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domingo, 8 de septiembre de 2024

Origen mafioso del Estado según Unamuno

 Un capítulo de la segunda parte de la Vida de Don Quijote y Sancho de Miguel de Unamuno,

LX - DE LO QUE SUCEDIÓ A DON QUIJOTE YENDO A BARCELONA.

Primero le sucede a Don Quijote la rebelión de su escudero y la derrota que éste le inflige; y sigue el encuentro con los bandoleros catalanes que da lugar a que Unamuno nos exponga su reflexión (que es también la de Cervantes) sobre la necesidad de la ley y de la justicia aun entre bandoleros.  Lo cual lleva a Unamuno más lejos, hasta proponer una teoría antropológica casera que sentaría el origen mismo de la ley en estas sociedades criminales, como medio de llevar a cabo su depredación de modo más sistemático y eficaz. 

Es algo de lo que tratamos en tiempos aquí a cuenta de José María Ciordia y su teoría sobre el origen mafioso del Estado, surgido para la depredación organizada (y la "protección") en las sociedades agrícolas con acumulación primitiva y excedentes comercializables. 

Veamos lo que dice Unamuno al respecto en la segunda parte de este capítulo:

 

Y este mismo Sancho que arremete a su amo y le pone la rodilla sobre el pecho, al sentir sobre su cabeza y pendientes de un árbol dos pies de persona con zapatos y calzas, tiembla de miedo y da voces llamando a Don Quijote que le acorra y favorezca.

No bien acaba de desmandarse contra su amo y señor natural al grito revolucionario de ¡yo soy mi señor!, cuando no es ya señor de sí mismo, sino que tiembla de miedo al sentir sobre su cabeza unos pies calzados, y llama a su amo y señor natural, al que le amparaba del miedo. Y Don Quijote, ¡claro está!, acudió a la llamada, porque era bueno. Y supuso fueran pies de forajidos y bandoleros que en aquellos árboles estaban ahorcados.

Así lo vieron al amanecer en que cuarenta bandidos vivos que de improviso les rodearon, diciéndoles en lengua catalana que estuvieran quedos y se detuvieran hasta que llegase su capitán. Y el pobre Don Quijote hallóse a pie, su caballo sin freno, su lanza arrimada a un árbol, y, finalmente, sin defensa alguna, y así tuvo por bien cruzar las manos e inclinar la cabeza guardándose para mejor sazón y coyuntura. ¡Ejemplarísimo Caballaro! ¡Y cómo le han enseñado las burlas de los duques, las coces de los cabestros y la arremetida de Sancho! Es que barrunta, aun sin conocerla, la cercanía de su muerte.





 ("Les quarante voleurs" —Ali Baba, la musicale comédie).

Llegó el capitán, Roque Guinart, y vio la triste y melancólica figura de Don Quijote y le animó. Había oído hablar de él. Y allí conoció Don Quijote la concertada república de los bandoleros y pretendió persuadir con buenas palabras, y no obligarle por la fuerza, a Roque Guinart a que se hiciese caballero andante. Sirvió el encuentro para que el Caballero admirase la vida del caballeresco bandolero, la equidad con que se repartían los despojos del robo y su generosidad con los viandantes. Y él, Don Quijote, que con grande escándalo de las personas graves había dado libertad a los galeotes, no intentó siquiera deshacer la república de los bandidos.

Esto de la justicia distributiva y el buen orden que en repartir los despojos del botín se observaba en la banda de Roque Guinart, es condición de toda sociedad de bandoleros. Fernando del Pulgar, al hablarnos en sus Claros varones de Castilla del bandolero don Rodrigo de Villadrando, conde de Ribadeo, que con sus bandas y su gran poder "robó, quemó, destruyó, derribó, despobló villas e lugares e pueblos de Borgoña e de Francia" nos dice que "tenía dos singulares condiciones: la una, que facía guardar la justicia entre la gente que tenía, e no consentía fuerza ni robo ni otro crimen; e si alguno le cometía, él por sus manos lo punía". Por donde se ve cómo es en el seno de las sociedades organizadas para el robo donde más severamente se persigue el robo mismo, y así como en los ejércitos organizados para ofender y destruir es donde más duramente se castigan las ofensas y lo que a la destrucción del ejército mismo tienda. Y así cabe decir de todo género de justicia humana que brotó de la injusticia, de la necesidad que esta tenía de sostenerse y perpetuarse. La justicia y el orden nacieron en el mundo para mantener la violencia y el desorden. Con razón ha dicho un pensador que de los primeros bandoleros a sueldo surgió la Guardia Civil. Y los romanos, formuladores del derecho que aún subsiste, los de ita ius esto, ¿qué eran sino unos bandoleros que empezaron su vida por un robo según la leyenda por ellos mismos forjada?

Las historias de los romanos las comentaba en este sentido un clásico del evolucionismo cultural, Giambattista Vico, que cifra el progreso de la humanidad en el desarrollo de la organización y de las instituciones como modos de orientar, generar y perpetuar la cooperación. Observaba Vico que nuestras instituciones, cooperaciones y sociedades son superiores a las que se daban en los albores de la humanidad, en tiempos de los cíclopes, y que se han ido imponiendo a esas formas simples o las han desplazado. (Por las buenas o por las malas, habría que añadir).

Recordemos a este respecto lo comentado sobre la cooperación para la exterminación en artículos como "Somos hijos de la guerra", o "Con quién cooperamos", o "El dilema o contradicción de la cooperación humana." 

Conviene, lector, te pares a considerar esto de que nuestros preceptos morales y jurídicos hayan nacido de la violencia y de que para poder matar una sociedad de hombres se haya dicho a cada uno de estos que no deben matarse entre sí, y se les haya predicado que no deben robarse unos a otros para que así mejor se dediquen al robo en cuadrilla.

(Inciso: es sorprendente hasta qué punto se suelen malinterpretar los mandamientos de la ley de Dios, los del Éxodo, en el sentido cristiano de darles una interpretación universal, cuando es meridianamente claro y ni siquiera necesita especificación que no matarás significa no matarás judíos...). Pero así sigue Unamuno:

Tal es el verdadero abolengo y linaje de nuestras leyes y nuestros preceptos; tal la fuente de la moral al uso. Y este su abolengo y linaje se descubre en ella, y por esto nos sentimos inclinados a perdonar y aun querer a los Roque Guinart, porque en ellos no hay doblez ni falsía, sino que aparecen sus bandas tal y como son, mientras los pueblos naciones que se dicen llamados a cumplir el derecho y servir a la cultura y a la paz son sociedades fariseas. ¿Conocéis algún rasgo quijotesco de una nación de hombres como tal nación?

Consideremos, por otra parte, cómo del mal sale el bien—porque el fin es un bien si bien transitorio, el de la justicia distributiva—y tiene este sus raíces en aquél, o son más bien caras de una misma figura. De la guerra brota la paz, y del robo en cuadrilla, el castigo al robo. La sociedad tiene que tomar sobre sí los crímenes para libertar de ellos, y de su remordimiento, a los que la forman. Y ¿no hay acaso un remordimiento social, desparramado entre sus miembros todos? Sin duda, y el hecho este del remordimiento social, tan poco advertido de ordinario, es el móvil principal de todo progreso de la especie. Acaso lo que nos mueve a ser buenos y justos con los de nuestra sociedad es cierto oscuro sentimiento de que la sociedad misma es mala e injusta: el remordimiento colectivo de una tropa de guerra es tal vez lo que les mueve a prestarse servicios entre sí y aun a prestárselos, a las veces, al enemigo vencido. Por conocer la insolencia de su oficio se guardaban fe entre sí los compañeros de Roque. (Ensayos, Aguilar, II.306-8).

Casi formula aquí Unamuno una teodicea escéptica desengañada al modo de Darwin—de la lucha por la vida, de la muerte y la depredación, es de donde salen las bellas formas como producto acabado, y así justifican en parte la base sobre la que se edifican. También Darwin daba un papel a la cooperación en la dinámica de la competición universal de todos contra (casi) todo.  Su teoría de la selección natural y de la evolución de las especies es, ya lo decíamos aquí, una teodicea cósmica que ve la imbricación mutua del mal y el bien, del sufrimiento y el logro, la historia completa de la vida y el surgimiento de la humanidad, desde una perspectiva evolucionista y compleja, superior y más fría.

En Unamuno también vemos que son posibles las leyes y virtudes altruistas únicamente en el seno de esas sociedades criminales, valga la redundancia, construidas sobre la depredación universal, y que regulan ésta con normas y leyes para su mayor eficacia.

En suma, que cooperar es muy bonito y muy inclusivo, y muy guay y resiliente, muy salimos de ésta todos juntos, y no nada individualista ni egoísta.... —pero no hay que olvidar que normalmente se coopera contra algo... o contra alguien, contra algún cíclope quizá, o contra un grupo menos numeroso o menos organizado. Así surgió y se desarrolló la muy particular sociabilidad humana, la del hombre-lobo, lobo para el humano, hombre para el hombre.

 

 

Nociones erróneas sobre la evolución de la cooperación

 

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miércoles, 10 de enero de 2024

What's the Market? —What's the World?

 According to Robert Burton's Anatomy of Melancholy:

What's the market? A place, according to Anacharsis, wherein they cozen one another, a trap; nay, what's the world itself? A vast chaos, a confusion of manners, as fickle as the air, domicilium insanorum [a madhouse], a turbulent troop full of impurities, a mart of walking spirits, goblins, the theatre of hypocrisy, a shop of knavery, flattery, a nursery of villainy, the scene of babbling, the school of giddiness, the academy of vice; a warfare, ubi velis nolis pugnandum, aut vincas aut succumbas [where you have to fight  whether you will or no, and either conquer or go under], in which kill or be killed, wherein every man is for himself, his private ends, and stands upon his own guard. No charity, love, friendship, fear of God, alliance, affinity, consanguinity, Christianity, can contain them, but if they be anyways offended, or that string of commodity be touched, they fall foul. Old friends become bitter enemies on a sudden for toys and small offences, and they that erst were willing to do all mutual offices of love and kindness, now revile and persecute one another to death, with more than Vatinian hatred, and will not be reconciled. So long as they are behoveful, they love, or may bestead each other, but when there is no more good to be expected, as they do by an old dog, hang him up or cashier him: which Cato counts a great indecorum, to use men like old shoes or broken glasses, which are flung to the dunghill; he could not find in his heart to sell an old ox, much less to turn away an old servant: but they, instead of recompense, revile him, and when they have made him an instrument of their villainy, as Bajazet the Second, Emperor of the Turks, did by Acomethes Bassa, make him away, or instead of reward, hate him to death, as Silius was served by Tiberius. In a word, every man for his own ends. Our summum bonum is commmodity, and the goddess we adore Dea Moneta, Queen Money, to whom we daily offer sacrifice, which steers our hearts, hands, affections, all: that most powerful goddess, by whom we are reared, depressed, elevated, esteemed the sole commandress of our actions, for which we pray, run, ride, go, come, labour, and contend as fishes do for a crumb that falleth into the water.


("Democritus to the Reader", 64-65)

 

 

The Whole World Plays the Fool


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martes, 1 de junio de 2021

Logros a los 60

 

Logros a los 60, uno



Logros a los 60, 2


Logros a los 60, 4

Logros a los 60, cinco


Logros a los 60, seis


Logros a los 60, 7


Logros a los 60, ocho

Logros a los 60, nueve

Logros a los 60, 10

 

Il faut examiner ce qui se passe dans les milieux où la fièvre de la concurrence et les affres de l'avancement au mérite sévissent dans un contexte d'oisiveté relative, favorable à l'observation réciproque, les milieux d'affaires, certes, et plus encore les milieux intellectuels qui parlent toujours des autres, mais ne se regardent jamais eux-mêmes.

Dans ces milieux, la cyclothymie se nourrit de signes qui ne sont pas du tout illusoires et insignifiants même si leur interprétation peut susciter des divergences extraordinaires. Ceux dont l'avenir professionnel et la réputation dépendent de tels signes en sont inévitablamente obsédés. Il s'agit ici d'une obsession qu'on peut qualifier d'objective, ainsi que l'alternance thymique qui lui est associée. Il est difficile de ne pas se réjouir de ce qui attriste le rival, de ne pas s'attrister de ce qui le réjouit. 

Tout ce qui me remonte démonte mes concurrents, tout ce qui les remonte me démonte. Dans une société où la place des individus n'est pas déterminée à l'avance et où les hierarchies sont effacées les hommes sont toujours occupés à se fabriquer un destin, à "s'imposer" aux autres, à "se distinguer" du troupeau, c'est-à-dire à "faire carrière". 

 

(René Girard, Des choses cachées depuis la fondation du monde, 432) 

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miércoles, 15 de julio de 2020

Intencionalidad, Cooperación, Competencia y Agresión






Muy interesante artículo sobre la creación de intencionalidades sociales complejas. 

Me viene a la mente la creación de unidad y coordinación en el grupo, y de reorientación organizada de conflictos, a través de rituales de agresión coordinada y mimética (pienso en los estudios sobre mímesis y violencia de René Girard). 

Y una cuestión. A partir de esta reflexión donde dice, sobre la mímesis de comportamiento en los monos: 

"La interacción de tocar la campana, desde que se inicia en uno de ellos hasta que concluye en otro, implica una interacción en bucle que permite establecer una mayor complejidad que el acto de actuar, sino quién actúa con qué y por qué yo le sigo o me percibo como competencia."  

Estas interacciones en bucle tienen efectos para la constitución del sujeto una vez se interiorizan (ver "Interacción internalizada: el desarrollo especular del lenguaje y del orden simbólico"). Algunas reflexiones sobre este tipo de bucles en la psicología social de G. H. Mead nos podrían llevar en esta dirección (ver "Bucles en la mente: Autointeracción, retroalimentación cerebral, y la realidad como expectativa autocumplida").

Pero más en concreto: esta intencionalidad colectiva y compartida se afina y retroalimenta cuando se enfrenta, miméticamente y dialécticamente, a OTRA intencionalidad semejante a ella. Aquí volvemos a la importancia de la agresión, la cohesión social y la competición entre grupos. Es importante entre los primates, como se señala aquí, el desarrollo de una cooperación avanzada, pero esta cooperación dentro del grupo (que tampoco excluye otras dinámicas de competencia intragrupal entre los individuos) viene a potenciarse especialmente cuando entra en una dinámica de enfrentamiento con OTRA cooperación avanzada en otro grupo.

Es decir, cooperación social y competencia entre grupos van necesariamente unidas una vez se alcanza una complejidad suficiente, en especial cuando se identifican capacidades intencionales y se desarrolla la capacidad de planificar ataques, agresiones, defensas, etc. A nivel de grupos más avanzado todavía, claro, aparecerán dinámicas superiores, de cooperación entre grupos, alianzas, de cara a la agresión a un tercer grupo. Y así sucesivamente. 

 En suma, que la cognición social, el desarrollo de intencionalidad compleja, lleva aparejado el desarrollo de dinámicas también complejas no sólo de cooperación, sino de competición y agresión, una dinámica que alcanza su máximo desarrollo en la intencionalidad y socialidad compleja de los humanos, demasiado humanos y a la vez demasiado primates, que de ahí no nos saca nadie de momento—a no ser que entendamos por superar estas dinámicas el hecho de que la agresión directa se sustituye muchas veces por formas más simbólicas y elaboradas de agresión y de competición, y por dinámicas económicas de cooperación y confrontación mucho más complejas, lo que llamamos la historia.








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domingo, 2 de febrero de 2014

El Gran Juego


El gran juego de la realidad y de la política: Homo actor, Homo pugnans y Homo ludens son la trinidad en la que se manifiesta la naturaleza única de Homo sapiens.  

Voy leyendo El sello indeleble, frase de Darwin y libro así titulado por Juan Luis Arsuaga y Manuel Martín-Loeches (Debate, 2013).  En el capítulo sobre la naturaleza social del hombre, parte de su "sello indeleble" que lo hace a la vez humano y animal (animal a su manera), se habla más explícitamente de lo que se suele de la naturaleza guerrera de los grupos humanos. De esto hablamos en Somos hijos de la guerra, y más habría que hablar todavía. Pero aquí juntan la discusión los autores, de modo interesante, a las nociones de la vida como teatro, y de la realidad social como ficción construida y juego—partiendo de Huizinga y su Homo Ludens. Todos actores, y la guerra va unida a la preponderancia y actuación de los principales actores, los jefes y líderes. Una teoría (asociada a Marvin Harris y otros) que matiza o afina la teoría de nuestro origen guerrero. El hombre es una especie de por sí grupal, tribal y competitiva, que explota o expulsa a otros grupos humanos—o compite agresivamente con ellos. Pero a la vez, la dinámica guerrera se ha acentuado en una determinada fase de la historia. La que conocemos, a grandes rasgos, como la fase civilizada. Paradoja para rumiarla.

Arsuaga, gran fan del fútbol, ve en la violencia simbólica un sustituto útil de la violencia real para dar salida a nuestros instintos agresivos y a las dinámicas tribales primarias. Ya señalábamos la gran importancia del fútbol para la estructuración de la realidad, su dimensión fenomenológica por así decirlo. No, si se puede sostener —desde otro punto de vista, pues aquí aborrecemos el fútbol— que cuando la realidad está hecha de fútbol, y ha sido fagocitada por éste, es por razones muy ligadas no sólo a las circunstancias políticas de la sociedad moderna, sino también al sello indeleble éste que llevamos estampado en las meninges.

Y en fin, que este fragmento que cito a continuación también se relaciona con otro de los temas que tratamos aquí con frecuencia, aparte de la evolución y de la explotación del hombre como principal fuente de recursos para el hombre-lobo. Tema, digo, que es la teatralidad de la vida cotidiana, la estructura dramatúrgica de la psicología, de las relaciones y de la actuación humana. La virtualidad de la Matrix constituida por el Gran Teatro del Mundo que se infla como un globo-mapamundi, flota como él en la nada, y puede pincharse casi igual de fácil.

Me callo y cito, si citar es callarse—el fin del capítulo 6:

Somos primates sociales, y la existencia de relaciones jerárquicas dentro de los grupos parece algo intrínseco a nuestra especie; nuestro cerebro está especialmente preparado para ello. En cualquier caso, estos líderes de grupos pequeños [en sociedades primitivas de cazadores-recolectores] no serían jefes en el sentido estricto del término.

Con el surgimiento de las jefaturas, sociedades con una jerarquía estricta, el fenómeno de la guerra parece que se volvió más exagerado y frecuente. Fue el momento en el que surgieron los jefes intocables y todopoderosos, verdadero caldo de cultivo para las guerras. A este fenómeno debió de contribuir el hecho de que en los grupos más numerosos, con una cantidad de individuos superior a 200 y, por tanto, más difíciles de manejar mentalmente, las relaciones entre sus miembros debían de quedar definidas por una función por una categoría. Cuando se alcanza esta situación de impersonalidad es cuando pueden aparecer muchos de los fenómenos mentales y sociales de los grupos grandes de humanos mencionados anteriormente. La categoría de "jefe" se aplicaría así a un rol, a una función, y sobre todo, a unas características que pueden perfectamente alejarse del verdadero personaje que asuma ese papel en un momento dado. La lejanía entre los miembros del grupo es suficiente también como para que la mayoría de ellos no hayan tenido un trato cercano y directo con el líder y, por lo tanto, lo ignoren todo de él. Es entonces cuando se puede llenar ese vacío de conocimiento real con unos contenidos y unas capacidades, a veces incluso sobrenaturales, que se le suponen al líder solo por el hecho de ser la persona que ostenta ese título. Efectivamente, el jefe acaba siendo alguien muy especial, incluso una divinidad, alguien a quien hay que obedecer ciegamente, alguien por quien merece la pena luchar y matar y, si hace falta, morir.

El fenómeno debió de volverse cada vez más complejo a medida que los grupos aumentaban cada vez más de tamaño. Especialmente complejo, para nuestra limitada mente, cuando los grupos superaron los 10.000 individuos y empezaron a surgir los estados. Los estados son, según Marvin Harris, una forma exclusivamente humana de agrupación a la que tiende naturalmente nuestra especie, como lo demostraría el hecho de que haya surgido de manera independiente en diversas partes del mundo.

Pero las guerras, como los estados y tantas otras cosas, en el fondo no son más que un juego; un gran juego. El ser humano lucha por conceptos, por ideas, sean estas una nación, un dios o unos ideales. A veces, todo junto. Todos ellos no son otra cosa que meros conceptos mentales, sin más realidad material que la que les otorga nuestro cerebro. Cuando hacemos la guerra, puede que solo estemos jugando, aunque lo que nos juguemos sea la vida.


"Homo ludens"

El ser humano destaca por ser tremendamente propicio al juego. El historiador holandés Johan Huizinga sugirió que nuestra especie podría llamarse Homo ludens (este es, de hecho, el título de su libro publicado en 1950). Para Huizinga, todas las culturas no son más que un mero juego, y cumplen una función lúdica. Es probable que la cultura humana tenga su origen y gran parte de su razón de ser en los mismos mecanismos que el juego.

El juego no es un fenómeno exclusivo de nuestra especie; muchas otras lo practican durante su infancia. Es una actividad muy destacada en los primates, especialmente en algunos grandes simios, como los chimpancés. El juego parece ser una actividad muy preponderante en especies con un marcado carácter social y que en la edad adulta presentan un comportamiento más flexible. Sin embargo, en nuestra especie se daría el curioso fenómeno de que el juego no disminuye en intensidad con el inicio de la edad adulta, llegando en ocasiones a invadir nuestras vidas hasta sus más íntimos rincones.—
 
[Se sugiere aquí, o puede sugerirse, que la propensión humana al juego deriva en parte de las peculiaridades de la flexibilidad cerebral humana—ese cerebro que viene a un mundo social todavía sin terminar de hacer, y que se inserta así en una matriz social que lo estructura desde dentro, con el lenguaje y el orden simbólico. La naturaleza lúdica y simbólica de la realidad va por tanto unida en cierto modo al carácter altricial del ser humano, y al papel que la neotenia ha tenido en la evolución—algo ligado a su vez, en parte, a la locomoción bípeda y al desarrollo craneal. También es la "vida interna" de ese cerebro, en diálogo directo consigo mismo e indirecto con el mundo, el que lleva al desarrollo de una realidad virtual superpuesta a la realidad física, y estructurándola —JAGL ] 
 
 —Jugar es divertido, o al menos gratificante. El juego llena el cerebro de opiáceos naturales, que  refuerzan y motivan las acciones que estemos llevando a cabo. Esta liberación de sustancias similares a algunas drogas, pero producidas por el propio cerebro y de mucha menor potencia, no solo facilita el trabajo coordinado de diversas acciones de nuestro cerebro, sino que además atenúa y minimiza los conflictos sociales.

Somos primates altamente sociales y, gracias al juego, principalmente durante la infancia, desarrollamos nuestra capacidad para entender lo que es una jerarquía y lo que esta implica. Jugar nos ayuda a desarrollar nuestro lenguaje y nuestra capacidad de comunicación, a aprender y a siguir unas reglas que determinan la convivencia. Con el juego aprendemos a ser humanos. Lo curioso en nuestro caso es que no dejamos de jugar durante el resto de nuestras vidas. El ser humano adulto realiza un juego social muy complejo, con numerosas normas, roles, derechos y obligaciones, con multitud de interrelaciones que hay que entender y memorizar, por lo que ejercitar estas habilidades mediante la actividad lúdica durante el desarrollo resulta absolutamente imprescindible. Entre otras cosas, porque el juego nos permite reconocer la posibilidad de que otros individuos tengan ideas y pensamientos distintos de los nuestros.  Y, lo que es muy importante, también nos permite reconocer que puede (y suele) haber tramposos. Con el juego infantil, que de alguna forma reflejará lo que será el juego de la vida adulta, el niño humano aprende que no todo son buenas intenciones, que hay competencia y que unos ganan y otros pierden. Podría decirse que el ser humano vive inmerso en un gran juego durante toda su vida.
 


Que incluso la guerra se pueda entender como un juego y que la especie humana sea propensa a ella, especialmente si vive en grupos muy grandes, explicaría algunos fenómenos humanos aparentemente muy extraños, pero a la vez tan cotidianos, como la pasión de las masas por los deportes, especialmente si se juegan en equipo.

Para algunos autores, el ser humano es único en exhibir las más variadas y sorprendentes formas de demostrar que se está bien adaptado, que se está en forma y que se es un candidato idóneo y preferible con quien tener descendencia. La guerra puede haber sido de algún modo una de esas formas de exhibirse, de mostrar que se es de los mejores física y mentalmente. Además, en la guerra hay no solo un jefe supremo y otros tantos mandos organizados jerárquicamente; también hay combatientes, guerreros valerosos y héroes. Curiosamente, en el deporte se dan muchos paralelismos con la guerra. la pasión y el entusiasmo con que una gran parte de la población humana de todo el planeta se relaciona con el mundo del deporte nos tienen que poner sobre aviso de que es probable que estemos ante algo que verdaderamente forma parte de lo más esencial de nuestra naturaleza. En la afición al deporte, muchos seres humanos se ponen de parte de un equipo, lo siguen con sumo interés en todas sus batallas e implican de lleno a su sistema emocional. Si el equipo pierde, sufren, y si gana, estallan de alegría. Los seguidores celebran en masa las victorias de su equipo de una manera muy poco discreta, y se produce una verdadera orgía de hormonas en sus cerebros. Sí, se puede vivir pasionalmente el deporte incluso sin ser deportista. Es más, se suelen destinar al deporte enormes sumas de dinero, cantidades que de por sí mismas podrían ayudar a paliar de manera notable muchos de los problemas más básicos y acuciantes del tercer mundo. Sin embargo, se están invirtiendo en el hecho de que, por ejemplo, grupos de personas adultas en pantalón corto den patadas a una pelota que tienen que meter entre tres palos. Así es el sistema moral de nuestra especie; y así es el ser humano, imperdonablemente amante del juego. Si queremos realmente definir y entender a nuestra especie, no nos debemos olvidar de este tipo de cosas.

El deporte, en especial el deporte de equipo, es un buen sinónimo y sustituto de la guerra. El deporte llena el vacío que necesitan nuestros instintos guerreros, y esta es posiblemente una de las principales razones de su tremendo éxito. Entre el deporte y la guerra, como decíamos, existen numerosos y sospechosos paralelismos. En la guerra hay naciones, estados, reyes, príncipes, héroes y soldados; estrategias, objetivos y batallas; himnos, banderas, colores (que se defienden con la vida), vencedores, vencidos y premios; campos de batalla y, sobre todo, un impresionante baño de nuestros órganos en adrenalina y una tremenda demostración de fuerza física— 
 
[y, en la guerra, también de inteligencia tecnológica, organizativa, estratégica y maquiavélica, añadamos—JAGL] 
 
— llevada al límite de nuestras capacidades. Pues bien, más allá de la mera práctica del deporte, del ejercicio para mantenerse en forma, toda la parafernalia que lo rodea hace un uso demasiado evidente de todos estos conceptos guerreros. Hay quien dirá que el deporte no es más que un juego. Sí, es cierto, pero es un juego que muchos seres humanos parecen tomarse muy en serio Así es como jugamos los humanos. Cuando el filósofo Ortega y Gasset habla del "sentido deportivo y festival de la vida" no podía mostrarse más acertado.




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