exactitud en la medida. Su estructura espacial es, como hemos visto, la del cuerpo rígido, y en la medida hasta donde alcanzan las pruebas físicas, la de la geometría euclidiana. Lo que tiene una importancia especial es que es en este ámbito donde encontramos, de modo directo o indirecto, nuestros objetos comunes. Por ejemplo, el penique del que tanto se han ocupado los epistemólogos es el mismo penique para diferentes observadores y desde ángulos distintos y distancias diferentes, en la medida en que estos peniques visualmente diferentes se reconocen como apariencias del mismo penique que cualquiera de los observadores podría tocar y manejar, bajo el control de su experiencia visual. Como resultado de un método común de manipulación, de medida y de localización, las áreas manipulatorias de los diferentes observadores se han vuelto así idénticas. Es importante reconocer que aunque cada individuo recibirá del penique una experiencia de presión en cierto sentido particular y propia, el método de identificar el penique que todos experimentarán no es particular de cada cual. Es un procedimiento lógico cuyas entidades y relaciones existen sólo en tanto en cuanto constituyen un factor universal de la experiencia del individuo.  Es decir, el individuo no hace primero sus propias mediciones y llega a sus propias identificaciones, para luego comparar éstas con las de otros y llegar a un objeto común; su método de determinación se da más bien en términos de un lenguaje que con sus diversos símbolos llega a exister sólo por el hecho de que el indivudo asume la actitud común a todos los que están involucrados en el mismo empeño. Este penique común, empero, llega a alcanzar la realidad de los hallazgos experimentales sólo si vuelve de modo directo o indirecto a un algo que sea medible en el área manipulatoria. En la base del proceso de medición, por supuesto, se encuentra el mecanismo fundamental de la percepción, en el que las experiencias a distancia conducen a experiencias de contacto que controlan el entorno en interés del organismo. Las experiencias de contacto son la realidad de las experiencias a distancia. El objeto físico, sin embargo, constituye una interrupción en el proceso biológico primitivo que halla su compleción en el consumo que requieren las necesidades biológicas del organismo. Es la mano, bajo el control del ojo, la que es responsable del área manipulatoria. El objeto manejado está a mitad de camino entre la visión del alimento y el comerlo. Si el proceso biológico, estimulado a distancia, pasa al la consumación sin solución de continuidad, no surge ningún objeto físico en su experiencia. En un sentido biológico, pues, el objeto físico o manipulado es una realidad mediata. En su abstracción a partir del consumo es ante todo una herramienta, y más tarde será la cosa física de la ciencia.

Cuando el experimento de Michelson-Morley, y las dificultades que salieron a la luz a resultas de la invarianza de las ecuaciones de Maxwell, hubieron eliminado el éter como cosa física, se le sustituyó por el éter de la "materia", o por usar el término de Whitehead, el evento, y el tiempo entró a formar parte de la cosa física como una dimensión. Ya hemos visto que en el mundo perceptual el espacio y el tiempo están inevitablemente separados. El movimiento implica algo que se mueve que sea irrelevante al proceso temporal. Un evento siempre le sucede a algo. Un resultado sorprendente de los recientes cambios que han tenido lugar en las ciencias físicas, y de las nuevas teorías a las que han dado lugar esos cambios, es que el evento ha ocupado el lugar de la cosa física. En el mundo perceptual y en el mundo de las masas en movimiento los eventos les acontecen a las cosas. Frente al cambio, hay cosas que no cambian que son las condiciones del cambio. Es decir, en el mundo percpetual el espacio y el tiempo están necesariamente separados. El espacio-tiempo no puede ser la forma de la experiencia perceptual. Podemos cambiar de una perspectiva a otra, y darnos cuenta de que lo que desde un punto de vista es reposo, desde otro es movimiento; pero en cada una de las perspectivas hay cosas permanentes, irrelevantes con respecto al tiempo, que les dan sentido a los cambios que tienen lugar en el tiempo. Si las perspectivas pueden reducirse a diversas apariencias de cosas que han permanecido iguales durante todos los cambios, la relatividad no llega a hacer presa en la naturaleza de las cosas; pero si la naturaleza de las cosas se halla en el proceso, en un sistema de cambios, los diferentes valores que adopta este proceso desde los diversos puntos de vista de observadores diferentes pero relacionados entre sí han de afectar a las naturalezas mismas de las cosas. Y sin embargo no podemos realmente reducir las cosas a procesos, porque no es posible que tengan lugar procesos que no sean procesos de cosas, y  pueden tomarse medidas únicamente en una situación en la que hay algo que permanece que es irrelevante con respecto al tiempo.

Mientras el evento está teniendo lugar, lo observamos, o lo escuchamos o lo tocamos, pero si podemos completar el comportamiento que inicia, aislamos la cosa a la cual le está aconteciendo el evento. Pero desde el punto de vista de la relatividad ningún objeto físico puede aislarse de lo que le está sucediendo. Si está en reposo en un sistema consentiente sometido a la medición de un científico, está en movimiento en otro sistema; y no sólo están variando sus medidas en el tiempo y en el espacio con las velocidades relativas de los sistemas, sino que el contenido interno de su masa también varía. No hay nada a lo que agarrarse excepto a las transformaciones de estas mediciones al pasar de un sistema a otro y las coincidencias de los acontecimientos en un espacio absoluto. Ahora bien, esto viene a significar que apenas hemos agarrado la cosa en un espacio permanente en el cual la podemos medir y determinar su contenido de masa interno, cuando resulta que hemos de situarnos a una distancia de ella en otro espacio y determinar sus cambios debidos a las velocidades relativas de esos dos espacios y sus sistemas consentientes.

De este modo hemos invertido el orden fundamental de nuestro comportamiento, y hemos convertido el "qué es una cosa" en una experiencia a distancia, en lugar de una experiencia de contacto. La razón de este cambio es evidente. El objeto que se halla en el área de manipulación le pertenece a la perspectiva del individuo y, en la medida en que esta área de manipulación puede determinarse mediante medidas que sean comunes para todos los miembros de la comunidad a la que pertenece el individuo, al espacio y tiempo del sistema consentiente del cual es un miembro su organismo en tanto que cosa física. Es sólo poniéndonos en el sistema consentiente distante como podemos darnos cuenta de que las distorsiones que sufren los objetos de ese sistema son las mismas que las que sufre nuestro sistema cuando se ve desde ese punto de vista. Ya que no existe un espacio absoluto al cual puedan referirse estos puntos de vista diferentes, como las perspectivas de la visión podían referirse a una área de manipulación común, no puede haber una área de manipulación a la cual puedan referirse estas perspectivas o marcos de referencia. La vara de medir y el reloj que da la hora local pertenecen al área de manipulación, y las cantidades que miden variarán de un sistema a otro. No hay una vara de medir común, ni un reloj común, que todos puedan aceptar. Los diferentes observadores pueden únicamente usar fórmulas de transformación mediante las cuales las medidas hechas en un sistema pueden leerse en térmnos de las que se han hecho en otro. Nos quedamos con un idioma de señales de luz a distancia que no pueden referir a ningún objeto común a la experiencia de todos. Es cierto que mediante la aplicación de las fórmulas podemos aislar un valor constante para el intervalo entre las coincidencias de acontecimientos en un espacio-tiempo de Minkowski, y que este valor constante puede considerarse como la realidad común a la cual se refieren en última instancia todas las mediciones diferentes hechas desde los puntos de vista de diversas perspectivas. Este espacio-tiempo, empero, hace abstracción en la experiencia a distancia de todos los rasgos cuyo significado se halla en su referencia a un objeto físico común. Sólo quedan aquellos rasgos de la experiencia a distancia que se refieren a una forma de cálculo común a todas las diferentes perspectivas. Es esta abstracción la que hace posible asimilar el tiempo al espacio como una cuarta dimensión. Para este cálculo lo que es un intervalo de tiempo en una perspectiva es un intervalo de espacio en otra. Sería un error, sin embargo, suponer que de este modo hemos pasado a un ámbito de comunicavión en el cual nuestros símbolos han perfido todo significado excepto el de referirse a un referente común. De hecho seguimos estando en un campo visual, con un valor finito para la velocidad de la luz; sólo que la cosa física a la que se refiere esa experiencia visual se formula ahora en términos de un valor de cálculo común a un número indefinido de diversas experiencias visuales.

Una crítica similar puede hacérsele a la teoría según la cual la energía constituiría la naturaleza de la cosa física. Par el mundo perceptual debe haber un sistema de cosas, y la energía es la medida de los cambios que tienen lugar en este sistema cuando se le aplica una fuerza externa. Sin embargo, los experimentos, y la formulación matemática en la que la termodinámica ha vestido los resultados de estos experimentos, han justificado la conclusión de que semejantes mediciones revelan sólo la energía potencial contenida en el sistema. Se ha debatido, sin embargo, en qué medida está justificado que extendamos la generalización de la conservación de la energía, aunque, como ha señalado Poincaré, siempre podemos suponer que la energía potencial mantiene la teoría intacta. Cuando, empero, hacemos que esta energía sea la naturaleza de la cosa, estamos saliendo necesariamente del mundo perceptual, al igual que cuando sustituimos el espacio y el tiempo por el espacio-tiempo.

La energía, como el espacio-tiempo, es un valor de transformación. Seleccionamos un proceso del campo manipulatorio—la cantidad de trabajo realizada—como medida de la energía; pero lo que se mide no se formula como una función de la masa del cuerpo; al contrario, la masa misma se formula en términos de energía. De este modo, cuando reducimos las cosas físicas ya sea a espacio-tiempo, o a energía, en uno y otro caso estamos utilizando un proceso de medida en una área perceptual, manipulatoria, para dar la naturaleza de la cosa física, mientras que la naturaleza así ascrita a la cosa física no pertenece al campo de la medición. En un caso en lugar de la cosa instalamos un acontecimiento localizado en un espacio-tiempo que se encuentra fuera de la experiencia; en el otro, apelamos, como en la teoría de Ostwald, a un campo metafísico igualmente remoto de la experiencia.

La reducción de la masa al electromagnetismo nos proporcionaría un ejemplo más, puesto que de este modo el electromagnetismo y la luz se remiten al mismo proceso—a saber, el que relaciona a un organismo con objetos distantes. Si la masa pudiese formularse en términos de electromagnetismo, habríamos sustituido el valor manipulatorio de un objeto por su valor a distancia. El que se formulase de este modo, sin embargo, presupone que estamos usando la formulación ondulatoria del electromagnetismo y no la corpuscular, y que no nos vemos llevados a introducir el concepto corpuscular, el fotón, en la teoría de la luz.

Esto nos lleva al programa del profesor Bridgman de reducir rígídamente todos nuestros conceptos físicos a las operaciones que usamos en las mediciones (1). Su propuesta equivale al parecer al propósito de devolver el objeto al área manipulatoria, pero sin interpretar la cosa física como un volumen de masa en movimiento, sino en su lugar redefinir la cosa física del área manipulatoria en términos de sus usos en la medición científica. La sencilla doctrina newtoniana sencilla  la luz y el calor del sol como evidencia de moléculas de elementos masivos en movimientos violentos; pero los elementos se han convertido ahora en partículas de electricidad que concebiblemente pueden definirse enteramente en términos electromagnéticos, y esto significa que podemos definirlos sólo en términos de formulaciones matemáticas cuyas constantes son determinadas lecturas de los indicadores. Las formulaciones matemáticas fijan lo más exactamente posible las condiciones bajo las cuales podemos obtener esas lecturas de los indicadores. De este modo estamos obteniendo una imagen no de los movimientos de cosas manipulatorias, que, en el ámbito de nuestras observaciones, son las condiciones de nuestras experiencias a distancia, sino de condiciones ideales de control de las situaciones manipulatorias en las que estas experiencias a distancia puedan reproducirse. Si concebimos al sol com hecho de electrones y protones, podemos presentar en una área manipulatoria imaginada los movimientos de estas partículas, con sus distancias respectivas y sus velocidades. Podemos presentar al electrón y al protón como atrayéndose mutuamente y como separados por la fuerza centrífuga de la increíble velocidad con la que el electrón gira alrededor del protón. Pero si pasamos a representarnos al electrón y al protón aplastados juntos en el centro del sol, liberando así, en forma de radiación, la energía electromagnética, incluyendo la masa, que es "lo que es" de estas partículas eléctricas, hemos transformado el material o contenido manipulatorio de la cosa en una experiencia a distancia. La indestructibilidad de la masa newtoniana reflejaba nuestra actitud fundamental de que lo que podemos agarrar es la realidad pemantente de lo que vemos, oímos o sentimos de otro modo a distancia. Si esta realidad permanente desaparece en la radiación, y ésta nos viene, pongamos, en forma de luz y de calor, o de rayos cósmicos, ya no es una experiencia a distancia de nada. Lo mismo sucede con los campos de fuerza. Podemos decir que son acontecimientos pero no hay cosas a las que les sucedan los acontecimientos en la localización en la que se encuentran.

No estoy expresando nostalgia por los lujos de lo que Whitehead ha llamado el materialismo del periodo newtoniano. Esa perspectiva sufría de la bifurcación deplorada por Whitehead, y albergaba todo el nido de problemas epistemológicos que nos ha expuesto Lovejoy por extenso (2). Sólo insisto en que sea cual sea la perspectiva que adoptemos sobre los trascendentales cambios que ha dejado la ciencia en su estela desde que el electromagnetismo empezó a dominar su investigación y su doctrina, no podemos apartarnos de los descubrimientos perceptuales que toda ciencia acepta como su criterio de realidad más básico. Es evidente que el que la ciencia apele a los descubrimientos perceptuales como su criterio supone más que una mera confirmación de la experiencia a distancia mediante la experiencia de contacto; a lo que se apela es más bien a la ocurrencia perceptual de acontecimientos predichos sobre la base de una hipótesis, con el fin de confirmar esa hipótesis. La importancia de la cosa perceptualmente real del campo manipulatorio aparece cuando un objeto de este tipo puede identificarse bajo la observación y el experimento en un caso excepcional: tómese por ejemplo la radiación de los cuerpos negros donde la realidad del objeto como cosa perceptual ha de haceptarse, por delante totalmente de cualquier interrpetación de él que pueda proporcionar una hipótesis subsiguiente. Aquí alcanzamos un algo que se mantiene como objeto que puede sentirse como algo visto. Es evidente además que la fiabilidad de las mediciones—de las lecturas de indicadores—ha de asegurarse en el seno de este mismo campo perceptual. Aun cuando no podamos desplegar el espacio y tiempo de esta área en el espacio euclidiano de la doctrina newtoniana, ni subdividir sus cosas perceptuales en partículas masivas newtonianas, sin embargo de algún modo relacionamos la realidad asumida de un universo que va más allá de los límites de nuestra experiencia perceptual, con la realidad decisiva de los hallazgos del científico.







(1). The Logic of Modern Physics, en especial el capítulo 1.

(2). "The Revolt against Dualism", passim.






(En curso de preparación - n. del t.)
Traducción (en curso) de José Ángel García Landa


sábado, 8 de agosto de 2015

La cosa física

GEORGE HERBERT MEAD



Traduzco aquí el artículo de George Herbert Mead "The Physical Thing", el segundo de los ensayos suplementarios que aparecieron en su libro póstumo La Filosofía del presente (1932). En español apareció otra traducción en la edición de La Filosofía del Presentetraducida y comentada por Ignacio Sánchez de la Yncera, en la serie "Clásicos del Pensamiento Social" (Madrid: BOE / CIS, 2008). Las notas en números árabes traducen las de la edición original; las de números romanos son comentarios míos.


La cosa física (1)


A.  Es evidente que una definición de la cosa física en términos de la experiencia manipulatoria y a distancia ha de aplicarse también al organismo considerado como cosa física. El organismo se ve y se siente. Suplementamos lo que llega a través de la visión directa con lo que obtenemos a través de espejos y de imágenes visuales, y nuestras manos entran en contacto con prácticamente toda la superficie de nuestros cuerpos. Las experiencias cinestésicas y viscerales pueden localizarse en el interior de nuestros organismos sólo cuando estos organismos han alcanzado exteriores. Si usamos las presiones mutuas de las superficies de nuestro cuerpo en la experiencia de cuerpos que actúan sobre nosotros, esto tiene lugar únicamente en la medida en que el cuerpo y otros objetos se han organizado en un campo común de objetos físicos. Sin duda las superficies en contacto y las experiencias orgánicas limitadas por estas superficies son, en la experiencia del infante, las experiencias a partir de las cuales surgen los exteriores y los interiores de las cosas. Sin embargo, el niño puede delimitar sus superficies corporales sólo mediante cosas que no sean su cuerpo, y alcanza las superficies enteras de cosas que no son su cuerpo antes de llegar a su propio organismo en tanto que cosa que tiene límites. Genéticamente, el infante avanza desde la periferia en dirección a su cuerpo. Si usa las presiones del organismo a la hora de ponerles interiores a las cosas, el cuerpo debe haberse definido antes mediante su contacto con cosas que tienen límites. Es importante reconocer que en la experiencia esto continúa siendo la relación entre las cosas físicas y el cuerpo como cosa física, y entre cosas físicas diferentes del cuerpo. Llegamos mediante análisis a los interiores de las cosas sólo alcanzando nuevos exteriores que son efectiva o imaginativamente las condiciones de esa experiencia de presión que aparece como el interior ya sea del cuerpo o de otras cosas físicas.

Los conjuntos de cosas físicas, pues, vienen definidos por sus límites, y entre esas cosas el organismo corporal recibe su definición de la misma manera. Si por ejemplo contemplamos los colores y la sensación táctil de las cosas como algo que depende de procesos fisiológicos internos al organismo, sigue el argumento basándose en la suposición de las cosas físicas definibles, incluyendo al organismo como algo que está allí. En la experiencia no se ascribe una prioridad de realidad al organismo corporal. Si es concebible que la mano pasase a través de la mesa que se ve, es igualmente concebible que la mano pudiera pasar a través de la pierna que se ve. Estas cosas físicas son todas experiencias a distancia. Es decir, se hallan ubicadas en un espacio, y para estar ubicadas así van ordenadas a partir del centro O de un sistema de coordenadas. Las formas en las que aparecen son perspectivas ópticas, y la percepción las realiza en términos de la experiencia del área manipulatoria, en la que se ven sometidas a la prueba del contacto para su realidad perceptual; pero siguen siendo objetos visuales en esa área. En el seno de esta área manipulatoria desaparecen las distorsiones de las perspectivas ópticas. Las cosas adquiren tamaños estándar. Que tengan tamaños estándar quiere decir que el centro O puede hallarse en cualquier punto en el que las cosas tuvieran los valores espaciales que se encuentran en esta área manipulatoria. El postulado fundamental de la física newtoniana de que cualquier conjunto de coordenadas cartesianas puede tomarse como base para la ordenación y medición de las cosas y de sus movimientos está implicado en nuestro mundo perceptual. El pensamiento conceptual ha formulado de manera lógica la actitud de la experiencia perceptual. Surge entonces la pregunta de cuál es la naturaleza de esa actitud mediante la cual la percepción varía indiferentemente de un centro O a otro.

En la percepción inmediata las estimulaciones a distancia son adeecuadas para estimular el acercamiento o la retirada, y contactos y consumaciones consiguientes. Que la percepción presente a los objetos distantes teniendo los valores físicos del área manipulatoria no es algo que tenga que ver con el éxito en el comportamiento de un organismo percibiente. Decir que la imagen memorística de la estimulación a distancia tal como apareció en una área manipulatoria se fusiona con la estimulación a distancia es encubrir un proceso con un vocablo. Puede fusionarse de esta manera porque la estimulación a distancia ya es una cosa física. En el seno del área manipulatoria el objeto actúa sobre el organismo percibiente, y la acción en la experiencia perceptual significa la presión de su volumen en el organismo. Hay una infinidad de otras características de su acción, su temperatura, su olor, y demás, pero éstas son todas características suyas en tanto que cosa con volumen, y esta naturaleza interna de la cosa física nunca la alcanzamos subdividiendo sus límites visuales. Aparece en la cosa física una corriente que originariamente pertenece al organismo, la de la presión, lo que Whitehead ha llamado "el empuje" de las cosas, y la cuestión es cómo llega a estar en la cosa. Los límites a distancia visuales y los tácticles de contacto están allí en la experiencia inmediata. No estoy examinando la cuestión metafísica de cómo llegamos desde una experiencia interna a un mundo exterior a nosotros, sino cómo los objetos distantes y con límites reciben el interior de objetos perceptuales—interiores nunca revelados mediante la subdivisión. La propuesta que ya he hecho es que las presiones de las superficies corporales unas contra otras, sobre todo la de una mano contra otra, son transferidas al objeto, y la cuestión que planteo es cómo tiene lugar esta transferencia.

La única respuesta que puedo darle a la pregunta es que el organismo al agarrar y empujar cosas está identificando su propio esfuerzo con la experiencia de contacto de la cosa. Aumenta esa experiencia con sus propios esfuerzos. Coger un objeto duro es estimularse a uno mismo a realizar ese esfuerzo interno. Uno invoca en sí mismo una acción que viene también del interior de la cosa. Viene del interior de la cosa porque esa experiencia aumenta mediante la acción de los cuerpos sobre los organismos y sobre otras cosas del mundo perceptual. El objeto del organismo invoca en el organismo la acción del objeto sobre el organismo, y adquiere así esa naturaleza interna de presión que constituye el interior de la cosa física. La cosa adquiere semejante interior sólo en la medida en que el organismo adopta de este modo la actitud de la cosa. La fórmula de este proceso es que la cosa estimula al organismo a actuar como la cosa actúa sobre el organismo, y que la acción de la cosa es la resistencia del organismo a la presión tal como surge cuando un objeto duro se agarra firmemente con la mano (i). La resistencia del objeto es continua con el esfuerzo de la mano. En el desarrollo del infante, esta experiencia ha ser previa a la de su propio organismo físico como un todo. El infante debe estar situando este esfuerzo de su interior de las cosas antes de estar en posición de identificar el esfuerzo como suyo propio. Lo que le rodea se extiende más allá por todos lados, y formas de colores llegan a localizarse y a volverse familiares en un mundo en el seno del cual su cuerpo por fin llega a ocupar un lugar definido. Entretanto, la presión de su cuerpo y el agarrar de sus manos han de localizar cosas a partir de una actitud interior, y por fin llega a sí mismo como cosa a través de la acción de otras cosas sobre él. La materia es el nombre que le damos a esta naturaleza de las cosas, y su característica es que es idéntica con la respuesta que invoca. El peso como presión, o la inercia como resistencia al cambio de reposo o de movimiento, son idénticos al esfuerzo mediante el peso se sostiene o se imprime movimiento al cuerpo o se le detiene. El cuerpo tiene en abundancia otros caracteres que son inherentes a la materia, pero ninguna de estas otras tiene esta característica. El color, el sonido, el sabor y el olor no pueden identificarse con las respuestas que inducen, ya sea en los organismos o en otros objetos; mientras que el contenido experiencial interno de la materia es idéntico con las respuestas que invoca en las cosas. Fue un logro llamativo de la ciencia del Renacimiento el aislar esta cualidad de la materia en tanto que inercia. Newton pudo referirse a ella ya sea como cantidad de materia o como la propiedad de la materia mediante la cual continúa en su estado de reposo o de movimiento a menos que actúe sobre ella una fuerza externa. La inercia y la fuerza pudieron entonces verse como equivalentes. En las ecuaciones de la mecánica newtoniana la masa se define en términos de fuerza y la fuerza se define en términos de masa. Aquí Newton reflejaba una actitud fundamental de la experiencia hacia las cosas.

Estamos en situación ahora, me parece, de contestar la pregunta que antes hemos planteado: ¿cómo llegamos a atribuirle a la cosa a distancia los valores físicos del área de manipulación? Otra manera de verbalizar la pregunta sería, ¿cuál es el trasfondo experiencial de la homogeneidad del espacio? En primer lugar, la continuidad de la experiencia del esfuerzo y la materia de la cosa física proporcionan a las cosas una naturaleza interna común que se reconoce cada vez que la experiencia a distancia se ve completada en sus implicaciones de contacto. En segundo lugar, la naturaleza interna está allí sólo en tanto que evoca la respuesta del esfuerzo. El objeto distante, al poner en marcha la secuencia de respuestas de agarre y manipulación, evoca en el organismo su propia naturaleza interna de resistencia. Tenemos aquí la base para la empatía de Lipps. Sería un error considerar esta naturaleza interna de la materia como una proyección por parte del organismo, de su sentido de esfuerzo, al objeto. La resistencia está en la cosa tanto como el esfuerzo está en el organismo, pero la resistencia está allí sólo frente al esfuerzo, o a la acción de otras cosas. Traídas pues así al campo del esfuerzo, acción y reacción son iguales. El carácter interno de la cosa se debe en efecto al organismo—a la continuidad de esfuerzo y resistencia. Sin embargo, el carácter de internalidad surge sólo con la aparición del organismo como objeto, con la definición de superficies y de experiencias del organismo que se encuentran dentro de las superficies que lo limitan. Lo que deseo enfatizar es que la cosa física en las presiones de contacto, y a distancia al despertar respuestas manipulatorias anticipatorias, evoca en el organismo algo que es continuo con su propia naturaleza interna, de modo que la acción de la cosa donde está, se identifica con la respuesta del organismo. Es esto lo que hace posible que el organismo se situé a sí mismo y a su área manipulatoria en cualquier objeto distante, y que extienda indefinidamente el espacio del área manipulatoria, llegando así a un espacio homogéneo a partir de perspectivas disonantes. Lo que es esencial es que la cosa física despierta en el organismo su propia respuesta de resistencia, que el organismo como materia está actuando como actúa la cosa física.

Hay dos expresiones que he usado arriba que requiren más comentario. Una es la identificación del esfuerzo interno del organismo con la materia del objeto. Como he indicado, esto no implica que el organismo proyecta un contenido interno al objeto. La resistencia está allí como opuesta al esfuerzo, pero en el organismo del infante no está sólo la respuesta de apretar contra la cosa, sino también, mediante la integración del sistema nervioso central, el surgimiento de la respuesta de apretar la otra mano contra la banda que está apretando la cosa (ii). El organismo actúa sobre sí mismo, y al actuar sobre sí mismo sus respuestas son idénticas con las que les da a las cosas. La cosa, pues, hace surgir en el organismo la tendencia a responder del modo en que la cosa responde al organismo. Hemos aprendido en años recientes que la función del sistema nervioso central en las formas superiores es la de conectar todas las respuestas potencialmente con cada una de las respuestas del organismo. En cierto sentido todas las respuestas están interconectadas de este modo por vía de inervación y de inhibición interrelacionadas. Hay que establecer, sin embargo, una distinción entre el objeto del área manipulatoria que es visto y también es manejado, y el objeto distante que está fuera de alcance a la vez que está en perspectiva visual. Hemos visto que la continuidad del esfuerzo y de la resistencia de la materia facilitan la situación del organismo con su área manipulatoria en el objeto distante. El sentido en el que esto tiene lugar se halla en las respuestas que surgirían en tal ubicación—respuestas que son invocadas, aunque inhibidas, en el interior del organismo. Lo que he estado indicando ahora es que el objeto disttante hace surgir la respuesta de su propia resistencia además del esfuerzo de reaccionar ante él. Lo que va comprendido en que un objeto distante esté "allí" no es simplemente la tendencia a responder a él, ni tan siquiera de modo anticipativo, ni tampoco se logra su ubicación como objeto distante sólo mediante una mera imagen sensorial de su tacto, a menos que con la imagen memorística nos refiramos a la tendencia que hay en el organismo del infante a apretar de la manera en que aprieta el objeto distante, invocando así la tendencia a responder con su propia presión. Es ésta última respuesta la que en nuestra experiencia constituye el objeto físico—un algo con un interior. Estoy convencido de que esta corporización del objeto en las respuestas del organismo es el factor esencial en la emergencia de la cosa física.

El objeto está allí en su resistencia inmediata al esfuerzo del organismo. No está allí como objeto, sin embargo, es decir, no tiene interior. Obtiene su interior cuando hace surgir en el organismo su propia respuesta y así la respuesta del organismo que responde a esta resistencia. Lo que se ha llamado esta naturaleza del objeto tal y como es invocada en el organismo aparece en la sensación de dureza o de resistencia. Está efectivamente, como supuso Locke, la misma naturaleza extendida resistente en la experiencia del individuo que en el mundo, pero para Locke esto era en la experiencia del individuo una "idea", es decir, una sensación. Si reconocemos la identidad de resistencia y esfuerzo, entonces el carácter de "idea", es decir, de algo que pertenece a la experiencia del individuo, le viene cuando se hace surgir la respuesta del organismo bajo la forma de la resistencia, de la naturaleza interna de la cosa. Éstas tienen, como hemos visto, un carácter idéntico. Tanto el objeto físico como el organismo son materiales. Lo que debe mostrarse es que el objeto hace surgir en el organismo no sólo una respuesta orgánica a la cosa física sino también una respuesta a sí mismo como objeto que invoca esta respuesta. El mecanismo mediante que lleva a cabo esto es el cerebro. El mecanismo de la médula y su bulbo es simplemente de respuestas a estímulos externos. Tales estímulos son imperativos en sus exigencias. El cerebro, en cambio, es un órgano que integra una enorme variedad de respuestas, incluyendo los reflejos inferiores, y es específicamente el centro para los órganos de los sentidos a distancia situados en la cabeza. En el proceso integrativo hay diferentes combinaciones alternativas y alternativas correspondientes también para las inhibiciones que van necesariamente unidas a esa integración. Esto introduce un desfase en la respuesta, y un ajuste en cuanto a la selección del tipo de respuesta, es decir, una elección. La elección implica más que la competición de dos o más estímulos para obtener el control de la respuesta orgánica. Implica que la situación está en algún sentido en el interior del esquema de comportamiento del organismo. Lo que no se hace define al objeto en la forma en que sí que reaccionamos a él. Las superficies que limitan el objeto, sus resistencias a diversas posibles reacciones sobre él, los usos que pudieran dársele en grados diversos, entran a constituir ese objeto, y son caracteres del objeto que perderían su naturaleza estática si las respuestas que comprenden se llevasen efectivamente a cabo. Son competidores entre sí con vistas a la acción del organismo, pero en la medida en que no se llevan a efecto constituyen el objeto sobre el cual tiene lugar la acción, y dentro del conjunto del acto fijan las condiciones de la forma que adopta el acto. Todas estas respuestas se encuentran en el sistema nervioso central en tanto que vías de reacción interconectadas con todas las demás vías. Si algunas respuestas son preponderantes, inhiben ipso facto a todas las demás. Es posible seguir este proceso de inhibición con cierto detalle en el uso de músculos y de reflejos de contracción antagónicos. Se da una clara relajación de ciertos músculos cuando hay inervación en otros. Para llevar a cabo una una respuesta, el cerebro inhibe otras respuestas. El sistema es tan responsable de lo que no hace como de lo que hace. (iii)

En el campo de la materia, la resistencia que el volumen de un cuerpo ofrece a la mano o a cualquier superficie del cuerpo, y las tendencias a manipularlo cuando se ve a distancia, se organizan de diversas maneras. Está, por ejemplo, la tendencia a recoger un libro que está en una mesa distante. La forma y resistencia del libro se hallan presentes en cierto sentido en el ajuste que ya está presente en el organismo cuando se ve el libro. Mi tesis es que las respuestas de contacto inhibidas en la experiencia a distancia constituyen el sendio de la ressitencia del objeto físico. Son, en primer lugar, opuestas a las respuestas que efectivamente se activan nerviosamente o están pendientes de activarse. Son competidoras para el campo de respuesta. También, en el seno del mismo acto, fijan las condiciones de la respuesta efectiva. Me refiero específicamente a las respuestas que entran en la constitución de la materia en la experiencia a distancia. Si vemos un libro distante se invocan un número indefinido de respuestas manipulatorias, como son agarrarlo de diversas maneras, abrirlo, arrancarle las hojas, apretarlo, frotarlo, y muchas otras. Una, coger el libro, es predominante, y organiza el acto completo. Por tanto, inhibe todas las demás. Las tendencias a realizar estas otras conllevan la misma resistencia a la manipulación, y se hallan ahora en oposición directa a la tendencia dominante; pero mientras están en oposición proporcionan las condiciones para el ejercicio de la respuesta dominante. El tacto del libro si uno lo frotase, los contornos si uno pasase las manos alrededor, la posibilidad de abrir el libro, etc., determinan la forma que tomará el agarrar y levantar el libro. En general, lo que uno no le hace al libro, en la medida en que esto invoca la misma resistencia que la que se da al manipularlo efectivamente, y en la medida en que está inhibido por lo que uno sí le hace, ocupa en la experiencia el lugar de "lo que el libro es", frente a la respuesta que es la expresión del acto. (iv) 'Inhibición' no connota aquí una simple inexistencia de estas respuestas, puesto que reaccionan frente a la respuesta dominante para determinar su forma y naturaleza. La manera en que uno agarra el libro viene determinada por las otras vías de respuesta, tanto por las que son inhibidas como por los controles de ajustes en los que las respuestas no realizadas reciben sin embargo una activación nerviosa parcial. El acto es un equilibrio móvil en el seno del cual muchas respuestas entran en juego con la respuesta dominante y responden a ella. Lo que no se hace actúa como una definición continua de lo que se hace. Es la resistencia que hay en lo que no se hace lo que es la materia del objeto al que respondemos.

En la medida en que existe el mundo para el organismo, en la medida en que es el entorno del organismo, queda reflejado en las reacciones del organismo al mundo. Aquello con lo que efectivamente entramos en contacto está allí frente al organismo, pero con mucho en la mayor parte de lo que nos rodea no nos apoyamos ni la manipulamos. Está distante de nosotros en el espacio y en el tiempo; y sin embargo tiene un contenido interno que es una continuación de lo que se halla bajo nuestros pies y en el ámbito de nuestro alcance. Estos objetos distantes no sólo invocan en nosotros respuestas directs de movernos hacia ellos, o en dirección contraria a ellos, y de manipularlos, sino que también hacen surgir en nosotros los objetos que actúan sobre nosotros desde nuestro interior. He estado tratando de presentar el mecanismo neural mediante el cual aparece en la experiencia la naturaleza interna de la cosa externa.marmol2

Si la vista del libro llama a una respuesta directa de movimiento hacia el, en esta respuesta no hay sin o la excitación del organismo a ese acto. Pero si todas las otras respuestas de las que pueda ser responsable el libro se excitan, pueden entrar a formar parte del acto sólo en la medida en que sean inhibidas o coordinadas entre sí. Están en oposición a la respuesta dominante de moverse hacia el libro hasta que la integración del acto las disponga en sus relaciones espaciales y temporales con la inhibición de su expresión inmediata. Es esta oposición a la que me he referido como resistencia. El cerebro es la porción del sistema nervioso central que pertenece a las experiencias a distancia. Tiene, sin embargo, una conexión directa con los reflejos del sistema de la médula espinal. No sólo orienta a la cabeza, y por tanto al organismo, hacia los objetos distantes, sino que también conecta estos estímulos distantes con las respuestas del tronco y de los miembros que estos objetos hacen surgir cuando se ha puesto al organismo al alcance de contacto con los objetos, de modo que estas respuestas posteriores se hacen surgir adelantándose a la situación en la cual puedan recibir activación nerviosa efectiva. El objeto está así expresándose en el organismo no sólo en el hecho de estimularlo a acercarse o retirarse, sino también haciendo surgir anticipativamente unas reacciones que se llevarán a cabo de modo efectivo más tarde. Con el término "expresarse" quiero decir que las relaciones que hacen de los objetos que lo rodean el entorno del organismo están activas en el organismo.El entorno está allí para el organismo en la interrelación de organismo y entorno. Las respuestas diferidas integradas en el acto dirigido hacia el objeto distante constituyen el objeto como será o al menos como puede ser para el organismo. Pero para poder ser un objeto ha de tener un contenido interno, al que nos referimos como los resultados de respuestas ahora aplazadas. El hecho de que éstas estén en alguna medida presentes en el objeto distante es lo que requiere explicación. La explicación que estoy ofreciendo es en términos de la resistencia que encuentran en el acto dominante con respecto al cual han de ser integradas. La resistencia se encuentra en el ajuste y retraso en la ejecución y en las inhibiciones que éstos conllevan.

La fase primaria de esta resistencia hemos visto que se hallaba en la materia del objeto físico. La continuidad de la resistencia del objeto con las resistencias de partes del organismo entre sí constituye la materia tanto de los objetos como del organismo, y transfiere a los objetos la interioridad de las resistencias orgánicas a ellos, mientras que los objetos en su organización espacial conducen a la definición del organismo como objeto físico. Pero, como ya he apuntado, esta resistencia aparece como la interioridad de la cosa física sólo cuando el objeto despierta en el organismo la propia actitud de resistencia del objeto. La cosa física usa las tendencias que tenemos a resistir por adelantado al contacto efectivo, de modo que existe en el comportamiento del organismo, no como sensación del organismo, sino como la entrada del organismo a los objetos, por vía de asumir las actitudes de éstos, definiendo y controlando así su propia respuesta. (v) Está también, claro, la respuesta inmediata del organismo a la presión que recibe, en la cual el objeto como objeto no entra. Aquí no hay carácter de un objeto que pudiese denominarse sensación. Es sólo la respuesta en bruto del organismo al entorno. Pero cuando esta actitud de resistencia del objeto al organismo puede hacerse surgir dentro del propio organismo, como opuesta a la resistencia del organismo a él, entonces se da lo que una filosofía de la mente podría situar en el organismo como algo mental—una idea, en el sentido de Locke. Un examen del desarrollo de la experiencia del infante, sin embargo, muestra que el entorno ha de haber entrado primero en las respuestas orgánicas del niño como una resistencia que posee en común con las resistencias que el organismo ofrece a sí mismo, antes de que el organismo pueda definirse a sí mismo y a sus experiencias como distinto de las cosas físicas que lo rodean. Es el mecanismo del cerebro el que, en sus conexiones con las respuestas de la médula y del bulbo raquídeo, ha hecho posible este jugar el papel del objeto físico en el propio comportamiento del organismo; y en particular ha utilizado las respuestas manipulatorias de la mano en la interrupción que tienen del proceso de respuesta hasta su consumación. Aquí la resistencia mutua de cosa y mano abre la puerta a que la cosa juegue su papel en el comportamiento del organismo. Y le quedó a la ciencia renacentista la misión de aislar estas características mensurables de la cosa física, como condiciones para todos los demás caracteres de la cosa tal y como aparecen en la experiencia.

En la experiencia inmediata la cosa es suave o áspera, es agradable o dolorosa, en la medida en que es resistente. La suavidad o la aspereza o lo agradable o el sufrimiento suponen varias respuestas llevadas a cabo hacia el objeto a distancia, y éstas entran en la organización del acto aunque sean inhibidas de inmediato. Que no se lleven a cabo inmediatamente significa que quedan organizadas en torno a la respuesta dominante de acercamiento o de retirada y las reacciones subsiguientes. Mi tesis es que la resistencia que esta organización del acto les ascribe las identifica como caracteres de la cosa, aunque sea como cualidades inherentes a la cosa física en tanto que objeto resistente. La superficie que llamamos suave invoca una tendencia a acariciarla, pero el que uno no pueda hacer esto hasta que haya llegado a ella y la haya tocado significa que la apariencia efectiva de suavidad o de agrado espera la resistencia manipulatoria de la cosa física. El que estos caracteres aparezcan como dependientes del acto organizado con referencia a alcanzar el objeto físico constituye la fase orgánica de la realidad de contacto del objeto distante. Lo que quiero enfatizar es que esta realidad de contacto del objeto distante se manifiesta en la organización neural en la inhibición de la reacción que despiertan estos caracteres del objeto distante mediante el acto organizado que los realiza. En la medida en que la tendencia a acariciar el objeto suave distante es retenida por la organización del acto que realizará la tendencia, es una afirmación de la realidad condicional de la suavidad del objeto. Si no puede entrar en la organización de tal acto, la abandonamos como una ilusión; por ejemplo la aparente humedad del brillo tembloroso que hay por encima de la arena del desierto no puede acomodarse dentro del acto de ir y beber el agua ilusoria. La aceptación de inhibiciones comprendidas en la actitud de acercamiento organizada es lo que confiere esas cualidades al objeto distante. Las resistencias comprendidas en la organización conducen a procesos que son excitados antes de poder realizarse y que sin embargo pueden determinar la forma del acto que los completa.

El desarrollo de la cabeza, y del cerebro en tanto que asiento de los sentidos a distancia, le ha dado al organismo las dos características principales propias de la mente. Ha producido la excitación anticipativa de reacciones que sólo pueden realizarse cuando se cumple la reacción del cuerpo a sus resistencias inmediatas al perseguir su objetivo. Con la organización del acto de tal modo que estas reacciones excitadas pero no completadas puedan cumplirse, ha introducido el futuro en el mecanismo del acto, y el condicionamiento mutuo del presente y del futuro. También, ha hecho posible que se excite dentro del organismo esa resistencia de la cosa física que es común a la cosa y al organismo. La cosa física externa al organismo puede invocar su propia respuesta y la reacción del organismo en respuesta a ella. En forma de una resistencia espacialmente definida, la acción del objeto distante se halla presente en la respuesta del organismo, con su valor al excitar las reacciones adecuadas del organismo. Además, otras características del objeto que para realizarse dependen de que se lleve a cabo un acto orgánico, se convierten, mediante la organización de las respuestas a ellas en el interior del acto y mediante la aceptación de ese control, en maneras en que el objeto aparece en la conducta del organismo. El objeto puede así aparecer en la experiencia por medio de la reacción del organismo a él, dado el mecanismo del sistema nervioso superior.  Está allí con los valores que tendrá, reflejados en las respuestas del organismo; pero está allí anticipadamente a las respuestas. Y es porque los objetos están allí por lo que el organismo puede volverse un objeto para sí mismo en su experiencia.

B.  Hay una diferencia característica entre las llamadas cualidades primarias y las secundarias. El material en bruto de la materia aparece en las cualidades primarias de la extensión, la ocupación efectiva del espacio, y movilidad. Estas responden en nuestra experiencia a lo que Newton llamó la cantidad de materia. Ésta aparece en la experiencia inmediata de la resistencia espacial del cuerpo. Aparece en el impulso. Al menos esta es la experiencia del objeto como algo que ofrece resistencia en su extensión, de nuestros propios cuerpos adquiriendo impulso, del esfuerzo necesario para poner un cuerpo en movimiento y para cambiar su estado de movimiento. La extensión, el volumen, y la resistencia a un cambio de reposo o de movimiento, no pueden definirse con exactitud en términos de nuestra experiencia sensorial, pero son caracteres que nos permiten situarnos dentro del objeto físico. Su resistencia es igual a la nuestra. Produce la misma sensación. En el caso de las cualidades secundarias, los caracteres que aparecen en nuestra visión, oído, gusto y olfato, no pueden compartirse con los caracteres del objeto físico al que corresponden. No es siendo rojo, o salado, o ruidoso, u oloroso, como el organismo se halla en relación con objetos que tienen estas características. Es resistiendo como el organismo entra en relación con los objetos resistentes. Si buscamos el mecanismo biológico de esta experiencia, como lo hacemos en el caso de lo que llamamos los otros sentidos, lo hallamos en las resistencias que diferentes partes del organismo ofrecen unas a otras. La mano, en especial, aprieta contra diferentes partes del cuerpo, y ellas, en respuesta a esta presión, se le resisten. Cuando uno aprieta la superficie de una mesa, tiene la misma experiencia que cuando aprieta contra su mano, exceptuando la ausencia de la respuesta de resistir la presión de la otra mano. Pero hay aquí un contenido en común, por medio del cual el organismo más adelante pasa a los interiores de las cosas. En ninguna otra experiencia sensorial pasamos adentro de la cosa. Nos puede afectar con su color, olor, sabor o temperatura, pero la relación no instala en nosotros el carácter del objeto. La resistencia, o la ocupación efectiva del espacio, la "solidez" de Locke, tiene en la experiencia un carácter en común, como notó Locke, que está tanto en el individuo como en las cosas externas. Si lo formulamos en términos de una "idea", de una sensación de la mente, todo el asunto, tanto el efecto externo como la sensación interna, queda encerrada en la mente, donde la situó Berkeley, y donde la dejó Hume para dispersarse con las otras impresiones de la mente. Lo que exige un análisis más detallado del que admitía la psicología de su época es esa fase de la cosa física a la que me he referido como su interior. Este término no se regfiere a las nuevas superficies descubiertas mediante una subdivisión de la cosa. Sí tiene que ver con esa unidad de la cosa que Kant y sus seguidores idealistas situaron en el proceso del juicio; pero tiene que ver con algo más—a saber, con un elemento de actividad, expresado en el término resistencia. Cuando una mano aprieta contra la otra, cada mano resiste a la otra desde dentro. Como he dicho, cuando la mano aprieta una mesa, hay un elemento de resistencia en la mesa que es idéntico con lo que encontramos en la resistencia mutua de las dos manos; pero mientras que la mesa resiste a la mano con la misma eficacia que la otra mano, a la resistencia de la mesa, tomada como una experiencia abstraída, le falta el carácter de actividad que le pertenece a la presión de la otra mano. Sin embargo requiere una abstracción el quitarle este carácter a la mesa. Decir que ponemos este carácter en la cosa, cuya masa o inercia se resiste a fuerzas que actúan sobre ella, significa o bien volver a una doctrina de la consciencia de la materia en bruto que separa el individuo de las cosas físicas en lugar de interrelacionarlo con ellas, o bien ignorar el hecho de que el organismo del individuo llega a la experiencia sólo tal y como lo definen y lo orientan otros objetos. Tampoco estaríamos justificados al suponer que un individuo localiza una interioridad dentro de sí antes de hacerlo en otras cosas. Habría de ser bastante evidente, aunque de hecho se pasa por alto generalmente, que nos convertimos en cosas físicas a la vez que los objetos que nos rodean, y que nos anatomizamos, como ha señalado recientemente Russell, sólo a la vez que anatomizamos a otros. Pero es posible reconocer en la evolución de la corteza cerebral un mecanismo mediante el que los organismos superiores pueden vivir en un entorno ocupado por cosas físicas que, incluyéndolos a ellos, tienen interiores. Sin duda una respuesta procedente de un interior ha de venir del organismo y no de la cosa física que está fuera de él, pero no puede ubicarse en el organismo hasta que el organismo haya sido definido por vía de sus interrelaciones con otras cosas.

Lo que el amplio desarrollo del cerebro ha hecho posible es la inervación y organización de las respuestas previamente a su ejecución. Cuando un organismo dotado con órganos tales encuentra que su mano aprieta contra un objeto resistente, habrá una experiencia común en la presión del objeto y la de la otra mano, y habrá también un estímulo al que contestar con una presión en respuesta exactamente como respondería la otra mano. El organismo se ha estimulado a sí mismo, mediante su acción sobre un objeto, a actuar sobre sí a manera del otro objeto. Para un animal cuyo sistema nervioso central incluye sólo una médula espinal y un bulbo raquídeo,, cuyas respuestas, por tanto, tienen lugar sin dilación, semejante tendencia a reaccionar a su propia reacción a un objeto sería incongruente y carente de sentido. Para un animal cuyos receptores externos lo ponene en relación con el objeto desde lejos, y cuya corteza cerebral le permite comenzar y organizar sus respuestas en anticipación a un contacto satisfactorio o peligroso, tiene inmensa ventaja ser capaz de actuar en cierto sentido en lugar del objeto distante y de este modo estar preparado para su propia reacción subsiguiente. Donde la acción de otras cosas sobre nosotros es en alguna medida idéntica a respuestas nuestras, de modo que el comienzo de nuestra acción sobre ellas puede estimularnos a invocar en nuestros organismos una respuesta diferida que nos coloca en sus actitudes, pueden volverse objetos para nosotros al mismo tiempo que podemos volvernos objetos para nosotros mismos, ya que nos aproximamos a nuestra propia acción posterior desde el punto de vista del otro. Porque nunca podemos volvernos personas con identidad a menos que la acción en la que estamos implicados incluya una acción dirigida a nuestros propios organismos. Sin duda, para convertirnos en sujetos con consciencia individual el mecanismo de la comunicación es necesario, pero la matriz de la comunicación es la estimulación que nos proporcionamos a nosotros mismos para actuar de la manera en que actuarán aquéllos sobre los cuales estamos actuando.

Hay por tanto dos caracteres de la cosa física, si la contemplamos desde la perspectiva de la génesis de la experiencia tal como la hallamos en el individuo, y tal como inferimos que tuvo lugar en la historia temprana de la comunidad humana. (vi).

El primer carácter es el de la continuidad de la experiencia de presión en el organismo y de resistencia en el objeto físico. La experiencia del organismo en su contacto con el objeto físico es la presión que es el carácter del objeto físico. Ésta, como hemos visto, distingue la experiencia de contacto de las experiencias de las llamadas cualidades secundarias. Lo que se experimenta es la resistencia de la cosa física, y la experiencia de esta resistencia es de por sí una resistencia en el organismo. Como la expresión "experiencia de" conlleva unas implicaciones peligrosas, es mejor formular la proposición del modo que sigue: que en la experiencia de contacto el carácter resistente del objeto es idéntico al carácter resistente del organismo; mientras que en la experiencia a distancia el carácter del objeto no está presente en modo alguno en el organismo.

El segundo carácter que el objeto sin duda toma prestado del organismo, al volverse un objeto, es el de actuar efectiva o potencialmente sobre el organismo desde su interior [el del objeto]. (vii). También he llamado a este carácter el de "tener un interior". Es el carácter de resistencia idéntico en el organismo y en el objeto el que le abre la puerta a este tomar prestado. Adoptar la actitud de apretar contra un objeto es estimular en el organismo la actitud de una presión opuesta. Esta es una actitud fundamental reflejada también en la ley de Newton de acción y reacción. Ha de haber una acción del objeto igual a la acción del organismo sobre él, para que en nuestra experiencia pueda haber una cosa física. Al agarrar el objeto, al empujarlo, al apoyarse contra él, en cualquier manipulación a que se le someta, el objeto ha de volver sobre el organismo con una resistencia igual, si ha de ser y mantenerse como una cosa. El análisis psicológico ha usado aquí el término de "imágenes cinestésicas" y el análisis estético se ha referido a ello como "empatía." Vemos al objeto no simplemente ofrecer resistencia pasiva, sino resistírsenos activamente. Pero me parece que la importancia fundamental de estos hechos para la emergencia del objeto físico en la experiencia no se ha reconocido. Es fácil pasarla por alto, porque la actitud de la respuesta a la presión de la cosa es idéntica a la del organismo, aunque direccionalmente opuesta. Esta oposición se revela en la aparición del organismo como un objeto físico. Semejante objeto puede aparecer únicamente cuando el organismo ha tomado la actitud de actuar sobre sí mismo, y la invitación a esto se halla en el hecho de que nos hemos estimulado a nosotros mismos mediante nuestra actitud hacia la cosa física para responder con presión como responde la cosa.

Hay aquí dos cuestiones a tener en cuenta. Una es la abstracción relativamente tardía del objeto físico a partir del objeto social, y la necesidad de que el organismo tome la actitud del otro para volverse un objeto para sí mismo. La otra es la estructura del espacio en nuestra experiencia. Esta halla su expresión en las coordenadas cartesianas y en la conservación de la estructura idéntica, no importa dónde se sitúe el origen del sistema. Es el primer elemento de la relatividad newtoniana. En nuestro espacio perceptual, un individuo halla el centro del sistema dentro de sí, y las coordenadas se extienden hacia arriba y hacia abajo, a la derecha y a la izquierda, y delante y detrás de él. Vienen dadas orgánicamente por su simetría bilateral y por el mantenimiento de su posición erecta frente a un objeto distante que se halle en su línea de visión. Lo que deseo recalcar es que hay más cosas implicadas en el espacio perceptual aparte de esta orientación. Las distorsiones del espacio visual distante se corrigen en la percepción en grado muy considerable. Vemos las cosas en las dimensiones y estructura del área manipulatoria. Ahora bien, está claro que esto puede llevarse a cabo en la experiencia inmediata si existe en la percepción un mecanismo que nos permita adoptar la actitud del objeto distante. Es la visión de la cosa física distante la que estimula al organismo a adoptar su actitud de resistencia, que es el sentido que tiene ver un objeto sólido. La visión de una cosa física en cualquier punto de nuestro campo de percepción nos sitúa a nosotros allí, además de donde estamos, y de hecho lo hace porque nos sigúa donde estamos. Frente a la tendencia a moverse hacia el objeto distante o en dirección contraria a él, y por encima de esa tendencia, la ubicación inmediata en el espacio perceptual implica la presencia de una cosa en ese punto, y la presencia de una cosa más allá del estímulo de acercarse o de apartarse conlleva el carácter de acción de la cosa en ese punto: su resistencia activa, que se ha tomado prestada, como he dicho, de las respuestas del organismo.

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Notas de la edición original 

(1). Las secciones (A) y (B) de este ensayo son explicaciones paralelas tomadas de dos manuscritos diferentes.





Notas del traductor
(i) Vemos aquí una extensión o paralelo de la teoría de Mead referente a la constitución de la identidad personal (self ) en el ser humano, tal como se describe más por extenso en Mind, Self and Society. Sucintamente, podemos decir que se adquiere una identidad personal (vale decir una interioridad humana) mediante la autoafección que repite, en un teatro de estímulos relaciones internas, el teatro social de estímulos y relaciones externas. La autoafección mediante un signo comunicativo que afecta al sujeto que lo emite a la vez que a otros sujetos es un elemento crucial para la adquisición de esta interioridad o subjetividad compleja (ver también más adelante el ensayo suplementario V, "La génesis de la identidad personal y el control social").  Ahora, en la descripción del origen de la sensación física táctil, una teatralidad semejante, o mediatización reflexiva del sujeto para la constitución de la experiencia, se aplica a una modalidad de la experiencia mucho más básica, y no parece que pueda restringirse esta descripción a la sensibilidad táctil humana. Vemos por tanto las raíces de esta autoafección cognitiva, y de la importancia de la reflexividad, en una modalidad de experiencia sensorial básica y puramente "física" (pero ya también perceptual, y por tanto cognitiva y semiótica—y en esta insistencia en la mediación semiótica de la experiencia está la importancia de la teoría de Mead para pensar tanto el origen de la subjetividad como de la experiencia en general, y de la semiosis).

(ii) "The band that is pressing the thing"—se refiere Mead a "la parte de la superficie del organismo que está apretando contra algo" y que, en su interpretación, crea en la mente una sensación como si esa parte del cuerpo estuviese siendo apretada por la mano, por otra parte del propio organismo. Puede compararse el análisis de la percepción ofrecido en el capítulo I.i del Leviathan de Hobbes ("Of Sense") para ver hasta qué punto se situá la reflexión de Mead en la tradición más venerable del empirismo anglosajón, y no solamente en la escuela de psicología fisiológica de Wundt, o en la fenomenología de la percepción de Dilthey, que también se cuentan entre sus influencias intelectuales. En ese capítulo, Hobbes apunta de modo perspicaz a la constitución mental del objeto (y por tanto del mundo) como resultado de la reacción del organismo a impulsos externos que no son "sensoriales" hasta que el organismo los convierte en tales en un proceso que podríamos asimilar a la autopercepción o autoafección aquí descrita por Mead.

(iii) Compárese esta descripción de Mead con los recientes estudios de un fenómeno cuya existencia en ningún caso pudo sospechar, pero que viene a confirmar en cierto modo de manera acabada esta descripción del papel del cerebro en la constitución del objeto y de la conciencia de él. Me refiero al sistema cerebral de las neuronas espejo, presente en grado variable en los primates y quizá en otros animales superiores, y que se activa —con la correspondiente inhibición simultánea— al contemplar un actividad de percepción, de ingestión o de movimiento intencional en un sujeto que esté siendo observado por el sujeto en cuestión. Lo que deseo subrayar es la simultaneidad de activación y de inhibición en la constitución de un objeto intencional elaborado, en este caso el de la intencionalidad de otro individuo. Puede leerse más sobre neuronas espejo en mi artículo "Interacción internalizada", y en diversas fuentes primarias como Mirror Neurons and the Evolution of Brain and Language, ed. Maxim I Stamenov y Vittorio Gallese (Advances in Consciousness Research, series B, 42; Amsterdam: John Benjamins, 2002). Vittorio Gallese presenta en vídeo algunas ideas centrales en "From Mirror Neurons to Embodied Simulation: A New Perspective on Intersubjectivity." Neuropsychoanalysis Lecture Series. Viddler-NPSA 17 dic. 2010.
    http://www.viddler.com/explore/npsa/videos/20/
    http://videos.benchfly.com/explore/npsa/videos/21/
    2011
El capítulo de Matthew Ratcliffe "Phenomenology, Neuroscience and Intersubjectivity," en Companion to Phenomenology and Existentialism (ed. Hubert Dreyfus y Mark Wrathall; New York: Wiley; Oxford: Blackwell, 2006) establece una relación de estos avances en neurología con las reflexiones de la tradición fenomenológica. Ver también Marco Iacoboni, Mirroring People: The Science of Empathy and How We Connect with Others (2008; New York: Farrar, Straus and Giroux-Picador, 2009) y el artículo de la Wikipedia sobre las neuronas espejo.  En las "actitudes" de la psicología de I. A. Richards (ver mi artículo "Intersubjetividad corporeizada") vemos otra teoría de un coetáneo de Mead que pone un importante énfasis en los impulsos corporales potenciales, inhibidos o bloqueados, a la hora de constituir la experiencia, en este caso la experiencia artística y la representación.

(iv) Obsérvese esta radical reinterpretación de la "esencia" de un objeto físico, o más bien, en la tradición empirista Lockeana, de sus "cualidades primarias", que pasan aquí a ser también secundarias, referidas al organismo-sujeto y a su capacidad de acción sobre el objeto. La materia, tal como la reinterpreta Mead, es un tipo de respuesta dada por el organismo al entorno, respuesta siempre mediatizada por sus capaciades de acción en ese entorno, y por la inhibición de sus propios impulsos de acción o "actitudes" bloqueadas. Podríamos ver este análisis de Mead, en clave desconstruccionista, como una redefinición paradójica de lo "subjetivo" y lo "objetivo", o de la "voluntad" y el "mundo", buscando a ambos una base común en la experiencia de autorregulación del sistema nervioso del organismo en su respuesta tanto a sí mismo y su propia actividad como a impulsos sensoriales más directos; el objeto y la actitud subjetiva hacia él, por no hablar del propio sujeto o su autoconcepto, son así fenómenos emergentes a partir de un nivel de acontecimientos que deben ser descritos a un nivel de análisis diferente. Observemos que la teoría de la percepción de Mead es perfectamente consistente con otras teorías ecológicas de la percepción y de la constitución mental de objetos como la del umwelt relativista de las diferentes especies propuesta por la biosemiótica de von Uexküll, o la más reciente de Donald D. Hoffman referida a la construcción del mundo visual como una interfaz. (Ver "La teoría de la interface de la percepción" en La Nueva Ilustración Evolucionista).

(v) Aquí Mead quizá lleva demasiado lejos la "personificación" del objeto, atribuyéndole actitudes, pero no olvidemos que es un objeto constituido en el seno del propios sujeto, y que así juega un papel en este drama interno de diferenciación del propio cuerpo y del mundo. Obsérvese por cierto la continuidad de este análisis dramatúrgico de la percepción con ese otro análisis dramatúrgico de la constitución del yo como objeto social, que constituye una de las mayores aportaciones de Mead al interaccionismo simbólico. Pueden verse al respecto, además de la exposición de Mead en Mind, Self, and Society, los capítulos correspondientes del libro de Joel M. Charon Symbolic Interactionism (resumido aquí en "El interaccionismo simbólico"). En el pensamiento de Mead, la sociabilidad e influencias mutuas permean desde la constitución del mundo físico hasta la percepción y la consciencia, la identidad personal, y por supuesto las estructuras e instituciones sociales.

(vi) No parece estar bien justificada la restricción que hace Mead de este carácter de la cosa física a la experiencia que de ella tiene la comunidad humana. Buena parte de estos caracteres de los objetos parecen provenir de una fase anterior de la evolución, y ser comunes a la experiencia de los vertebrados, y más especialmente a los que gozan de capacidades manipuladoras como los primates. También pueden corresponder al menos algunas de sus principales características a la experiencia de animales con capacidad manipuladora menos emparentados con el ser humano, como los elefantes, pulpos, y otros. Hay una ontología corporal también asociada a las mentes animales, de tal modo que podemos decir que las bases de la subjetividad compleja se sientan con la mera existencia de la percepción.

(vii) Hay una errata en el texto original que confunde el sentido; donde dice "The second character the object undoubtedly borrows from the organism, in becoming an object, that of actually or potentially acting upon the organism from within itself", debería decir "The second character the object undoubtedly borrows from the organism, in becoming an object, IS that of actually or potentially acting upon the organism from within itself". Para aclarar mejor el sentido del texto aíslo en párrafos distintos cada uno de estos caracteres prestados del objeto, el primero y el segundo. Ignacio Sánchez de la Yncera también ha detectado esta errata en su traducción, aunque difiere algo en la interpretación de la misma.







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sábado, 4 de julio de 2015

Explicación de la Visión Rayos X


Sucede, especialmente en verano pero también en invierno, que muchos hombres desarrollan una visión rayos X, de función especializada, capaz de ver en concreto a través de la ropa de las mujeres, no con toda la claridad que podría encontrarse en Supermán, pero sí la suficiente como para proporcionar una percepción bastante clara de la ropa interior que usan ellas. Por cierto, no hay suficientes datos que indiquen que las mujeres también puedan desarrollar este tipo de visión, y todo hace pensar que en los casos en que se dé la claridad de la imagen es mucho más imperfecta.

A la estacionalidad veraniega, y a la división por sexos, contribuyen varias cosas. Primero, obviamente, la mayor ligereza de las ropas de verano y quizá una tendencia femenina (no estadísticamente comprobada) a llevar ropa interior de colores vivos junto con una frecuente tendencia a los colores claros en la ropa exterior. Esto explicaría la nitidez especial de algunos casos. Es sabido por otra parte que la ropa de mujer tiende de por sí a la transparencia o translucidez, especialmente en verano, y que una parte importante de lo que caracteriza a la feminidad del atuendo es su inestabilidad—zapatos de mal equilibrio y andares raros, faldas que se descolocan, escotes que se abren más de lo supuestamente previsto, etc. Todo esto tiende a favorecer la visión en rayos X. Es, podríamos decir, su interpretación simple o materialista. Son hechos bien conocidos, siquiera intuitivamente, y para muchas personas esta interpretación materialista es explicación suficiente del fenómeno.

Suficiente, esto es, si le añadimos un ingrediente que venimos presuponiendo nosotros y estos intérpretes "materialistas": la calenturienta imaginación, en invierno y en verano, del varón que aplica su mirada punteada a esas señales casi imperceptibles, cuando no emitidas con luces de neón.

A la interpretación materialista quiero sumarle la idealista, o constructivista, pues también puede haber idealismo en estos asuntos, y es constructivo intentar verlo así. Y en esta referencia a la imaginación calenturienta del varón vemos un primer paso hacia una visión más idealista del fenómeno—una visión en la que interviene no sólo el objeto y sus supuestas objetividades, sino el sujeto y su acción activa en la construcción del objeto (no sólo de la mujer-objeto).

Me refiero a que el campo visual no es, frente a lo que nos podría hacer suponer la "visión materialista" de la visión, un fiel reflejo de lo que hay "ahí delante."  La visión no es mimética sin más—o, si prefieren, la mímesis no es "fotográfica" o literalista, sino resultado de un proceso de construcción. Lo que vemos no es el mundo real. Diría que es el fondo de nuestra retina —por mucho que parezca estar allí delante.  Pero es que ni siquiera eso. Ateniéndonos a la interpretación Matrix de la neurología cognitiva, lo que vemos es un sistema de representaciones generado por el cerebro. Son bien conocidas las ilusiones ópticas por las cuales construimos los colores de las cosas en un proceso interpretativo relacional, por ejemplo en el tablero de ajedrez de Adelson.

Por el mismo procedimiento, la activación de la visión rayos X produce, de por sí, una mayor inestabilidad en el objeto percibido. Éste se descompone y recompone en un puzzle de posibilidades de percepción, y el cerebro mismo aporta las imágenes más relevantes para la construcción de la Gestalt buscada. Es decir, hay un continuo entre todos estos fenómenos que hemos mencionado como input material objetivable, y la activación de esquemas selectivos y de atención que no obedecen a la aportación del objeto, sino a la del sujeto.  Hay una retroalimentación entre diversos contenidos procedentes de la memoria, de la proyección de esquemas predictivos y anticipativos, y de patrones de atención sin más—que no sólo potencian la información relevante,  también en bucle retroalimentativo, sino que (en una maniobra inversa) silencian o pasan al trasfondo la información no deseada— pongamos, en este caso, la existencia de una falda insuficientemente transparente. La atención filtra una ligera variación de tonos en la ropa, un juego de pliegues ligeramente irregular. Y, presto, la falda se vuelve más transparente, o la blusa desaparece.





Esta visión en rayos X no es sino un caso especialmente llamativo de un proceso más general por el cual construimos, proyectivamente, la realidad que habitamos.  Los objetos (estromas, que dice Gustavo Bueno) que constituyen nuestro mundo cognitivo no vienen de fuera, sino que son de modo generalizado el resultado de una interacción entre la información sensorial y su organización cognitiva. Los antiguos creían que el ojo "proyectaba" la luz sobre el objeto, o su imagen misma, a modo de una pequeña cámara cinematográfica de las que no conocían. Quizá sea una manera ingenua pero intuitiva de reconocer este hecho que va más allá de la visión rayos X: la visión Matrix, que crea la ilusión de una realidad por la que moverse, una realidad que nos parece física, cuando en realidad es informacional e interaccional. Relegamos la atención prestada a la realidad física, y pasamos a habitar en una realidad de naturaleza informacional, una realidad aumentada generada  por este Google Glass que llevamos incorporado: habitamos un mundo simbólico construido por nuestro acondicionamiento cultural, nuestros esquemas interaccionales, y nuestros hábitos perceptivos— y lo retroalimentamos, lo construimos continuamente, con nuestras expectativas y nuestra imaginación, a modo de predicción autocumplida.

De ello parece seguirse, también, que la capacidad y agudeza del visionado en rayos X puede desarrollarse con la práctica, y que sin duda hay auténticos expertos en ello, con superpoderes que apenas columbramos.





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martes, 21 de abril de 2015

Arqueología de la mente e historias de detectives

Un comentario pongo en el post "Arqueología de la mente" de Bermúdez de Castro:


"Los objetos, como las herramientas de piedra, llevan un sello indeleble de la mente que los creó." Sí, pero ¿cuál es la naturaleza y significado de ese sello? Eso requiere interpretación, no es evidente. Podríamos decir que "un objeto contiene una historia, pero es una historia que tenemos que contar nosotros." Decir que "un objeto cuenta una historia" es otra manera de decir que "un objeto tiene una historia". Claro que la gente puede contar todo tipo de historias por medio de los objetos, pero eso solo significaría que los objetos pueden reciclarse para usos nuevos. Cuando hablamos de la historia que cuenta un objeto, nos referimos no a cualquier historia que se pudiese contar usando el objeto como ayuda o excusa, sino más bien una historia que está necesariamente estructurada en torno a la especificidad del objeto, no en torno a la individualidad del narrador de la historia.  Sería la historia que hay que contar necesariamente para entender el objeto; no cualquier historia que pudiese narrar el narrador, sino la historia que necesita precisamente ese objeto, y no otro, para ser contada. Esto no es decir que la individualidad de quien cuenta la historia no pueda interactuar de modo fructífero con la especificidad del objeto (o con su historicidad, podríamos decir), revelándola para hacer el objeto legible y comprensible para  la gente que antes no podía ver la historia o significado contenidos en el objeto, la historia "contada por el objeto". El relato contenido en un objeto es por tanto el relato que puede interesar a cualquiera que quiera saber más sobre la historicidad de ese objeto, la historia que le es inherente. O, en última instancia, es el relato que se refiere a cualquiera que esté interesado en comprender la historicidad inherente en cada uno de los objetos de este mundo, y en cada una de sus personas. La gran historia que todos tenemos en común con el objeto, y con quien lo interpreta y nos cuenta una historia sobre él. Todo significado está sujeto a debate, claro, pero ese debate también es parte de la historia. Los relatos de detectives contienen dos historias entretejidas: la de cómo se cometió el crimen, y la de cómo se descubrió lo realmente sucedido.


 
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sábado, 8 de septiembre de 2012

The Lives of Objects


Un call for papers del Centre for Narrative Research de Londres:

"The Lives of Objects"

20-22 September 2013


Oxford Centre for Life-Writing, Wolfson College, Oxford


Deadline for abstracts: 31 January 2013



The Oxford Centre for Life-Writing (OCLW) exists to encourage practice and

research in life-writing in all forms, from biography to autobiography,
diaries to blogs, letters to memoirs. It is directed by renowned biographer
Professor Hermione Lee, associate-directed by eminent colonial scholar
Professor Elleke Boehmer, administered by literary historian Dr Rachel
Hewitt, and is based at Wolfson College, Oxford. From 20-22 September 2013,
OCLW will hold its first major triennial conference, on the subject of 'The
Lives of Objects'.



The application of life-writing to objects lies at the heart of many

recently published biographies, memoirs and histories, including Neil
MacGregor's *A History of the World in 100 Objects* (2010), Edmund De
Waal's *The Hare with Amber Eyes: A Hidden Inheritance *(2010), Steven
Connor's *Paraphernalia: The Curious Lives of Magical Things *(2011), Mark
Kurlansky's *Salt: A World History *(2003) and Lorraine Daston's *Biographies
of Scientific Objects *(2000). Biographies of objects raise important
methodological issues pertinent to life-writing, regarding narrative,
structure and chronology; the representation of change and improvement; and
the influence of objects in human lives, communities and material history.
The study of 'object biographies' continues to generate fruitful areas of
academic research, including Bill Brown's work on 'thing theory' (2001);
Chris Gosden and Yvonne Marshall's 1999 study of 'the cultural biography of
objects' (in relation to archaeology); and explorations of value and
exchange of objects in cultural and material history, such as the essays
included in Arjun Appadurai's edited volume *The Social Life of Things:
Commodities in Cultural Perspective *(1986).

The 'Lives of Objects' conference will be an interdisciplinary,

international event, inviting 20-minute papers from a wide range of
backgrounds. Papers may offer biographical accounts of particular objects
(including, but not limited to, portraits, sculpture, scientific
instruments, archaeological finds, domestic artefacts and items of
clothing). The organisers also invite papers that reflect on the
methodology of object biographies or outline existent projects concerned
with objects' lives; papers considering the influence of life-writing on
material history and/or archaeology; papers exploring the relationship
between curating and auto/biography; the history of the book; the history
of museums; and any other facets of the conference theme. The organisers
also invite submissions for an informal workshop, in which delegates will
present and discuss the lives and meanings of individual objects.

The conference will comprise panels of 20-minute papers, four plenary

lectures, visits to the Ashmolean Museum and other museums in Oxford, and
the objects workshop. A number of postgraduate bursaries will be provided
to help contribute towards the costs of the conference registration,
accommodation and travel (tbc).

*Confirmed plenary speakers include Jenny Uglow and Edmund De Waal. *


Please submit a 200-word abstract of your conference paper or poster

session (making it clear which format your submission will take) by 31
January 2013 to OCLW's Research Fellow and Administrator, Dr Rachel Hewitt
(rachel.hewitt@wolfson.ox.ac.uk). Please provide details of your contact
details and institutional affiliation, if any. You will be informed by
email by Friday 15 March 2013 whether your paper or submission has been
accepted. Registration for the conference will open shortly afterwards.


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Ver también: El último testimonio humano se conservará en órbita




domingo, 2 de septiembre de 2012

Deep Future of Things


Desembarcando en Zaragoza, encontramos la casa mayormente intacta, con sólo ese olor a casa que lleva cerrada un tiempo. Y encendiendo los ordenadores, poniendo en marcha los grifos y viendo los libros ordenados en los estantes, nos preguntamos cuántos años podría pasar la casa cerrada si no volviésemos más. Y cuánto duraría cada cosa—cuál empezaría a decaer antes, a qué aparato de música se le atascaría antes el disco, o cómo irían decayendo los archivos del ordenador. Qué libros (podrían mostrárnoslo iluminándolos en la estantería) serían los que habrán sido destruidos para el año 2050, cuáles seguirán existiendo en 2100, cuáles (muchos menos, si alguno) en el año 2500. Qué objeto (seguramente el más simple—el calendario metálico, la cruz egipcia) será el último en sobrevivirnos, en el futuro lejano. En qué año, en qué siglo, podrá todavía encontrarse el último objeto que ha pasado por nuestras manos—un objeto insignificante ya, pues habrá desaparecido la historia que lo convierte en lo que es ahora, y probablemente nadie le preste ninguna atención. Nuestros objetos nos sobrevivirán, en su mayor parte—de eso cabe poca duda. ¿Pero cuáles, y dentro de cuánto, irán a parar a manos de alguien que se pregunte de dónde habrán venido, y qué podrían contarle, si pudieran hablar o si llevasen su historia inscrita? Como la llevan para nosotros. Pinzas en espera¿En qué año desaparecerá del mundo la última foto que quede, en la que estemos delante o detrás de la cámara? ¿Cuándo se oirá nuestro nombre por última vez—o en qué momento del futuro desaparecerá la última de las frases que escribimos un día como hoy? No es sólo que nadie lo sepa—es que nunca nadie lo sabrá, porque el olvido final termina antes de empezar siquiera.


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Estaba yo en estas reflexiones cuando tropiezo con el principio de Sunset Park, de Paul Auster—sobre un limpiador de casas abandonadas:


For almost a year now, he has been taking photographs of abandoned things. Thare at least two jobs every day, sometimes as many as six or seven and each time he and his cohorts enter another house, they are confronted by the things, the innumerable cast-off things left behind by the departed families. The absent people have all fled in haste, in shame, in confusion, and it is certain that wherever they are living (if they have found a place to live and are not camped out in the streets) their new dwellings are smaller than the houses they have lost. Each house is a story of failure—of bankruptcy and default, of debt and foreclosure—and he has taken it upon himself to document the last, lingering traces of those scattered lives in order to prove that the vanished families were once here, that the ghosts of people he will never see and never know are still present in the discarded things strewn about their empty houses...





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