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lunes, 21 de junio de 2021

Giants in Transmedia

 Me citan de pasada en:

Kôiva, Mare, and Andres Kuperjanov. "Giants in Transmedia." Folklore: Electronic Journal of Folklore 64 (Tartu, 2016): 193-212.

         http://www.folklore.ee/folklore/vol64/giants.pdf

         http://dx.doi.org/10.7592/FEJF2016.64giants

Online at Academia (Mare Kôiva).*

         https://www.academia.edu/32443431/

         2020

         https://www.academia.edu/114116592/

         2024

 

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lunes, 16 de mayo de 2016

Retropost #927 (16 de mayo de 2006): El Lupishome


Estas cosas sucedían en nuestra familia, sé que es difícil creerlo. No me refiero ni siquiera a que la gente por lo general hoy no cree en estas cosas, me refiero a que las asociamos más con películas viejas de terror, no con cosas que realmente creyeras que iban a poder suceder en tu casa, y sin embargo así es. Claro que hablo de personas nacidas en otro mundo y otro siglo.

Pues resulta que necesitaba el hijo mayor, urgentemente, evitar la mili, porque quería irse a América. Si lo pillaban para la mili, estaba aviado, porque entonces era larga (esto era antes de la Primera Guerra Mundial), y necesitaba irse ya. Por fin acabaría yéndose a América, y allá terminó pasando su vida. Y sin embargo aquella vez tuvo que retrasar el viaje, con peligro de no poderse ir, pero era por razones de fuerza mayor. Su madre estaba embarazada, y faltaba poco para el nacimiento del bebé. Tenía que quedarse hasta que naciese la criatura. Porque sólo él podía conjurar el peligro.

El peligro era... que había un riesgo muy importante de que la criatura que naciese fuese un hombre lobo. Un Lupishome, como decían en la aldea. Había que esperar a ver si nacía niño o niña, y entonces se sabría qué hacer. Entretanto había que retrasar el viaje a América... porque hablamos de la época de los vapores de inmigrantes, y de gente humilde; tenía que quedarse porque no podría volver, y sólo el hijo mayor podía conjurar el peligro de tener en la familia al Lupishome.
El hijo mayor tenía muchos hermanos y hermanas. Pero se daba la circunstancia de que ya le seguían seis hermanos varones. El bebé que naciese sería el séptimo varón de la casa. Parecería un bebé completamente normal, pero al ser el séptimo varón correría el peligro de convertirse en Lupishome antes o después. Sólo el hermano mayor podía realizar el ritual que conjuraría el peligro. Y por eso tuvo que retrasar el viaje, con riesgo de ser capturado por las autoridades. Pero como se ve no era una cuestión de poca importancia.

El bebé resultó ser niño. Y tenía los ojos de un marrón muy claro, casi amarillo. ("Tenía ojos de perro", me dicen). Así que cuando nació, el hermano mayor hizo lo ordenado por el ritual: lo llevó a un puente que separaba dos parroquias, y allí conjuró el peligro bautizando a su hermanito él mismo. Luego escapó a toda prisa hacia América. Y pasaron más de noventa años.

Ese niño que nació vive ahora en el último cuarto del pasillo. Me acaba de dar las buenas noches. Al margen de leves episodios de epilepsia, nunca se han apreciado signos extraños en él.




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sábado, 24 de marzo de 2012

Locros, sicilianos y pelaires


La ermita de Santa Elena, donde acaba el término municipal de Biescas, camino del valle de Tena, es un punto de encuentro de romerías tanto de Biescas como de los pueblos del valle. Y donde hay encuentro hay desencuentro. Se cuenta en Biescas que  los tensinos venían disputando la propiedad de la ermita, que más bien parece estar en el valle que en Biescas—de hecho hay que atravesar una barrera natural, una puerta tallada en la roca, para llegar a ella desde Biescas. Para decidir el contencioso, cuenta la tradición, se pidió al cura de Biescas que, hablando ex cathedra, se pronunciase sobre la verdad del asunto, o es posible que se le hiciese jurar sobre la Biblia, sospechando que quizá buscaría favorecer a sus feligreses. Y el cura juró en la ermita, en efecto, como sigue: "juro que mis pies están sobre tierra de Biescas". Pero el juramento tenía truco, porque en previsión del mismo, antes de salir de Biescas se había puesto tierra de ahí dentro de los zapatos.

Poca duda hay de de que el cura se condenará por la treta. Lo que sí puede discutirse es si estaba encarnando un arquetipo folklórico recurrente, o si estaba muy leído en los clásicos. En efecto, en las Historias de Polibio (libro XII.6) leo un truco parecido llevado a cabo por los locros para engañar a los sicilianos:

Acerca de estos convenios los locros explicaban que en la época de su primera llegada los sicilianos dominaban el país ocupado ahora por ellos. Los isleños, empavorecidos, los aceptaron por miedo y establecieron un tratado: los locros les serían amigos y poseerían, conjuntamente con ellos, sus tierras, mientras pisaran su suelo y tuvieran sus cabezas sobre sus espaldas. Se cuenta que, mientras prestaban el juramento, los locros se habían puesto tierra encima de las suelas de sus calzados y que habían escondido en sus espaldas cabezas de ajo; era así como habían depuesto el juramento. Al punto se sacudieron la tierra de sus zapatos y arrojaron las cabezas de ajo; no mucho más tarde, a la primera oportunidad, echaron a los sicilianos de aquel país. Así lo explican los locros...

Según la nota de Manuel Balasch a este pasaje (49), "Este truco es común en la antigüedad; cf. Polieno, VI 22, Dionisio de Halicarnaso, XIX 3, e incluso Virgilio, Eneida I 367. El hecho de que los locros lo refirieran no implica para nada su veracidad."

En efecto, pues presumen de mentirosos. En realidad el texto de la Historia Antigua de Roma de Dionisio de Halicarnaso, si bien va sobre un truco para burlar un tratado, no es el truco de la tierra en los zapatos; el truco allí es "estaremos un día y una noche" - pero al día siguiente también hay "un día y una noche". El pasaje de la Eneida se refiere a la compra de tierra para construir Cartago, haciendo tiras la piel de un buey para burlar la condición impuesta a Dido, de que sólo le venderían la tierra que cupiera en la piel de un buey. Son todos trucos que tienen un aire de parentesco inconfundible con cuentos populares de burladores y pícaros.

Otras leyendas en torno al santuario de Santa Elena también tienen estos paralelismos clásicos y folklóricos. Así la historia de la tela de araña como prueba de que nadie ha pasado a la cueva—recuerdo haber leído un pasaje parecido, referido a un héroe local de un país ficticio centroeuropeo, en una novela de Alfred Hitchcock y los Tres Investigadores. Seguro que no venía de Santa Elena, la inspiración.

Unas páginas antes en Polibio, también a cuenta de Timeo y de sus locros, y de las mentiras de todos ellos, vemos este otro pasaje:

Timeo afirma que la fuente Aretusa, que está junto a Siracusa, tiene sus manatiales en el río Alfeo, que fluye por el Peloponeso, por la Arcadia y por Olimpia; "el río—continúa—se hunde debajo tierra, y aflora a cuatro mil estadios, en tierras siracusanas, en Sicilia". Timeo ve la prueba de su afirmación por el hecho de que durante unos festivales olímpicos llovió. El agua inundó los contornos del santurario y, al cabo de poco tiempo, manó de la fuente Aretusa estiércol proviniente de los bueyes sacrificados en los festivales; además arrojó una copa de oro, que als ser recogida atestiguó la procedencia de todo. (XII.4d).

Esto recuerda irremediablemente la historia de aquel peregrino que encontró su bastón arrojado por la fuente de la Gloriosa, en Santa Elena, después de haberlo perdido en las aguas del río Jordán. Sin explorar en detalle estos flujos subterráneos, sí puede decirse que existe una conexión de algún tipo entre estos pasajes clásicos, sumergidos largo trecho, y su reaparición en las leyendas de Biescas. Según Balasch, la fuente Aretusa "estaba situada en la parte norte de la isla de Ortigia, junto a Siracusa; entre otros autores, Píndaro (Nem. 1,1) e Íbico (fr. 23 Diehl) la relacionan con Olimpia y el curso del Alfeo. Esta tradición es constante en la literatura griega desde Íbico, y Virgilio la representa egregiamente en su última Bucólica. Hablando el lenguaje de la Ilustración del s. XVIII, Polibio se nos presenta aquí como un 'espíritu fuerte'"—o sea, un escéptico.  En la Bucólica Décima, Virgilio pide a la fuente que "al discurrir bajo las olas sicilianas", no se mezclen sus aguas con las del mar.

Sobre el tema de las corrientes subterráneas milagrosas y sorprendentes también escribió bastante John Livingston Lowes en The Road to Xanadu. Algo más al respecto comenté en La Gloriosa y los ríos sagrados.

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