Robert Bradley, "Introduction to Theatre and Drama Arts: Lecture 1 –
Introduction." YouTube (Missouri
State University) 8 Feb. 2013. http://youtu.be/_ELP95UxEmQ Theatre 101 aims to answer several questions, the most
important of which is, "what is the nature of the theatre experience?"
Why do people do theatre? What do they hope to accomplish? What is the
relationship between the performers and the audience? How has the
relationship between theatre and society developed throughout history
from the early theatres of democratic Athens to the contemporary
mega-musical? The course looks at drama and theatre arts as art,
literature, business, and entertainment, and it examines the creative
processes of theatre -- writing, design, directing, and acting -- which
move from idea to script to performance. Because theatre, by its very
nature, is interactive and interdisciplinary, this course encourages
students to develop their own imaginations and to be open-minded in
their responses to the theatre experience. It encourages considered,
critical evaluation of difficult or challenging material and asks
students to develop their capacity for interpretation, evaluation, and
cultural understanding.
Trátase en el capítulo 8 de la Teoría
de la Clase Ociosa de Thorstein Veblen (1899), imprescindible
contribución a la sociología y al evolucionismo cultural. La cultura
humana resulta de la selección natural... pasada por el hombre, es decir, de un
proceso de selección y adaptación en el que la selección deliberada por
parte de los humanos es un factor importante, sin que por eso el
proceso social sea el resultado de las intenciones de nadie, dada la
dinámica compleja de retroalimentación que se da entre las
instituciones existentes y el uso que se les da. Más bien son las
propias intenciones, criterios, modales y maneras sociales los que son
producto de este desarrollo evolutivo.
Una vez sentados los principios de la
teatralidad de la vida social y de la indignidad del trabajo
productivo, así como la ley del derroche
ostentoso que rige ese teatro, pasamos a tratar en este capítulo la
relación entre la Exención de
trabajo industrial y conservadurismo. Pero casi me interesa más
la teoría evolucionista y adaptacionista del desarrollo social que abre
el capítulo, pues se sienta allí el principio crucial de la
inestabilidad de las estructuras sociales (instituciones, relaciones,
modalidades de comportamiento). Hay que señalar que el término institución usado por Veblen cubre
un ámbito mucho más amplio de lo que podríamos suponer por el uso
habitual del término, e incluye desde las instituciones formales hasta
rituales o modos de relación, o incluso lo que Goffman llama marcos de referencia (frames).
Estas instituciones se
rigen por la selección natural y son inestables, dinámicas y cambiantes
debido precisamente a la dialéctica adaptativa que las gobierna.
Obsérvese cómo Veblen, en línea con la sociobiología actual, centra
como puntos clave de los procesos de transformación social el uso y
explotación de los recursos naturales, el desarrollo de la organización
y el conocimiento, y el aumento de la población. Quizá no pone bastante
énfasis, resultado de la época desarrollista en que vivió, en el agotamiento de los recursos. Que va
a tener efectos espectaculares próximamente.
Ecce.
La vida del hombre en sociedad,
igual que la vida de otras especies, es
una lucha por la existencia y, por lo tanto, es un proceso de
adaptación selectiva. La evolución de la estructura social ha sido un
proceso de selección natural de instituciones. El progreso que se ha
hecho y que continúa haciéndose en las instituciones humanas y en el
carácter humano puede ser atribuido, de una manera general, a una
selección natural de los hábitos de pensamiento mejor capacitados y a
un proceso de adaptación forzosa de los individuos a un medio que ha
cambiado progresivamente con el crecimiento de la comunidad y con las
cambiantes instituciones bajo las que han vivido los hombres. Las
instituciones no sólo son ellas mismas el resultado de un proceso
selectivo y adaptativo, que modela los tipos prevalecientes o
dominantes de actitud y aptitudes espirituales; son al mismo tiempo
métodos especiales de vida y de relaciones humanas y, por tanto, son a
su vez factores eficaces de selección. De tal manera que las
instituciones cambiantes realizan a su vez una ulterior selección de
individuos dotados del temperamento más adecuado y una ulterior
adaptación de los temperamentos y hábitos individuales al medio
cambiante, recurriendo a la formación de nuevas instituciones.
Las fuerzas que han dirigido el desarrollo de la vida humana y de la
estructura social son, sin duda, reductibles en último extremo a
términos de tejido vivo y medio material; mas para el propósito que
aquí nos ocupa, es posible hablar de esas fuerzas, de manera
aproximada, en términos de un medio—en parte humano y en parte no
humano—y de un sujeto humano con una constitución física e intelectual
más o menos definida. Tomado en conjunto y como término medio, este
sujeto humano es más o menos variable; principalmente, sin duda, por
obra de una regla de conservación selectiva de variaciones favorables.
La selección de variaciones favorables quizá sea, en gran medida, una
conservación selectiva de tipos étnicos. En la historia de la vida de
cualquier comunidad cuya población se componga de una mezcla de
elementos étnicos diversos, uno u otro de los diversos tipos
persistentes y relativamente estables de cuerpo y de temperamento
asciende a una posición de dominio en un momento determinado. La
situación, incluyendo las instituciones en vigor en cualquier momento
dado, favorecerá la supervivencia y el predominio de un tipo de
carácter con preferencia a otro; y el tipo de hombre así seleccionado
para continuar y elaborar más las instituciones heredadas del pasado
modelará en una medida considerable esas instituciones según lo que él
mismo sea. Pero aparte de la selección que se da entre tipos de
carácter y hábitos de pensamiento relativamente estables, no hay duda
de que se produce simultáneamente un proceso de adaptación selectiva de
hábitos de pensamiento dentro de la gama general de aptitudes, que es
característica del tipo o los tipos étnicos dominantes. Puede haber
variación en el carácter fundamental de un pueblo mediante la selección
entre tipos relativamente estables; pero hay también una variación
debida a la adaptación en detalle dentro del ámbito general del tipo, y
a la selección hecha entre específicos puntos de vista habituales
acerca de una determinada relación social o de un grupo determinado de
relaciones.
Para el propósito presente, sin
embargo, la cuestión relativa a la
naturaleza del proceso de adaptación —ya sea principalmente una
selección entre tipos estables de temperamento y carácter, o
fundamentalmente una adaptación de los hábitos de pensamiento humanos a
las circunstancias cambiantes— es de menos importancia que el hecho de
que, por un método u otro, las instituciones cambian y se desarrollan.
Las instituciones deben cambiar conforme cambian las circunstancias,
pues son, por naturaleza, un método habitual de responder a los
estímulos que esas cambiantes circunstancias presentan. El desarrollo
de esas instituciones es el desarrollo de la sociedad. Las
instituciones son, en lo sustancial, hábitos de pensamiento comunes con
respecto a relaciones y funciones particulares del individuo y de la
comunidad; y el esquema de la vida, que está constituido por el
conjunto de instituciones en vigor en un momento dado o en un punto
determinado del desarrollo de cualquier sociedad, puede caracterizarse,
de manera general, por el lado psicológico, como una común actitud de
espíritu o una común teoría de la vida. Por lo que se refiere a sus
características genéricas, esa actitud espiritual o teoría de la vida
es reductible, en su último análisis, a términos de un tipo común de
carácter.
La situación de hoy modela las instituciones de mañana mediante un
proceso selectivo, coercitivo, que actúa sobre la opinión habitual que
el hombre tiene de las cosas, alternando o fortificando de este modo un
punto de vista o una actitud mental heredada del pasado. Las
instituciones —es decir, los hábitos mentales— bajo cuya guía viven los
hombres, son, pues, heredadas de un pasado anterior; éste puede ser más
o menos remoto, pero en cualquier caso, dichas instituciones han sido
elaboradas y transmitidas por el pasado. Las instituciones son un
producto de procesos pasados, están adaptadas a las circunstancias
pasadas y, por tanto, no están de pleno acuerdo con los requisitos del
presente. Por la naturaleza misma del caso, este proceso de adaptación
selectiva no puede nunca ponerse a la par con la situación
progresivamente cambiante en que se encuentra la comunidad en cualquier
momento dado; pues el medio ambiente, la situación, las exigencias de
la vida que hacen forzosa la adaptación y realizan la selección,
cambian de un día a otro, y cada situación sucesiva de la comunidad
tiende, a su vez, a quedar en desuso tan pronto como ha sido
establecida. Cuando se ha dado un paso en el desarrollo, ese paso
constituye por sí mismo un cambio de situación que exige una nueva
adaptación; se convierte en el punto de partida de un nuevo paso en el
ajuste, y así sucesivamente.
Es, pues, de notar, aunque ello pueda resultar en una tediosa
perogrullada, que las instituciones de hoy—el esquema de vida
actualmente aceptado— no se adaptan enteramente a la situación de hoy.
Al mismo tiempo, los actuales hábitos de pensamiento tienden a
persistir indefinidamente, excepto cuando las circunstancias fuerzan un
cambio. Esas instituciones que nos han sido así transmitidas, esos
hábitos de pensamiento, puntos de vista, actitudes y aptitudes
mentales, etcétera, son, pues, por sí mismos, un factor conservador.
Éste es el factor de la inercia social, de la inercia psicológica, del
conservadurismo.
La estructura social cambia, se desarrolla y se adapta a una situación
alterada, sólo mediante un cambio en los hábitos de pensamiento de las
variadas clases de la comunidad, o, en último análisis, mediante un
cambio en los hábitos de pensamiento de los individuos que constituyen
la comunidad. La evolución de la sociedad es sustancialmente un proceso
de adaptación mental por parte de los individuos, bajo la presión de
las circunstancias que no tolerarán por más tiempo hábitos de
pensamiento formados bajo un conjunto de circunstancias diferentes en
el pasado, y adaptándose a ellas. Para el propósito inmediato que aquí
nos interesa, no es una cuestión de grave importancia la de si este
proceso de adaptación es un proceso de selección y supervivencia de
persistentes tipos étnicos, o un proceso de adaptación individual y una
herencia de rasgos adquiridos.
El avance social, sobre todo si se mira desde el punto de vista de la
teoría económica, consiste en un continuo acercamiento progresivo a un
ajuste más o menos exacto "de las relaciones internas a las relaciones
externas", pero este ajuste no llega nunca a establecerse
definitivamente, ya que las "relaciones externas" están sujetas a un
cambio constante, como consecuencia del cambio progresivo que tiene
lugar en las "relaciones internas". Pero el grado de aproximación puede
ser mayor o menor, según sea la facilidad con que se hace un ajuste. Un
reajuste de los hábitos de pensamiento mentales de los hombres para
conformarse a las exigencias de una situación alterada sólo se produce,
en cualquier caso, tardíamente y a disgusto, y sólo bajo la coerción
ejercida por una situación que ha hecho que las opiniones establecidas
llegaran a ser insostenibles. El reajuste de las instituciones y las
opiniones habituales a un medio alterado se hace como respuesta a una
presión exterior; es de la naturaleza de una reacción a un estímulo. La
libertad y la facilidad de reajuste, es decir, la capacidad de
crecimiento de la estructura social, depende, pues, en gran medida, del
grado de libertad con que en un momento dado la situación actúe sobre
cada uno de los miembros individuales de la comunidad, es decir, del
grado de exposición de cada uno de los miembros individuales a las
fuerzas limitadoras del medio. Si una porción o clase de la sociedad
está resguardada de la acción del medio en cualquier aspecto esencial,
esa porción de la comunidad o esa clase adaptará más tardíamente sus
conceptos y su esquema de vida a la nueva situación general; y tenderá
en la misma medida a retrasar el proceso de transformación social.
La clase ociosa opulenta se halla, así, en una situación protegida con
respecto a las fuerzas económicas que favorecen el cambio y el
reajuste. Y puede decirse que las fuerzas que contribuyen a un reajuste
de las instituciones, especialmente en el caso de una comunidad
industrial moderna, son, en último término, casi enteramente de
naturaleza económica.
Cualquier comunidad puede ser vista como un mecanismo industrial o
económico cuya estructura está compuesta por lo que se denomina sus
estructuras económicas. Esas instituciones son métodos habituales de
llevar adelante el proceso vital de la comunidad, en contacto con el
medio material en que ésta vive. Cuando unos métodos dados de desplegar
la actividad humana en ese medio determinado han sido elaborados de
esta manera, la vida de la comunidad se expresa a sí misma con cierta
facilidad en esas direcciones habituales. La comunidad utilizará las
fuerzas del medio para los propósitos de su vida, de acuerdo con los
métodos aprendidos del pasado y encarnados en esas instituciones. Pero
conforme aumenta la población, y conforme se va ampliando el
conocimiento y la habilidad de los hombres en la dirección de las
fuerzas de la naturaleza, los métodos habituales de relación entre los
miembros del grupo y el método habitual de continuar el proceso vital
del grupo como un todo, no dan ya el mismo resultado de antaño; y
tampoco las condiciones de vida resultantes se distribuyen y reparten
entre los diversos miembros del mismo modo ni con el mismo efecto que
antes. Si el esquema general de vida conforme al cual se desarrollaba
el proceso vital del grupo bajo las condiciones anteriores daba el
resultado más alto que—dentro de las circunstancias— se podía alcanzar
en lo referente a la eficiencia o facilidad del proceso vital del
grupo, ese mismo esquema de vida, si no es modificado, no producirá,
una vez alteradas las condiciones, el resultado más alto que se pueda
conseguir a este respecto. Bajo las nuevas condiciones de población,
habilidad y conocimiento, la facilidad de la vida con arreglo al
esquema tradicional puede que no sea más baja de lo que era en las
condiciones antiguas; pero siempre existe la posibilidad de que sea
inferior a lo que pudiera ser si se hubiera alterado el esquema para
adaptarlo a las condiciones alteradas.
El grupo se compone de individuos, y la vida del grupo es la vida de
los individuos vivida por cada uno de un modo independiente siquiera en
apariencia. El esquema de vida aceptado por el grupo es el consenso de las opiniones mantenidas por el grueso de esos
individuos respecto a qué sea lo bueno, justo, conveniente y bello en
la vida humana En la redistribución de las condiciones de vida que
proviene del nuevo, modificado método de enfrentarse con el medio, el
resultado no es un cambio equivalente en la facilidad de la vida de
todos y cada uno de los miembros del grupo. Puede que las nuevas,
modificadas condiciones aumenten la facilidad de vida del grupo tomado
en conjunto, pero la redistribución producirá normalmente una
disminución en la facilidad o plenitud de la vida de algunos miembros
del grupo. Un avance en los métodos técnicos, en la población o en la
organización industrial requerirá que, por lo menos, algunos de los
miembros de la comunidad alteren sus hábitos de vida para poder
adaptarse con facilidad y eficacia a los modificados métodos
industriales; y al hacerlo así no podrán seguir viviendo de acuerdo con
las nociones por ellos recibidas acerca de cuáles son los correctos y
bellos hábitos de vida.
Todo individuo a quien se le pida cambiar sus hábitos de vida y sus
relaciones habituales con sus prójimos, sentirá la discrepancia entre
el método de vida que las nuevas exigencias recientemente surgidas
requieren de él, y el tradicional modo de vida a que está acostumbrado.
Son los individuos puestos en esta situación los que tienen el
incentivo más vigoroso para reconstruir el recibido esquema de vida, y
los que son persuadidos con mayor facilidad de lo imprescindible que es
aceptar normas nuevas; y es por la necesidad de conseguir los medios de
vida indispensables, por lo que los hombres se hallan en una situación
así. La presión ejercida por el medio sobre el grupo, la cual hace que
tenga lugar un reajuste del esquema de la vida de dicho grupo, actúa
sobre sus miembros en forma de exigencias pecuniarias; y debido a este
hecho —debido a que las fuerzas externas se traducen en gran parte en
exigencias pecuniarias o económicas— podemos ver que las fuerzas que
cuentan para el reajuste de las instituciones en cualquier comunidad
industrial moderna son principalmente fuerzas económicas; o más
específicamente, que esas fuerzas adoptan la forma de presión
pecuniaria. Un reajuste tal y como el que aquí se está considerando es,
en sustancia, un cambio en las opiniones de los hombres acerca de lo
que es bueno y justo; y el medio por el que se produce un cambio en la
idea que tienen los hombres de lo bueno y de lo justo es, en gran
parte, la presión de las exigencias pecuniarias.
Cualquier cambio en las opiniones de los hombres acerca de lo que es
bueno y justo en la vida humana sólo se abre camino de manera tardía y
eso en el mejor de los casos. Esto es especialmente cierto en cualquier
cambio que tiene lugar a favor de lo que denominamos progreso; es
decir, en dirección divergente de la situación arcaica—la situación que
puede ser considerada como punto de partida de cualquier paso que se dé
en la evolución social de la comunidad—. El retroceso, el regreso a un
punto al que la especie ha estado habituada por mucho tiempo en el
pasado, es más fácil. Esto es particularmente cierto en el caso en que
el desarrollo a partir de ese punto no se ha debido de modo principal a
una sustitución de tipo étnico por otro cuyo temperamento es ajeno al
anterior punto de partida.
La etapa cultural que precede inmediatamente a la presente en la
historia de la civilización occidental es la que hemos denominado
estadio quasi-pacífico. En ese estadio quasi-pacífico, la ley del status
es la característica dominante en el esquema de la vida. No hay
necesidad de señalar cuán inclinados están los hombres de hoy a volver
a la actitud espiritual del señorío y del servilismo personal que
caracteriza esa etapa. Quizá pueda decirse más bien que dicha actitud
se encuentra como en suspenso debido a las exigencias económicas de hoy
y que no ha sido definitivamente suplantada por un hábito mental que
esté en completo acuerdo con esas exigencias más recientemente
desarrolladas. Los estadios depredador y quasi-pacífico
de la evolución económica parecen haber sido de larga duración en la
historia de todos y cada uno de los principales elementos étnicos que
constituyen los pueblos de la cultura occidental. El temperamento y las
propensiones propios de esos estadios culturales han alcanzado, por
tanto, una tal persistencia que hace inevitable una rápida reversión a
las características generales de la correspondiente constitución
psicológica, en el caso de que una clase o comunidad esté alejada de la
acción de esas fuerzas que favorecen el mantenimiento de los hábitos de
pensamiento más recientemente desarrollados.
En el volumen 6.10 de esta revista de la red de
ciencia cognitiva publiqué un artículo—y también ahora en el 6.11. Esta
vez sobre la noción de cartografía narrativa, relacionada con la cuestión
del
anclaje narrativo que he tratado en otras ocasiones. A cuenta de
una
obra de Bernard Shaw.
Resumen: Comentaremos en este artículo la obra de George Bernard Shaw
"Too True to Be Good" (1931) como modelo de cartografía narrativa, y
especificaremos algo más esta noción conceptual desarrollada con vistas
al análisis narrativo en un marco consiliente. La noción de
consiliencia
ha sido desarrollada recientemente por E. O. Wilson en
"Consilience" (1998) y ofrece un marco científico deseable, por las
razones que allí se exponen, al que remitir las investigaciones de los
fenómenos culturales. El presente artículo pretende contribuir al
estudio de las estructuras narrativas desde una perspectiva consiliente.
Too True to Be Good: Narrative Mapping
Abstract: This paper comments
George Bernard Shaw's drama "Too True to
Be Good" (1931) as a paradigm of narrative mapping, and further
specifies this conceptual tool, developed for narrative analysis within
a consilient framework. The notion of consilience recently propounded
by E. O. Wilson in "Consilience" (1998) provides a valuable scientific
paradigm for research into cultural phenomena. This paper is a
contribution towards a consilient perspective on narrative structures.
________
Aparece o aparecerá
además en estas otras revistas electrónicas del SSRN(Date
posted:April 30, 2014)
No el delito mayor, sino la condena mayor. Una
canción que cantaba Josué en el musical Les Dix Commandements: La
peine maximum, ahora retrouvée
en Aforisme Video.
JoseAngel:
Cuánta basura mental y moral sale a la luz en las redes sociales con
ocasión del asesinato de esta política del PP. Muy ilustrativo del
nivelico no del país, sino de la humanidad.
From Agnes Latham's introduction to her Arden edition of As You Like It (1975):
The Masque of Hymen has been no better received than the rest of
Shakespeare's masques, Jupiter on his eagle and the chanting ancestors
in Cymbeline, the wedding masque in The Tempest, and Queen Catherine's vision of angels in Henry VIII,
which have not in the past been popular with editors and are often
suspected of being by another hand than Shakespeare's. 'The foolery of
masques', says Capell, 'was predominant: and the torrent of fashion
bore down Shakespeare' (Notes, I, p. 69). Grant White doubts
that Hymen's part is by Shakespeare, especially the song. 'There is',
says Dover Wilson, 'no dramatic necessity for this masque-business; the
appearance of Hymen is completely unexpected, seeing that we have been
led to anticipate a magician (4.2.58-68; 5.4.31-4). Hymen's words,
whether spoken or sung, do not seem to us in the least Shakespearian;
and they might all be omitted without loss to the context.' He agrees
with Capell that the popularity of masques as a court entertainment
under James I accounts for what he takes to be an interpretation, and
compares the rhyming couplets 'in their obscurity and tortousness' with
similar couplets in Measure for Measure, which he considers to be of similarly doubtful authenticity. (1)
It is generally agreed that the masques in the late plays of
Shakespeare are related to the masque form in the seventeenth century.
But even early plays show a tendency to some kind of formalism at the
conclusion. Not obviously a masque, yet serving a similar purpose, is
the scene at the end of A Midsummer Night's Dream,
in which the fairies bless the sleeping house, and Puck falls into
rhymed couplets, with 'Now the hungry lion roars'. An extremely slight
but telling instance of more than human power being called upon to
achieve a comedy dénouement is the sudden appearance of the Abbess at
the end of The Comedy of Errors. A riot of marrying and giving
in marriage is the usual end of a Shakespearian comedy. What is
important from the point of view of the masque ending is the tendency
to present this with a certain formality, to give it a sacramental or
symbolic value. It is notable that Wilson Knight, whose reading of
Shakespeare's plays is largely in terms of symbolism, is an ardent
defender of the authenticity of the masques.
The unique character of the masque, as a literary form, lies in its
power to show human life momentarily as an ideal tableau, which
dissolves when the compliment to the guest of honour is spoken and the
masquers leave the stage for the dance floor, entering ordinary life
again. Thus the Lady, in Comus,
changes from the champion of virtue, putting by the magic cup, to Lady
Alice Egerton presented to her parents. This is an effect that a stage
play cannot hope wholly to achieve, since in a play the actors must
remain actors. They cannot mingle with the audience and reveal
themselves as creatures of like kind. If at the end they abandon their
roles, they are still professionals, in undress. On the stage a masque has the
function of a play-within-a-play. Its heightened illusion makes the
rest of the play seem momentarily more real. The emphasis on reality is
particularly important at the end, when Shakespeare is anxious to
clarify the relation of his fable to life as it is lived. It is, as in
the masque, a two-way traffic. We must see that the fiction, though it
is only a fiction, has something to do with fact, and at the same time
see that fact can be illuminated by the fiction. The happy ending is
more than superficial entertainment, more than wishful thinking; it is
a vision of an inward truth. It is implicit in the epithet 'romantic'
applied to Shakespeare, and it is present in its most concentrated
shape in the four plays that are specifically called 'romances'. The
nearer the story comes to fairy tale, the deeper the intuitive truth it
conveys. At the moment when the masque formalizes it we become aware of
two things simultaneously, that life is and is not like that.
The effect can be best tested in performance, which is as it should be, for a masqueis
very emphatically something to be seen, not something to be read. The
'still music', the mysterious appearance of the robed and crowned
Hymen, presenting Rosalind to her father and her lover, provide a
serene and solemn moment, after which everyone can join in the ordinary
rejoicing that accompanies an ordinary wedding. As for the
magician-uncle, who is present as a minor plot device in the source
book, he paves the way for a promised resolution which it seems only
magic can achieve, just as Paulina, in The Winter's Tale,
affects to call Hermione's statue to life by a 'spell', while
protesting it is 'lawful' and that she is not 'assisted / By wicked
powers' (v. iii. 105 and 90-1). The appearance of Hymen, even if he is
demonstrably attendant lord or a singing-boy, provided with a torch and
a wreath, is a kind of magic and an appropriate one, in that he is no
major god from a machine, no intrusive pagan deity, and not to be
though of by modern readers as any sort of panomime fairy activating a
mechanical happy ending. He is merely a 'presenter', a familiar
personification, who must have presided over innumberable homemade
wedding masques within the period. His business is to make manifest a
daily mystery, in which unity and harmony bring happiness and increase.
Readers who reject Shakespearian masques are probably unsympathetic to
the masque form as such. They see it as something frivolous, idle and
unreal. When it is allied, as it often is, with Shakespearian doggerel,
it becomes doubly distasteful, because they don't like doggerel either.
Shakespeare did. He habitually uses it, or someting very like it,
especially in the form of four-stress couplets, when he is handling the
preterhuman, the fairies in A Midsummer Night's Dream, the witches in Macbeth. Couplets are the language of prophecy and of gnomic statement hen the Duke uses them in Measure for Measure. They explicate the contents of the caskets in The Merchant of Venice.
A high polish would be inappropriate in lines addressed to an
unsophisticated level of understanding. They are heavily stressed and
the rhymes fall heavily. At times they are riddling and oracular,
compressed to the point of obscurity. Nothing could be further from
natural speech. That is their purpose. They range from Puck's jingles,
to which nobody has ever objected as unworthy of Shakespeare, to the
clear inhuman bell notes of The Phoenix and the Turtle. Hymen's
lines fall somewhere between. They are a conjuration. They put a spell
on the assembled company, establish the atmosphere of reconciliation in
which the play ends, and call up Rosalind in her true shape.
Then is there mirth in heaven,
When earthly things made even
Atone together.
(1) On these couplets see J. W. Lever's note in the New Arden meas., at III.ii. 254. He accepts them as 'a sententious finale to an act full of surprises . . . a much-needed point of rest'.
Una defensa del capitalismo, del desarrollo y del crecimiento económico y un ataque a Malthus, en la línea del liberalismo optimista; ataque que no tiene en cuenta aspectos cruciales como el agotamiento de los combustibles fósiles y la degradación del entorno por la presión poblacional.
La Teoría de la Clase Ociosa de Thorstein Veblen es una semiótica social avant la lettre, y una teoría materialista de la distinción social y del valor simbólico avant Bourdieu. Para Veblen, la moda y sus cambios se explican con la teoría del derroche ostentoso.
En la sociedad nada tiene un sentido literal, sino que es un símbolo de
la posición social del sujeto.
Es decir, la moda nada tiene que ver con lo
bonito o lo práctico (eso son consideraciones secundarias, o a veces
efectos colaterales), sino que su finalidad es dar una imagen social
adecuada del portador. "Así, no es en modo alguno infrecuente que, en
un clima inclemente, la gente no vaya suficientemente abrigada con el
fin de aparecer bien vestida." —Y al contrario también, ni digamos los abrigos y ropajes adicionales innecesarios o molestos que se llevan por bien quedar.
Pero la ostentación no funciona de
manera simplona y directa, sino que está mediada por las leyes estéticas
y las normas de decoro social que resultan de ella. Resulta de ello que la moda es el
efecto de un juego de signos, es un fenómeno intertextual podríamos
decir (Veblen tiene su lado semiótico). Esta mediación compleja también
nos lleva a separar los aspectos conscientes del comportamiento, por una parte, de sus
determinantes inconscientes por otra:
"Esta necesidad espiritual del vestido
no es totalmente, ni siquiera principalmente, una ingenua propensión a
hacer exhibiciones de gasto. La ley del derroche ostensible guía el
consumo de prendas de vestir—así como de otras cosas—al configurar los
cánones del gusto y el decoro. En la mayoría de los casos, el motivo
consciente del portador o comprador de atavíos ostensiblemente costosos
es la necesidad de ajustarse al uso establecido y de vivir con arreglo
a los niveles acreditados de gasto y prestigio. No es sólo que deba uno
guiarse por lo que se considera la vestimenta adecuada para evitarse la
mortificación que resulta de los comentarios y observaciones
desfavorables, aunque ese motivo cuenta ya mucho por sí mismo; es que,
además, la exigencia del costo elevado está tan profundamente arraigada
en nuestros hábitos mentales en materia de vestido que cualquier cosa
que no sea un atavío caro nos resulta instintivamente odiosa. Sin
reflexión ni análisis, sentimos que lo que no es caro es indigno. 'Un
traje barato hace a un hombre barato'. Se reconoce que la máxima
'barato y asqueroso' sigue siendo verdadera cuando se aplica al
vestido, todavía con menos atenuaciones que en otras líneas de
consumo." (179-80)
Pero el vestido ha de obedecer también a la ley de la ostentación de la inutilidad,
y demostrar que su portador trabaja poco o nada: "Si, además de mostrar
que el usuario puede permitirse consumir a placer y antieconómicamente,
puede también mostrarse con ello que dicho usuario o usuaria no tiene
la necesidad de ganarse la vida, la prueba de su valor social se eleva
en grado muy considerable."—Y de allí se derivan las normas del gusto y
la elegancia; "El vestido tiene que ser, no sólo ostensiblemente caro e
inconveniente; tiene que ser también de última moda."
Veblen encuentra
aquí una explicación del fenómeno de la moda, de sus cambios, y de sus
tendencias con frecuencia absurdas, pues "En la práctica, la norma del
derroche ostensible es incompatible con la exigencia de que el vestido
sea bello o que siente bien. Y este antagonismo ofrece una explicación
de ese cambio incesante de la moda, que ni el canon de lo costoso ni el
de la belleza pueden explicar por sí solos".
"Que la supuesta belleza o 'encanto' de
los estilos en boga en un momento dado es algo puramente transitorio y
espurio queda atestiguado por el hecho de que ninguna de las muchas
modas cambiantes logrará superar la prueba del tiempo. Cuando es mirada
a una distancia de media docena de años o más, la mejor de nuestras
modas nos resulta grotesca, si no rematadamente fea. Nuestro
transitorio apego por cualquier cosa que sea el último grito se basa en
fundamentos que no son de carácter estético y dura sólo hasta que
nuestro sentido estético permanente ha tenido tiempo para afirmarse y
repudiar ese último artilugio indigestible.
El proceso requerido para desarrollar una náusea
estética lleva más o menos tiempo; en cada caso, el lapso de tiempo
requerido es inversamente proporcional al grado en que el estilo en
cuestión resulta odioso. Esa relación de tiempo entre lo odioso de una
moda y su inestabilidad nos ofrece un fundamento para la inferencia de
que cuanto más rápidamente se suceden los estilos y son desplazados por
otros, tanto más ofensivos son para un gusto bien fundado. Lo que se
presume, por tanto, es que cuanto más lejos llega la comunidad—y en
especial las clases más ricas de la misma—en lo referente a capital y
movilidad y al ámbito de su contacto humano, con tanta más fuerza se
erigirá la ley del derroche ostensible en materia de vestido, y tanto
más tenderá el sentido de la belleza a quedar en suspenso o a ser
superado por el canon de la reputación pecuniaria, tanto más
rápidamente se mudarán y cambiarán las modas, y tanto más grotescos e
intolerables resultarán los diversos estilos que sucesivamente lleguen
a estar en boga.
Queda por comentar al menos un punto en esta teoría
del vestido. La mayor parte de lo que se ha dicho se refiere al atuendo
del varón así como al de la mujer, si bien en tiempos recientes se
aplica con más fuerza al de la mujer, en todos los detalles. Pero hay
un punto en el que el vestido de las mujeres difiere sustancialmente
del de los hombres. Es obvio que en el vestido de una mujer hay una
mayor insistencia en esas características que atestiguan que la persona
que lo lleva está exenta o es incapaz de realizar cualquier trabajo
vulgarmente productivo. Esta peculiaridad del atuendo femenino es de
interés, no sólo como complemento a la teoría del vestido, sino también
como confirmación de lo que ya se ha dicho acerca del status económico de las mujeres tanto en el pasado como en el presente."
(Teoría de la Clase Ociosa, 1899) - (Alianza, 2011, 187-88)
Ancient Voices: Tracking the First Americans. BBC documentary. By Mark Hamill et al. Prod.
Time Life / BBC Manchester-The Learning Channel (TLC), 1999. YouTube (Ancient World) 28 April 2017.*
Este documental de la BBC presenta una historia sorprendente y
desconocida, novedosa en sus datos e interpretaciones, y presentada con
una variedad de datos e imágenes que combinan historia, antropología,
arqueología de modo impactante.
Es la historia de la primera población de América, por aborígenes o
negritos relacionados con las razas ancestrales dispersas por rincones
diversos del Indico y del Pacífico, y previamente a la llegada de los
amerindios, si por amerindios entendemos los pueblos mongoloides que
pasaron por el estrecho de Bering hace decenas de miles de años, en una
época de deshielo, y que poblaron América de norte a sur.
Tradicionalmente han acusado al hombre blanco de exterminarlos y
quitarles sus tierras—ahora se ve que quizá ellos también exterminaron
y expulsaron a una población anterior.
La historia de la migración
amerindia es un Gran Viaje de la humanidad fascinante de por sí, y está
intuida de manera muy inteligente y perfectamente razonada en un lugar
que quizá sorprenda: el
inicio de El último Mohicano
de James Fenimore Cooper. Antes de Darwin, sí, y antes de los estudios
genéticos de las poblaciones, y antes de que se demostrase que el
hombre se originó en Africa.
Claro que, en perfecta ortodoxia
cristiana, también decía Santo Tomás de Aquino en el Tratado sobre el
Hombre de su Summa Theologica
exactamente dónde se originó la especie humana: al sur del ecuador, en
la parte oriental de Africa. La Biblia y otros mitos siempre han
sostenido la tesis de que los hombres llegaron a sus tierras actuales
desde tierras lejanas, que la humanidad se expandió por el mundo a
partir de un origen. Por algo se empieza.
De los mitos, la especulación
y el razonamiento vamos pasando a estudios cada vez más fundados, y
otro documental de la BBC presentado por Alice Roberts, The Incredible Human Journey,
presenta la historia completa del Gran Viaje en su versión actualizada.
El capítulo 5, The Americas, presenta
el poblamiento de América por los amerindios, y también apunta la
posibilidad de un poblamiento previo por habitantes de la primera
oleada australoide—que aún no se sabe ciertamente cómo llegaron hasta
América. Ha desaparecido de la web el excelente sitio Lonely Islands,
un lugar donde se presentaban por extenso documentos y ensayos sobre las últimas
poblaciones dispersas que quedan, restos de la primera gran migración
humana por el sur de Asia y el Pacífico.
Este otro documental, Tracking the
First Americans,
nos presenta los restos de aborígenes americanos hallados en cuevas del
Brasil, una historia que no deja de recordar a aquella imaginación de
Doris Lessing en Ben,
in the World. Allí
se han encontrado cráneos australoides, y pinturas rupestres
antiquísimas, previas al poblamiento amerindio, sobre las que volveré
más tarde. Dado que no se tenía noticia de poblaciones australoides en
América, la hipótesis es que estos pobladores fueron mayormente
desplazados, o exterminados, por los nuevos pobladores amerindios, hace
unos 9.000 años.
Ahora bien, el documental, en su segunda parte, expone
la posibilidad de que se encuentren los últimos restos genéticos de
esta población en los fueguinos—los aborígenes de Tierra del Fuego,
población prácticamente exterminada durante el siglo XX, por las
matanzas de los colonos blancos, por las epidemias, y por la
desaparición de su modo de vida tradicional. Según esta tesis, los
fueguinos son una tribu marginada, producto de la hibridación de los
australoides con los mongoloides, como se aprecia por estudios de su
forma craneana. Físicamente recuerdan a veces a los esquimales, quizá
por largo tiempo de adaptación a climas fríos—y desde luego eran muy
distintos de los patagones que habitaban en el continente a muy poca
distancia de ellos.
Darwin los visitó a principios del siglo XIX y
comentó que le parecían los fueguinos el grado más bajo y primitivo de la humanidad.
Es un episodio novelado memorablemente en la novela de Harry Thompson This
Thing of Darkness (Hacia los confines del mundo),
que le
recomiendo (como recomiendo este documental) a quien me quiera hacer
caso. Hay que decir que hay mucha dosis de incertidumbre en algunos de
sus aspectos, y que en concreto serán decisivas las pruebas de ADN que
se puedan hacer a los últimos fueguinos o a sus restos.
Aparecen en el documental dos de las últimas fueguinas, ancianas
recordando su modo de vida tribal en su niñez, y visitando las tumbas
de toda su tribu, un mundo primigenio que ahora desaparece para
siempre. Un contacto traumático entre los indígenas americanos y el
hombre blanco, al igual que sucedió en México y en otros sitios: las
plagas acaban con una civilización y un modo de vida, aun cuando quede
una población grande o pequeña para rememorar imperfectamente lo que
sucedió antes del colapso.
Aquí está esta historia de colapso cultural
todavía más brutalmente superpuesta en sus extremos—más que en el caso
de los aztecas—al encontrarse una población paleolítica con los colonos
de los modernos estados y sus armas de fuego. En el caso de los
aztecas, había un desfase de dos mil o tres mil años—en este caso se
comprime aquí una historia de diez mil años de evolución cultural, casi
la Gran Historia de la humanidad, colapsada en un encuentro fatídico.
Aparece de manera especialmente vívida esta superposición temporal
cuando vemos unas grabaciones de los años 30 en las que un etnólogo italiano grabó a los últimos fueguinos que mantenían el modo
de vida tribal de los aborígenes (minuto 32)—unas secuencias que parecen surgir de
la noche de los tiempos, una peregrinación de formas extrañas que salen
de lo desconocido y desfilan ante nosotros para desaparecer enseguida. Surgen de un tiempo
inmemorial y van a su fin, a un tiempo sin memoria, en el que desaparecen y son
olvidados, y se van borrando hasta las últimas huellas que dejaron. Es
estremecedor, y es la historia de la humanidad y sus civilizaciones en
pequeño, lo mismo que será en grande. Aquí lo vemos todo junto, de un
vistazo, de dónde salimos y a dónde vamos—es lo que hace impresionante
a este documental.
Pocos restos quedan en la memoria de la cultura de los fueguinos: habla
el documental de sus rituales de iniciación, con apariciones de
espíritus impersonados por los hombres, para separar así ritualmente a
los hombres adultos de las mujeres y de los niños; son rituales
semejantes en ese aspecto a los de otras culturas aborígenes del
Pacífico.
Quizá quede huella de esos rituales tal como eran practicados
por sus ancestros aborígenes en las pinturas rupestres de miles de años
de antigüedad que se descubrieron en Brasil. Pero esas pinturas tienen
un interés todavía mayor (para mí) desde el punto de vista de la teoría
narrativa: puede que sean una de las más antiguas narraciones
históricas que se han conservado. En Australia se conserva la imagen de
unos aborígenes en un barco—quizá una escena habitual, quizá el
recuerdo de una gran navegación. Es imposible saberlo—y siempre habrá
en las representaciones pictóricas primitivas este elemento de
ambigüedad: ¿se refieren a una escena habitual y repetida, o mítica y
ritual—es decir, son un relato iterativo? ¿O son por el contrario la
representación de un acontecimiento individualizado?
Las imágenes
de rituales son iterativas, y las de caza tienden a serlo—forman parte
del modo de vida de la comunidad y de su relación con el entorno. Ahora
bien, la arqueóloga francesa señala en el documental que las escenas de
guerra y matanza aparecen sólo a partir de cierta antigüedad en los
restos—no más de 9.000 años. Es decir, cuando se debió producir el
encuentro entre las dos culturas y la exterminación de los aborígenes.
En el minuto 27.27 se especula incluso con que nos hallemos ante una
narración pictórica secuencial, con varias figuras representando, como
en un cómic o secuencia de fotos en cine, el movimiento de una sola
figura—pero eso me parece muy especulativo y dudoso. Más probable me
parece que en efecto las escenas de guerra y violencia representen un
acontecimiento nuevo y memorable, la guerra de exterminación que antes
no se había dado entre estas poblaciones dispersas y al parecer
pacíficas.
Es muy probable que en esas escenas de combate, o de guerra, y de
asesinatos o sacrificios humanos, estemos viendo la primera narración
histórica, una representación del primer choque de culturas vivido como
un acontecimiento en la memoria de quien pintó esta escena. Sería la
primera narración que narra un acontecimiento no mítico y
ritual. Una narración que, de llegarse a fundamentar esta tesis, sería
el primer relato de la historia de la humanidad, salvo ejemplo a contrario—y es el relato de cómo
la segunda oleada migratoria del Homo sapiens desplaza a la primera, y
una humanidad sustituye a otra. Como ya había sucedido en otros lugares
del mundo (con los neandertales, con los homo erectus o con el hombre de Flores).
Y como quizá vuelva a suceder, de maneras todavía
impensables de hecho, pero ya pensadas en la ciencia ficción, en Last and First Men, por ejemplo,
donde Olaf Stapledon narra la historia sucesiva de la serie de las
humanidades, y de su exterminación por el entorno hostil—muchas veces
el entorno hostil de otros humanos que terminan con los que son como
ellos eran antes.
Es lo que llamamos el progreso—pues no hay episodio
de progreso que no sea también un episodio de exterminio y opresión. En
eso no cambiamos, desde la noche de los tiempos.