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miércoles, 8 de enero de 2025

I Hear an Army

by James Joyce




I hear an army charging upon the land,
And the thunder of horses plunging; foam about their knees:
Arrogant, in black armour, behind them stand,
Disdaining the reins, with fluttering whips, the Charioteers.

They cry into the night their battle name:
I moan in sleep when I hear afar their whirling laughter.
They cleave the gloom of dreams, a blinding flame,
Clanging, clanging upon the heart as upon an anvil.

They come shaking in triumph their long grey hair:
They come out of the sea and run shouting by the shore.
My heart, have you no wisdom thus to despair?
My love, my love, my love, why have you left me alone?
 
—oOo— 

Las ascuas de un crepúsculo morado

Crepúsculo morado

 (Antonio Machado)

 

 

Las ascuas de un crepúsculo morado
detrás del negro cipresal humean...
En la glorieta en sombra está la fuente...
con su alado y desnudo Amor de piedra,
que sueña mudo. En la marmórea taza
reposa el agua muerta.

 

 

—oOo—

miércoles, 18 de diciembre de 2024

Amour Archer

 

Amour archer toutes ses fleches ront
D’un coup sur moy, et ne me reconforte
D’un seul regard celle pour qui je porte
Le cœur aux yeux, les pensers sur le front.
D’un Soleil part la glace qui me fond,
Et m’esbaïs que ma froideur n’est morte
Au raiz d’un oeil, qui d’une flame accorte
Me fait au cœur un ulcere profond.
En tel estat je voy languir ma vie,
Qu’aux plus chetifs ma langueur porte envie,
Tant le mal croist, et le cœur me defaut :
Mais la douleur qui plus trouble mon ame,
O cruauté ! c’est qu’Amour et madame
Sçavent mon mal, et si ne leur en chaut.


Pierre de Ronsard, Les Amours de Cassandre, CXIII


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jueves, 28 de noviembre de 2024

Balada de la Nostalgia Inseparable

 

Siempre esta nostalgia, esta inseparable

nostalgia que todo lo aleja y lo cambia.

Dímelo, tú, árbol.

 

Te miro. Me miras. Y ya no eres el mismo.

Ni es el mismo viento quien te está azotando.

Dímelo, tú, agua.

 

Te bebo. Me bebes. Y no eres la misma.

Ni es la misma tierra la de tu garganta.

Dímelo, tú, tierra.

 

Te tengo. Me tienes. Y no eres la misma.

Ni es el mismo sueño de amor quien te llena.

Dímelo, tú, sueño.

 

Te tomo. Me tomas. Y no eres ya el mismo.

Ni es la misma estrella quien te está durmiendo.

Dímelo, tú, estrella.

 

Te llamo. Me llamas. Y no eres la misma.

Ni es la misma noche clara quien te quema.

Dímelo, tú, noche.


(Rafael Alberti, de  Poemas del destierro y de la espera)

 

  


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lunes, 17 de julio de 2023

A las cenizas de un amante puestas en un reloj de arena

 Luis de Ulloa y Pereira 

(1584-1674)

A las cenizas de un amante puestas en un reloj de arena

 

Ésta, que te señala de los años

Las horas de que gozas en empeño,

Muda ceniza, y en cristal pequeño

Lengua que te refiere desengaños,

 

Un tiempo fue Lisardo, a quien engaños

De Filis, su querido ingrato dueño,

Trasladaron del uno al otro sueño.

¡Prevente, huésped, en ajenos daños!

 

En tanto estrecho al miserable puso

El incendio de amor y la aspereza

De condición esquiva y desdeñosa.

 

Póstumo el polvo guarda el primer uso,

Inobediente a la naturaleza:

Padeció vivo, y muerto no reposa.

 

(de Paraíso cerrado: Poesía en lengua española de los siglo XVI y XVII) 

—oOo—

viernes, 16 de junio de 2023

Sonnet 116bis

 

 

Let me not to the marriage of true minds

Admit impediments; love is not love

Which alters when it alteration finds,

Or bends with the remover to remove.

O no, it is an ever-fixèd mark

That looks on tempests and is never shaken;

It is the star to every wand’ring bark,

Whose worth’s unknown, although his height be taken.

Love’s not Time’s fool, though rosy lips and cheeks

Within his bending sickle’s compass come;

Love alters not with his brief hours and weeks,

But bears it out even to the edge of doom.

     If this be error and upon me proved,

     I never writ, nor were you ever loved.


lunes, 12 de junio de 2023

Amor anticuado

Iba a sacar del zurrón mi ejemplar de La Galatea de Cervantes para retomar la lectura en la plaza, cuando veo que lo he perdido, un ejemplar de hace unos cien años... Así que vuelvo a toda prisa al banco donde me había sentado un rato antes, y allí estaba el libro en efecto, en manos de una parejita, que me lo devuelven muy amables: "¡Qué libro tan bonito!"me dicen, lo habían estado hojeando... "Sí," digo, "a éste se le oye nombrar bastante, aunque no se le ve mucho. Pero sí que es bonito. Va de amor.  De amor anticuado, pero amor".

Un trocito que me ha gustado, un poemilla recitado por el pastor Orompo, de una égloga que contiene la novela, en la que diversos pastores comparan sus penas de amores, a ver cuál era la peor. Lo titulo "Antes el sol acabará el camino":

 

Antes el sol acabará el camino

Que es propio suyo, dando vuelta al cielo

Después de haber tocado en cada signo,

Que la parte menor de nuestro duelo

Podamos declarar como se siente,

Por más que el bien hablar levante el vuelo.

Tú dices, Crisio, que el que vive ausente

Muere; yo, que estoy muerto, pues mi vida

A muerte la entregó el hado inclemente.

Y tú, Marsilio, afirmas que perdida

Tienes de gusto y bien toda esperanza,

Pues un fiero desdén es tu homicida.

Tú repites, Orfenio, que la lanza

Aguda de los celos te traspasa,

No sólo el pecho, que hasta el alma alcanza.

Y como el uno lo que el otro pasa

No siente, su dolor sólo exagera,

Y piensa que al rigor del otro pasa.

Y por nuestra contienda lastimera

De tristes argumentos está llena

Del caudaloso Tajo la ribera.

Ni por esto desmengua nuestra pena;

Antes, por el tratar la llaga tanto,

A mayor sentimiento nos condena.

Cuanto puede decir la lengua, y cuanto

Pueden pensar los tristes pensamientos,

Es ocasión de renovar el llanto.

Cesen, pues, los agudos argumentos,

Que en fin no hay mal que no latigue y pene,

Ni bien que dé seguros los contentos.

¡Harto mal tiene quien su vida tiene

Cerrada en una estrecha sepultura,

Y en soledad amarga se mantiene!

¡Desdichado del triste sin ventura

Que padece de celos la dolencia,

Con quien no valen fuerzas ni cordura!

Y aquel que en el rigor de larga ausencia

Pasa los tristes miserables días,

Llegado al flaco arrimo de paciencia,

¡Y no menos aquel que en sus porfías

Siente, cuando más arde, en su pastora

Entrañas duras e intenciones frías!

 

 

 

 

Templando su rabel

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viernes, 9 de junio de 2023

Templando su rabel

Afligido [Mireno] de la ingratitud de Silveria, viendo que otro día con Daranio se desposaba, con la rabia y dolor que le causaba este hecho, se había salido de su casa, acompañado de sólo su rabel, y convidándole la soledad y silencio de un pequeño pradecillo que junto a las paredes de la aldea estaba, y confiado que en tan sosegada noche ninguno le escucharía, se sentó al pie de un árbol, y templando su rabel, de esta manera cantando estaba:

 

Cielo sereno, que con tantos ojos

Los dulces amorosos hurtos miras,

Y con tu curso alegras o entristeces

A aquel que en tu silencio sus enojos

A quien los causa dice, o al que retiras

De gusto tal, y espacio no le ofreces:

Si acaso no careces

De tu benignidad para conmigo,

Pues ya con sólo hablar me satisfago

Y sabes cuanto hago,

No es mucho que ahora escuches lo que digo,

Que mi voz lastimera

Saldrá con la doliente ánima afuera.

 

Ya mi cansada voz, ya mis lamentos

Bien poco ofenderán al aire vano,

Pues a término tal soy reducido

Que ofrece amor a los airados vientos

Mis esperanzas, y en ajena mano

He puesto el bien que tuve merecido.

Será el fruto cogido

Que sembró mi amoroso pensamiento

Y regaron mis lágrimas cansadas,

Por las afortunadas

Manos a quien faltó merecimiento

Y sobró la ventura

Que allana lo difícil y asegura.

 

Pues el que ve su gloria convertida

En tan amarga dolorosa pena

Y tomando su bien cualquier camino,

¿Por qué no  acaba la enojosa vida?

¿Por qué no rompe la vital cadena

Contra todas las fuerzas del destino?

Poco a poco camino

Al dulce trance de la amarga muerte,

Y así, atrevido aunque cansado brazo,

Sufrid el embarazo

Del vivir, pues ensalza nuestra suerte

Saber que a amor le place,

Que el dolor haga lo que el hierro hace.

 

Cierta mi muerte está, pues no es posible

Que viva aquel que tiene la esperanza

Tan muerta y tan ajeno está de gloria;

Pero temo que amor haga imposible

Mi muerte, y que una falsa confianza

Dé vida, a mi pesar, a la memoria.

Mas ¡qué! Si por la historia

De mis pasados bienes la paseo

Y miro bien que todos son pasados,

Y los graves cuidados

Que triste ahora en su lugar poseo,

Ella será más parte

Para que della, y del vivir, me aparte.

 

¡Ay, bien único y sólo al alma mía

Sol que mi tempestad aserenaste,

Término del valor que se desea!

¿Será posible que se llega el día

Donde he de conocer que me olvidaste,

Y que permita amor que yo le vea?

Primero que esto sea,

Primero que tu blanco hermoso cuello

Esté de ajenos brazos rodeado,

Primero que el dorado

—Oro es mejor decir—de tu cabello

A Daranio enriquezca,

Con fenecer mi vida el mal feneca.

 

Nadie por fe te tuvo merecida

Mejor que yo; mas veo que es fe muerta

La que con obras no se manifiesta,

Si se estimara el entregar la vida

Al dolor cierto y a la gloria incierta,

Pudiera yo esperar alegre fiesta;

Mas no se admite en esta

Cruda ley que amor usa el buen deseo,

Pues es proverbio antiguo entre amadores,

Que son obras amores,

Y yo, que, por mi mal sólo poseo

La voluntad de hacellas,

¿Qué no me ha de faltar faltando en ella?

 

En ti pensaba yo que se rompiera

Esta ley del avaro amor usada,

Pastora, y que los ojos levantaras

A una alma de la tuya prisionera,

Y a tu propio querer tan ajustada,

Que, si la conocieras, la estimaras.

Pensé que no trocaras

Una fe que dio muestras de tan buena

Por una que quilata sus deseos

Con los vanos arreos

De la riqueza, de cuidados llena;

Entregástele al oro

Por entregarme a mí continuo al lloro.

 

Abatida pobreza, causadora

Deste dolor que me atormenta el alma,

Aquel te loa que jamás te mira;

Turbóse en ver tu rostro mi pastora,

A su amor tu aspereza puso en calma.

Y así, por no encontrarte, el pie retira.

Mal contigo se aspira

A conseguir intentos amorosos:

Tú derribas las altas esperanzas

Y siembras mil murallas

En mujeriles pechos codiciosos;

Tú jamas perficionas

Con amor el valor de las personas.

 

Sol es el oro, cuyos rayos ciegan

La vista más aguda, si se ceba

En la vana apariencia del provecho.

A liberales manos no se niegan

Las que gustan de hacer notoria prueba

De un blando, codicioso, hermoso pecho.

Oro tuerce el derecho

De la limpia intención y fe sincera

Y, más que la firmeza de un amante,

Acaba en un diamante,

Pues su dureza vuelve un pecho cera,

Por más duro que sea,

Pues se le da con él lo que desea.

 

De ti me pesa, dulce mi enemiga,

Que tantas tuyas puras perfecciones

Con una avara muestra has afeado,

Tanto del oro te mostraste amiga

Que echaste a las espaldas mis pasiones

Y al olvido entregaste mi cuidado.

En fin, ¡que te has casado!

¡Casádote has, pastora! El cielo haga

Tan buena tu elección como querrías,

Y de las penas mías

Injustas no recibas justa paga.

Mas ¡ay! Que el cielo amigo

Da premio a la virtud, y al mal, castigo.

 

 

 

(Miguel de Cervantes, La Galatea)

 

viernes, 25 de noviembre de 2022

My Lord All-Pride

 

My Lord All-Pride

Bursting with Pride, the loath'd Imposthume swells,
Prick him, he sheds his Venom strait, and smells;
But 'tis so Lewd a Scribler, that he writes
With as much force to Nature, as he fights.
Harden'd in shame, 'tis such a Baffled Fop,
That ev'ry School-Boy whips him like a Top:
And with his Arme, and Head, his Brain's so weak
That his starv'd Fancy is compell'd to take,
Among the Excrements of others' Wit,
To make a stinking Meal of what they Shit.
Soe Swine, for nasty Meat, the Dunghill run,
And toss their gruntling Snowts up, when they've done:
Against his Stars, the Coxcomb ever strives,
And to be something they forbid, contrives.
With a Red Nose, Splay Foot, and Goggle Eye,
A Plough-Mans looby Meene, Face all awry,
With stinking Breathe, and ev'ry Loathsome mark,
The Punchianello sets up for a Spark.
With equal Self-conceit too, he bears Arms,
But with that vile success, his part performs,
That he Burlesques his Trade, and what is best
In others, turnes like Harlequin to Jeast.
So have I seene at Smithfields wondrous Fair,  
When all his Brother-Monsters flourish there,
A Lubbard Elephant divert the Town,
With makeing Legs, and shooting off a Gun.
Goe where he will, he never finds a Friend,
Shame, and derision, all his steps attend:
Alike abroad, at home, i'th' Camp, and Court,
This Knight o'th' Burning Pestle makes us sport.
 
 
 
 Note on the poem by V. de Sola Pinto:
 
 LXI My Lord All Pride:  1680, pp. 144, 145; Portland Miscellany. This poem is undoubtedly a satire on John Sheffield, Earl of Mulgrave (see Introduction, p. xxiii). It was printed in a broadside dated 1679 with no. XXXVI ["A very Heroical Epistle in Answer to Ephelia"] under the title 'Epigram on My lord All-Pride' (Roxburghe Ballads, ed. J. W. Ebsworth, IV, 3, 567). 
18 Punchianello] Punchinello or Polichinello was the hero of a seventeenth-century Italian puppet show, the prototype of Punch, which appeared in London soon after the Restoration. Pepys saw 'Polichinello at Moorfields on 22nd August 1666. See O.E.D., s.a. Punchinello.
26 Lubbard] obsolete form of 'lubber'—a big, clumsy, stupid fellow, a lout (O.E.D.). 
30 Knight, o' th' Burning Pestle]An allusion to Beaumont and Fletcher's well-known burlesque. The name is doubless applied to Sheffield because of his red nose.

 

From Poems by John Wilmot Earl of Rochester. Ed. with an introduction and notes by Vivian de Sola Pinto. London: Routledge and Kegan Paul, 1953. 2nd ed. (Muses' Library). 1964.

 

From the Introduction, pp. xxii-xxiii:

 

It was during the fourteen or fifteen years that he spent at Court that Rochester acquired the reputation for wickedness that hung round him like a sulphurous halo in the eighteenth and nineteenth centuries. He seems to have made an enemy of John Sheffield, Earl of Mulgrave (afterwards Duke of Buckinghamshire), in the late sixteen-sixties. Sheffield was one of the minor Court Wits, a humourless, rather pompous person, not without literary talent, but with an immense opinion of his own importance. He became the friend and patron of Dryden and later of Pope and appears to be one of the chief sources of Rochester's evil reputation. The quarrel between the two men came to a head in November 1669, and Rochester has commonly been accused of cowardice for refusing to fight a duel with 'My Lord All Pride', as he called Sheffield. This was the version of the story given by Mulgrave himself in his memoirs (1), but entries in the Journals of the House of Lords (2) show that the duel was actually stopped by the personal intervnetion of the King, at whose request the House sent the Gentleman Usher of the Black Rod to secure the persons of both the ppers. Both of them were brought before the House, and made to promise to keep the peace. These entries seem to prove that there is no foundation for the charte of cowardice brought against Rochester on this occasion. When he judged that fighting was necessary, he was quite willing to fight; on 25th March 1673 a duel between him and Lord Dunbar, a notorious bully, was narrowly averted by the Earl-Marshal's intervention, and in December, 1674, when Mulgrave challenged Henry Savile, Rochester offred to act as second to his friend.

(1) The Works of John Sheffield (London, 1723) ii, 9, 10.

(2) Journals of the House of Lords, vol. xii (1666-75), pp. 272, 274, 2786, 277 s.d. 23rd, 24th, 26th Nov. 1669.

 

 
 
 
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viernes, 27 de noviembre de 2020

Piers Plowman (In Our Time)

 

domingo, 2 de noviembre de 2014

Arènes de Lutèce

Un poema de Samuel Beckett. La expresión "miscellaneous rubbish" también es suya.

 

Arènes de Lutèce

De là où nous sommes assis plus haut que les gradins
je nous vois entrer du côté de la Rue des Arènes,
hésiter, regarder en l’air, puis pesamment
venir vers nous à travers le sable sombre,
de plus en plus laids, aussi laids que les autres,
mais muets. Un petit chien vert
entre en courant du côté de la Rue Monge,
elle s’arrête, elle le suit des yeux,
il traverse l’arène, il disparait
derrière le socle du savant Gabriel de Mortillet.
Elle se retourne, je suis parti, je gravis seul
les marches rustiques, je touche de ma main gauche
la rampe rustique, elle est en béton. Elle hésite,
fait un pas vers la sortie de la Rue Monge, puis me suit.
J’ai un frisson, c’est moi qui me rejoins,
c’est avec d’autres yeux que maintenant je regarde
le sable, les flaques d’eau sous la bruine,
une petite fille traînant derrière elle un cerceau,
un couple, qui sait des amoureux, la main dans la main,
les gradins vides, les hautes maisons, le ciel
qui nous éclaire trop tard.
Je me retourne, je suis étonné
de trouver là son triste visage.

Arènes de Lutèce


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