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martes, 23 de febrero de 2021

Topteneando: Social Psychology Top Ten

 

Un simpático cíborg me comunica que tengo un artículo (La complejidad del tiempo humano en G. H. Mead) en un Top Ten de psicología social:


Dear Jose Angel Garcia Landa:

Your paper, "LA COMPLEJIDAD DEL TIEMPO HUMANO EN GEORGE HERBERT MEAD (THE COMPLEXITY OF HUMAN TIME IN GEORGE HERBERT MEAD)", was recently listed on SSRN's Top Ten download list for: PsychRN: Other Social & Personality Psychology (Topic).

As of 23 February 2021, your paper has been downloaded 62 times. You may view the abstract and download statistics at: https://ssrn.com/abstract=2602926.

Top Ten Lists are updated on a daily basis. Click the following link(s) to view the Top Ten list for:

PsychRN: Other Social & Personality Psychology (Topic) Top Ten.

Click the following link(s) to view all the papers in:

PsychRN: Other Social & Personality Psychology (Topic) All Papers.


Top Ten de Psicología Social


Observarán, por cierto, que tengo no un Top Ten, sino dos, uno de ellos en colaboración con Ludmila, mi colega de Sebastopol.

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jueves, 30 de abril de 2020

George Herbert Mead - La Filosofía del Presente




La filosofía del presente, de George Herbert Mead. Traducción y notas de José Ángel García Landa. En red en Net Sight de José Angel García Landa. U de Zaragoza, 2006-9, new ed. 2020.*
         2009 DISCONTINUED 2019 – En red en el Internet Archive:
         2020
         2020





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lunes, 15 de julio de 2019

La mirada invisible: Dos maneras de mirar por el rabillo del ojo

Analizamos la acción conjunta de mirada y atención y sus variedades, en el sujeto de la mirada y en terceros que observan esa mirada. Todo ello se realiza desde la perspectiva de una psicología social interaccionista inspirada por G. H. Mead.

 

La mirada invisible: 

Dos maneras de mirar por el rabillo del ojo

Posted: 9 Jul 2019


José Angel García Landa

Universidad de Zaragoza
Date Written: July 13, 2016


English Abstract:

The Invisible Gaze: Two Ways of Looking Out of the Corner of One's Eye

  An analysis of the interplay and varieties of gaze and attention in the gazing subject and in third parties observing the gaze. This is done from the standpoint of an interactionalist social psychology inspired by G. H. Mead.




Note: Downloadable document is in Spanish.

Keywords: Gaze, Interactionism, Attention, George Herbert Mead, Proxemics


Garcia Landa, Jose Angel, La mirada invisible: Dos maneras de mirar por el rabillo del ojo (The Invisible Gaze: Two Ways of Looking Out of the Corner of One's Eye) (July 13, 2016). Ibercampus (July 13, 2016). Available at SSRN: https://ssrn.com/abstract=3415624




_____. "Dos maneras de mirar por el rabillo del ojo." In García Landa, Vanity Fea 10 June 2016.*

         http://vanityfea.blogspot.com.es/2016/06/dos-maneras-de-mirar-por-el-rabillo-del.html

         2016

_____. "La mirada invisible: Dos maneras de mirar por el rabillo del ojo." Ibercampus (Vanity Fea) 10 June 2016.*

         http://www.ibercampus.es/dos-maneras-de-mirar-por-el-rabillo-del-ojo-33185.htm

         2016

_____. "La mirada invisible: Dos maneras de mirar por el rabillo del ojo (The Invisible Gaze: Two Ways of Looking Out of the Corner of One's Eye)." Social Science Research Network 9 July 2019.*

https://ssrn.com/abstract=3415624

         2019

_____. "La mirada invisible: Dos maneras de mirar por el rabillo del ojo." In García Landa, Vanity Fea 15 July 2019.*

         https://vanityfea.blogspot.com/2019/07/la-mirada-invisible-dos-maneras-de.html

         2019

_____. "La mirada invisible: Dos maneras de mirar por el rabillo del ojo." Net Sight de José Angel García Landa 5 Jan. 2023.*

         https://personal.unizar.es/garciala/publicaciones/dosmaneras.pdf

         2023

_____. "La mirada invisible: Dos maneras de mirar por el rabillo del ojo." Academia 30 April 2026.*

https://www.academia.edu/166118856/

         2026





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lunes, 21 de enero de 2019

Reseña en Investigaciones Fenomenológicas


Ha aparecido en la revista Investigaciones Fenomenológicas esta reseña de nuestro libro Corporalidad, Temporalidad, Afectividad:


Bueno Junquero, Adrián (UNED; adrianbuenojah@gmail.com). Rev. of Corporalidad, Temporalidad, Afectividad: Perspectivas filosófico-antropológicas. Ed. Luisa Paz Rodríguez Suárez and José Angel García Landa. Investigaciones Fenomenológicas 15 (2018): 269-81.*
Online at Academia.*
Esta es la página del libro en la editorial Logos, por si alguien se anima a pedirlo para su biblioteca:
https://www.logos-verlag.de/cgi-bin/engbuchmid?isbn=4380&lng=deu&id=


Corporalidad, temporalidad, afectividad


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sábado, 21 de julio de 2018

Retropost (21 de julio de 2008): Percepción primigenia


Estos días estoy a vueltas con la Fenomenología del Espíritu de Hegel, que va a ser uno de mis libros de cabecera del verano, para darle vueltas a este post sobre la crítica dialéctica. 
Bien, pues uno de los primeros movimientos de Hegel consiste en desconstruir la "inmediatez" de lo particular, reduciéndolo a lo universal, al concepto y al lenguaje. Es un movimiento que prepara, por cierto, mucho de lo que luego pasará en Derrida por perverso y original—hallar mediación y complejidad y semiosis allá donde otros ven sólo lo simple, directo, inmediato y presente. Gramatología avant la lettre.
Uno de los argumentos de Hegel (también Heidegger avant Heidegger) es etimológico. La percepción no es inmediatez y contacto del sujeto con lo individual y particular sin más, sino que está ya "always already" mediada por el concepto, por lo Universal. Para ello señala que la palabra alemana para "percibir", Wahrnehmen, nos remite a una relación con la Verdad, con la esencia de algo—de lo percibido, una verdad que se encuentra más allá de la particularidad accidental:
"al señalar este pedazo de papel, la experiencia me enseña lo que es de hecho la verdad de la certidumbre sensorial: lo señalo como un "Aquí", que es un Aquí entre otros Aquíes, o es de por sí un "simple estar junto de muchos Aquís"; es decir, es un universal. Lo capto entonces como es en verdad, y en lugar de conocer una cosa de modo inmediato, capto lo que es su verdad, o la percibo (wahrnehmen)." (§ 110, p. 66). 
Bien, pues este énfasis en la verdad de lo percibido es propio de la lengua alemana, y subraya un aspecto importante de la percepción. Mi padre reflexiona mucho últimamente sobre esta cuestión heideggeriana, el lenguaje como sedimento y depósito de conocimientos e intuiciones—sobre la cantidad de significados que están ocultos en las palabras, no puestos allí por casualidad, sino por la experiencia colectiva de las generaciones. Y por los accidentes, claro, que hacen que una lengua subraye lo que no subraya otra. Pinker, en The Stuff of Thought, dedica un bonito análisis a destripar y desacreditar la teoría de Sapir-Whorf según la cual el lenguaje determina el pensamiento, pero sobreviven a su análisis muchas de las maneras fundamentales ("obvias" o "redundantes") en las que el lenguaje orienta el pensamiento. Estos saberes etimológicos (e incluso las falsas etimologías a su manera) son una de las maneras en las que se da esa orientación del pensamiento por el lenguaje—al menos cuando la etimología es desenterrada o construida, y nos lleva a relacionar dos conceptos o aspectos de la realidad cuya relación pasaba desapercibida o era captada subliminalmente.
Volviendo (sin haber salido de allí) a estas cuestiones de captar y percibir, observaremos que en el verbo alemán wahrnehmen no sólo está wahr, sino también nehmen, "captar" o "coger" como dice Hegel. Y esta mitad de la palabra sí que la tenemos en común, porque percibir también contiene captar, en su origen latino, "per-capio"—"agarrar por, coger a través de".

La percepción sensorial incluye vista, oído, olfato, gusto y tacto. De estos, dos requieren un contacto y proximidad, el tacto y el gusto. Los otros sentidos actúan "a distancia" del objeto, es un decir. Vemos que la palabra que los engloba a todos, percibir (o "sentir") no remite a la distancia, sino a la proximidad—es decir, reduce la distancia a la proximidad, reduce "ver" a "coger con la vista" o bien "agarrar con el oído". Esto nos lleva al terreno de la semántica cognitiva—ahora hay mucho interés en lingüística (a menudo ignorante de lo ya dicho por Vico) en ver cómo el vocabulario de los sentimientos, o el de la psicología, está construido metafóricamente sobre otro vocabulario más básico, y deriva la expresión compleja de la simple.

Por emergencia necesaria, diríamos, lo complejo tiene que venir antes de lo simple, y sería interesante ver en qué medida puede considerarse que el lenguaje guarda así una huella del propio crecimiento de la complejidad: así, en percibir, el contacto táctil o la apropiación alimenticia (agarrar, para qué) viene primero, y la distancia, la mediación, viene despúes, igual que en las formas simples de vida lo táctil tiene primacía evolutiva sobre lo visual. Como lo visual ("Ah, ya veo") tiene primacía sobre lo conceptual o intelectivo.

(Vaya, veo que en este punto estoy de acuerdo con George Herbert Mead. En el capítulo 2 de su Filosofía del presente que estoy traduciendo, nos dice sobre la percepción que "La experiencia a distancia es la promesa de la experiencia de contacto. El algo que podemos agarrar es la sustancia a la cual pertenecen las cualidades del sonido, el color, el sabor y el olor.")

Una lingüística conceptual bien enraizada (raíces con tierra antes que derivaciones especulativas) tendría así que enlazar de modo consiliente con una teoría no digo ya del origen del lenguaje, sino con una teoría de la evolución de la vida y de la percepción, y con una teoría cosmológica que nos dice qué cosas vienen primero, y cuáles captamos primero.






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domingo, 14 de enero de 2018

The Origin of the Human Mind in Infant Dramatism

George Herbert Mead's symbolic interactionalism provides a social behaviorist theory of the origin of role-playing and social dramatism. Being a perspective which stresses the inherent theatricality of human interaction and of the human mind, it is therefore, in an indirect way, a theory of the psychosocial roots of drama. Where we find the origin of language, and the origin of the human self, there we find, as well, the origin of drama. Besides, Mead's concept of self-interaction resulting from internalized interaction is crucial for an adequate understanding of the generative process which gives rise to the complexity of the human mind.

The Origin of the Human Mind in Infant Dramatism

https://ssrn.com/abstract=3081625

10 Pages Posted: 7 Dec 2017  

Jose Angel Garcia Landa 

Universidad de Zaragoza

Date Written: July 11, 2016

Keywords: George Herbert Mead, Dramatism, Social Psychology, Mind, Role-Playing, Internalization, Interactionism, Social Behaviorism, Drama, Self

Garcia Landa, Jose Angel, The Origin of the Human Mind in Infant Dramatism (July 11, 2016). Available at SSRN: https://ssrn.com/abstract=3081625

Resumen en español: El interaccionismo simbólico de George Herbert Mead proporciona una teoría conductista social sobre el origen de la interpretación de roles y del dramatismo social. Al ser una perspectiva que enfatiza la teatralidad inherente a la interacción humana y a la mente humana es por tanto, en cierto modo, una teoría sobre las raíces psicosociales del drama. Donde hallamos el origen del lenguaje, y el origen de la identidad personal humana, allí hallamos también el origen del drama. Además, el concepto de autointeracción resultante de la interiorización de la interacción es crucial para una comprensión adecuada del proceso generativo que da lugar a la complejidad de  la mente humana.







_____. "The Origin of the Human Mind in Infant Dramatism." In García Landa, Vanity Fea 11 July 2016.*

         http://vanityfea.blogspot.com.es/2016/07/the-origin-of-human-mind-in-infant.html

         2016

_____. "The Origin of the Human Mind in Infant Dramatism." Ibercampus (Vanity Fea) 11 July 2016.*

         http://www.ibercampus.eu/the-origin-of-the-human-mind-in-infant-dramatism-4010.htm

         2016 DISCONTINUED 2021 -  Online at the Internet Archive:

         http://www.ibercampus.eu/the-origin-of-the-human-mind-in-infant-dramatism-4010.htm

         2022

_____. "The Origin of the Human Mind in Infant Dramatism." Social Science Research Network 7 Dec. 2017.*

         https://ssrn.com/abstract=3081625

         2017

_____. "The Origin of the Human Mind in Infant Dramatism." In García Landa, Vanity Fea  14 Jan. 2018.*

         https://vanityfea.blogspot.com.es/2018/01/the-origin-of-human-mind-in-infant.html

         2018

_____. "The Origin of the Human Mind in Infant Dramatism." Academia 3 Feb. 2018.*

         https://www.academia.edu/35827813/

         2018

_____. "The Origin of the Human Mind in Infant Dramatism." ResearchGate 4 Feb. 2018.*

         https://www.researchgate.net/publication/322924875

         2018

_____. "The Origin of the Human Mind in Infant Dramatism." This Huge Stage 15 July 2022.*

         https://thishugestage.blogspot.com/2022/07/the-origin-of-human-mind-in-infant.html

         2022


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sábado, 9 de diciembre de 2017

The Origin of the Human Mind in Infant Dramatism

Abstract

George Herbert Mead's symbolic interactionalism provides a social behaviorist theory of the origin of role-playing. Being a perspective which stresses the inherent theatricality of human interaction and of the human mind, it is therefore, in an indirect way, a theory of the psychosocial roots of drama. Where we find the origin of language, and the origin of the human self, there we find, as well, the origin of drama. Besides, Mead's concept of self-interaction resulting from internalized interaction is crucial for an adequate understanding of the generative process which gives rise to the complexity of the human mind.

The Origin of the Human Mind in Infant Dramatism

https://ssrn.com/abstract=3081625


madre4

10 Pages Posted: 7 Dec 2017  

Jose Angel Garcia Landa

Universidad de Zaragoza
Date Written: July 11, 2016

Keywords: George Herbert Mead, Dramatism, Social Psychology, Mind, Role-Playing, Internalization, Interactionism, Social Behaviorism, Drama, Self

Garcia Landa, Jose Angel, The Origin of the Human Mind in Infant Dramatism (July 11, 2016). Available at SSRN: https://ssrn.com/abstract=3081625
 
 
 
 
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martes, 3 de octubre de 2017

Religión, Re-ligación

Me pasa Antonio Albero esta referencia en Filosofantes, a modo de comentario de este artículo sobre la idea de creencia.

16. La capacidad de religación

La inteligencia espiritual es la raíz de la vida espiritual, pero la espiritualidad no es la religiosidad. La vida espiritual es bísqueda, inquietud, anhelo de sentido, camino hacia lo desconocido, autotrascendencia. En la medida en que el ser humano se interroga por lo eterno, por lo infinito, prepara la religiosidad, pero la religiosidad puede no irrumpir en la vida de una persona.

La religiosidad expresa la capacidad de religarse que tiene el ser humano, de vincularse a un Ser que reconoce como distinto de sí y con el que establece alguna forma de comunicación. Religación es vínculo, comunicación, reconocimiento de la alteridad.

La vida espiritual puede desembocar en la religación, pero no necesariamente. La religiosidad no es la confesionalidad, porque esta última consiste en la libre identificación con un credo religioso e incluye el sentido de pertenencia a una comunidad de fieles y la práctica de determinados rituales. La religiosidad es cultivo del vínculo, pero no incluye esta identificación. Muchas personas se sienten vinculadas, desde lo más íntimo, a un Ser superior, pero no expresan este vínculo en el marco de una confesión.

La espiritualidad no exige, necesariamente, la religación con un Ser superior, tampoco la exculye. Cuando el ser humano se pregunta por el sentido de su existencia, toma distancia del mundo y de sí mismo, puede sentirse sostenido por un Ser que le trasciende. Cuando vive la experiencia de estar sostenido, referido a algo más grande que él, vive la experiencia religiosa.

Tanto en su interior como en el exterior, el ser humano puede hallar indicios de algo que está por encima de él y de todo lo demás, y de lo que él y todo lo demás dependen. La pregunta acerca de ese Ser, la búsqueda del sentido último, pertenece a la esencia del hombre. La espiritualidad es precisamente esta búsqueda, mientras que la religiosidad es el reconocimiento de un Ser superior del que proviene todo cuanto existe. La religiosidad activa la inteligencia emocional, pues tal vinculación altera los estados emocionales. Suscita temor, temblor, pero también paz y serenidad.

[...]

La religiosidad es una experiencia que emana de lo más profundo de la persona. Según Viktor Frankl, no es algo innato, determinado biológicamente. La religiosidad constitutiva del ser humano se canaliza a través de los esquemas religiosos existentes en su contexto social y cutural. Existe en él una predisposición, pero se activa en íntima correlación con el ambiente.

La inteligencia espiritual es ese dispositivo de la mente humana que hace posible la experiencia ética, estética y religiosa en el ser humano. Es la condición de posibilidad de lo que Viktor Frankl denomina las experiencias cumbre de la vida humana."

Francesc Torralba Roselló, Inteligencia espiritual, Plataforma, Barcelona, 2010
Gracias por la referencia. Disiento sin embargo en tanto que creo ("creo") que la ligazón principal de la religión no es con el ser trascendente, sino que es la ligazón entre los sujetos sociales establecida a través del ser trascendente (que en gran medida representa de hecho a los valores sociales o al 'otro' interiorizado), o la ligazón entre los sujetos sociales a través de otros rituales u objetos simbólicos. Dios en este sentido no es tanto el objeto de la religión, sino un símbolo de la misma, y de la comunidad como una serie de valores que trascienden a su presencia inmediata. Y luego, sí, hay personas más sensibles que otras tanto a estos valores comunales como a las diversas dimensiones de su simbolismo, pero ello no afecta a la naturaleza antropológica de esos valores, sólo a la manera en que se viven como constituivos de una estructura de personalidad o proyecto vital. Pero bueno si hay para discutir sobre el tema... !
Son muy interesantes, sobre el uso de símbolos como mediación social, las teorías de René Girard sobre el chivo expiatorio y otros rituales generadores de cohesión social, así como la línea de razonamiento sobre el otro interiorizado que va desde Adam Smith a G. H. Mead.






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domingo, 23 de julio de 2017

Retropost #1705 (23 de julio de 2007): La impresentable levedad del ser

La impresentable levedad del ser

Publicado en Filosofía. com. José Ángel García Landa


23 de julio de 2007

Voy traduciendo a ratos perdidos un fenomenal libro de fenomenología, The Philosophy of the Present, de George Herbert Mead, donde va sacando las conclusiones de la noción de que el pasado no existe ya, y de que el futuro no existe aún—o sea, que el pasado no existe y el futuro no existe, y sólo existe el presente. Una noción de sentido común por una parte, pero que choca con otras nociones de sentido común a las que también acudimos cuando nos conviene—también es de sentido común por lo que se ve el incurrir en estas contradicciones útiles. Por ejemplo, creemos que el pasado al que nos referimos es más real (por haber ya transcurrido) que el futuro que imaginamos. Para Mead no es así. Sostiene, en suma, que el pasado, aunque existió como presente, ya no existe como tal, y su existencia como pasado no es ni con mucho tan sustancial como la del presente (el de ahora o el que fue). El pasado y el futuro son en cierto modo imaginarios, son sólo fenómenos mentales, y se ubican estrictamente hablando sólo en el presente.
Esta es la tesis de Mead, pero le he añadido hoy un par de notas críticas que ponen en duda incluso esta ubicación relativa de la existencia en el presente. Tal como la veo, la existencia va de aquí para allá sin tomar asiento en ninguna parte, como el pensamiento de Aute, que no puede tomar asiento—o como un ciudadano (Ping) de una ventanilla a otra de la Administración (Pong). Las notas:


(xvi). Queda claro, pues, que para Mead el pasado y el futuro no existen en el mismo sentido en que existe el presente, sino que están subordinados a él. No están ubicados en la realidad sino a través del presente: más en concreto, son funciones semióticas y modalidades comunicativas de los organismos (y en especial de los seres humanos). Podríamos preguntarnos, sin embargo, si el presente no es, asimismo y en primer lugar, además del espacio de interacción de los organismos y lugar de ubicación de la realidad (abstraído por una observacion hipotética), una función semiótica y modalidad comunicativa de los mismos, en un sentido similar al del pasado y el futuro y en mutua delimitación con ellos.
(...)
(xix). Obsérvese, sin embargo, que el razonamiento de Mead puede extenderse al presente, que como apuntábamos en la nota (xvi) es también un constructo semiótico provisional, y en modo alguno sustentado en sí mismo: un constructo cuya entidad depende parcialmente del pasado y del futuro—del pasado y del futuro en él mismo contenidos. Por ejemplo, en el límite, cualquier situación presente podría ser una alucinación, cualquier situación social una fabricación o charada de las que tan magistralmente analiza Erving Goffman en Frame Analysis. El presente descansa, para ser lo que es, sobre el pasado que nos lleva a interpretarlo como lo que creemos que es, y sobre el futuro que nos "asegura" su sustancialidad mediante el refrendo continuado de los aspectos básicos de la identidad del presente tales como los concebimos. Tal es la naturaleza hermenéutica y dialéctica de la fenomenología temporal humana. Decimos humana, pues esta complejidad estructural de la experiencia temporal que estructura internamente el presente por respecto al pasado y al futuro es privativa de la especie humana, y de la complejidad de sus sistemas de representación temporal. El presente en el que vivimos está penetrado de futuro y organizado por la pervivencia del pasado de un modo mucho más intenso que el de otros seres inteligentes, hasta el punto que no puede considerarse como una base estable o "real" (por móvil que sea) para sustentar el pasado y el futuro, como propone Mead; antes bien, el presente humano se abisma de modo paradójico en el pasado y el futuro que él mismo contiene.
—al menos el mío. Una mise en abyme paradoxale que es nuestra realidad cotidiana, y en la que cada vez nos vemos más inmersos, gracias a los blogs.




domingo, 21 de agosto de 2016

Retropost #1112 (21 de agosto de 2006): George Herbert Mead, La Filosofía del Presente



George Herbert Mead: LA FILOSOFIA DEL PRESENTE

Publicado en Filosofía. com. José Ángel García Landa

Acabo de leerme el ensayo de George Herbert Mead La filosofía del presente, publicado póstumamente en 1932. Voy a releérmelo, despacio, y de paso a traducirlo. Me ha parecido uno de los mejores ensayos filosóficos que conozco, y me extraña que no esté traducido al español. Bueno esto y el resto de la obra de Mead, que hay poco traducido, al menos según la base de datos del ISBN. Mead nació en South Hadley (Massachusetts) en 1863, hijo de un pastor congregacionalista, y murió en Chicago en 1931. Estudió filosofía en Harvard, Leipzig y Berlín, y enseñó en la Universidad de Michigan y en la de Chicago, donde hizo la mayor parte de su carrera y junto con John Dewey y James Hayden Tufts constituyó el grupo de los "pragmatistas de Chicago". La idea central de su obra, y de este libro, consiste en extraer consecuencias cognoscitivas y culturales de la teoría de la evolución, integrando el desarrollo del lenguaje y de la conceptualización para explicar cómo surgen la consciencia, la mente y el sujeto, formas evolutivas complejas, a partir de las formas simples. Para Mead, este desarrollo se basa en la interacción comunicativa entre los seres, interacción perceptual en un principio, que al desarrollar formas semióticas complejas y complicar el proceso con la auto-percepción reflexiva y las señales del organismo dirigidas a sí mismo, da lugar a los fenómenos de la consciencia, al lenguaje y a la cultura. Es la llamada teoría de la emergencia, que podríamos remontar en su primera formulación moderna a la Ciencia Nueva de Vico. Mead llamaba a su filosofía behaviorismo social, aunque otros como Herbert Blumer la han llamado interaccionismo simbólico, pues la emergencia de formas complejas se basa en el desarrollo de símbolos y en la interacción comunicativa. Las implicaciones de esta línea de pensamiento para la semiótica, la lingüística o la teoría de la cultura, que por supuesto no se extrajeron inmediatamente, son inmensas. En especial, es toda una reivindicación de la importancia de las formas semióticas reflexivas y de su estudio, que a primera vista puede a veces parecer un tanto gratuito u ombliguista.

Entre estas consecuencias de la obra de Mead, me interesan especialmente las consecuencias narratológicas, en especial las que se refieren a la teoría de la retrospección y la retroacción. La filosofía de la emergencia proporciona instrumentos conceptuales esenciales para repensar nuestras ideas sobre los desarrollos temporales, sobre el circulo hermenéutico (o más bien la espiral hermenéutica) y sobre la reinterpretación de formas simbólicas anteriores a la luza de las formas emergentes que han surgido de ellas. Algún aspecto de la relación entre el interaccionismo simbólico y la teoría de la interpretación he tratado en este artículo.

Pueden encontrarse las obras de Mead en George’s Page: George Herbert Mead (ver Google). En vida sólo publicó artículos; sus principales libros, póstumos, son The Philosophy of the Present (1932), Mind, Self, and Society from the Standpoint of a Social Behaviorist (1934), Movements of Thought in the Nineteenth Century (1936) y The Philosophy of the Act (1938). El texto que iré traduciendo viene de The Philosophy of the Present, serie "Great Books in Philosophy" (Amherst, NY: Prometheus Books, 2002). Tiene una introducción de Arthur E. Murphy y prólogo de John Dewey, y contiene ensayos adicionales: "Empirical Realism", "The Physical Thing", "Scientific Objects and Experience", "The Objective Reality of Perspectives", y "The Genesis of the Self and Social Control".

Aunque de momento comenzaré por traducir el ensayo principal, "The Philosophy of the Present", y lo colgaré aquí en cuanto pueda conectar mi ordenata a la red:




Y paciencia, que como no me lo ha encargado nadie, iré traduciendo al paso la burra.

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PS (Noviembre de 2008): A estas alturas aún no he terminado el tercer capítulo. Tras muchos meses de aparcar esta traducción, le di un empujón este verano y con tan mala suerte que perdí la memoria USB donde la guardaba, antes de poder colgarla. Pero más se perdió en Cuba: sobre todo porque acabo de enterarme de la existencia de una traducción ya completa, colgada en la red en 2007, en la web del Grupo de Estudios Peirceanos. Fue realizada junto con un estudio introductorio por Ignacio Sánchez de la Yncera, de la Universidad Pública de Navarra—PDF aquí: http://www.unav.es/gep/FilosofiaPresente.pdf   


    Con lo cual mi traducción corre menos prisa que nunca, y quizá se paralice o siga avanzando como hasta ahora de deprisa. Vaya, justo cuando acababa yo de recibir una propuesta para publicarla impresa... un libro que no verá la luz, sospecho por tanto, a no ser la de la pantalla.







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viernes, 5 de agosto de 2016

G. H. Mead - Los objetos científicos y la experiencia



Traduzco aquí uno de los ensayos suplementarios de La Filosofía del Presente de George Herbert Mead.


III. Los objetos científicos y la experiencia

El proceso del conocimiento sigue para el científico un camino distinto del que sigue para el epistemólogo. El científico parte de un mundo material incuestionado, y con objetos incuestionados que aparecen en el problema del que se ocupa su investigación; a partir de estos pasa, por inferencia, a la formulación de hipótesis y a las consecuencias que conlleva, y de ahí pasa a la observación y al experimento con el cual somete a prueba su hipótesis. Aunque critica sus experiencias perceptuales y exhibe los errores e ilusiones de la percepción, su crítica siempre se funda sobre objetos que están allí, y su crítica no invalida éstos, ya que ha de apelar a ellos como pruebas de los errores que descubre. En el proceso se pensar su hipótesis sus ideas simbolizan relaciones en un mundo que está allí, y él busca de modo tentativo establecer entre ellas interrelaciones que superen los conflictos que hay entre los objetos y sus significados, o entre los diferentes significados de las cosas. Por fin, deduce los resultados que se siguen de su reconstrucción hipotética, y mediante la observación y el experimento en un mundo incuestionado halla, o no consigue hallar, la confirmación que busca. Su proceder cognitivo parte un mundo perceptual aceptado, y pasa por casos excepcionales y significados conflictivos, hasta el mismo mundo, una vez sus significados se han reconstruido. El mundo ése, de por sí, nunca lo cuestiona.

El epistemólogo, por otra parte, parte del hecho de que todas las experiencias perceptuales dependen de la relación entre el mundo y el organismo, y usa experiencias tales como las ilusiones y los errores de percepción para localizar perceptos en una consciencia totalmente separada del mundo de objetos al que se refieren estos perceptos. Esta posición quedó muy fortificada por la doctrina de la ciencia renacentista según la cual las cualidades secundarias no pueden pertenecer al mundo físico del que se ocupa la ciencia física. El conocimiento, tal como lo concibe el epistemólogo, se propone la tarea de pasar desde esos estados de conciencia, incluyendo toda la experiencia perceptual, hasta un mundo ontológicamente separado al cual parecen referirse esos estados de consciencia. Se ve llevado así a la concludsión de que hay una referencia cognitiva asociada a toda experiencia perceptual. La existencia de un mundo al que se refieren tales estados de consciencia se convierte en el problema del epistemólogo.

Es importante situar al objeto científico en su relación con el mundo perceptual, que está, como hemos visto, presupuesto tanto en el problema del científico como en sus datos experimentales. Ese objeto es una abstracción de lo que en la experiencia se somete a medición exacta. Es además una cosa física, es decir, ocupa un volumen de extensión que concebiblemnte podría traerse al ámbito de una experiencia manipulatoria. Incluso si nos atenemos al idea de de Broglie y formulamos la materia en términos de movimiento ondulatorio, hemos de recaer en una porción definible del espacio que está dentro de nuestro ámbito de manipulación concebible en la medida en que podamos medir las ondulaciones. El éter, mientras la ciencia lo mantuvo, podía concebirse como el material que llenaba este espacio, y se le podían ascribir a él la elasticidad y la rigidez.objetos científicos






















Si nos volvemos a los hallazgos experimentales a los cuales debe apelar incluso la hipótesis más abstrusa, si con algún resorte se puede apelar a ellos, vemos que la prueba tiene lugar dentro de lo que he llamado el área manipulatoria. Nos las vemos aquí con lecturas de indicadores que reflejan cambios que se hallan a distancia del los cambios que tienen lugar en el aparato. En el ámbito de esta experiencia manipulatoria, las perspectivas visuales desaparecen, y podemos alcanzar un alto grado de exactitud en la medida. Su estructura espacial es, como hemos visto, la del cuerpo rígido, y en la medida hasta donde alcanzan las pruebas físicas, la de la geometría euclidiana. Lo que tiene una importancia especial es que es en este ámbito donde encontramos, de modo directo o indirecto, nuestros objetos comunes. Por ejemplo, el penique del que tanto se han ocupado los epistemólogos es el mismo penique para diferentes observadores y desde ángulos distintos y distancias diferentes, en la medida en que estos peniques visualmente diferentes se reconocen como apariencias del mismo penique que cualquiera de los observadores podría tocar y manejar, bajo el control de su experiencia visual. Como resultado de un método común de manipulación, de medida y de localización, las áreas manipulatorias de los diferentes observadores se han vuelto así idénticas. Es importante reconocer que aunque cada individuo recibirá del penique una experiencia de presión en cierto sentido particular y propia, el método de identificar el penique que todos experimentarán no es particular de cada cual. Es un procedimiento lógico cuyas entidades y relaciones existen sólo en tanto en cuanto constituyen un factor universal de la experiencia del individuo.  Es decir, el individuo no hace primero sus propias mediciones y llega a sus propias identificaciones, para luego comparar éstas con las de otros y llegar a un objeto común; su método de determinación se da más bien en términos de un lenguaje que con sus diversos símbolos llega a exister sólo por el hecho de que el indivudo asume la actitud común a todos los que están involucrados en el mismo empeño. Este penique común, empero, llega a alcanzar la realidad de los hallazgos experimentales sólo si vuelve de modo directo o indirecto a un algo que sea medible en el área manipulatoria. En la base del proceso de medición, por supuesto, se encuentra el mecanismo fundamental de la percepción, en el que las experiencias a distancia conducen a experiencias de contacto que controlan el entorno en interés del organismo. Las experiencias de contacto son la realidad de las experiencias a distancia. El objeto físico, sin embargo, constituye una interrupción en el proceso biológico primitivo que halla su compleción en el consumo que requieren las necesidades biológicas del organismo. Es la mano, bajo el control del ojo, la que es responsable del área manipulatoria. El objeto manejado está a mitad de camino entre la visión del alimento y el comerlo. Si el proceso biológico, estimulado a distancia, pasa al la consumación sin solución de continuidad, no surge ningún objeto físico en su experiencia. En un sentido biológico, pues, el objeto físico o manipulado es una realidad mediata. En su abstracción a partir del consumo es ante todo una herramienta, y más tarde será la cosa física de la ciencia.

Cuando el experimento de Michelson-Morley, y las dificultades que salieron a la luz a resultas de la invarianza de las ecuaciones de Maxwell, hubieron eliminado el éter como cosa física, se le sustituyó por el éter de la "materia", o por usar el término de Whitehead, el evento, y el tiempo entró a formar parte de la cosa física como una dimensión. Ya hemos visto que en el mundo perceptual el espacio y el tiempo están inevitablemente separados. El movimiento implica algo que se mueve que sea irrelevante al proceso temporal. Un evento siempre le sucede a algo. Un resultado sorprendente de los recientes cambios que han tenido lugar en las ciencias físicas, y de las nuevas teorías a las que han dado lugar esos cambios, es que el evento ha ocupado el lugar de la cosa física. En el mundo perceptual y en el mundo de las masas en movimiento los eventos les acontecen a las cosas. Frente al cambio, hay cosas que no cambian que son las condiciones del cambio. Es decir, en el mundo percpetual el espacio y el tiempo están necesariamente separados. El espacio-tiempo no puede ser la forma de la experiencia perceptual. Podemos cambiar de una perspectiva a otra, y darnos cuenta de que lo que desde un punto de vista es reposo, desde otro es movimiento; pero en cada una de las perspectivas hay cosas permanentes, irrelevantes con respecto al tiempo, que les dan sentido a los cambios que tienen lugar en el tiempo. Si las perspectivas pueden reducirse a diversas apariencias de cosas que han permanecido iguales durante todos los cambios, la relatividad no llega a hacer presa en la naturaleza de las cosas; pero si la naturaleza de las cosas se halla en el proceso, en un sistema de cambios, los diferentes valores que adopta este proceso desde los diversos puntos de vista de observadores diferentes pero relacionados entre sí han de afectar a las naturalezas mismas de las cosas. Y sin embargo no podemos realmente reducir las cosas a procesos, porque no es posible que tengan lugar procesos que no sean procesos de cosas, y  pueden tomarse medidas únicamente en una situación en la que hay algo que permanece que es irrelevante con respecto al tiempo.

Mientras el evento está teniendo lugar, lo observamos, o lo escuchamos o lo tocamos, pero si podemos completar el comportamiento que inicia, aislamos la cosa a la cual le está aconteciendo el evento. Pero desde el punto de vista de la relatividad ningún objeto físico puede aislarse de lo que le está sucediendo. Si está en reposo en un sistema consentiente sometido a la medición de un científico, está en movimiento en otro sistema; y no sólo están variando sus medidas en el tiempo y en el espacio con las velocidades relativas de los sistemas, sino que el contenido interno de su masa también varía. No hay nada a lo que agarrarse excepto a las transformaciones de estas mediciones al pasar de un sistema a otro y las coincidencias de los acontecimientos en un espacio absoluto. Ahora bien, esto viene a significar que apenas hemos agarrado la cosa en un espacio permanente en el cual la podemos medir y determinar su contenido de masa interno, cuando resulta que hemos de situarnos a una distancia de ella en otro espacio y determinar sus cambios debidos a las velocidades relativas de esos dos espacios y sus sistemas consentientes.

De este modo hemos invertido el orden fundamental de nuestro comportamiento, y hemos convertido el "qué es una cosa" en una experiencia a distancia, en lugar de una experiencia de contacto. La razón de este cambio es evidente. El objeto que se halla en el área de manipulación le pertenece a la perspectiva del individuo y, en la medida en que esta área de manipulación puede determinarse mediante medidas que sean comunes para todos los miembros de la comunidad a la que pertenece el individuo, al espacio y tiempo del sistema consentiente del cual es un miembro su organismo en tanto que cosa física. Es sólo poniéndonos en el sistema consentiente distante como podemos darnos cuenta de que las distorsiones que sufren los objetos de ese sistema son las mismas que las que sufre nuestro sistema cuando se ve desde ese punto de vista. Ya que no existe un espacio absoluto al cual puedan referirse estos puntos de vista diferentes, como las perspectivas de la visión podían referirse a una área de manipulación común, no puede haber una área de manipulación a la cual puedan referirse estas perspectivas o marcos de referencia. La vara de medir y el reloj que da la hora local pertenecen al área de manipulación, y las cantidades que miden variarán de un sistema a otro. No hay una vara de medir común, ni un reloj común, que todos puedan aceptar. Los diferentes observadores pueden únicamente usar fórmulas de transformación mediante las cuales las medidas hechas en un sistema pueden leerse en térmnos de las que se han hecho en otro. Nos quedamos con un idioma de señales de luz a distancia que no pueden referir a ningún objeto común a la experiencia de todos. Es cierto que mediante la aplicación de las fórmulas podemos aislar un valor constante para el intervalo entre las coincidencias de acontecimientos en un espacio-tiempo de Minkowski, y que este valor constante puede considerarse como la realidad común a la cual se refieren en última instancia todas las mediciones diferentes hechas desde los puntos de vista de diversas perspectivas. Este espacio-tiempo, empero, hace abstracción en la experiencia a distancia de todos los rasgos cuyo significado se halla en su referencia a un objeto físico común. Sólo quedan aquellos rasgos de la experiencia a distancia que se refieren a una forma de cálculo común a todas las diferentes perspectivas. Es esta abstracción la que hace posible asimilar el tiempo al espacio como una cuarta dimensión. Para este cálculo lo que es un intervalo de tiempo en una perspectiva es un intervalo de espacio en otra. Sería un error, sin embargo, suponer que de este modo hemos pasado a un ámbito de comunicavión en el cual nuestros símbolos han perfido todo significado excepto el de referirse a un referente común. De hecho seguimos estando en un campo visual, con un valor finito para la velocidad de la luz; sólo que la cosa física a la que se refiere esa experiencia visual se formula ahora en términos de un valor de cálculo común a un número indefinido de diversas experiencias visuales.

Una crítica similar puede hacérsele a la teoría según la cual la energía constituiría la naturaleza de la cosa física. Par el mundo perceptual debe haber un sistema de cosas, y la energía es la medida de los cambios que tienen lugar en este sistema cuando se le aplica una fuerza externa. Sin embargo, los experimentos, y la formulación matemática en la que la termodinámica ha vestido los resultados de estos experimentos, han justificado la conclusión de que semejantes mediciones revelan sólo la energía potencial contenida en el sistema. Se ha debatido, sin embargo, en qué medida está justificado que extendamos la generalización de la conservación de la energía, aunque, como ha señalado Poincaré, siempre podemos suponer que la energía potencial mantiene la teoría intacta. Cuando, empero, hacemos que esta energía sea la naturaleza de la cosa, estamos saliendo necesariamente del mundo perceptual, al igual que cuando sustituimos el espacio y el tiempo por el espacio-tiempo.

La energía, como el espacio-tiempo, es un valor de transformación. Seleccionamos un proceso del campo manipulatorio—la cantidad de trabajo realizada—como medida de la energía; pero lo que se mide no se formula como una función de la masa del cuerpo; al contrario, la masa misma se formula en términos de energía. De este modo, cuando reducimos las cosas físicas ya sea a espacio-tiempo, o a energía, en uno y otro caso estamos utilizando un proceso de medida en una área perceptual, manipulatoria, para dar la naturaleza de la cosa física, mientras que la naturaleza así ascrita a la cosa física no pertenece al campo de la medición. En un caso en lugar de la cosa instalamos un acontecimiento localizado en un espacio-tiempo que se encuentra fuera de la experiencia; en el otro, apelamos, como en la teoría de Ostwald, a un campo metafísico igualmente remoto de la experiencia.

La reducción de la masa al electromagnetismo nos proporcionaría un ejemplo más, puesto que de este modo el electromagnetismo y la luz se remiten al mismo proceso—a saber, el que relaciona a un organismo con objetos distantes. Si la masa pudiese formularse en términos de electromagnetismo, habríamos sustituido el valor manipulatorio de un objeto por su valor a distancia. El que se formulase de este modo, sin embargo, presupone que estamos usando la formulación ondulatoria del electromagnetismo y no la corpuscular, y que no nos vemos llevados a introducir el concepto corpuscular, el fotón, en la teoría de la luz.

Esto nos lleva al programa del profesor Bridgman de reducir rígídamente todos nuestros conceptos físicos a las operaciones que usamos en las mediciones (1). Su propuesta equivale al parecer al propósito de devolver el objeto al área manipulatoria, pero sin interpretar la cosa física como un volumen de masa en movimiento, sino en su lugar redefinir la cosa física del área manipulatoria en términos de sus usos en la medición científica. La sencilla doctrina newtoniana sencilla  la luz y el calor del sol como evidencia de moléculas de elementos masivos en movimientos violentos; pero los elementos se han convertido ahora en partículas de electricidad que concebiblemente pueden definirse enteramente en términos electromagnéticos, y esto significa que podemos definirlos sólo en términos de formulaciones matemáticas cuyas constantes son determinadas lecturas de los indicadores. Las formulaciones matemáticas fijan lo más exactamente posible las condiciones bajo las cuales podemos obtener esas lecturas de los indicadores. De este modo estamos obteniendo una imagen no de los movimientos de cosas manipulatorias, que, en el ámbito de nuestras observaciones, son las condiciones de nuestras experiencias a distancia, sino de condiciones ideales de control de las situaciones manipulatorias en las que estas experiencias a distancia puedan reproducirse. Si concebimos al sol com hecho de electrones y protones, podemos presentar en una área manipulatoria imaginada los movimientos de estas partículas, con sus distancias respectivas y sus velocidades. Podemos presentar al electrón y al protón como atrayéndose mutuamente y como separados por la fuerza centrífuga de la increíble velocidad con la que el electrón gira alrededor del protón. Pero si pasamos a representarnos al electrón y al protón aplastados juntos en el centro del sol, liberando así, en forma de radiación, la energía electromagnética, incluyendo la masa, que es "lo que es" de estas partículas eléctricas, hemos transformado el material o contenido manipulatorio de la cosa en una experiencia a distancia. La indestructibilidad de la masa newtoniana reflejaba nuestra actitud fundamental de que lo que podemos agarrar es la realidad pemantente de lo que vemos, oímos o sentimos de otro modo a distancia. Si esta realidad permanente desaparece en la radiación, y ésta nos viene, pongamos, en forma de luz y de calor, o de rayos cósmicos, ya no es una experiencia a distancia de nada. Lo mismo sucede con los campos de fuerza. Podemos decir que son acontecimientos pero no hay cosas a las que les sucedan los acontecimientos en la localización en la que se encuentran.

No estoy expresando nostalgia por los lujos de lo que Whitehead ha llamado el materialismo del periodo newtoniano. Esa perspectiva sufría de la bifurcación deplorada por Whitehead, y albergaba todo el nido de problemas epistemológicos que nos ha expuesto Lovejoy por extenso (2). Sólo insisto en que sea cual sea la perspectiva que adoptemos sobre los trascendentales cambios que ha dejado la ciencia en su estela desde que el electromagnetismo empezó a dominar su investigación y su doctrina, no podemos apartarnos de los descubrimientos perceptuales que toda ciencia acepta como su criterio de realidad más básico. Es evidente que el que la ciencia apele a los descubrimientos perceptuales como su criterio supone más que una mera confirmación de la experiencia a distancia mediante la experiencia de contacto; a lo que se apela es más bien a la ocurrencia perceptual de acontecimientos predichos sobre la base de una hipótesis, con el fin de confirmar esa hipótesis. La importancia de la cosa perceptualmente real del campo manipulatorio aparece cuando un objeto de este tipo puede identificarse bajo la observación y el experimento en un caso excepcional: tómese por ejemplo la radiación de los cuerpos negros donde la realidad del objeto como cosa perceptual ha de haceptarse, por delante totalmente de cualquier interrpetación de él que pueda proporcionar una hipótesis subsiguiente. Aquí alcanzamos un algo que se mantiene como objeto que puede sentirse como algo visto. Es evidente además que la fiabilidad de las mediciones—de las lecturas de indicadores—ha de asegurarse en el seno de este mismo campo perceptual. Aun cuando no podamos desplegar el espacio y tiempo de esta área en el espacio euclidiano de la doctrina newtoniana, ni subdividir sus cosas perceptuales en partículas masivas newtonianas, sin embargo de algún modo relacionamos la realidad asumida de un universo que va más allá de los límites de nuestra experiencia perceptual, con la realidad decisiva de los hallazgos del científico.







(1). The Logic of Modern Physics, en especial el capítulo 1.

(2). "The Revolt against Dualism", passim.






(En curso de preparación - n. del t.)
Traducción (en curso) de José Ángel García Landa


sábado, 9 de julio de 2016

Consciousness as Rationality as Internalized Dramatism









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The Ideal of Universal Communication




The ideal of universal social communication according to G. H. Mead, Mind, Self, and Society (§41, "Obstacles and promises in the development of the ideal society", 326-28).


It is possible for the individual to develop his own peculiarities, that which individualizes him, and still be a member of a community, provided that he is able to take the attitude of those whom he affects. Of course, the degree to which that takes place varies tremendously, but a certain amount of it is essential to citizenship in the community.

One may say that the attainment of that functional differentiation and social participation in the full degree is a sort of ideal which lies before the human community. The present stage of it is presented in the ideal of democracy. It is often assumed that democracy is an order of society in which those personalities which are sharply differentiated will be eliminated, that everything will be ironed down to a situation where everyone will be, as far as possible, like everyone else. But of course that is not the implication of democracy: the implication of democracy is rather that the individual can be as highly developed as lies within the possibilities of his own inheritance, and still can enter into the attitudes of the others whom he affects. There can still be leaders, and the community can rejoice in their attitudes just in so far as these superior individuals can themselves enter into the attitudes of the community which they undertake to lead.

How far individuals can take the rôles of other individuals in the community is dependent upon a number of factors. The community may in its size transcend the social organization, may go beyond the social organization which mkes such identification possible. The most striking illustration of that is the economic community. This includes everybody with whom one can trade in any circumstances but it represents a whole in which it would be next to impossible for all to enter into the attitudes of the others. The ideal communities of the universal religions are communities which to some extent may be said to exist, but they imply a degree of identification which the actual organization of the community cannot realize. We often find the existence of castes in a community which make it impossible for persons to enter into the attitude of other people although they are actually affecting and are affected by these other people. The ideal of human society is one which does bring people so closely together in their interrrelationships, so fully develops the necessary system of communication, that the individuals who exercise their own peculiar functions can take the attitude of those whom they affect. The development of communication is not simply a matter of abstract ideas, but is a process of putting one's self in the place of the other person's attitude, communicating through significant symbols. Remember  that whiat is essential to a significant symbol is that the gesture which affects others should affect the individual himself in the same way. It is only when the stimulus which one gives another arouses in himself the same or like response that the symbol is a significant symbol. Human communication takes place through such significant symbols, and the problem is one of organizing a community which makes this possible. If that system of communication could be made theoretically perfect, the individual would affect himself as he affects others in every way. That would be the ideal of communication, an ideal attained in logical discourse wherever it is understood. The meaning of that which is said is here the same to one as it is to everybody else. Universal discourse is then the formal ideal of communication. If communication can be carried though and made perfect, then there would exist the kind of democracy to which we have referred, in which each individual would carry just the response in himself that he knows he calls out in the community. That is what makes communication in the significant sense the organizing process in the community. It is not simply a process of transferrring abstract symbols; it is always a gesture in a social act which calls out in the individual himself the tendency to the same act that is called out in others.

What we call the ideal of a human society is approached in some sense by the economic society on the one side and by the universal religions on the other side, but it is not by any means fully realized. Those abstractions can be put together in a single community of the democratic type. As democracy now exists, there is not this development of communication so that individuals can put themselves into the attitudes of those whom they affect. There is a a consequent leveling-down, and an undue recognition of that which is not only common but identical. The ideal of human society cannot exist as long as it is impossible for individuals to enter into the attitudes of those whom they are affecting in the performance of their own peculiar functions.


Parece que este ideal de la comunicación total es sólo eso, un ideal sólo aproximable en una dimensión abstraída de la actividad humana (como es la comunicabilidad universal del dinero) o en pequeñas comunidades de creyentes especialmente integradas y homogéneas. No se ve cómo podría convertirse en un ideal factible en una civilización a nivel mundial, por muchos progresos que hagan la globalización, la estandarización y la alienación. De algunas cuestiones coyunturales a estos "progresos" imaginables hablábamos en nuestro artículo sobre el Apocalipsis de la Comunicación Total. Que no lo veamos, ese Apocalipsis—la comunicación parcial es esencial para el funcionamiento normal (o sea humano), que no digo bueno, de las comunidades humanas. Y los apocalipsis, mejor dejarlos para el fin de la Historia.






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