Estas
cosas sucedían en nuestra familia, sé que es difícil creerlo. No me
refiero ni siquiera a que la gente por lo general hoy no cree en estas
cosas, me refiero a que las asociamos más con películas viejas de
terror, no con cosas que realmente creyeras que iban a poder suceder en
tu casa, y sin embargo así es. Claro que hablo de personas nacidas en
otro mundo y otro siglo.
Pues resulta que necesitaba el hijo
mayor, urgentemente, evitar la mili, porque quería irse a América. Si
lo pillaban para la mili, estaba aviado, porque entonces era larga
(esto era antes de la Primera Guerra Mundial), y necesitaba irse ya.
Por fin acabaría yéndose a América, y allá terminó pasando su vida. Y
sin embargo aquella vez tuvo que retrasar el viaje, con peligro de no
poderse ir, pero era por razones de fuerza mayor. Su madre estaba
embarazada, y faltaba poco para el nacimiento del bebé. Tenía que
quedarse hasta que naciese la criatura. Porque sólo él podía conjurar
el peligro.
El peligro era... que había un riesgo muy importante de que la criatura que naciese fuese un hombre lobo. Un
Lupishome,
como decían en la aldea. Había que esperar a ver si nacía niño o niña,
y entonces se sabría qué hacer. Entretanto había que retrasar el viaje
a América... porque hablamos de la época de los vapores de inmigrantes,
y de gente humilde; tenía que quedarse porque no podría volver, y sólo
el hijo mayor podía conjurar el peligro de tener en la familia al
Lupishome.
El hijo mayor tenía muchos hermanos y hermanas. Pero
se daba la circunstancia de que ya le seguían seis hermanos varones. El
bebé que naciese sería el séptimo varón de la casa. Parecería un bebé
completamente normal, pero al ser el séptimo varón correría el peligro
de convertirse en Lupishome antes o después. Sólo el hermano mayor
podía realizar el ritual que conjuraría el peligro. Y por eso tuvo que
retrasar el viaje, con riesgo de ser capturado por las autoridades.
Pero como se ve no era una cuestión de poca importancia.
El bebé
resultó ser niño. Y tenía los ojos de un marrón muy claro, casi
amarillo. ("Tenía ojos de perro", me dicen). Así que cuando nació, el
hermano mayor hizo lo ordenado por el ritual: lo llevó a un puente que
separaba dos parroquias, y allí conjuró el peligro bautizando a su
hermanito él mismo. Luego escapó a toda prisa hacia América. Y pasaron
más de noventa años.
Ese niño que nació vive ahora en el último
cuarto del pasillo. Me acaba de dar las buenas noches. Al margen de
leves episodios de epilepsia, nunca se han apreciado signos extraños en
él.