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domingo, 22 de marzo de 2020

Se jodió la fiesta caníbal






(De 'La Conquista de México' de Iván Vélez, p. 174-76) 

Como se recordará, Cortés había dejado a Pedro de Alvarado con un centenar de soldados bien provistos de pólvora. En el palacio de Axayácatl habían quedado acuartelados ochenta soldados, catorce escopeteros, ocho ballesteros y cinco caballos, a los que se sumaba cierto número de tlaxcaltecas. En su mayoría eran hombres sospechosos de permanecer fieles a Velázquez. Entre ellos estaban el religioso Juan Díaz y Alonso de Escobar, capitán de uno de los barcos que partieron de Cuba, que quedó al cuidado del tesoro. También permanecieron en la ciudad Bernardo Vázquez de Tapia y Fransico Álvarez Chico. Antes de su partida, Cortés había autorizado la celebración de la fiesta del tóxcatl. El festival duraba varias jornadas, durante las cuales se sucedían las danzas o areitos. Su culminación llegaba con el sacrificio de un bello joven, el tlacauepan, que había sido cuidadosamente escogido y preparado durante todo el año. El tlacauepan encarnaba al voluble y burlón dios Tezcatlipoca, cuyo emblema era un espejo de obsidiana. Antes de su sacrificio, al muchacho se le cortaba el cabello y se le vestía con ropas de guerra. Varias mujeres le rodeaban mientras era preparado para el último trance, que tenía lugar en el templo de Tlacochcalco, en la isla de Tepeluco, cerca de Iztapalapa, hasta donde ra conducido a bordo de una canoa. Una vez allí, el 'tlacauepan', con la cabeza emplumada y el cuerpo pintado, subía por su propio pie la escalinata. Ya en la plataforma, debía romper la flauta que portaba antes de ser sacrificado. En ese momento, el sonido de las nuevas flautas era la señal para que comenzara una gran danza en el Templo Mayor. Los bailarines, todos hombres pertenecientes a los más distinguidos estratos de la sociedad mexica, iban ricamente vestidos y adornados con joyas de oro, jade y turquesa. Con las cabezas ceñidas por penachos de plumas, danzaban cogidos de la mano, formando círculos concéntricos, envueltos por cánticos sagrados y por el sonido de atabales, flautas, caracolas y huesos horadados. El baile principal era el macehualixtli, que, según Gómara, quiere decir "merecimiento con trabajo". Un término, maceualixtli, derivado de macehual, es decir, 'labrador', que denota el carácter de esta fiesta celebrada en mayo. 

Aunque contaba con la aprobación de Cortés para celebrar la fiesta, Moctezuma consultó a Alvarado. Este, según Gómara, le dio su aprobación "con tal que en el sacrificio no interviniese muerte de hombres ni llevasen armas", condiciones que desvirtuavan por completo la ceremonia, pero que eran plenamente coherentes con las coordenadas religiosas y militares del capitán español. En medio del baile, en el que participaban seiscientos nobles, Alvarado y sus hombres irrumpieron en el patio y masacraron a lo más granado de la nobleza mexicana. Cada una de las tres puertas del recinto quedaron bloqueadas por una decena de españoles. Entonces, Alvarado entró en la plaza con cincuenta hombres. Allí, "sin duelo ni piedad cristiana los acuchilló y mató, y quitó lo que tenían encima". Las palabras pertenecen también a Gómara, que no obstante, añadió esta reflexión sobre tan sangrientos hechos: "Si fue de su cabeza o por acuerdo de todos no lo sabría decir; más de que unos dicen que fue avisado de aquellos indios, como principales de la ciudad, se habían juntado allí a concertar el motín y rebelión que después hicieron; otros, que al principio fueron a verlos bailar baile tan loado y famoso, y viéndolos tan ricos, que se acodiciaron al oro que traían a cuestas". Cervantes de Salazar, que sigue a Gómara, consideró que aquella carnicería vino motivada por la sospecha que tuvieron los españoles de que los mexicas, aprovechando la celebración de aquella fiesta, conocedores de la flaqueza de la guardia española y envalentonados por la ausencia de Cortés, pretendían rebelarse. Es muy posible que los tlaxcaltecas, ansiosos de vengarse de los mexicas, excitaran los ánimos de los españoles. A ello hay que unir el hecho de que las indias entregadas a los españoles para su servicio habían puesto muchas ollas al fuego para cocer los cuerpos de sus amos. Ellas fueron las que, al parecer, confesaron que los danzantes tenían escondidas muchas armas cerca del templo, con las que pretendían atacar a los blancos. Cervantes concluyó su capítulo con esta afirmación: "Fue digno castigo de que el sueño se les volviese al revés y pagasen por la pena del talión".





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domingo, 15 de septiembre de 2019

Teatro viviente de la crueldad




Wade, Lizzie. "Feeding the Gods: Hundreds of Skulls Reveal the Massive Scale of Human Sacrifice in the Aztec Capital." Science 21 June 2018.*

         https://www.science.org/content/article/feeding-gods-hundreds-skulls-reveal-massive-scale-human-sacrifice-aztec-capital

         2022

 

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miércoles, 27 de marzo de 2019

Whatsapp contesta a López Obrador

Recibido por Whatsapp:

https://okdiario.com/espana/presidente-mexico-pide-rey-que-disculpe-conquista-america-3895825

El presidente de México pide al Rey que se disculpe por la conquista de América

El presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, ha enviado una carta al Gobierno español con la intención de que el Rey pida disculpas por los atropellos que considera que se cometieron durante la conquista de América.

La misiva ha sido enviada al Ministerio de Asuntos Exteriores, Unión Europea y Cooperación, que aún no ha respondido, unos meses después de que tanto el presidente, Pedro Sánchez, como Felipe VI visitaran México en enero y diciembre, respectivamente.

Al parecer, de acuerdo con El País, la intención de López Obrador es que las autoridades españolas reconozcan los abusos cometidos durante la conquista para lograr una especie de reconciliación histórica de cara a 2021, cuando se cumplirán 200 años de la independencia de México.

El mandatario mexicano tendría previsto abordar este tema en un acto que se celebrará a las 15.45 horas (22.45 hora peninsular española) en la localidad tabasqueña de Centla para conmemorar, precisamente, el 500º aniversario de una batalla contra las tropas españolas.


IGNORANTE SUPINO PRESIDENTE DE MÉJICO,  DESCENDIENTE DE ESPAÑOLES, DEBERIA SABER QUE ES UNA GROSERA Y GROTESCA BARBARIDAD HABLAR DE "DERECHOS HUMANOS" ENTRE LOS AZTECAS, QUE SACRIFICABAN EN VIVO A MILES DE DESGRACIADAS VÍCTIMAS DE LOS PUEBLOS SUBYUGADOS Y A OTROS MILES LOS DESPELLEJABAN EN VIVO Y EN DIRECTO.

LA LEYENDA NEGRA HA HECHO ESTRAGOS EN MILLONES DE VÍCTIMAS DE GENTES DE MENTE DÉBIL Y ESCASA.



https://de10.com.mx/top-10/2016/10/24/los-sacrificios-humanos-durante-el-imperio-azteca



LOS SACRIFICIOS HUMANOS DURANTE EL IMPERIO AZTECA



https://www.youtube.com/watch?v=MS2Ng4-Oils

Sacrificios humanos aztecas, documental


https://www.youtube.com/watch?v=FNr-74KiCkg

https://youtu.be/CDBkUII5ZGg




Sacrificios humanos en la América precolombina

https://es.wikipedia.org/wiki/Sacrificios_humanos_en_la_Am%C3%A9rica_precolombina


https://www.abc.es/historia/abci-crueles-practicas-canibales-aztecas-aterraban-hernan-cortes-201712120132_noticia.html



Las crueles prácticas caníbales de los aztecas que aterraban a Hernán Cortés
Desde que tuvo contacto con los mexicas en 1519, el extremeño vio con asombro cómo los nativos sacrificaban cientos de seres humanos, troceaban sus cadáveres y cocinaban las diferentes partes con verdura antes de comérselas

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https://www.youtube.com/watch?v=CDBkUII5ZGg





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martes, 13 de septiembre de 2016

Canibalismo neandertal, y sapiens

Un comentario que pongo en el artículo "Canibalismo entre los neandertales", de José María Bermúdez de Castro.


Sobre el canibalismo entre neandertales y sapiens... me parece que no hay por qué considerarlo un rasgo de primitivismo en los neandertales frente a los sapiens, pues no creo que haya habido diferencias. O sí, más bien bastantes, pero no en cuanto a que ambas especies han practicado abundantemente el canibalismo. Podría parecer que el canibalismo de los propios muertos por causas naturales fuese adaptativo, en el sentido de aprovechar más los recursos (así, ni muertos dejan de contribuir a la provisión de carne del grupo). Pero podría tener otras contrapartidas indeseables, como las infecciones, etc. A veces los cadáveres no están muy sanos. Por otra parte, si se le coge gusto gastronómico a la propia especie, hay menos distancia que recorrer para cazar y comerse a los del grupo vecino, si los pillamos distraídos. Esto ya tiene un valor adaptativo más discutible y dudoso—pues aquí ya se nos multiplican los depredadores en el vecindario. Y otro pasito más lleva a matar a los débiles o niños del propio grupo en caso de necesidad, para comérselos. No hay que ser un ogro para hacerlo; algunas tribus americanas tenían granjas de esclavas destinadas a producir niños para el consumo de los propios padres. Seguro que el propietario de muchas esclavas tenía gran consideración entre sus vecinos; los sapiens somos así. Por cierto que el canibalismo ha estado bastante más extendido entre las tribus primitivas de lo que parece suponer el artículo de Bermúdez de Castro; ha durado hasta hace pocas décadas en lugares de Nueva Guinea y el Pacífico, por no hablar de Rusia durante la gran hambruna comunista. Y no olvidemos a los aztecas, el gran imperio caníbal, un ejemplo monstruoso que nos recuerda que no sólo en culturas tribales y analfabetas puede darse el canibalismo gastronómico organizado. Es instructiva la lectura de las memorias muy vívidas y detalladas de Bernal Díaz del Castillo, la Historia Verdadera de la Conquista de la Nueva España, donde se echa de ver que el canibalismo azteca (y el de sus vecinos) no era un mero ritual comulgatorio, sino una costumbre culinaria bien enraizada. En el caso del Homo sapiens, va unido a la competencia entre grupos diferenciados culturalmente, o a la opresión de grupos esclavizados o tribus sojuzgadas. Quizá entre los neandertales, más dispersos, fuese más una costumbre familiar, aunque no dudo de que echarían mano de cualquier forastero errante tratándolo como caza mayor. Matar al forastero (y con frecuencia comérselo) ha sido la regla hasta el desarrollo de la hospitalidad en una fase bastante más pastoral y civilizada de la cultura humana. En algunos sitios no llegaron a desarrollar esa hospitalidad los Homo sapiens. Entre los neandertales, dudo mucho que se diese en ningún caso.
asaro


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sábado, 9 de abril de 2016

The functionality and dysfunctionality of human sacrifice




A commentary of mine to a post in Cliodynamica:

A notorious example of dysfunctionality and the way it is “selected out”. The Mexican massive human sacrifices seem to have involved not only the downtrodden but also many aliens, imported slaves, captive warriors, tribute hostages from neighbouring tribes… were used as an instrument of domination by the Aztecs, and maybe did provide a measure of symbolic social unity, as a mode of “living tragedy” among other ways. But their systematic nature provoked such a degree of resentment among their neighbours (who also practised human sacrifice and cannibalism by the way) that they were more than ready to join Cortés and the Spaniard invaders in order to overthrow the Mexican empire. The ritual was functional at a given stage of development and imperial expansion, but a new player in the game disrupted the play of forces.

One has to add that the functionality of human sacrifice in this culture was complemented with cannibalism—a meat-rich diet for the warriors and the élites which no doubt helped promote their predatory efficiency on neighbouring tribes, in the peculiar Mexican ecosystem, in which humans were the only existing form of cattle and beasts of burden—yet another factor which changed with the arrival of the Spaniards.




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miércoles, 14 de octubre de 2015

Aliados con los caníbales


Pongo un comentario en el post de Crónicas Bárbaras "Los españoles ante los caníbales"—donde se sigue dando vueltas a la justificación de la invasión española de México y a la barbarie de los indígenas, y a si estos eran caníbales o no:

Para ser más exactos, los españoles tuvieron que aguantar que sus aliados (también caníbales) siguieran practicando el canibalismo con las víctimas aztecas de las batallas, mientras se decidía la guerra con los aztecas, pues no estaban en condiciones de poner condiciones. Lo de los 15 gramos había que estar allí para pesarlo, sin duda. Las pirámides de calaveras y los testigos oculares dan otro testimonio.

Es cierto, por otra parte, que no había por qué conquistarlos ni atacarles. Se les podría haber propuesto, también, una alianza de civilizaciones. Pero no eran las costumbres de la época. Y es más que probable que también hubieran muerto a millones por las epidemias (véase Jared Diamond, 'Guns, Germs, and Steel').

Sin duda, la civilización azteca era muy meritoria en muchos aspectos—tenían maravillosa artesanía, organización avanzada, gran arquitectura y urbanismo, tecnología ingeniosa, literatura y bellas artes plásticas. Moctezuma puede que desayunase bebés, como plato favorito, pero era un hombre muy educado y todo un caballero, de eso quedan testimonios unánimes. Y hasta en Apocalypto, que no es precisamente pro-azteca, pueden apreciarse algunas de estas virtudes locales. Ahora bien, todos estos adelantos culturales también los tenían los nazis y no suele uno deshacerse en elogios ante ellos, diciendo, "vale, se dice que mataron a millones de judíos y que eran crueles, pero no se olviden Vds. de las películas de Leni Riefenstahl, y de esos preciosos Messerschmitt..." —etc. Más bien se dice, "Leni Riefenstahl filmaba bien, y los Messerschmitt estaban bien diseñados, pero...".

A los aztecas, el sentimentalismo progre europeo y la patriotería americana—y el odio a España y a la Hispanidad—han llevado a aplicarles esta otra perspectiva, la de pobres víctimas de la historia. No, si es para pensar que la historia no la escriben sólo los vencedores, ni tan siquiera los vencedores y sus críticos—parece que se ha colado directamente algún azteca mal desayunado, entre los revisionistas.




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miércoles, 14 de mayo de 2014

El imperio azteca






(He cambiado el documental original, "The Aztec Empire", restringido ahora por derechos de autor).

 
Estamos leyendo, con los chavales, la Historia verdadera de la conquista de la Nueva España, de Bernal Díaz del Castillo—un libro fascinante tanto por el retrato de Cortés, como por la descripción del primer encuentro con los aztecas, y una historia de conquista entre fuerzas y números desproporcionados, que sería increíble de no ser porque sucedió. Y qué poco se estudia este libro en España o en cualquier otro sitio.  

El documental perpetúa algunos de los errores relativos a la imagen de la conquista, empezando por la creencia de que "Malinche" era una mujer—Malinche era Hernán Cortés, no su traductora. Y desde luego se infravalora la capacidad política y la inteligencia maquiavélica de Cortés, absolutamente pasmosas. 

En cuanto a los horrores del imperio azteca, apenas se pueden disminuir, pero aún se consigue aquí desacreditar al catolicismo y a los españoles antes que al imperio caníbal y a su religión de pesadilla.  El documental insiste en la moralidad y religiosidad de los aztecas, sin plantearse siquiera la posibilidad de que una moral puede ser inmoral para nosotros, y que una religión puede ser un tejido de falsedades y horrores sobre el que edificar un modo de vida inaceptable.



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domingo, 6 de abril de 2014

La Dieta de Tascala

Mucho se ha debatido el alcance del canibalismo en Mesoamérica. Sí, se acepta que en el Caribe había caníbales, una cosa tribal. Pero también parece que se confirma continuamente que los aztecas practicaban el canibalismo. Aunque este arqueólogo dice que era una cosa ceremonial para ricos, aristócratas y sacerdotes (quizá los otros no se podían permitir comer carne con frecuencia) y no parte de la dieta habitual. Y no sólo eran caníbales los aztecas, sino también los pueblos enemigos que tenían arrinconados en Puebla, como los tlaxcaltecas. Supongo que en México no gusta en exceso oír estas cosas, y muchos las asocian con fábulas inventadas por los malvados españoles (los auténticos ogros) para justificar la conquista. Ahora que abunda tanto allí la identificación fantasiosa con las culturas precolombinas, estas noticias de un imperio caníbal caen siempre de nuevas o se ven rodeadas de dudas. Gusta más a muchos pensar que la dieta de los mexicanos era básicamente vegetariana (y en gran parte lo era, no digamos que no). No es sólo que sea más agradable identificarse con ancestros cultos, dignos y portadores de una civilización avanzada y sostenible, sino que positivamente repugna (o me repugna a mí) la idea de una cultura organizada, compleja, comercial, cortesana y urbana, que a la vez cría gente como cerdos para comérselos. Más nazis que los nazis, vamos—eran estas culturas una ofensa ya no a los vegetarianos sino a lo que consideramos mínimamente humano, una civilización de ogros o de orcos, por decirlo en una palabra, y es triste que algún discurso anticolonialista actual, tendente al buenismo y al nativismo fashion, les dé cierta buena prensa. La realidad (y la humanidad) es más desagradable, claro, cuando se examina de cerca, y no hay tanta diferencia como parece entre el orco y el humano; incluso el nazi es demasiado humano. También la oposición antagónica de "los mexicanos nativos" contra "los españoles" como dos grupos enfrentados es simplista e ignora las profundas diferencias entre los indios mismos (entre el que come y el que es comido, por ejemplo).

Sin duda cada cultura encuentra maneras distintas de controlar la población y acomodarla a los recursos: los anticonceptivos y el aborto hoy, pero también con frecuencia el infanticidio, la guerra, el celibato masivo... Recordemos la fórmula típica en Occidente: un hijo a reproducir la propiedad y la familia, otro a la guerra (a que lo maten o quizá a que produzca proletarios, o más carne de cañón) y otro al monasterio, a cortar el flujo genético. Malthus hablaba de las epidemias como un medio involuntario pero espontáneo de control de la población, y de eso llevaron mucho los españoles a América. También las matanzas organizadas han sido, en tristes episodios de la historia humana, una solución de "equilibrio ecológico" entre la población y los recursos. A veces, por la vía de transformar la población en recursos consumibles.

Lo que encontraron Cortés y sus tropas en México fue una auténtica cultura organizada de la matanza: el canibalismo como opresión de clases, como depredación social sistemática, y como auténtica industria cárnica —nada de antiguos rituales ceremoniales y excepcionales sacrificios comulgatorios en homenaje a los antepasados; había un continuo entre el esclavo, la bestia de carga y el ganado de matadero. Pero gusta tan poco saberlo que no se difunden siquiera pasajes como éste de la Historia de Bernal Díaz del Castillo. Es un capítulo memorable escrito por un testigo presencial. Aquí ven los españoles, por primera vez, desde el volcán, las tierras de los aztecas y la ciudad de Tenochtitlán. De ésta les han hablados sus aliados los "tascaltecas", en un parlamento en que han pactado una alianza con los españoles para que les protejan de sus enemigos aztecas. Fue un parlamento o negociación menos famoso que la Dieta de Worms, pero no menos importante:


También dijeron aquellos mismos caciques que sabían de sus antecesores que les había dicho un su ídolo, en quien ellos tenían mucha devoción, que vernían hombres de las partes de donde sale el sol y de lejas tierras los sojuzgar y señorear; que si somos nosotros, que holgarán dello, que pues tan esforzados y buenos somos. Y cuando trataron las paces, se les acordó desto que les habían dicho sus ídolos y que por aquella causa nos dan sus hijas para tener parientes que les defiendan de los mexicanos. Y desque acabaron su razonamiento, todos quedamos espantados y decíamos si por ventura decían verdad. Y luego nuestro capitán Cortés les replicó y dijo que ciertamente veníamos de hacia donde sale el sol y que por esta causa nos envió el rey, nuestro señor, a tenelles por hermanos, porque tiene noticia dellos, y que plega a Dios que nos dé gracia para que por nuestras manos e intercesión se salven. Y dijimos todos amén.
  
Hartos estarán ya los caballeros que esto leyeren de oír razonamientos y pláticas de nosotros a los tascaltecas y ellos a nosotros; querría acabar ya, y por fuerza me he de detener en otras cosas que con ellos pasamos. Y es que el volcán que está cabe Guaxocingo echaba en aquella sazón que estábamos en Tascala mucho fuego, más que otras veces solía echar, de lo cual nuestro capitán Cortés y todos nosotros, como no habíamos visto tal, nos admiramos dello. Y un capitán de los nuestros que se decía Diego de Ordás tomole cobdicia de ir a ver qué cosa era y demandó licencia a nuestro general para subir en él, la cual licencia le dio, y aun de hecho se lo mandó, y llevó consigo dos de nuestros soldados y ciertos indios principales de Guaxocingo. Y los principales que consigo llevaba poníanle temor con decille que desque estuviese a medio camino de Popocatepeque [Popocatépetl], que ansí llaman aquel volcán, no podría sufrir el temblor de la tierra ni llamas y piedras ni ceniza que dél sale, e que ellos no se atreverían a subir más de addonde tienen unos cúes [adoratorios] de ídolos que llaman los teules [dioses, espíritus] de Popocatepeque. Y todavía el Diego de Ordás, con sus dos compañeros, fue su camino hasta llegar arriba, y los indios que iban en su compañía se le quedaron en lo bajo, que no se atrevieron a subir. Y paresce ser, según dijo después el Ordás y los dos soldados, que, al subir, que comenzó el volcán de echar grandes llamaradas de fuego y piedras medio quemadas y livianas y mucha ceniza, y que temblaba toda aquella sierra y montaña adonde está el volván, y que estuvieron quedos sin dar más paso adelante hasta de ahí a una hora, que sintieron que había pasado aquella llaamrada y no echaba tanta ceniza ni humo, y que subieron hasta la boca, que era muy redonda y ancha, y que habría en el anchor un cuarto de legua, y que desde allí se parescía la gran cibdad de México y toda la laguna y todos los pueblos que están en ella poblados. Y está este volcán de México obra de doce o trece leguas. Y después de bien visto, muy gozoso el Ordás e admirado de haber visto a México y sus cibdades, volvió a Tascala con sus compañeros. Y los indios de Guaxocingo y los de Tascala se lo tuvieron a mucho atrevimiento. Y cuando lo contaban al capitán Cortés y a todos nosotros, como en aquella sazón no lo habíamos visto ni oído como agora, que sabemos lo que es y han subido encima de la boca muchos españoles y aun frailes franciscos, nos admiramos entonces dello. Y cuando fue Diego de Ordás a Castilla lo demandó por armas a Su Majestad, e ansí las tiene agora un su sobrino Ordás, que vive en la Puebla. Después acá, desque estamos en esta tierra no le habemos visto echar tanto fuego ni con tanto ruido como al principio. Y aun estuvo ciertos años que no echaba fuego, hasta el año de mil e quinientos y treinta y nueve, que echó muy grandes llamas y piedra y ceniza.

Dejemos de contar del volcán, que agora que sabemos qué cosa es y habemos visto otros volcanes, como son los de Nicaragua y los de Guatimala, se podían haber callado los de Guxalcingo sin poner en relación. Y diré cómo hallamos en este pueblo de Tascala casas de madera hechas de redes y llenas de indios e indias que tenían dentro encarcelados y a cebo hasta que estuviesen gordos para comer y sacrificar. Las cuales cárceles les quebramos y deshicimos, para que se fuesen los presos que en ellas estaban, y los tristes indios no osaban ir a cabo ninguno, sino estarse allí con nosotros, y ansí escaparon las vidas. Y dende en adelante, en todos los pueblos que entrábamos lo primero que mandaba nuestro capitán era quebralles las tales cárceles y echar fuera los prisioneros, y comúnmente en todas estas tierras los tenían. Y como Cortés y todos nosotros vimos aquella gran crueldad, mostró tener mucho enojo de los caciques de Tascala y se lo riñó bien enojado, y prometieron que, dede allí adelante, que no matarían ni comerían de aquella manera más indios. Digo yo ¿qué aprovechaba todos aquellos prometimientos, que, en volviendo la cabeza, hacían las mismas crueldades? Y dejémoslo ansí. Y digamos cómo ordenamos de ir a México.


(Bernal Díaz del Castillo, Historia verdadera de la conquista de la Nueva España, capítulo LXXVIII)

Montaigne justificó el canibalismo de las culturas indígenas americanas comparándolo con otras crueldades cometidas por los europeos, y negándose así a ver esas culturas como más bárbaras o inhumanas que la suya propia. Barbarie por barbarie, es cierto, es difícil echar el cálculo. Pero eso no debería servir como justificación o excusa para exculpar, ignorar o minimizar el horror del canibalismo. Puede observarse que el derecho a no ser comido no figura siquiera en la declaración de derechos humanos. Por algo será.





La Dieta de Tascala en Ibercampus.


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