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miércoles, 26 de septiembre de 2018

Retropost (26 de septiembre de 2008): Todos mutantes

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Los feos son mutantes.
Y las pelirrojas. Los monstruos de dos cabezas, que existen, son mutantes. Los gordos, mutantes gordos. Son mutantes asimismo las personas de color (negros, chinos, blancos, etc.)—y los humanos son peces mutantes.

Este retrato de una mutante fue pintado por Lavinia Fontana en la segunda mitad del siglo XVI. Es Tognina Gonsalvus, hija del igualmente peludo Petrus Gonsalvus, oriundo de Canarias pero acogido por diversas cortes europeas. Al parecer, Tognina "acabó casándose y engendró varios hijos que fueron tan peludos como ella" (271).  Me ha encantado el libro de Armand-Marie Leroi Mutantes: De la variedad genética y el cuerpo humano (Anagrama, 2007), que la tiene en portada. Ahora que Stephen Jay Gould ya murió, es bueno saber que hay divulgadores científicos tan amenos como Leroi, que cita a Gould con simpatía aunque le contradice en algunos puntos. Se lo recomiendo a todos los amantes del evolucionismo, de los monstruos, y de los mutantes.

I. Mutantes. La cuestión de las mutaciones es una vía privilegiada de entrada a un tema más general del libro "la construcción del cuerpo humano" (13). Porque aunque todos somos mutantes, no somos todos igual de mutantes, y hay casos más llamativos que yo. El libro comienza con las teratologías del Renacimiento, desde el Monstruo de Rávena hasta los de Paré y Fortunio Liceti (De Monstrorvm natvra cavssis et differentiis libri duo, 1634), pasando por las reflexiones sobre la monstruosidad de Montaigne, Browne y Bacon.

Browne, en su Religio Medici (1642), es amable y admirativo con los monstruos: "en la Monstruosidad (...) hay una suerte de Belleza. La Naturaleza ha creado las partes irregulares de una manera tan ingeniosa que a veces son más extraordinarias que la estructura principal" (en Leroi, 24). Y Bacon, en su clasificación de todas las formas del conocimiento, dedicaba un capítulo especial al conocimiento de los monstruos, por las perspectivas que ofrece para el desarrollo de la ciencia: "pues una vez una naturaleza haya sido observada en sus variaciones, y la razón que las origina haya quedado clara, será materia fácil aplicar la ciencia a esa naturaleza y llevarla al punto que alcanzó mediante el azar" (27). Todo un programa para el Dr. Moreau avant la lettre, y Leroi no parece totalmente averso a esta creación programada de mutantes, aunque observa que "Con la prohibición global de clonar humanos no es probable que este experimento se lleve a cabo pronto" (317). Peor para los periodistas, y para la ciencia; mejor quizá para el pobre mutante, aunque quién sabe.

De hecho el autor duda en calificar de mutantes a un grupo determinado de personas por oposición al resto: "Decir que la secuencia de un gen concreto presenta una "mutación", o llamar "mutante" al portador de ese gen, es realizar una distinción odiosa. Es dar a entender, como mínimo, que se desvía de un ideal de perfección"(30). Aunque por supuesto también lo hace continuamente, y de hecho al final nos hace partícipes de su curiosa teoría según la cual los guapos no son mutantes—o más bien, que los feos son más mutantes que los guapos, pues la belleza consistiría en una especie de neutralidad o bajo índice de mutaciones. Un punto que es de los más cuestionables del libro, y síntoma del mal endémico de los biólogos, buscar explicaciones estrictamente biológicas a fenómenos culturales muy complejos. Conste que bien me parece que se busquen las condicionantes biologicas de los fenómenos (el cerebro masculino contra el femenino, etc.) siempre que no perdamos de vista otras dimensiones (culturales y constructivistas) de la cuestión.

Las personas comparten casi (casi) el 100% de su genoma. En el resto está la variación: y el resto puede ser varios millones de pares base, puesto que hay casi tres mil millones de ellos en el genoma humano. Las mutaciones afectan con frecuencia a "uno de los enormes segmentos del genoma humano que parecen carecer de sentido" (31). Otras son menores, y otras por fin son espectaculares. "Cada nuevo embrión cuenta con un centenar de mutaciones que sus padres no tenían"( 32). Algunos nacen con un bajo número de mutaciones nocivas, otros con muchas. En suma: "Todos somos mutantes. Pero algunos somos más mutante que otros" (33).

II. Una unión perfecta. Capítulo que trata sobre gemelos, siameses y monstruos dobles, como Ritta-Christina Parodi. Hay interesantes datos sobre las representaciones de monstruos desde tiempos antiguos, y teorías clásicas de la monstruosidad: así la querelle des monstres, la disputa sobre si la monstruosidad forma parte del plan divino, o es un accidente de ese plan. Lo que nos lleva a dos teorías distintas sobre los embriones: la preformación o la epigénesis. El desarrollo del embrión es un tema fascinante, que nos conduce a la teoría de la evolución (el primer sentido de evolución fue precisamente "desarrollo del embrión"). En los años 90, estudiando la recombinación del ADN, se llegó por fin a identificar los genes que controlan el desarrollo. Un gran paso adelante desde las teorías de Geoffroy Saint-Hilaire, coleccionista de monstruos, que pretendía deducir los principios del desarrollo a partir de sus manifestaciones anómalas. Y nos cataloga Leroi las variedades de anomalías que pueden darse: gemelos unidos, personas "invertidas" (¡no homosexuales!) por situs inversus... El organizador de todo este desarrollo es el organizador, "un grupo de células mesodérmicas localizadas en un extremo de la línea primitiva del embrión", que con unos movimientos ciliares distinguen izquierda de derecha y así orientan el desarrollo del organismo hacia uno y otro lado.

III. El juicio final (de las primeras partes). Donde se trata del museo de monstruos de Amsterdam; de cíclopes y ciclopia, en mitología y en teratología renacentista. El desarrollo defectuoso del cerebro frontal y la cara afecta a 1 de cada 16.000 nacidos, y 1 de cada 200 abortos espontáneos: el mundo está lleno de cíclopes y paracíclopes. En algún sitio los guardarán—aunque otras fuentes nos dicen que muchos son asfixiados por los médicos, discretamente y sin preguntar a nadie, y clasificados como "nacidos muertos". Mejor que nadie llegue a verlos, a juzgar por las ilustraciones del libro de Leroi. Muchos de estos casos se deben a mutaciones en los genes que producen una proteína llamada "erizo sónico"—la que debía producir dos hemisferios cerebrales divididos. Otro tipo de trastornos puede producir una duplicación total o parcial de la cara—y hasta individuos con dos cabezas. Otra monstruosidad estándar es la sirenomelia, un defecto en la línea media de las extremidades posteriores. "Los morfogenes que atraviesan el embrión en desarrollo—sean proteínas o anillos de hidrocarburos—proporcionan a las células una especie de retícula de coordenadas que éstas utilizan para averiguar dónde están y qué deberían estar haciendo y ser" (93).
La homeosis, fenómeno "en el que una parte del embrión en desarrollo se transforma de manera anómala en otra", dándonos por ejemplo orejas en el cuello.Y así, viendo el proceso de construcción y la manera en que es organizado por los morfogenes, y la manera en que se puede distorsionar este proceso, va ordenando Leroi distintos tipos de monstruosidades.  Con el estudio de las moscas de la fruta Drosophila se halló la combinatoria informática de las proteínas que rigen el crecimiento. "La calculadora segmental es algo hermoso. Posee la económica lógica booleana de un programa de ordenador. Cada una de las proteínas codificadas por los genes homeóticos se presenta en ciertos segementos" (98). Los genes pueden crear proteínas, pero necesitan ser activados o desactivados por el ARN mensajero , "una molécula muy parecida al ADN, sólo que no es doble ni es una hélice, sino tan sólo una larga serie de nucleótidos" (99). El núcleo organizador de esta información, la homeocaja, es "la piedra de Roseta" de la genética del desarrollo, y están presentes en todo tipo de animales. La presencia y ausencia ordenada de genes Hox (numerados) regula la formación de segmentos del cuerpo—en su debido número o con anomalías. Son universales anatómicos: organizan tanto los segmentos de las moscas como de los humanos, y en el mismo orden. Aunque también hay disimilitudes, como la inversión arriba-abajo entre artrópodos y cordados que tanto intrigaba a Geoffroy Saint-Hilaire. Quizá pudiese explicarse con una mutación en un remoto antepasado. Pero al margen de estos genes Hox hay muchos más instrumendos de señalización: "los factores de transcripción vienen en familias, de las que lo genes homeocaja son sólo una" (105).

IV. Atrofiados (de brazos y piernas).

Aquí se tratan fenómenos como la ectrodactilia, o manos y pies en forma de pinzas de langosta; el famoso semi-mito de la tribu africana "con pies de avestruz", la aqueiropodia o atrofia de las piernas, y el violinista sin brazos Hermann Unthan. También los estragos de la talidomida... Aquí puede verse por cierto un vídeo de Tony Meléndez, admirable guitarrista sin brazos:





John Saunders estudió la manera en que las extremidades de desarrollan creciendo hacia afuera, a la manera de los brotes de las plantas, y cómo se pueden transplantar o alterarse su crecimiento. Alteraciones "naturales"....  La focomelia, como la del malabarista "Le Petit Pepin". Los dedos extra, y la polidactilia simétrica, que duplica las manos. Todo ello producto de alteración de las señales que envían determinados genes.

El sistema de activación de los genes depende a su vez de otros genes, cuestión que plantea un problema teórico, elegantemente (aunque sólo parcialmente) resuelto:

"A primera vista, las jerarquías de este tipo parecen enredarnos en una regresión infinita en la que la carga de producir orden simplemente recae en una serie anterior de entidades que deben, ellas mismas, ser ordenadas. Pero este dilema es más aparente que real. El orden del embrión se crea iterativamente. La precisa presencia del sónico en el ZPA viene definida en parte por la actividad de los genes Hox en el mesodermo del tronco del que brotan las extremidades. Pero el orden geométrico que estos genes dan a la extremidad es tosco; la tarea del sónico es pulirlo. Aparte del sónico hay, por supuesto, otros niveles de refinado en los que el orden se crea a escalas cada vez más pequeñas,  y cada una de ellas requiere sutiles e interminables negociaciones, la naturaleza de las cuales apenas comprendemos" (135)

Las extremidades se forman por condensaciones de células que se agregan guiadas por complejas señales que van y vienen, en localizaciones señaladas por los genes Hox que regulan la segmentación del cuerpo. "Muchas de las moléculas que forman las extremidades crean también los genitales,  y no debería sorprendernos que algunas mutaciones afecten a ambos" (137)—o sea, que lo de que el pitilín sea el dedito número veintiuno no es tan descabellado como parecía.

V. Carne de mi carne, huesto de mi hueso (De los esqueletos).
En los que hay deformidades como la del chino Arnold y sus descendientes sudafricanos, con falta de huesos en el cráneo y clavículas. El crecimiento de los huesos es controlado por la familia de proteínas BMP. Un transtorno en su inhibición puede dar lugar a la esclerosteosis o a la fibrodisplasia osificante progresiva, como la que sufría Harry Eastlack, invadido de depósitos de huesos. Los experimentos con salamandras de Victor Twitty transplantándoles patas demostraron que los reguladores del crecimiento no están centralizados: "cada pata de salamandra contiene dentro de sí misma la construcción de su propio destino" (153). Otros experimentos más terribles narrados en este capítulo son los del nazi Mengele con las víctimas de Auschwitz: aunque sí sobrevivió a su curiosidad la familia Ovitz, pseudoacondroplásicos que habían formado la "Banda de Jazz de Liliput" y a los que exhibió Mengele con frecuencia. A Mengele nunca se le juzgó ni se le capturó, manda huevos. La pseudoacondroplasia es uno entre varios transtornos causados por mutaciones que inhiben el crecimiento de los huesos. Está la acondroplasia, más frecuente, y la displasia tanatofórica, mortal, resultado de un exceso de la molécula de señalización FG (que regula qué está cerca y qué lejos en el eje de la extremidad del feto). Todo órgano debe poseer señales semejantes que le indiquen cuándo dejar de crecer—y es concebible que haya alteraciones del crecimiento de otros órganos, como músculos extra... aunque estén sin documentar. Otras mutaciones dañan el colágeno de los huesos y dan lugar a osteogénesis imperfecta (como la de Michel Petrucciani). El equilibrio entre crecimiento y destrucción que mantiene el hueso, si se trastoca, da lugar a la conocida osteoporosis o a su contrario, la osteopetrosis, sufrida levemente por Toulouse-Lautrec.

VI. La guerra con las grullas (Del crecimiento).
Los enanos, tan apreciados por los monarcas absolutos—quizá como emblema de sus deseos de superioridad absoluta sobre sus súbditos... Aunque el testimonio del diminuto y longevo Joseph Boruwlaski (ss. XVII-XIX) es optimista, presenta una mirada maravillada ante el mundo "desde abajo". Quizá por un fallo en la hipófisis, siguió creciendo hasta los treinta años, pero sin llegar al metro de altura. A los quince años medía 62 centímetros y medio. En 1782 le presentaron a un gigante en Londres: "mi coronilla apenas alcanzaba la altura de su rodilla". Quizá fuera uno de los dos O'Brien que andaban por londres a fines del XVIII, proclamándose descendientes de Brian Boru. Ninguno se llamaba O'Brien; de uno se sabe que tenía un tumor pituitario.
    Hasta bien mediado el XIX no se acreditó la existencia real de los pigmeos, que habían pertenecido a la mitología clásica, con su guerra contra las grullas, desde Homero y Plinio. No se sabe hasta qué edad crecen los pigmeos, pues ellos no saben su edad ni les interesan los calendarios ni cumpleaños. El ritmo humano de crecimiento en la adolescencia es curioso, no se da en otros primates. Al parecer en los pigmeos hay una escasez relativa de la hormona del crecimiento que dse descarga en la adolescencia. Hay otras diversas poblaciones bajitas, por factores que deben combinar la alimentación y la genética. Los negritos, los darus o taron de Brimania—(y más recientemente se ha hablado de los pueblos de pigmeos de la isla de Flores, a cuenta del descubrimiento del hombre de Flores). Es posible que los taron de Birmania sean cretinos—el cretinismo es una alteración neurológica y del crecimiento. Hay una fuerte tendencia al cretinismo en unas poblaciones del norte del congo: el crecimiento y desarrollo sexual se paran a los nueve años—puede que los taron tengan una variedad más suave de lo mismo, sin esterilidad claro. En el Valais suizo también solía haber abundancia de cretinos—por falta de yodo. El bocio es otra afección relacionada—"cuello de Derbyshire" en Inglaterra. Y a esas tribus de hipotéticos cretinos, ¿habría que integrarlos a la modernidad y medicarlos, o respetar su atraso y precario modo de vida?
    Crecimiento extra es proporcionado por la castración. Historias de castratos altos, y cantantes célebres, con pechos—y no se quedaban calvos. "El último eunuco de la corte china, Sun Yaoting, no fue enterrado hasta 1996, junto con sus testículos, que habían sido meticulosamente conservados en un tarro" (205). Los eunucos tienden a conservar huesos en estado adolescente—con placas terminales de crecimiento aún activas. "Pero debe haber algo más que detenga el crecimiento aparte del estrógeno" (206). El IGF hace que proliferen las células, pero este crecimiento es regulado entre otros mecanismos por una proteína llamada PTEN. La alteración de este equilibrio entre crecimiento y contención puede dar lugar a alteraciones como el síndrome de Proteo, en el que formaciones óseas crecen descontroladamente—quizá el caso del "Hombre Elefante" James Merrick. Los perros grandes y los niños altos son más susceptibles al cáncer—¿quizá sólo porque tienen más células? O quizá por una descompensación de entrada del IGF—"una hipótesis es que el IGF impide que las células enfermas mueran" (210). Pero por otra parte la estatura en los humanos va asociada a la prosperidad y la salud; las clases altas y pueblos prósperos tienden a ser más altos—de ahí el atractivo omnipresente de la estatura en las figuras públicas. "Pero ¿qué tamaño deberíamos tener?" (215). "Los límites entre lo normal y lo patológico no son sólo borrosos; son móviles, siempre cambiantes, siempre impulsados por la tecnología" (216).

VII. El deseo y la búsqueda de la totalidad (del género).

Nos cuentan la historia de Herculine Barbin, tan cara a Michel Foucault—Herculine, hermafrodita que se crió como mujer, pero al salir, ay, "lesbiana", por así decirlo, le hicieron un cambio de sexo. Cambio sobre el papel (como los que se hacen ahora a voluntad en España), porque sus partes múltiples no se las tocaron.  Versa el capítulo sobre la diferenciación sexual, estados intersexuales... y teorías al respecto. Para Vesalio (De humani corporis fabrica, 1543) los órganos sexuales masculino y femenino venían a ser una "inversión" o exteriorización (como un guante reversible, vamos). Esta teoría le llevó a malinterpretar o describir mal lo que veía en sus disecciones.

Otro anatomista de Padua, Renaldo Colombo, "descubrió" (o más bien "describió") el clítoris en 1559. Y hasta 1998 no lo anatomizaron con atención, descubriendo sus raíces y tamaño real. Pero la correspondencia auténtica entre partes masculinas y femeninas se estableció en el XIX: "Las correspondencias ahora quedan claras: pene y clítoris; escroto y labios mayores; uretra y labios menores; y la vagina única para las hembras" (230)—una diferenciación que se hace mediante un "viaje a la masculinidad" a partir de una estructura más bien femenina: "convertirse en hembra es viajar por una autopista recta y ancha" (230). Pero si hay un cromosoma Y, "a la hora de determinar el sexo, como en el tango, el Y manda y el X lo sigue" (231). Así hay varones que tienen más de un cromosoma X, pero al tener un Y, no son varones ambiguos. En concreto es una región del cromosoma Y, la SRY, la que determina el sexo, y varones con cromosoma Y defectuoso pero con esa región intacta siguen siendo varones aunque "de sexo invertido". Y hay hembras XY, "hembras de sexo invertido", que son hembras porque no tienen el SRY donde debía estar. Lo que hace el SRY es controlar las gónadas, y de allí sale la testosterona que altera el ADN para convertir al macho en macho. Si el receptor de la proteína no funciona, lo que iba a ser un macho se convierte en una hembra... sin útero.


"A menudo se dice que estas chicas son excepcionalmente femeninas, al menos externamente. Al carecer de un receptor de testosterona, están incluso menos expuestas a las hormonas que masculinizan que las mujeres de verdad, que invariablemente poseen alguna. Su único rasgo masculino obvio es su estatura: de adultas suelen ser bastante altas, lo que sugiere que la diferencia entre macho y hembra se debe a algo distinto de la testosterona (aunque aún se está discutiendo qué es exactamente). La combinación de aspecto femenino y estatura masculina significa que las mujeres sin receptores de testosterona a menudo son extraordinariamente atractivas. En la década de 1950 al menos hubo una mujer en Francia con carencia de testosterona que se ganó la vida como modelo de pasarela, mientras que un par de gemelas idénticas sin receptores de California fueron azafatas de avión." (236)

Muchos pseudohermafroditas machos no están completamente feminizados al nacer, y tienen genitales ambiguos. Y ha habido frecuentes casos de "cambio de sexo" con el desarrollo de la pubertad...


el fenómeno de las chicas que se vuelven hombres es bien conocido en ciertas partes remotas del mundo. Hasta hace poco, los habitantes de Salinas (4.300 habitantes), emplazada en una región remota de la República Dominicana, asignaban el sexo femenino de manera incorrecta a uno de cada noventa muchachos, sólo para hacerle cambiar de sexo en la pubertad. El fenómeno era tan correinte que los aldeanos le pusieron un nombre: guevedoche, o "pene a los doce". (237)

También en Papúa Nueva Guinea es familiar el caso (más mutantes....: por falta de la enzima 5-alfa-reductasa).

Un exceso de testosterona en la madre puede también masculinizar al feto. Todo esto son mutaciones, pero las mutaciones de identidad sexual suelen dar a esterilidad—callejones sin salida de la evolución... normalmente. El caso de las hienas moteadas es curioso: hay poco dimorfismo sexual, un clítoris que parece un pene, con conducto genitourinario y erecciones... y dan a luz copulan las hembras a traves del clítoris, por carecer de vagina. Una historia dolorosa, en la que lo patológico se ha vuelto normal. Enormes cantidades de testosterona y deficiencia de aromatasa.

Platón narraba en El Banquete un mito sobre el origen del deseo, que tendría un objeto "innato" y no construido, por la divisió nde esos seres esféricos dobles de sexo diferente o igual.  La antropología del siglo XX (Boas, Margaret Mead) enfatizó el constructivismo sexual, pero "dichas ideas constructivistas del género están perdiendo fundamento rápidamente ante el estudios genético molecular del comportamiento sexual" (243).

VIII. Una frágil burbuja (de la piel).

Nos llamamos homo sapiens desde 1758 gracias a Linneo (Systema Naturae, 10ª ed.). Estuvo a punto de llamarnos homo diurnus, porque creía en la existencia de los míticos trogloditas, ahora exiguos supervivientes de una antigua raza numerosa—ellos serían el homo nocturnus; "Linneo injertó en su imagen una antigua tradición que hablaba de una raza remota y oculta de gentes antinaturalmente blancas, de ojos dorados, e intensamente fotofóbicas" (250). Tomó Linneo el grabado de la humanizada "orangutana" blanca de Jacob Bontius (Historia naturalis indiae orientalis, 1658) y lo rebautizó Homo troglodytes. (Sería interesante seguir la pista a estas leyendas de trogloditas fotofóbicos tras el descubrimiento del Hombre de Flores, y las leyendas en torno al Ebu gogo... ¿quizá aún no extintos en tiempos de Linneo, al menos en la memoria? Quién sabe. Es interesante en todo caso esta vieja edición del ensayo de Tyson sobre los pigmeos. De los trogloditas de Linneo también habla Huxley en "The Man-Like Apes"). A Leroi le parece que Linneo estaba pensando en albinos al hablar de estos trogloditas—aunque claro se mezclan más historias en la mente de Linneo.

Buffon también se interesó por los albinos, habla de la negra albina Geneviève, blanca como la tiza, en su Histoire Naturelle—"Buffon le midió las extremidades, la cabeza, los pies, el pelo: dedica todo un párrafo a sus pechos, observa que era virgen, y luego, con interés, que era capaz de ruborizarse" (252). Había mucho albinismo al parecer entre los negros del caribe. (Y últimamente llegan muchas noticias de los albinos perseguidos en algunos países africanos: al parecer muchas malas bestias ignorantes los quieren para matarlos ritualmente y bebérseles la sangre—que suponen les dará no sé qué beneficios vitales). Los picazos son un caso también frecuente en el Caribe (piel a corros o manchas, albina y negra). Los melanocitos, células que dan color a la piel, derivan de las mismas células de la cresta neural que forman la cara—algunas se desplazan y dan lugar a nervios, músculos, glándulas, y a los pigmentos de la piel. "La piel picaza es causada por mutaciones en, al menos, cinco genes distintos, y cada una de ellas desactiva uno o más dispositivos de ésos" (259)—y en los casos graves hay complicaciones variadas, intestinales, o sordera, por conexiones genéticas en la formación de todos estos sistemas.

Hay varios genes que determinan el color de la piel. Y es un tema delicado por su asociación a la concepción que se tiene de la raza. En Sudáfrica, con las leyes raciales, había cierta vaguedad en la cuestión: que fueses "de color" dependía tanto de tu círculo social que del tono exacto de la piel. Pero a pesar de eso una ciudadana "blanca", Rita Hoefling, tuvo problemas al volverse negra espontáneamente.... y luego se convirtió en blanca de nuevo. Sufría del síndrome de Nelson, frecuente tras la extirpación de la glandula suprarrenal. Un exceso de hormona pituitaria, controlada por esa glándula, hizo oscurecerse su piel. La falta de melanotropinas, por el contrario, va asociada a pelo pelirrojo y gordura: la misma molécula tiene efectos distintos en distintas partes del cuerpo, y en este caso va asociada también a la señal neuronal que nos ordena dejar de comer cuando estamos saciados.

Pero la mayoría de los pelirrojos, no gordos, se deben a otra cuestión: unos receptores inactivos en sus melanocitos: la actividad les haría fabricar eumelanina, pigmentos marrones; la inactividad da lugar a fabricación de feomelanina (pigmentos rojos):

"Los celtas pelirrojos poseen receptores que están inactivos de manera más o menos permanente, algo que comparten con los setters rojos, los zorros rojos y el ganado de las Highlands de pelo rojo" (265)

¿Pero por qué llamar a los pelirrojos mutantes, en lugar de considerarlos un polimorfismo? "las mutaciones son raras y perjudiciales, los polimorfismos no suelen ser ni una cosa ni otra" (265). Globalmente considerados, los pelirrojos son raros; la mutación podría ser adaptativa en los climas con poco sol del norte, o al menos no ser dañina allí, con lo cual el gen del pigmento entra en desuso, pero es muy dañina en los trópicos.

Los chinos estaban extrañados por la pilosidad de los europeos y los aínos. Y las pilosidades excepcionales han atraído siempre la atención. Petrus Gonsalvus, de las Canarias, vivó en varias cortes europeas en el siglo XVI; sufría de hiperetricosis lanuginosa, y varios de sus hijos (retratados con frecuencia, como él) fueron también peludos. El cuadro que pintó Lavinia Fontana de la hija de Petrus, Tognina, ilustra la portada del libro de Leroi, y este artículo. El viajero John Crawfurd describe a otra familia extraordinariamente velluda en Birmania. Estos acabarían viajando a Europa para exhibirse como curiosidades.

Después de una sección sobre calvicie y pilosidad, Leroi señala el parentesco embriológico entre pelos, dientes y pechos:

"Todos ellos son lugares en los que la piel se ha hinchado o ha formado una cavidad para producir algo nuevo. El simple tubo que es un folículo piloso, el robusto yunque de dentina y esmalte que es un diente y la abultada carga de conductos que es un pecho, son todo variaciones sobre un tema constructivo. Un trastorno genético—hay más de cien—que afecte a uno de esos órganos a menudo afectará a otro.
    Esos órganos no sólo comparten el hecho de que se originan en la piel; también se construyen más o menos del mismo modo. A medida que los folículos pilosos se forman por toda la epidermis del feto, otras células epidérmicas se aglutinan y forman cavidades para producir dientes o glándulas mamarias. Al igual que el folículo piloso, cada uno de estos órganos de la piel es una quimera, parte ectodermo, parte mesodermo". (283-84).

Entre las alteraciones son frecuentes los pechos o pezones extra—en los europeos, normalmente debajo de los normales, en los japoneses por encima o en las axilas. Linneo creó la clase de los mamíferos en base a la presencia de pechos. Al Homo sapiens no lo describe, sino que sólo le atribuye la capacidad de conocerse a sí mismo. Es curioso que la diosa de la Razón en su frontispicio era Artemisa, con cuatro pechos.

IX. La vida sobria (Del envejecimiento).



CONTINUARÁ....












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domingo, 13 de mayo de 2018

Retropost (13 de mayo de 2008): Incestos—¿en el mismo cesto?


Tras su defensa del suicido como (el) acto que nos hace más humanos, Víctor Gómez Pin protesta contra el apelativo de "monstruo" aplicado al ogro Fritzl, y arguye que el hecho de la consanguinidad de violador y violada es (prácticamente) irrelevante. El incesto es puramente cuestión de relaciones legales entre roles familiares legalmente definidos, no realmente entre parientes consanguíneos en primer grado, arguye. Lo contrario sería para Gómez Pin (una vez más) someternos a la facticidad del hecho biológico y renunciar a la ley social que edificamos como algo diferente de las leyes biológicas:


"desde luego esta variable cuenta... pero cuenta en menor grado. Estamos obligados a que cuente en menor grado; lo contrario equivaldría a tirar por tierra lo que caracteriza a la sociedad humana en relación a las demás sociedades animales, a saber, que la ley prima sobre el orden biológico. Por decirlo llanamente: el caso Fritzl no sería menos tremendo si Elisabeth fuera hija adoptiva, y no biológica, de Joseph."

Y yo, como siempre, disiento y comento:


Creo que no son totalmente exactas estas apreciaciones sobre el incesto. Obsérvese que la ley social presupone la biológica, aun en los casos en que parecería escapar a ella. Edipo no se acostó con su madre "oficial", ni mató a su padre "social", pero sí a los biológicos— y por tanto a los sociales, q.e.d. Es una de las lecciones del mito: que lo social no puede escapar totalmente a lo biológico ni anularlo, o, si se prefiere, que no podemos trascender totalmente nuestra naturaleza animal por mucho que la sociedad pretenda edificar un orden puramente humano. No hay tal.

Y puntualizo además que, diga lo que diga el Filósofo, desde luego que Herr Fritzl es un monstruo—un monstruo moral. No es que a Fritzl se le llame monstruo metafóricamente, como parece creer Gómez Pin, sino al contrario muy literalmente. No tiene, en efecto, una trompa en la frente. Pero desde luego no ha desarrollado ciertas potencialidades humanas que muchos consideramos mínimas, mientras que sí ha obtenido un título de ingeniero (como nos recuerda el filósofo). Y allí está la monstruosidad, en esa descompensación muy real—y peor que una microcefalia.

Dicho esto, me parecen muy interesantes (conceptualmente hablando) todas las zonas de gris entre incesto y sexo legal, así como entre la normalidad y la monstruosidad—que quizá sean todo tonos de gris. Así, por ejemplo, los incestos entre hermanastros de padres y madres distintos, en parejas recasadas, que se crían como hermanos pero luego se casan ellos al divorciarse sus padres. O los morreos entre hermanos. O el caso Byron. O el caso Woody Allen, otro monstruito según quien lo mire. Monstruos hay, pero lo que no hay es una frontera tajante entre los monstruos y los no monstruos. Algún monstruito más o menos grande siempre se pasea por nuestro interior. Y los monstruos también son gente normal en gran medida, o muchas horas al día. Que le pregunten si no a los vecinos de Fritzl.




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domingo, 29 de abril de 2018

Retropost #2130 (29 de abril de 2008): El corazoncito del ogro


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Lo más irónico del caso tremendo éste del "Monstruo de Amstetten", que tuvo a su hija encerrada durante veinticuatro años en el sótano y le hizo parir siete nietos. Al parecer, su plan era perfecto y sin rendijas: ni su esposa que vivía en la casa se enteró de nada en todos estos años. (Que ya hace falta tener el cerebro desconectado, o compartimentalizado).

Pero la ironía es que se agrietó el plan del individuo éste, o del dividuo éste más bien... cuando se apiadó de su hija y la dejó salir, acompañándola a visitar a su hija/nieta al hospital. Donde antes la había internado, cometiendo su primer error benevolente. Allí levantaron sospechas. Si hubiese sido un ogro consistente, un agujero negro inhumano de los que no dejan escapar la luz, seguramente no lo habrían descubierto aún y quizá hubiese muerto como un santo en su cama. Dejando a su vida secreta ya enterrada por adelantado.

Si es que no se puede ser bueno, pensará ahora.
Ogro


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martes, 13 de marzo de 2018

La madrastra asesina se quita la careta

Ana Julia Quezada confiesa que mató al pequeño Gabriel.

Se resuelve de manera espectacular el caso de la desaparición del pequeño Gabriel, 'el pececito', al descubrir la Guardia Civil a su madrastra transportando el cadáver en el maletero de su coche para ir a ocultarlo.

La madrastra asesina es la pareja del padre y cuidadora del niño cuando desapareció, Ana Julia Quezada ("inmigrante-negra-dominicana-mujer" por más señas, y con antecedentes de estafa y quién sabe si asesinato en su propio entorno familiar).  Se hizo conocida estos días que llevaba el niño desaparecido por ir llorando en los informativos por su desaparición, e implorar piedad y ayuda a quien supiese dónde estaba Gabriel.

Ahora la madrastra de cuento de terror se quita la careta, y confiesa su autoría. Se la quita un poquito. Aún espera rebajar la condena. Ahora cede terreno y va a por "homicidio en defensa propia sin premeditación y por enajenación mental transitoria", la muy falsa. De paso aún acusa al pobre pequeño de agredirla a ella. Pero no se le tiene junto el chiringuito de su relato, pues hay evidencias claras de que preparó el crimen con antelación. Hay abismos de maldad, y aquí están a la vista.





Es un caso de doblez y maldad, una anagnórisis con arrancamiento de careta realmente espectacular. No es de extrañar la atención que ha despertado.

Sí es de extrañar que haya elementos como el podemoide Ignacio Escolar de El Diario, y las marionetas de Roures en Público, que pretendan convertirla en una víctima, por sus méritos de ser "negra-mujer-inmigrante". Como si en España se abominase de los negros, o de las mujeres, o de los inmigrantes, y no de los asesinos. Tergiversando de modo malvado, siniestro y manipulador la justicia de la indignación con esta monstrua.  Hace falta calaña. Y aún tendrán Público  y El Diario, esos 'informantes críticos', lectores y seguidores, —para que seamos conscientes de qué tipo de gente anda por ahí por la calle sobre dos piernas como si no pasara nada.

Como guinda de justicia poética, en medio de este escándalo, el PSOE propone suprimir la prisión permanente revisable, junto con Podemos, y con otros enemigos del país y frecuentes compañeros del delito.

Ójala de ésta se vayan por el sumidero TODOS. Es lo menos que merecen.








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miércoles, 1 de junio de 2016

Retropost #968 (1 de junio de 2006): m/f - s/z: Hermafroditos, transexualas, monstruas y prodigios


Leía hace poco el libro de Ambrose Paré Des Monstres et prodiges (1573; Ginebra: Slatkine, 1996), donde aparecen deliciosos monstruos y prodigios naturales.

Paré, un poco al estilo enciclopedia china, atribuye el origen de monstruos y prodigios a 1) la gloria de Dios, 2) su ira, 3) exceso de semen, 4) insuficiente cantidad de semen, 5) la imaginación, 6) la estrechez de la matriz, 7) posturas indecentes de la madre, 8) accidentes, caídas y golpes contra el vientre durante el embarazo, 9) enfermedades hereditarias o accidentales, 10) putrefacción del semen, 11) mezcla seminal de personas y animales, 12) la brujería, 13) la intervención de demonios y diablos.

Monstruos como aquel hombre de cuarenta años, al cual le salía de la tripa otro hombre casi completo, excepto la cabeza… otro yo al que llevaba en brazos, por París, en 1530.
Siameses, seres de dos cabezas, hombres con otra cabeza viva en el vientre. Mujeres que paren treinta y seis niños vivos. Mujeres que han parido pequeños monstruos activos y malignos. Peces voladores. Apariciones de figuras en el cielo, con hachas, espadas y caras espantosas.

"Un monstruo marino, que tiene la cabeza de un monje armado, y cubierto de escamas de pez" - o bien "un monstruo marino, que se parece a un obispo, vestido con sus hábitos pontificios".

O la Ballena, y la Jirafa. O la bestia oriental Tanacth, una especie de tigre sin cola, con cabeza de hombre "bien formada pero con la nariz chata", pelo de africano y manos de hombre… esta bestia se la comen en la India. Y la Rémora, diminuto pez capaz de detener una gran nave al adherirse a ella. El Aloés, pez monstruoso. Y el Limaco del Mar Sarmático.

Y otros prodigios que despiertan curiosos ecos y analogías hoy en día. Cambios súbitos de sexo al saltar una valla. Siempre de mujer a hombre, nunca de hombre a mujer: "la raison pourquoy les femmes se peuvent degenerer en hommes" es, aclara con lógica admirable, "pour-ce que Nature tend tousjours à ce qui est le plus parfait, et non au contraire faire que ce qui est parfait devienne imparfait" (86).

Veamos qué dice Paré

De los hermafroditas o andróginos, es decir, que en un mismo cuerpo tienen dos sexos.
Los hermafroditas o andróginos son niños que nacen con doble miembro genital, uno masculino y otro femenino, y por tanto, son llamados en nuestra lengua francesa, hombres y mujeres.
Pues es la causa, que la mujer proporciona tanta semilla como el hombre proporcionalmente, y por eso la virtud formadora, que siempre intenta hacer su semejante, a saber, de la materia masculina un macho, y de la femenina una hembra, hace que en un mismo cuerpo se encuentren a veces dos sexos, llamados hermafroditas. De los cuales hay cuatro clases, a saber, hermafrodita macho, que es el que tiene el sexo del hombre perfecto, y en el perineo (que es el lugar entre el escroto y el ano) un agujero en forma de vulva, que sin embargo no penetra dentro del cuerpo, y de este no sale orina ni semilla. La mujer hermafrodita, además de su vulva que está bien formada, por la cual arroja la semilla y la regla, tiene un miembro viril, situado encima de la mencionada vulva, cerca del monte de Venus, sin prepucio, sino sólo una piel desligada, que no se puede invertir ni volver, y sin ninguna erección, y de éste no sale orina ni semilla, y no se encuentra vestigio de escroto ni testículos. Los hermafroditas que no son ni uno ni otro, son los que están todos cerrados y exentos de generación, y sus sexos totalmente imperfectos, y están situados al lado uno del otro, y a veces uno encima y el otro debajo, y no pueden utilizarlos más que para expulsar la orina. Hermafroditas machos y hembras, son los que tienen los dos sexos bien formados, y pueden usarlos y servir para engendrar, y a estos las leyes antiguas y modernas les han hecho y todavía les hacen elegir qué sexo quieren usar, con prohibición, bajo pena de perder la vida, de no utilizar más que aquél del cual hayan hecho elección, por los inconvenientes que podrían resultar de eso. Porque algunos han abusado de ello de tal manera, que por un uso mutuo y recíproco, se refocilaban de uno y de otro sexo, ya de hombre, ya de mujer, pues tenían naturaleza de hombre y mujer, proporcionada a tal acto, e incluso, como dice Aristóteles, su teta derecha es como la de un hombre, y la izquierda como la de una mujer. ( . . . ) (75-77).

Como se ve, en los presupuestos descritos por Paré, se presupone estrictamente la heterosexualidad: ni siquiera se plantea (no pertenece a la discusión) la posibilidad de una orientación sexual que no corresponda a la determinada por la marca de los órganos genitales y marcas corporales adyacentes. La orientación sexual se regirá y determinará por estas marcas:

Los médicos y cirujanos bien expertos y entendidos pueden saber si los hermafroditas son más aptos para adoptar y usar uno u otro sexo, o los dos, o nada. Y tal cosa se conocerá por las partes genitales, a saber, si el sexo femenino es adecuado en sus dimensiones para recibir la verga viril, y si por él fluyen los menstruos; igualmente por el rostro, y si el cabello es desligado o recio; si el habla es viril o aguda, si las tetas son parecidas a las de los hombres o de las mujeres: igualmente si toda la costumbre del cuerpo es robusta o afeminada, si son atrevidos o temerosos, y otras acciones similares a los machos o a las hembras. Y en cuanto a las partes genitales que pertenecen al hombre, hay que examinar y ver si hay gran cantidad de pelo en el monte de Venus y alrededor del ano, porque comúnmente y casi siempre las mujeres no tienen nada en el ano: Igualmente hay que examinar bien si la verga viril está bien proporcionada en grosor y longitud, y si se levanta, y de ella sale semen: lo que se hará por confesión del hermafrodita, cuando haya tenido compañía de mujer: y por este examen se podrá verdaderamente discernir y conocer al hermafrodita macho o hembra, o que sean lo uno y lo otro, o que no sean ni lo uno ni lo otro. Y si el sexo del hermafrodita tiene más del hombre que de la mujer, debe llamársele hombre: y lo mismo con la mujer. Y si el hermafrodita tiene tanto de lo uno como de lo otro, será llamado hermafrodita hombre y mujer. (79)

Curiosos estos tres niveles de análisis:

- sexo biológico: fluido y quizá sin fronteras entre categorías.
- sexo médico, determinado por el experto: se hace recaer en una de cinco categorías.
- sexo administrativo y legal: se reduce a dos categorías (aun el caso, como hemos visto, más problemático, el del quinto sexo médico, los hermafroditas que son "hombre y mujer").

El deseo del hermafrodita no entra en cuestión nunca. Hay que tener en cuenta que Paré mezcla la discusión de exámenes de neonatos con exámenes de transgresores potenciales que han salido a la luz; en ambos casos, el deseo parece ser irrelevante en sus planteamientos, y se atiene a lo que aconsejan las marcas físicas.

Es más, incluso cuando la marca es ambigua, al parecer sigue sin plantearse la cuestión. Los hermafroditas pueden ser machos o hembras, en los dos primeros casos, y como tales se espera que actúen. De la ambigüedad o "género neutro" del tercer caso al parecer tampoco se derivan problemas legales, pues se presupone que no habrá actividad ni orientación sexual. (Todo esto no quiere decir que no hubiera en esta época casos de travestismo y de homosexualidad, por supuesto). Es únicamente el cuarto caso descrito por Paré el que a su juicio merece intervención especial por parte de los legisladores: el del hermafrodita pleno, diríamos, el de la persona que está caballo entre las dos vertientes de la diferencia sexual no por carecer de marcas sexuales ino por tener dos marcas sexuales claras y a la vez contradictorias. Aquí es donde interviene la ley para declarar válida, por orden público, o por convención o ficción legal, sólo una de las dos marcas.

Se observarán aquí curiosos elementos de paralelismo con el debate actual en torno a la transexualidad y su reconocimiento legal.

Hoy en día no se ejecuta ni encarcela a nadie (en Occidente) por homosexualidad o por bisexualidad o por usar atípicamente genitales atípicos. Se entiende que todo esto entra en la libre elección de cada cual. Y, es más, está prohibida la discriminación contra las personas por razón de sus preferencias sexuales. Menos prohibida, pues todavía tiene vigencia legal, está la discriminación por razón de sexo. Parece haber cierto futuro para la discriminación legal positiva a favor de la mujer. Y habría que diferenciar, a su vez, el debate en torno a la discriminación sexual del debate en torno a la discriminación por razón de género y de identidad genérico-sexual: tres debates, o cuatro, que sin embargo están muy ligados entre sí. Cinco debates, si le sumamos la cuestión del nacimiento con estructuras genitales atípicas como las que describe Paré.

A pesar de esa cierta prohibición de discriminaciones, hay no obstante un punto en el que la ley parece casi tan insistente en nuestros días como en los días de Paré: el mundo humano se estructura en torno a dos sexos, y cada individuo debe elegir uno.

A andróginos y epicenos (no hermafroditas) les puede resultar más o menos cómodo el papel que se les ha asignado; pero al menos hoy en día hay (en Occidente, hablo de Occidente…) aparte de estilos de relación, vestimenta, etc., claramente masculinos y femeninos, una amplia gama intermedia, tirando más bien hacia lo masculino nondescript, una gama de estilos que es aceptable no sólo para personas física o emocionalmente andróginas sino, salvando otros códigos sexuales complementarios, para hombres machos y mujeres hembras. Así, pongamos, una cazadora y un vaquero lo puede llevar tódios; o todo el mundo puede saludar dando la mano en lugar de besitos sin levantar demasiados comentarios.

Otro caso es el de quienes eligen una polaridad invertida: los travestís y transexuales en grado diverso (que el ropaje sexual va desde el pintalabios hasta la cirugía). Muchos transexuales son los primerosas en mantener bien alto el pabellón de los dos sexos diferenciados (a la vez que minan con su propia existencia ese régimen sexual). De hecho, es el caso arquetípico de transexualidad: una persona nacida genitalmente hombre pero que siente una necesidad imperiosa de identificarse como mujer, y vice-versa. No sé si hay muchos transexuales que sienten la necesidad psicológica de acogerse a un tercer sexo andrógino o "transexual"… aunque en muchos casos lo tengan que hacer de facto para salvar con poco coste personal muchas situaciones de la vida cotidiana. Es, por tanto, una situación curiosa la de los transexuales; en principio, apuntalan por el mismo hecho de su "elección" vital el orden sexual bipolar; a la vez, lo quiebran, convirtiendo como poco de cuatro a cuarenta y cuatro, por decir algo, las posibles combinaciones de conformación genital original, y modificada, vestido/estilo virilizante o afeminado, y orientación sexual (la nacida mujer que se transexualiza en hombre, pero viste de mujer y tiene modos poco femeninos y orientación sexual hacia los hombres sería sólo un caso atípico…).

Pero si los transexuales son a veces un caso un tanto paradójico de promoción del binarismo sexual, hay otros dos casos más influyentes, y que van, naturalmente, ligados entre sí:

1) El sentido común, lo que dice todo el mundo, lo que siempre se ha hecho y lo que es así por naturaleza, o cree el 95% de la gente, etc.: que hay hombres y mujeres. (Creencia cierta, con una posible falacia adherida: "que sólo hay hombres y mujeres".... —y de la que se extrae un corolario problemático para muchos e incuestionable para otros: que hay que obligar a todo individuo a ser o bien hombre o bien mujer).

2) La ley: que es la que hace explícito dicho corolario y se encarga de aplicarlo. Normativas sobre baños separados (¿costumbre o ley? No sé); dormitorios separados, residencias separadas, etc. —y, en suma, identidad sexual polarizada, "original" y obligatoria en la documentación para todas las personas.

Hoy como entonces, parece que se afirma el orden sexual binario (si bien no tanto, gracias a Dios) por temor a la posible multiplicidad que resultaría de replantearlo: no ya cuatro sexualidades, sino cientos, miles… las que de hecho hay, quizá. Como dice en la introducción al libro de Paré su editora Gisèle Mathieu-Castellani,

"Cuando la ambigüedad se inscribe en el cuerpo y se marca en el sexo, se vive y se piensa como una ruptura intolerable del orden del mundo, físico y social, como una fractura del cuadro conceptual que lo estructura. Lo híbrido es el caos . . ." (25)

Y así parece haber sido, desde tiempo inmemorial, para el orden político y legal de la humanidad. Si así pensaban los renacentistas, así sigue pensando la legislación actual sobre identidad sexual. Es obligatorio tener un sexo definido: bueno, es que puesto así hasta suena chusco. No es que sea obligatorio: se tiene. Y si no se tiene, pues se pone. Y si no se pone el sexo, al menos se pone la cruz en la casilla.

¿Pero a qué sexo se refiere la ley? Al "verdadero", al "original", al de nacimiento, se presupone. Se ha venido presuponiendo. Lo que pasa es que ahora parece inoportuno presuponerlo, y quizá se pase a presuponer otra cosa. Sexo a voluntad, o según trayectoria vital: es decir, pongamos "género" en lugar de "sexo".
Lo cual presupone, en cierto modo, que haya dos géneros, dependientes o derivados de los sexos en una génesis de las culturas, pero desgajables de esa génesis no sólo ya para cada trayectoria individual sino también para la ley. "Género" de destino, en lugar de "sexo" de origen. Parece ser que será el sentido de la próxima reforma legislativa del gobierno.

Lo que no se va a cuestionar, según todos los indicios, es el binarismo de la clasificación. No vamos a pasar de v/m a vv/mm/mv/vm/ o a ns/nc (a menos que se agarre el toro por los cuernos y se introduzca la categoría neutra, o se haga optativa la respuesta, declarando obsoleta la atención de la administración al sexo o género… pero no parece, no). Tengo curiosidad por saber cómo se formularán exactamente el status legal del sexo de origen y el del sexo de destino, y si esto llevará a una multiplicación administrativa de las identidades sexuales o no.

Esta cuestión, claro, tiene repercusiones legales que no se acaban en la legislación española. Eso es sólo el principio , y de hecho los nuevos "sexos" de los sistemas legales occidentales que han dado este paso se contemplan internacionalmente en el marco de los viejos sexos de siempre; no parece que un país que no reconozca los cambios de identidad sexual vaya a reconocerlos (al margen de la existencia de convenios especiales) sólo porque en España haya cambiado la ley al respecto. Sea como sea, en la realidad de la vida cotidiana o en el código legal, las posibles modificaciones de trato social o de ley que se difundan o se instituyan no tienen lugar en vacío, sino en un contexto a la vez geográfico e histórico regido por el binarismo sexual. Llevamos la historia a cuestas (unas veces más que otras) y así sería ilusorio creer que el régimen sexual se puede cambiar por decreto-ley, aunque sí haya algunos aspectos del tratamiento legal de la sexualidad que se pueden cambiar por ese procedimiento.

Con lo cual las gentes que quieran escapar al binarismo del orden sexual mundial seguirán siendo a la vez monstruos y prodigios por un lado… y la cosa más normal del mundo por otro, poniéndose unos vaqueros y una cazadora. Donde se pueda.



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martes, 27 de abril de 2010

HipnoRana la Mofadora


Ya llevamos bastantes años de Gormitis, y no es la primera vez que irrumpe HipnoRana la Mofadora en nuestras vidas. Oscar me llama la atención sobre sus capacidades, y me pregunta que qué es ironía...



Desde luego los creadores de estas series de Pokemones y Digimones y Gormitis y similares han dado con una veta en la imaginación infantil que esperaba ser explotada, y ha resultado un auténtico filón. Como los dinosaurios—que en tiempos teníamos que apañárnoslas sin videojuegos ni figuritas de plástico ni Parque Jurásico, dibujándolos como podíamos o admirando un solitario diplodocus en alguna enciclopedia. O en King Kong. Y en cuanto a monstruos y mutantes... aún me acuerdo yo de los gigantones grotescos, animales mezclados y superhéroes absurdos que me sacaba del magín siendo crío, y buenas historias que me contaba a mí mismo, y que me inventaba para mis hermanos y amigos, y hasta los dibujaba cuando se terciaba, como Oscar ahora, que sus dibujos tienen lo suyo. Hipno-Rana in person nunca me llegó a brotar del inconsciente, pero seguro que hubiera sido bienvenida. Sin ironía lo digo.

Un problema, o dos


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