lunes, 31 de octubre de 2011

Somos Siete Mil Millones


... Únete a nosotros. Nos anuncian que hoy, hoy treinta y uno de octubre de dos mil once, llega el planeta Tierra a siete mil millones de habitantes, en crecimiento continuo y de momento imparable. Por... suerte, digamos. Sólo grandes catástrofes lo pararán, mayores que las que ya hay, quiero decir—con epidemias, tsunamis, volcanes, hambrunas, guerras, crisis y abortos masivos e industrializados. De momento, seguimos creciendo felizmente, como los gusanos en un queso, hasta que el agotamiento de los recursos nos reduzca a proporciones más adecuadas a lo que serán las circunstancias. En un queso agusanado, si hay muchos gusanos, pronto habrá muchos más. Y enseguida muchos más—hasta que de repente no queda ninguno, o muy pocos, cuando se ha agotado el queso.

Pobres de los que vivan en esas circunstancias—pobres de los que ya están viviendo en ellas, porque el futuro no llega de golpe, como no se va de golpe el pasado. Para viajar al pasado, para viajar al futuro (quién dice que no existen las máquinas del tiempo, se llaman coches y aviones) basta con ir al lugar adecuado, a Los Angeles, a México, a Lagos.

No hace tanto, la última vez que se habló de este tema, quizá, cuando me mudé a esta casa—éramos sólo seis mil millones. Y aún me acuerdo como si fuera ayer, que cuando era yo adolescente, éramos cuatro mil millones. Y tres mil cuando yo nací. 

 
Los crecimientos continuos se nos presentan como una situación estable, controlada y normal. No lo son. Alfred Bartlett ha llamado a esta ilusión o falacia mental el secreto matemático mejor guardado del siglo XX. Nos hemos acostumbrado a vivir con un crecimiento exponencial. Cuando está claro cuál es el final de ese camino—todos los gráficos lo enseñan, esos que muestran los índices de las ordenadas escalando súbitamente a medida que las abscisas se acercan al año dos mil y se adentran en nuestro siglo.  ¿Les sugiere algo este gráfico?  Aquí habla más al respecto Bartlett: "Aritmética,población y energía"—una conferencia que es imprescindible para poner estas cuestiones en perspectiva. 

Oigan un dato que repiten estos días. En el año 2050, la población se habrá duplicado. Las tierras de cultivo, sin embargo, sólo habrán aumentado un cinco por ciento. ¿Sería posible alimentar adecuadamente a esa población con esas tierras? Posible, quizá, con muchas condicionantes. ¿Se hará? Lo dudo mucho.

Termino ahora de apuntar cuatro notas sobre el libro de Fred Spier, El lugar del hombre en el cosmos. Tras narrar el origen de la vida y el crecimiento de la especie humana, se pregunta Spier por nuestras perspectivas de futuro, y más en concreto por la sostenibilidad de nuestra civilización globalizada. Uno de los últimos compases del libro habla sobre...


La disponibilidad de recursos materiales y energéticos.

Siguiendo su razonamiento, nuestro futuro como especie será más o menos largo y próspero (o breve y terrible) según la disponibilidad de recursos, y sobre todo de energía: al estar muchos recursos dispersos y ser de difícil utilización, de no tener energía barata para extraerlos y aprovecharlos, "se sigue que la disponibilidad de energía guarda una muy estrecha relación con la disponibilidad de otros recursos" (414).

Spier, a quien algunos podrán considerar pesimista, peca para mí de optimismo casi descabellado en algunos aspectos. Por ejemplo, argumenta, y con razón, que "una de nuestras necesidades primordiales pasa por mantener controladas las cifras demográficas humanas"—o de lo contrario caeremos en una profunda crisis (y no hablamos de que quiebre algún banco, no, o de que recorten las pensiones, sino de cosas espantosas). "Por fortuna", dice Spier, "el crecimiento demográfico global parece estar manteniéndose de forma espontánea en niveles estables, y da la impresión de que dicho fenómeno está ligado con el creciente proceso de urbanización" (414-15).

—¡Pero de qué está hablando!— como diría Bartlett, What's he talking about?!!!!

Mil millones de habitantes más en estos diez años, y llama a esto ¡"un nivel estable"! — Es un caso ejemplar del espejismo a que aludía Bartlett, la confusión entre un crecimiento sostenido y la estabilidad. No, la población no es estable en su crecimiento, porque el crecimiento no es estabilidad, en absoluto, y menos a estas alturas de la película. Me temo que el crecimiento exponencial de la población frente a los recursos va a pillar a más de uno por sorpresa, incluido a mí que escribo estas líneas. Y yo pensando en releer a Malthus, a estas alturas.

Si los desincentivos urbanos al crecimiento a los que alude Spier han de funcionar, no será antes de que el mundo esté tan superpoblado como Ciudad de México. Un panorama nada envidiable, en el que lamentablemente habrán de vivir nuestros nietos, si no nuestros hijos. Es como para aconsejarles que no tengan hijos, como nos lo aconsejábamos nosotros en tiempos, viendo el futuro tan dudoso como hoy lo vemos. Pues que nos sigamos equivocando—qué más se puede pedir.

Los humanos sobrevivirán (algunos) de una manera u otra, eso sí. Los propios humanos son un recurso energético y material explotable, como bien se ha venido demostrando en cien mil años de historia. La explotación de los recursos naturales siempre ha pasado en el caso de los humanos por un filtro humano: por la explotación del hombre por el hombre, o de la mujer por el hombre—y en el futuro, tanto más lo hará. No nos preocupemos por el planeta—el planeta sobrevivirá, y posiblemente la vida en una forma u otra. Con extinciones masivas de especies, eso sí. Incluso en circunstancias espantosas, sobrevivirán también humanos durante mucho tiempo. Lo que no sobrevivirá, sino que se transformará enormemente, como viene haciéndolo sin cesar, es nuestro mundo globalizado y nuestra cultura actual. Para Spier,

"la interrogante decisiva parece ser la que gira en torno a la cantidad de energía de la que podamos disponer para construir el volumen de complejidad que necesitamos, manteniendo al mismo tiempo la entropía dentro de unos márgenes deseables" (415).

A lo cual cabe matizar, dos preguntas que no son evidentes de por si. ¿Qué es deseable? ¿Qué necesitamos? —O, quizá, una tercera, ¿qué es soportable, pujando a la baja, entre la oferta de condiciones y la demanda de vida? Son límites que algunos ya exploran, terrenos baldíos de la experiencia humana que serán cada vez más frecuentados, siquiera sea por que cada vez habrá más gente apretándose para ocupar ese espacio.

Aun contando (de modo optimista) con la posibilidad de descubrimientos de recursos energéticos insospechados (pero reléase la fábula de las botellas de bacterias de Bartlett), Spier considea altamente preocupante la actual dependencia de recursos energéticos no renovables, los combustibles fósiles. Estamos, quizá ("quizá", dice) en el principio del fin. No son buenas las perspectivas para lograr reactores de fusión nuclear viables. Pero no nos detendremos en el impulso de quemar todo el combustible fósil, hasta que no sea a la fuerza:

"será difícil inciar una transición que nos lleve a utilizar fuentes de energía renovable mientras los combustibles fósiles sigan resultando asequibles, ya que el actual régimen económico impulsa la competitividad" (417)

El candidato de Spier para la renovación energética es la energía solar, aunque augura unos problemas asociados a su desarrollo—quizá no los más obvios. Lo que a mí me parece es más bien que la actual energía solar va a caballo de la energía de los combustibles fósiles, que son los que impulsan nuestra sociedad avanzada. No sabemos si llegaremos a tiempo a la cita con la energía solar—quién llegará, quiero decir, y cómo. Puede leerse al respecto la curiosa novela Solar, de Ian McEwan. No sabemos qué va a pasar con la producción industrial cuando deje de ser viable el actual régimen de transportes. Desde luego, como señala Spier, habrá que potenciar lo local—pero no sabemos cómo de difícil va a ser la transición de un régimen a otro.

"Será preciso diseñar y producir un gran número de nuevas formas de complejidad construida. Todo esto significa que el futuro de los ingenieros presenta unos visos excepcionalmente halagüeños" (420).

Hay formas de complejidad cultural energéticamente costosas van a verse seriamente afectadas, en especial transporte por avión y coche. Pero también la agricultura moderna industrial, que depende de las máquinas. Spier considera que "El mantenimiento de la actual complejidad electrónica global es probablemnte menos costoso, y por consiguiente es posible que se vea expuesto a una reducción menor" (421)—ójala, y seguiremos retransmitiendo. Pero, si se transforman la agricultura, y el transporte, la industria ha de cambiar, de maneras inimaginables. O únicamente imaginables en un registro cyberpunk, me temo.


El agotamiento de los recursos clave y el aumento de la entropía

No es sólo el agotamiento del petróleo lo que amenaza a la agricultura industrializada. También el agotamiento de los fosfatos, señalado por Spier como un recurso en disminución y que será insustituible—hoy va a parar al mar, se vuelve inutilizable allí, y habrá que economizarlo. Otros procesos entrópicos están en curso: los gases causantes del efecto invernadero, la pérdida de la biodiversidad debida a la urbanización, la tala masiva de bosques y la agricultura industrial, la proliferación de desechos industriales y basuras... Si ha de haber una transicón a un régimen sostenible a largo plazo, el desarrollo de una energía renovable será crucial, y no sabemos cómo podrá usarse para contener estos procesos entrópicos. Todo parece apuntar a la necesidad de una transformación radical en los hábitos humanos de consumo de energía, pero también de organización social, de consumo y de alimentación. Esta transformación alcanza más allá de los seres humanos, pues implica a una buena parte de la biosfera controlada por ellos e implicada en sus procesos de producción y sus sistemas de organización. La transición a un régimen de energía renovable y de población estable habrá de producirse—y habría de ser pronto...

... Pero estamos muy lejos de que se produzca esa transición. Hemos pasado varias niveles de alarma de gravedad creciente (esto no lo dice Spier sino yo) y sin embargo no nos detendremos hasta haber comprometido seriamente, qué digo comprometido, abocado a la destrucción, cualquier tipo de régimen económico semejante a los que hemos conocido en el pasado. El futuro será distinto, quizá bonito para algunos, pero el futuro de la mayoría de la humanidad futura no nos parece envidiable, visto desde aquí. Aunque hay ambientes para todos los gustos.




Una reflexión de orden general sobre el pasado, y sobre el futuro. No hemos estado en ellos, y sin embargo, a vista de pájaro, podemos verlos desde aquí. La complejidad actual es producto de una larguísima etapa de formación, sistemas complejos acumulándose sobre sistemas más simples, desde un origen absolutamente simple—y el futuro verá el decrecimiento de la complejidad, a más corto o a más largo plazo. Esto sucederá, y sobre eso hay pocas dudas. Lo que desconcemos es si estamos en una fase relativamente temprana, o relativamente tardía, de la historia de los sistemas complejos. Todo es evolución, panta reï, como decía Heráclito, todo fluye. No hay ningún sistema que de por sí sea estable, sólo estabilidad aparente o parcial, o ciclos como vueltas de peonza que se repiten, cada vuelta aparentemente como la anterior, pero en realidad distinta, mientras la peonza va perdiendo energía. No hay sistemas estables, ni desarrollos sostenibles.

Herbert Spencer, en First Principles, ya habló de los procesos complejos de equilibración relativa, o estabilidad, y de su disolución a más largo plazo. Hay que decir que Spencer ve el crecimiento de la población humana con relativa poca preocupación; como Spier, parece creer que se equilibrará (aunque igual su altura olímpica es demasiado remota para observar los procesos por los cuales ésto se lleve a cabo):

"Evidentemente, este progreso industrial tiene su límite, lo que el Dr. Mill ha llamado 'el estado estacionario'. Cuando la población se haya hecho densa en todas las partes habitables del mundo; cuando los recursos de todas las regiones hayan sido completamente explorados; y cuando todas las artes productivas no admitan mejoras ulteriores; entonces habrá de resultar un equilibrio casi completo, tanto entre la fertilidad y mortalidad de cada sociedad, y entre sus actividades productoras y consumidoras. Cada sociedad no exhibirá sino desviaciones menores de su número medio, y el ritmo de sus funciones industriales continuará de un día a otro con perturbaciones comparativamente insignificantes" (First Principles 459).

—Esto sucederá cuando nos hayamos comido todo el queso que son los combustibles fósiles. De qué viviremos, no se dice. De la luz del sol. Y los cataclismos posibles de la adaptación a este régimen, no los menciona Spencer.

Desde este punto del mundo vemos lo que es el mundo, vemos su pasado remoto y su futuro lejano, dentro de los límites que nos son dados. A esa escala, casi parece ocioso preguntar cuánto tiempo tenemos, y sin embargo es una cuestión que no puede sino preocuparnos. Y cuánto tendrán nuestros descendientes, y qué es lo que les va a tocar vivir.




¿Emigrarán los seres humanos a otros planetas?

La respuesta, en breve, es no. Mucho la matiza Spier, hasta extremos casi ridículos, especulando con la posibilidad improbable de un viaje interestelar que (en cualquier caso) seguiría dejando en la Tierra a la totalidad de la especie humana en bloque, y que no resolvería nada sino una precaria continuidad de algunas tradiciones culturales. Ni eso, habría que decir. Un puñado de astronautas no podrían, ni con auxilio informático, mantener una compleja tradición cultural, que depende de una amplia población y una extensa organización social. Serían a la vez los últimos hombres y los nuevos primitivos, antes de su muerte fría que sería más temprana que tardía.

Pero no sucederá, ni siquiera ese
epílogo de la historia. No disponemos de la tecnología y de la energía necesaria para impulsar ese viaje, y con toda seguridad nunca dispondremos de ellas. No habrá naves interestelares, pues sólo el derroche industrial del siglo XX ha hecho posibles nuestras diminutas incursiones en el vecindario extraterrestre. Para recorrer el futuro precario, la Tierra es nuestra única nave espacial, y el destino de una hipotética nave o flotilla interestelar no haría sino remedar, en versión abreviada y a modo de farsa tecnológica, un grotesco théâtre de la cruauté, la tragedia de la historia humana. Las dejaremos esas naves para el cine, compensación imaginaria, y ya tenemos en cualquier caso las Historias Futuras de Olaf Stapledon y otros a modo de consuelo. Pronto tendremos otros asuntos que resolver, y otros futuros más apremiantes. He de decir que Spier también concluye, con lúgubre parquedad, que esos sueños de la razón no son sino sueños de la imaginación: "en la actualidad, no se dan las circunstancias Goldilocks necesarias para la realización de viajes espaciales a largas distancias" (427).

Los viajes a las estrellas son una fantasía de la era industrial, del mismo modo que el Más Allá era una fantasía de la era de la servidumbre. Huímos a los cielos—pero sólo en la imaginación. Muchos no lo han entendido aún.


Unas palabras para concluir

La conclusión de Spier es un interrogante—¿seremos capaces de desarrollar un régimen sostenible, no para la eternidad, pues el ser humano está abocado a la extinción, sino durante un tiempo razonablemente largo? ¿Un régimen en el que sea posible mantener la complejidad cultural alcanzada o al menos gran parte de ella?

Para eso tendremos que hacer algo que no hemos hecho. A saber, remodelar, culturalmente, nuestros hábitos despilfarradores de consumo, que probablemente vienen (y aquí Spier parece concurrir con los sociobiólogos evolucionistas) de un desfase cultural. Somos depredadores de la sabana (es nuestro origen) trasladados a otro entorno, pero seguimos comportándonos de manera depredadora—refinados, eso sí, nuestros hábitos depredadores y convertidos en una compleja estructura de trabajo y explotación a nivel mundial.

"es posible  que los seres humanos estén genéticamente programados para extraer una mayor cantidad de materia y energía de la que precisan para asegurar su supervivencia y su reproducción. De ser esto efectivamente cierto, ¿habrá que pensar que los seres humanos tienden genéticamente a rebasar las circunstancias Goldilocks que delimitan su exsitencia en el planeta Tierra? Si así fuera, ¿habrá esperanza de poder domeñar este instinto biológico con ayuda de la cultura? ¿Cuáles son las circunstancias sociales que podrían favorecer este tipo de conducta? (428)

Puesto así, la pregunta de si lograremos cambiar(nos) o no, es ociosa, o retórica, o n
os embarca en un razonamiento dialéctico. No cambiaremos, no nos cambiaremos, a menos que las circunstancias nos cambien y nos fuercen a cambiarnos, y no será bonito de ver. El pasado es una larga historia de brutalidad y horrores, que también tiene muchos elementos de sweetness and light. Probablemente también lo será el futuro—en gran parte de él no nos reconoceríamos, como no nos reconoceríamos a gusto en nuestros ancestros no tan remotos. Queda por ver si es tan largo como el pasado, el futuro éste incierto y no muy agradable. Entretanto, seguimos quemando la sabana, como si fuese la Tierra plana, "inmersos en una forma de sociedad que por lo general prima los resultados a corto plazo, ya sea en el ámbito económico o en el político" (429).  La sabana parece muy plana, e inacabable. Pero la Tierra es redonda, decía mi padre, y avanzando tras la hoguera, pronto nos encontraremos con tierra quemada por delante.

Concluye Spier su libro, sobre la complejidad y la sostenibilidad:


"Sea como fuere, espero haber dejado claro que el principio centrado en el estudio pormenorizado de los efectos que tiene el hecho de que los flujos de energía, al recorrer la materia en el marco de unos determinados límites Goldilocks, conduzcan tanto al aumento como al declive de la complejidad a todos los niveles, no sólo venga a simplificar muy notablemente nuestra comprensión del pasado remoto, sino que ayude a esclarecer las cuestiones clave a que habrá de enfrentarse la humanidad en un futuro inmediato". (430)

Pero
no hace falta esperar a que llegue el futuro, para verlo, como decíamos antes—nosotros, y Radio Futura (en "Enamorado de la moda juvenil") —"el futuro ya está aquí".


 
 
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Compro Ouro

Compro Ouro by JoseAngelGarciaLanda
Compro Ouro, a photo by JoseAngelGarciaLanda on Flickr.
Curioso que nadie compre "ouro".

domingo, 30 de octubre de 2011

Aimer est plus fort que d'être aimé

¿De quién era esta canción? Bueno, de quien la cante. Aquí, de Nolwenn Leroy:





 
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She Should Have Died Hereafter


En Los enamoramientos, de Javier Marías, ésta la respuesta que da Díaz-Varela a la narradora, cuando le pregunta por su amiga Luisa, cómo sigue, unos meses después de perder súbitamente a su esposo Miguel Deverne. ¿Cómo sigue?

—Pues no bien —respondió por fin—, y ya me voy preocupando. No es que haya pasado demasiado tiempo, desde luego, pero no acaba de reaccionar, no avanza un milímetro, no es capaz de alzar la cabeza ni siquiera fugazmente y mirar a su alrededor y ver cuánto le queda. Después de la muerte de un marido aún quedan muchas cosas; a su edad, de hecho, queda otra vida entera. La mayoría de las viudas salen adelante pronto, sobre todo si son más o me
nos jóvenes y además tienen hijos de los que ocuparse. Pero no son sólo los niños, que en seguida dejan de serlo. Si ella pudiera verse dentro de unos pocos años, de un año incluso, comprobaría que la imagen de Miguel que ahora la ronda incesantemente se le difumina cada día que pasa y cuánto se le ha adelgazado, y que sus nuevos afectos no le permiten acordarse de él más que de tarde en tarde, con una quietud hoy sorprendente, con invariable pena pero sin apenas desasosiego. Porque tendrá nuevos afectos y su primer matrimonio acabará por parecerle algo casi soñado, un recuerdo vacilante y amortiguado. Lo que hoy es visto como anomalía trágica será percibido como normalidad irremediable, y aun deseable, puesto que habrá sucedido. Hoy le resulta inadmisible que Miguel ya no sea, pero llegará un momento en que lo incomprensible sería que volviera a ser, que sí fuera; en que la mera fantasía de una reaparición milagrosa, de una resurrección, de su vuelta, se le haría intolerable, porque ya le habría asignado su lugar definitivo y su rostro apaciguado en el tiempo, y no consentiría que ese retrato suyo acabado y fijo se expusiera de nuevo a las modificaciones de lo que permanece vivo y por lo tanto es imprevisible. Tendemos a desear que nadie se muera y que nada termine, de lo que nos acompaña y es nuestra querida costumbre, sin darnos cuenta de que lo único que mantiene las costumbres intactas es que nos las supriman de golpe, sin desviación ni evolución posibles, sin que nos abandonen ni las abandonemos. Lo que dura se estropea y acaba pudriéndose, nos aburre, se vuelve contra nosotros, nos satura, nos cansa. Cuántas personas que nos parecían vitales se nos quedan en el camino, cuántas se nos agotan y con cuántas se nos diluye el trato sin que haya aparente motivo ni desde luego uno de peso. Las únicas que no nos fallan ni defraudan son las que se nos arrebata, las únicas que no dejamos caer son las que desaparecen contra nuestra voluntad, abruptamente, y así carecen de tiempo para darnos disgustos y decepcionarnos. Cuando eso ocurre nos desesperamos momentáneamente, porque creemos que podríamos haber seguido con ellas mucho más, sin ponerles plazo. Es una equivocación, aunque comprensible. La prolongación lo altera todo, y lo que ayer era estupendo mañana habría sido un tormento. La reacción que tenemos todos ante la muerte de alguien cercano es parecida a la que tuvo Macbeth ante el anuncio de la de su mujer, la Reina. 'She should have died hereafter', responde de manera algo enigmática: 'Debería haber muerto a partir de ahora', es lo que dice, o 'de ahora en adelante'. También podría entenderse con menos ambigüedad y más llaneza, esto es, 'más adelante' a secas, o 'Debería haber esperado un poco más, haber aguantado'; en todo caso lo que se dice es 'no en este instante, no en el elegido'. ¿Y cuál sería el instante elegido? Nunca nos parece el momento justo, siempre pensamos que lo que nos gusta o alegra, lo que nos alivia o ayuda, lo que nos empuja a través de los días, podía haber durado un poco más, un año, unos meses, unas semanas, unas cuantas horas, nos parece que siempre es temprano para que se les ponga fin a las cosas o a las personas, nunca vemos el momento oportuno, aquel en el que nosotros mismos diríamos, 'Ya. Ya está bien. Es suficiente y más vale. Lo que venga a partir de ahora será peor, un deterioro, un rebajamiento, una mancha'. A eso nunca nos atrevemos, a decir 'Este tiempo ha pasado, aunque sea el nuestro', y por eso no está en nuestras manos el final de nada, porque si dependiera de ellas todo continuaría indefinidamente contaminándose y ensuciándose, sin que ningún vivo pasara jamás a ser muerto'.



 
 
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viernes, 28 de octubre de 2011

Apoyo contra sanción abusiva

Después de conocerse la sanción que le ha sido impuesta al profesor Jorge Lirola Delgado, por denunciar públicamente al Rector de su Universidad, y en vista de las distintas irregularidades detectadas en todo el proceso, sus compañeros, los profesores Estela Navarro i Ortiz (estelapv@gmail.com) y Antonio Rodríguez Figueroa (figueroa71@hotmail.com), han elaborado el escrito de apoyo que sigue:


El pasado 21 de octubre de 2011 se le comunicó al profesor de la Universidad de Almería, D. Jorge Lirola Delgado, la imposición de una sanción de “suspensión en firme de funciones” por un periodo de cuatro años y tres meses, sanción que entrará en vigor el próximo 1 de noviembre. Entre los actos presuntamente cometidos por el profesor de los que se le acusa se encuentran la perturbación del servicio, la desconsideración con sus superiores y haber atentado contra la dignidad de los funcionarios.

No cabe duda de que los hechos imputados al profesor D. Jorge Lirola Delgado, de ser ciertos, constituyen una falta grave. Pero también son graves aquellos que, según denuncia el profesor Lirola, ha cometido presuntamente en el ejercicio de su cargo el rector de la Universidad, D. Pedro Molina García: prevaricación, fraude, acoso laboral, abuso de poder y corrupción. Dichas actuaciones siguen inexplicablemente sin ser investigadas por las autoridades competentes, lo cual atenta claramente contra el estado de derecho en el que “el gobierno en su conjunto y sus funcionarios son públicamente responsables ante la ley”.

Por otra parte, consideramos inaceptable que la misma persona acusada de presuntas faltas graves, el rector de la Universidad de Almería, sea también el encargado de impartir justicia e imponer la sanción, actuando descaradamente como juez y parte, y atentando por tanto contra otro de los puntos esenciales en los que se fundamenta el estado de derecho: la objetividad de los representantes jurídicos competentes, que deben ser independientes y éticos.
 
Ante tales irregularidades, los firmantes del presente escrito expresan su apoyo al profesor D. Jorge Lirola Delgado, y solicitan:

- que se paralice la aplicación de la sanción al profesor D. Jorge Lirola Delgado dada la evidente falta de objetividad con la que ha sido impuesta;
- que se investiguen con carácter inmediato los hechos denunciados por el profesor D. Jorge Lirola Delgado;
- que de probarse que dichas acusaciones son contrarias a la verdad, y únicamente en ese supuesto, se sancione al profesor D. Jorge Lirola Delgado como proceda en la legislación vigente;
- que, por el contrario, de probarse que dichas actuaciones ilegales denunciadas son ciertas, se actúe en consecuencia y se proceda a sancionar al responsable de las mismas.

Todos aquellos que deseéis adheriros al mismo, solamente tenéis que escribir a cualquiera de los dos direcciones antes del próximo domingo 30, mencionando vuestro nombre y apellidos, profesión/estudios y lugar de residencia. Asimismo, agradeceríamos que le dierais la mayor difusión posible.

El próximo paso será hacer llegar dicho escrito al Consejo de Universidades, al Ministerio de Educación y a distintos medios de comunicación.



History of English Literature

De Andrew Lang, o al menos buena parte de ella. De las maravillas inagotables de Google Books, inexplorables en una vida humana.





Strange Voices

Llega al volumen 30 la serie Narratologia: Contributions to Narrative Theory, publicada en Berlín y Nueva York por De Gruyter. A mí me llega a domicilio, porque los editores tuvieron la gentileza de incluirme en el consejo de redacción, y algún informe y revisión les he hecho, hasta coedité un volumen, Theorizing Narrativity, si bien debería contribuir más. Ahora ha salido Strange Voices in Narrative Fiction, de un grupo de narratólogos nórdicos (más Brian Richardson).

La serie entera es una imponente enciclopedia de teoría narrativa, de las que no existían hace no tantos años, cuando andábamos a la caza de cuatro libros de Barthes, Todorov y Genette.

Y, aparte de esto, una bonita canción que reaparece por la red—de Elena Frolova es, cantando un poema de Brodsky.









jueves, 27 de octubre de 2011

Y el mono se irguió y habló (Fernando Sánchez Dragó)

 

Voy a la conferencia de Fernando Sánchez Dragó en el Patio de la Infanta, "Y el mono se irguió y habló" (foro "Aprendiendo de los mejores"). El otro día habló José Manuel Blecua sobre la RAE a principios del XXI. Hoy público añoso, no veo a casi nadie que baje de los 50—ni siquiera yo, que solía hacerlo. El arte de una conferencia, supongo, está como el arte de todo, tanto en el cómo como en el qué. Pero esto no es una grabación, y me centraré en cuatro notas sobre el qué dice. Se autodefine como "ni español ni extranjero, ni blanco ni negro, ni mujer ni varón…" Un hombre sin etiquetas, que quiere que emerja el yo profundo. Ayn Rand: "para decir Yo te amo, antes hay que decir yo" (Bueno, pero en realidad en español se dice "te amo" o "te quiero", digo… yo). Colabora ahora en El Mundo, en La Razón, en Telemadrid. Días Azules: memorias de un niño raro, es su último libro (1 de cuatro libros de memorias, quizá).

Va a hablar del lenguaje, y opta por ser ameno, aunque es un tema muy serio. Se autodefine como lingüista, filólogo, ha sido profesor de semiótica, lingüística, etc. —en 13 universidades de 7 países. Se moverá entre lingüista y narrador aquí. Días ajetreados, estos: se publica el primer vol. de sus memorias. (Viene el título de Machado: el papelote póstumo de "estos días azules, este sol de la infancia"). Evoca el azul asociado a su madre, sus ojos, sus trajes: color de la felicidad, siempre ha sido feliz y ha disfrutado de la vida – cuestión de carácter, como ser joven o viejo, o desdichado. Lo han llamado niño raro, joven raro.. y ahora viejo raro. Le gustó ir a la cárcel, vivencias útiles para un escritor. 5 veces, si no no hubiera ido tanto. Al exilio, también, con pasaporte falso. Dio la vuelta al mundo y ganó dinero. Fue a Italia, estuvo indocumentado, profesor y periodista indocumentado, hoy no se podría. Le gustó que le operaran del corazón, le gusta hasta coger la gripe, por salir de lo habitual. Sus memorias son las de un niño feliz, que decidió ser escritor a los 3 años de edad. El mono era él, se irguió y leyó y escribió. Un libro de autoanálisis escribió Dragó en Días azules, echando un sedal al fondo del subconsciente y se sacan cosas que se ignoraban antes, conforme se escribe.

Cuenta desde el momento de su concepción: concebido quizá la noche del 31 de diciembre del 35, noche alegre y excesiva. Es posible, le agrada la idea de ser concebido en una noche de desenfreno, con burbujitas de champán. Ahí arranca el libro, pero da luego gracias al ordenador (instrumento importante en su vida hoy) para poner un poco de orden – nació en una casa llena de máquinas de escribir, de niño hacía los deberes a máquina – pero se pasó al ordenador, rindiendo honores fúnebres a su máquina de escribir, en un ataúd de velorio, y con obituario. Va a poner todos sus libros en el ataúd, vanidad de vanidades, y va pensando en su epitafio: "Ná de ná", por ej,. o ahora "Escritor y viajero", "Hombre humilde y errante" o "Fuése, y no hubo nada". 

El caso es que el primer recuerdo salió al ponerse al ordenador. Su estilo antes era farragoso, barroco, fruto de la máquina de escribir: el ordenador ahora le ha depurado y simplificado el estilo. Y ante el ordenador sale su primer recuerdo, en el trance del artista: se dibuja el primer recuerdo propio (no recuerdo de cosas que le han contado): Una señora, Conri, viene a visitar al niño, que ya leía muy bien, y se lucía ante las visitas. Aplausos, y el nene se va a jugar. Al despedirse de ella, le dice con aplomo que a todos sorprende: "Yo voy a ser escritor", cuando le preguntan qué va a ser de mayor. Es su carácter, su destino, y se dedica a ello 1) corriendo aventuras y "mezclándose estrechamente con la vida" como aconsejaba Hemingway. La propia calle estaba llena de aventuras en Madrid. Corría libremente, no había coches. Correteaba todo Madrid. Y 2) la otra escuela: leer, leer, leer de todo a la vez, Peter Pan y Dostoyevski, en plan trituradora de libros. Se crea ante él un santoral de las figuras que poblarán su universo: Guillermo, Tom Sawyer, los héroes de las novelas de aventuras….  Y se pone a imitar sus vidas para poder contarlas.

Todo esto tiene que ver con el lenguaje. Hablar, leer y escribir lo desarrolló al mismo tiempo. También leía diccionarios, con la pasión con la que se leen las novelas, y tiene cientos de ellos, los usa, mira palabras incluso obvias, "botella". Tiene un diccionario de onomatopeyas. Ha habido cien mil lenguas, y se van extinguiendo, y cada vez que se extingue una es una herida para la condición humana. A Hemingway le preguntaron por qué había reescrito tanto el final de A Farewell to Arms. "Encontrar las palabras justas". Lo crucial en cualquier libro es encontrar las palabras justas, quizá pasión inútil, que sólo entenderán los escritores. A. Huxley: "la literatura son las personas que sienten un irrefrenable deseo de jugar con las palabras". Y para Valéry, la literatura tiene una condición puramente verbal. Pero vida = viaje = literatura, la palabra también hace la condición humana. Somos hombres porque hablamos, no por las cosas que hacemos. Es el lenguaje, la capacidad de expresar objetos, abstracciones, conceptos, etc. por medio del lenguaje articulado, es lo que nos hace humanos. 

 

¿Pensamos o hablamos primero? ¿Piensa el niño? De un modo elemental, siente, pero no piensa porque pensar es verbalizar con lenguaje externo o interno la vida, los conceptos necesitan palabras. "El principito que todo lo aprendió en los libros" lo llamaba su padrastro. Pero no, también ha aprendido mucho en la vida. Tiene Sánchez Dragó 3 hijos de madres distintas, con 10 años de diferencia entre sí, los hijos son de las mujeres y quizá tenga un cuarto. Dice que tiene un hijo de su edad, se casó en la cárcel… se llevarán 50 años con el que tenga con su actual esposa, si tiene otro. Los niños de hoy, que han crecido con la tele y los medios, no aprenden a hablar. El niño aprende a hablar escuchando. Y no oye modelos en las tertulias o en la telebasura, se ha empobrecido el lenguaje de los jóvenes hoy. En una conferencia un chaval le preguntó el sentido de la palabra "eximio" y Dragó le dijo "Vd. no es un exsimio, usted no se ha erguido ni ha hablado". 

 

El idioma que recibimos es el que nos permite erguirnos y ser los que somos. La gente del campo todavía habla bien, y la gente mayor, pero los jóvenes y su uso de los medios y los SMS empobrecen el lenguaje, los sms son gruñidos de chimpancé, dice. Volveremos a la selva húmeda. Sus hijos decían siempre "super-" tal, supercual, y él les corregía. En Las noches blancas usa campanillas, que usa para dar campanillazos a cualquiera que hable mal, que cometa un herror lingüístico. Si no hay educación no hay democracia posible. En Grecia no nace la democracia, sino la Aristocracia. No, la aristocracia es el gobierno de los que han sido educados, los que han pasado por la paideia. Poesía, gramática, y retórica, por ahí se empezaba. Antes se medía la calidad de un centro por el número de suspensos. Ahora al revés, su prestigio se mide por el número de aprobados. Únicamente los educados eran ciudadanos en Grecia, y eran quienes organizaban la cosa pública.

Estudió el bachillerato que no separaba las letras de las ciencias (el de Pedro Sáinz Rodríguez). Poesía y filosofía nacen unidas. Sánchez Dragó era muy malo en matemáticas, pero se los aprendía de memoria los libros, y al final iba pasando. Siete cursos de gramática, con Morfología, Sintaxis, Léxico. Y latín y griego, 10 años del primero. La primera gran enciclopedia española, las Etimologías de San Isidoro, une la comprensión del lenguaje a la comprensión de las cosas. Quien sabe latín sabe etimologías. Es una barbaridad que el latín haya desaparecido de la enseñanza – es una lengua que enseña a pensar, una lengua matemática. Y con él se aprende la historia de la lengua. 


En el principio era el Verbo, dice el evangelio de San Juan, y también en el principio era la respiración. Palabra y respiración van unidas: el aparato fisiológico del ser humano es único en este sentido; respiración y aprendizaje van unidos en muchas actividades humanas aparte del lenguaje. Hoy no sabemos respirar. La respiración abdominal es un consejo que nos da a todos. En ocho tiempos. Sólo eso permite llegar a la meditación. Pero también se puede acomodar al ritmo cotidiano. El lo hace, y es mano de santo. Es gratuito, y lo cura todo y lo enseña todo. En nuestra sociedad se cobra por todo, hasta en China, filas y filas de autobuses. En Soria cobran por pescar cangrejos, antes eso no existía: ahora licencias, carnets, reglas…. Y hasta copias plastificadas del DNI en las redes. Antes todo era gratuito, hoy por todo cobran.

La vida empieza con los seres vivos que empiezan a espirar. Lázaro, al resucitar, obedece la palabra de Jesús. La literatura cura, la palabra cura. Por eso una mujer se enamora de un hombre que tiene labia—es ése el truco de seductor que él confiesa. Nunca le han dado calabazas porque las mujeres se enamoran de la labia. Es una terapia, eso y el ronrón de los gatos, sonido de la paz universal. No sabemos cómo empezamos a hablar, no hay restos fósiles de las zonas blandas del cerebro. No se sabe qué pasó en el cerebro humano para que empezásemos a hablar. Tampoco se entiende el ronroneo de los gatos.

Los mejores libros no son los grandes clásicos, sino los que nos marcan en la infancia y la adolescencia. Los gatos son también grandes maestros: pero no les cabe el concepto de orden, sumisión y obediencia, nunca se domestica. Son los príncipes de la libertad. Ha escrito Dragó una novela sobre un gato, uno de sus libros mejor escritos, más zen. Hay un libro por ahí, El alma de los gatos: los escritores y sus gatos.  Lo hojeó en una estación… ¡Salía él, y su gato!  El Tao Te King de Lao Tsé (el mejor de todos los libros) dice que la sabiduría máxima es estar alerta y en reposo: como los gatos. Ahora tiene F.S.G. 5 gatos, y va a escribir más sobre gatos, dice. Una pesadilla administrativa, traerlos desde Japón.

Viendo una película sobre el perro japonés Hachiko, una de Richard Gere, en el momento en que muere el perro fiel, ve a su dueño: una revelación: se vuelve a Naoko y le dice—¿cuándo nació mi gato Bufanda? Las fechas coinciden, es la reencarnación de su gato Soseki.

Sólo los humanos tienen lenguaje articulado (el de los loros no es lenguaje conceptual, con significado). ¿Por qué empieza a hablar el ser humano? Los animales no necesitan hablar. Un gato no lo necesita. Sabe el mundo, sabe cuándo viene su dueño—es un despertador. Los animales se comunican, pero no con un lenguaje articulado. Ha leído muchos libros sobre el lenguaje, Dragó, sobre el lenguaje como capacidad, su origen, su estructura, su tradición. (La tradición es la aurea catena, la entrega de una generación a la siguiente sin que se rompa la cadena del saber humano. Y es crucial la tradición del lenguaje).  Oskar Kismayer llegó a la conclusión de que los monos se irguieron y echaron a hablar por el canibalismo: porque devoraron el cerebro de animales de su misma especie. 

El cerebro es una droga de recreo: aumenta la actividad sexual. Y crece la inteligencia: aumenta la masa encefálica. Dice que tenían la virtud de la telepatía, la comunicación sin lenguaje articulado, pero que la presión debida al aumento de la masa encefálica, eso coincidiría con la aparición (en todas partes de las culturas humanas) de las trepanaciones. Tentativa torpe de los chamanes para dar salida a las dolencias que resultaban del exceso de masa encefálica. Allí perdieron los humanos la capacidad telepática, y esto coincide con la leyenda bíblica de la Torre de Babel. (Bueno, yo creo que sería más bien la pérdida de la lengua única no verbal, y el desarrollo de lenguajes verbales y gramáticas y vocabularios incomprensibles. Sea como sea... ).  Las leyendas y los mitos no son gratuitos—son maneras de transmitir la aurea catena. Los hombres dejan de entenderse entre sí, es el origen del lenguaje común que sustituya al lenguaje telepático que han perdido.

El hombre se yergue en Africa, del que procedemos todos, y se extiende por todo el mundo. ¿Pero por qué no hay en Africa alfabetos—y ni siquiera lenguas, pues sólo hay dialectos? ¿Por qué no hay alfabeto escrito donde crece el hombre? Esa necesidad al parecer surgió luego, fuera de Africa. Surgen cien mil lenguas, algunas disparatadas, enrevesadas—el español o el japonés son modélicos, pero el chino, el euskera o el magiar son lenguas endiabladas y extrañas.

Terence McKenna sostenía que lo que convierte al mono en ser humano es la ingesta de drogas enteogénicas: las drogas que inducen al nacimiento del espíritu dentro de uno, como las que se tomaban en los misterios de Delfos. Los chamanes promovían la génesis del concepto de Dios mediante drogas. No todas las culturas generan el concepto de Dios. Es una noción que no admite demostración científica, sólo fe u otras actitudes emocionales. La ingesta de drogas produciría la conciencia de que somos seres vivos, de la existencia, de Dios... y  de allí a Internet, etc.

Salimos de la selva y nos adentramos en la sabana. Allí todo cambia, estás a pecho descubierto. Debes avistar a los depredadores, erguirse, y luego correr deprisa, a dos piernas. El desarrollo de la masa encefálica y su relación con el cuerpo es mucho mayor en los humanos. Las hembras humanas tuvieron que correr, y no podían tener la pelvis muy ancha. La Australopiteca, u Homo, que tenía la pelvis ancha no podía correr y era devorada por los depredadores en la sabana. Los  nacimientos son difíciles. Portentosa paradoja:
una especie con cerebro desproporcionadamente grande, pero que tiene que dar a luz a seres con un límite de tamaño en la cabeza, y por tanto con un cerebro a medio formar, que se seguirá desarrollando tras el nacimiento.  

A diferencia de lo que sucede con la mayoría de los animales, las mujeres empiezan a dar a luz a seres que madurarán fuera del útero de la madre, en contacto con la sociedad exterior. El ser humano se nace inepto, y se forma ya en sociedad, socializado. Su cerebro se va desarrollando no dentro del vientre de la madre, sino fuera, en un mundo social. Lo que produce las zonas del cerebro que permitirán la creación del lenguaje articulado y la autonconciencia es el crecimiento que se produce fuera de la madre, a pecho descubierto, socializando. Los niños-lobo no aprenden a hablar nunca.  (Esta cuestión del desarrollo externo del cerebro, en un mundo social, explica muy bien por qué el cerebro humano se hace con el lenguaje—la coevolución del lenguaje y el cerebro, por usar una expresión de Terrence Deacon. Ver lo que decíamos al respecto en un comentario sobre la encefalización y la neotenia).





El tiempo apremia, las ideas se amontonan, los excursos florecen, y no nos puede contar Sánchez Dragó la mayoría de lo que quiere decir…. Por ejemplo el nacimiento del pensamiento mágico. Las personas establecen una relación causa-efecto entre cosas que nada tienen que ver entre sí: pero eso lo hace el pensamiento mágico. Y confunde el significante con el significado. Saussure habla de langue y parole. Cada comunidad, grupo, región… introduce variaciones de tono. El acento, la tonalidad, viene de la noche de los tiempos en una comunidad. Otra cosa son los topónimos, también antiquísimos. Y otra cosa que no cambia con la fragmentación del latín es la sílaba tónica de cada región. Distinta en francés, en italiano (proparoxítono) o en el español, oxítono. Pervive el acento. Esto hay que enseñarlo a los niños. 

Los niños tienen que estudiar lengua para entender su tradición, la cultura del país en el que viven. En la Romania, los países más alejados de Roma son más revolucionarios, lingüísticamente hablando. El italiano es más cercano al latín. Todo esto tiene una lógica— Como lo tiene el ritmo de la poesía popular en otros países. En España, el octosílabo, en italiano el endecasílabo, en francés el alejandrino. Las palabras populares han cambiado mucho, y las cultas continúan con el modelo latino. Pues bien, siempre la palabra popular tiene un sentido más directo. La lingüística es una ciencia exacta que exige ser estudiada con el mismo rigor que las matemáticas.

Dos palabras sobre el español. La dimensión política de las lenguas y los ciscos que se montan con la inmersión lingüística; la gente defiende la propia lengua, aunque esa lengua haya llegado a estar casi extinta como el euskera. Tenemos que estar orgullosos del español, pero tenemos que lamentar algunas carencias. Tiene gran riqueza léxica, debido a la aportación árabe, griega, etc… Borges decía que el francés es rico en significados  y el español en sinónimos. También es extraordinaria la distinción entre ser y estar. Son cosas muy distintas que las demás lenguas confunden, ser borracho y estar borracho. También la distinción entre cosas y personas en el objeto directo: a si es una persona: eso evita la cosificación de las personas.

El español ha sido algo tan crucial que, dice Sánchez Dragó, él se esforzó durante el exilio en mantener el contacto con el español vivo, no la langue sino el habla. En Estambul (1966) se emocionó al hablar con sefardíes, que hablaban en español del Renacimiento. "¡Qué mal fabla aqueste mançebo!" dijo uno sobre él. Tras el exilio, vuelve a España—le escribe una carta al Ministro de Justicia, harto del exilio, y le pide un indulto. La envía al Ministerio de Justicia, Madrid. (Era Oriol y Urquijo, "perfecto caballero"). Y llegó la carta al ministro, que le contestó de su puño y letra, y le dio un salvoconducto, y le indultó en el Consejo de Ministros, tras otro paso por la cárcel (en 1970), un arresto educado y amistoso y casi voluntario. Lo indultó personalmente Oriol, que era potestad suya. Y volvió a Madrid y a su habla, y mirando las calles ve una hermosa palabra, una palabra jugosa, "TAHONA". Y se echó a llorar, ante la tahona cerrada.

Y termina con una anécdota india, y un soneto de Dámaso Alonso.

Había un santón mudo, venerado por la muchedumbre. En su vejez, agonizante, por una ventana se veía una montaña cubierta de árboles. Y un instante antes de morir, se volvió hacia el bosque y dijo, "¡Fuego!" —y el bosque ardió. Concentró todo el poder del lenguaje de su vida en una palabra.

Sánchez Dragó estudió en una universidad franquista donde no había grandes pensadores, pero sí había grandes lingüistas: Rafael Lapesa, García de Diego... Y Dámaso Alonso…. que luego presentaría Gárgoris y Habidis.

 Termina, pues, con el soneto de Dámaso Alonso, "Una voz de España": "tiernos monstruos ruidos me decían…"
—en el que el poeta se despide de las palabras que aprendió desde niño y que le han permitido hacer su mundo, ser el dios de su propia creación, palabras que pronto ya no sonarán más para él.

Desde el caos inicial, una mañana
desperté. Los colores rebullían.
Mas tiernos monstruos ruidos me decían:
«mamá», «tata», «guaguau», «Carlitos», «Ana».

Todo - «Vivir», «amar» - frente a mi gana,
como un orden de vínculos prendían.
Y hombre fui. ¿Dios? Las cosas me servían;
yo hice el mundo en mi lengua castellana.

Crear, hablar, pensar todo es un mismo
mundo anhelado, en el que, una a una,
fluctúan las palabras como olas.

Cae la tarde, y vislumbro ya el abismo.
Adiós, mundo, palabras de mi cuna;
adiós, mis dulces voces españolas.


_____


En el turno de preguntas, le pregunto a Sánchez Dragó cómo vive él su habla, su extraordinaria facilidad de palabra, y cómo ve a los demás que no la tienen, aunque me dirá que no es un mérito, sino una manera de ser, que siempre ha sido así, es como es... Que tampoco tiene que ver con la inteligencia o el conocimiento, que él considera un mérito lo que trabaja, sí, que es mucho, pero no su manera de ser, eso se tiene o no se tiene, como la facilidad ante las cámaras...

—y me pregunto, a mí, si sabe lo que va a decir antes de decirlo, y me pregunto cuál es la fuente detrás de las mentes, la radio que nos dicta lo que decimos, la que organiza las palabras y prioriza una palabra antes que otra, una idea antes que otra.  Sánchez Dragó, desde luego, sería un fascinante objeto de estudio para alguien interesado en las asociaciones de ideas, y en lo que pasa en el cerebro para que alguien abra la boca, y hable, y una cosa lleve a otra.


 
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Our House, Being Invisible

Now you see it, now you don't. An experiment in photography.

miércoles, 26 de octubre de 2011

Globalización y sostenibilidad

 

Cuatro notas sacadas del final de El lugar del hombre en el cosmos, de Fred Spier. Estas obras sobre Gran Historia, sobre el ser humano en el contexto de la evolución cósmica, y de la ecología de los recursos, son muy iluminadoras–ayudan a comprender mejor la historia humana como una historia de organización para uso de recursos, unos tradicionales y otros resultado de innovaciones, inventos y nuevos modos de explotación. Así, por una parte se refuerzan las categorías tradicionales del estudio histórico (el Neolítico y el desarrollo de la agricultura, la aparición de los Estados y de las ciudades, etc.) y, por otra, el nuevo énfasis lleva a replantearse la cuestion de en qué época vivimos. ¿No convendría llamarla, por ejemplo, la Era de los Combustibles Fósiles?

Claro que eso es un único criterio. Otros hablan, fijándose en otros aspectos, de la era de la globalización, pero es que una cosa lleva a la otra. Globalización siempre ha habido en mayor o menor medida, desde que el ser humano salió de África por su propio pie y se fue globalizando sin saberlo. Los imperios antiguos o modernos también "globalizaban" a su manera, que ya desde entonces tiene mal nombre esto de la globalización. Y la Iglesia católica era iglesia globalizada, o aspiraba a serlo. Pero con la potencia de los combustibles fósiles, de la máquina de vapor, del motor de explosión, o de los reactores, la globalización se acelera.  Todo lo existente se acelera. Nuestra agricultura depende de los combustibles fósiles, para empezar, y la estructura de nuestros estados y nuestra economía. Cabalgamos a lomos de combustibles fósiles, y son ellos los que han permitido, indirectamente, por vía del comercio acelerado y del crecimiento industrial, que se produzca otro fenómeno globalizador: la comunicación electrónica, la informática, y la red de comunicaciones global en la que ahora mismo estás—hipócrita lector, a lomos de tus combustibles fósiles. Como quien va a lomos de un tigre, y no sabe qué es lo que lo mueve.

Esto es insostenible.

Lo de los combustibles fósiles, digo—eso es obvio. Los quemaremos, y antes de lo que pensamos, por el crecimiento continuo de nuestra economía. Ver a este respecto el vídeo sobre Aritmética, población y energía, de Alfred A. Bartlett, que transcribo aquí. La duda está en si la humanidad es sostenible. Ese es el interrogante que cierra los últimos capítulos del libro de Spier (como otros—se me ocurre Solar, de Ian McEwan, a este respecto). Que nuestra economía no es sostenible, ni nuestra sociedad, en su estado actual, ofrece pocas dudas.
No está en equilibrio, a pesar de algunas engañosas apariencias, sino en desequilibrio inestable, en avance perpetuo con correcciones improvisadas sobre la marcha. No es un avance controlado, ni dirigido, aunque haya elementos de control y dirección: las medidas económicas y financieras de la Unión Europea, por ejemplo, las que se toman este año para paliar la crisis de deuda, tienen efectos calculados, y otros incalculados–hay que seguir avanzando, y evitando el colapso y el caos. Como buenamente se pueda.

Pero volviendo a Spier. Habla de la informatización como la tercera oleada de la globalización, último paso en el establecimiento de redes de comercio, producción, intercambio, dependencia e información a nivel global:

"La actual revolución en curso de la tecnología informática ha venido a reforzar notablemente todas estas transformaciones Los últimos sesenta años han asistido al surgimiento de una nueva capacidad: la de manipular un volumen de datos electrónicos que no conoce precedentes" (381).


Por una errata dice que esto comenzó en el siglo XVIII—claro, se refiere al XIX, cuando con la red telegráfica se estableció la versión decimonónica de Internet. Y (qué poco se sospechaba en el siglo XX) al tender los cables eléctricos se estaba tendiendo también la futura red de Internet.  Información es energía, a su manera, pues la información permite reorganizar los procesos y rentabilizar el trabajo de modo mucho más eficiente. Así, con una producción bruta relativamente menor, la producción de la era electrónica genera una rentabilidad económica mucho mayor, y así, "En los países pioneros en la iniciación del proceso de la industrialización, el surgimiento de la moderna tecnología informática ha dado lugar a la aparición de un gran número de industrias de servicios. Hasta el momento presente, esta nueva oportunidad de arrancar en cabeza de la comunidad internacional ha permitido que estos países sigan siendo competitivos y que conserven un nivel de vida relativamente elevado" (383)—aunque ahora la formación y producción informáticas ya se extienden por países anteriormente subdesarrollados.

La globalización ha acelerado los procesos de disolución de las comunidades y creencias tradicionales, sus economías, sus costumbres y sus modos de vida, dando lugar a "nuevos sentimientos de inseguridad, tanto entre los ricos como entre los pobres. Y a su vez, la expresión de estas percepciones adquiere muy a menudo la forma de un nuevo fervor religioso." (385-86). La globalización también fomenta la imagen de un mundo no sólo interconectado y mutuamente dependiente, sino también frágil y aislado frente al cosmos. Spier retorna en diversos puntos del libro a una imagen que le impactó, la de la Tierra vista desde el espacio, imagen que "habría de estimular muy notablemente la idea de que la Tierra es en realidad un frágil 'vehículo espacial'" (386). La consciencia ecologista, en sentido amplio, se ve reforzada por estas transformaciones globalizadoras y estas nuevas percepciones de nuestro planeta como un conjunto. 

Y ahí sitúa Spier, de modo reflexivo a modo de self-begetting narrative de las descritas por Steven Kellman, el origen de su propio interés por la Gran Historia, por enmarcar de modo más insistente la historia "histórica" en la historia de la evolución cultural de la Humanidad, incluyendo historia y prehistoria, y éstas en el marco de la evolución de la vida y de la formación de nuestro planeta y del cosmos:

"Estas instantáneas iban a proporcionar un fuerte impulso tanto al naciente movimiento de defensa del medio ambiente como a los enfoques científicos de carácter holístico que por entonces comenzaron a surgir, como la cosmología asociada con la Gran Explosión, la tectónica de placas o la hipótesis de Gaia de James Lovelock—todos los cuales terminarían haciendo posible la presente síntesis de la Gran Historia" (386-87).

Cierto, en parte—Y sin embargo hay que recordar que hay precursores de estos enfoques holísticos que han sido injustamente postergados durante los últimos cien años, cuando podrían haber servido de inspiración para este tipo de aproximación. Spier piensa en Alexander von Humboldt, y yo pienso más concretamente en Herbert Spencer. En Spencer encontramos un esfuerzo por explicar en términos de dinámica energética y de su eficiencia los distintos procesos evolutivos a nivel cósmico primero, geológico después (con la formación de distintos entornos diferenciados en la corteza terrestre), biológico, con una definición de la vida como un proceso energético de especial complejidad e intensidad. Y luego también aplica su principio básico a la cultura, el pensamiento, etc.  Simplista, han dicho muchos—pero también un esfuerzo intelectual titánico, y una perspectiva, la de Spencer, que nos lleva como la cosmología actual, desde una Fuerza indiferenciada en el origen del cosmos, a la generación de complejidad local diferenciada, y luego a la decadencia entrópica de dicha complejidad, y a la destrucción de los entornos locales complejos. Es la historia del universo, en la medida en que la podemos apreciar desde aquí.  Yo, desde luego, no puedo sino recomendar la lectura de First Principles, una obra que en su línea decimonónica podríamos llamar un intento de una "Fenomenología de la Energía", y de sus efectos complejos, incluido el Espíritu.

Los humanos hemos sido grandes acaparadores y gastadores de energía. Calcula Spier que nuestra especie ha multiplicado por treinta millones la cantidad de energía controlada y gastada, desde su origen en una población de unos pocos miles de individuos. Hemos desarrollado también no sólo cantidad, sino calidad—maneras increíblemente diversas, todas únicas, de extraer, almacenar o gastar energía. Este crecimiento tiene un lado triunfante, y un lado alarmante—de ahí la consciencia ecológica de los estudiosos de la Gran Historia. ¿Es sostenible? Ya hemos visto que no en el sentido de estable. La mayor integración informativa y productiva mundial podría resultar especialmente vulnerable a ciertos tipos de catástrofe global—aunque ayude a paliar otras carencias y problemas. Un exceso de organización podría desmoronarse al contagiarse la desorganización rápidamente por las redes globales de interdependencia y de comunicaciones.

"Sin embargo, todavía más serio es el hecho de que todas las sociedades industriales dependan hoy tan notablemente de las menguantes reservas de recursos naturales, y fundamentalmente de los combustibles fósiles. Hasta la fecha, la utilización de combustibles fósiles a gran escala ha posibilitado la consecución de unos niveles de complejidad cultural global inimaginables a costa del declive de las viejas formas de complejidad local y regional." (393-94)

Un nivel de producción sin precedentes, en las sociedades modernas, que es—insostenible. Si toda la Humanidad se volviese Occidente, estaríamos perdidos. Y ese camino llevan, pero no llegará a tanto la cosa. El despilfarro de combustibles fósiles llega a su límite natural, y empiezan los años de penurias graduales, donde habrá que rentabilizar la energía y cuidar más el medio ambiente. La entropía generada por la producción amenaza con ahogarnos una vez alcanzado un nivel máximo de desarrollo.

"Por consiguiente, uno se pregunta si los seres humanos serán o no capaces de inventar un sistema de reciclado de basuras eficiente, y cuáles podrían ser, en caso negativo, las consecuencias. O por expresarlo en términos de la teoría de Gaia que formulara James Lovelock, surge la interrogante de si Gaia procederá o no a eliminar de forma no aleatoria a la especie humana debido a que puede estar socavando las circunstancias Goldilocks [las circunstancias que permiten determinado tipo de complejidad] que su propia continuidad requiere. (395)

Lo de Gaia interprétenlo como una manera de hablar. No necesitamos a Gaia tomando decisiones, cuando están ahí las consecuencias de nuestras propias acciones,

    "we but teach
Bloody instructions, which, being taught, return
To plague the inventor"
—decía Macbeth.  Yo no peco de optimista: Spier sí, pues arguye que

"Podría darse perfectamente el caso de que, a largo plazo, la principal característica de la historia humana fuera la de constituir un proceso marcado por la consecución de una eficiencia cada vez mayor." (397)

No lo refutaré, pues ha sido el caso hasta ahora—pero ha tenido un precio, el socavamiento de las propias condiciones de la existencia a que antes se refería Spier. La eficacia tiene un límite. Y en cualquier caso, aun si respetásemos nuestro entorno ecológico y alcanzásemos un equilibrio con él (cosa que la humanidad jamás ha hecho), hay que tener en cuenta que nuestro entorno no depende únicamente de nosotros, sino de fuerzas naturales muy superiores, que no lo han alterado radicalmente en los últimos milenios, pero que bien pueden hacerlo—y de modo súbito, para nosotros.

La humanidad tiene un límite, y sería optimista ver ese límite en el límite de la energía del universo. Ese límite para el universo existe, desde luego, para la cosmología moderna:


"Según parece, únicamente el universo joven en el que ahora vivimos dispone de suficiente abasto de materia y de energía, y sólo ese abundante suministro alcanza a producir—en combinación con los equilibrios que tienden a generar las fuerzas de la naturaleza—unas circunstancias Goldilocks capaces de conducir inevitablemente al surgimiento de estos tipos de gran complejidad" (406)

—como el autor, por ejemplo. Pero es optimista, decimos el horizonte del Universo. Porque estamos atados no al Universo, sino a nuestro planeta, mal que nos pese, y a pesar de alguna sonda espacial y de muchas películas de ciencia ficción. Se pregunta así pues Spier, al cerrar su libro, por las perspectivas de futuro para la vida y la humanidad en el planeta Tierra.


"A estas alturas nadie se sorprenderá si digo que el destino de la humanidad parece estar íntimamente vinculado con la disponibilidad de materia y energía. No se trata de nada nuevo. Son muchos los autores que resaltaron ya este planteamiento a lo largo de la década de 1970. Y sin embargo, en años posteriores, sus duros mensajes se convertirían primero en materia disputada y caerían después poco menos que en el olvido" (408).

Aún recuerdo cómo hace casi cuarenta años nos hablaban de estas cosas en la escuela de Biescas: de la contaminación, del agotamiento futuro del carbón y del petróleo. El año dos mil aparecía remoto y envuelto en crisis y colapso. Hoy, en la década de 2010, el futuro vuelve a aparecer envuelto en crisis y colapso. Al menos en un duro aterrizaje en el reality principle, conforme toca a su fin la era de los combustibles fósiles. En 1971 Marion King Hubbert denunciaba la imposibilidad de un crecimiento exponencial continuado. En fin, Malthus ya lo había hecho casi doscientos años antes, y se le creyó desautorizado. Y ahora Alfred Bartlett también habla de Hubbert en su conferencia sobre "Aritmética, población y energía". Cuando nos acordamos de él, por algo será: el futuro va filtrando a los profetas. Cita Spier a Hubbert:


"A las personas que vivimos en la época actual y que nos hemos acostumbrado a un constante crecimiento exponencial del consumo de recursos energéticos derivados de los combustibles fósiles nos resulta difícil comprender cabalmente que la era de los combustibles fósiles revela tener en último término un carácter notablemente transitorio tan pronto examinamos un período más amplio de la historia humana. La mejor manera de apreciar la situación es contemplar las cosas en un arco temporal de unos diez mil años, cinco mil a un lado del presente y otros cinco mil al otro. Desde esta perspectiva se constata que el ciclo completo de la explotación de los combustibles fósiles presentes en el planeta se extende quizá por espacio de unos mil trescientos años, con la particularidad de que el principal segmento del ciclo (definido como el periodo en el que se extrae y se quema la totalidad del combustible fósil, salvo la primera y la última franjas, de un 10 por 100 cada una) apenas abarca más de tres siglos." (Hubbert, en Spier 410-11).

Hay quien confía ingenuamente en el ingenio humano para mantener indefinidamente este régimen de consumo. Ingenuity... Ya. Habrá que tener en cuenta lo que dice Howard Thomas Odum, citado por Spier:

"El saber y el ingenio son los medios con los que se consigue que el suministro de energía resulte operativo—suponiendo que se disponga de él—, sin olvidar que el desarrollo y la conservación del conocimiento también dependen de la disponibilidad energética" (410, énfasis mío).

La investigación sobre energías sostenibles, por tanto, no tiene lugar en el vacío—también cabalga a lomos de un tigre, en una carrera contra el tiempo. Una manera de contar esa carrera puede verse en la novela de Ian McEwan, Solar, sobre un decadente científico occidental que investiga sobre cómo hacer la energía solar aprovechable y rentable. Una carrera contra el tiempo, y contra sí misma, en la que está atrapada la sociedad postindustrial. La humanidad sobrevivirá, de alguna manera. Nuestra sociedad actual, hiperproductiva y despilfarradora, es más que probable que no. Tendrá que transformarse radicalmente, a sea-change, y no se reconocerá a sí misma, posiblemente, en la nueva Edad Media sin final determinable que seguirá a la Era de los Combustibles Fósiles. Spier lo pone de manera más interrogativa, como correponde a los interrogantes abiertos:


"En otras palabras, la incógnita a la que nos enfrentábamos [en los 70, pero también ahora] pasaba por averiguar si nos resultaría posible o no disponer de la suficiente materia y energía como para producir la complejidad que deseábamos—y obviamente sin asfixiarnos con la entropía resultante—. (410)


Los modelos informáticos desarrollados por el equipo de Dennis Meadows en el MIT, para calcular la interacción futura de desarrollo, crecimiento, producción y consumo, resultaron terriblemente pesimistas: "en todos los casos observaron que la estructura sistémica se venía abajo. Al final trataron de hallar otras formas de estabilizar el sistema mundial, pero no obtuvieron sino una mayoría de resultados negativos. Sus descubrimientos desembocarían en una serie de turbadoras conclusiones y recomendaciones que deberían ayudarnos a luchar por un mundo más sostenible" (412). Contribuirían las primeras previsiones al informe del Club de Roma de 1972, sobre Los Límites del Crecimiento, que fue un hito en la conciencia sobre estas cuestiones.

Ignoro si Meadows et al. incluyeron en su modelo, me temo que no, las hipotecas subprime y la crisis de la deuda soberana. Datos que no harían nada, supongo, por mejorar sus perspectivas. El futuro siempre tiene la capacidad de sorprendernos, a veces incluso de modo agradable; a la larga, siempre de modo inesperadamente desagradable. 




El concepto de "desarrollo sostenible" (que Bartlett considera una contradicción en términos) fue en cierto modo un avance, y se introdujo en un informe de la ONU de 1987, Nuestro futuro común. Desarrollo sostenible, definen, "es aquel que alcance a satisfacer las necesidades del presente sin comprometer la capacidad de las futuras generaciones". (412). Bonito concepto, pero, releyéndolo, hay que decir que el desarrollo sostenible es algo que ni ha existido ni existirá. El desarrollo siempre ha sido insostenible a largo plazo, siempre consumiéndose a sí mismo como un combustible fósil; siempre ha comprometido al futuro y lo ha privado de opciones, y las opciones serán cada vez menores, a pesar del creciente desarrollo de la complejidad cultural e industrial.

No acabo de terminar con el libro de Spier sobre El lugar del hombre en el cosmos. Otro día vuelvo, si tengo world enough, and time.


 
 
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