miércoles, 22 de mayo de 2019

Cervantes y Groenlandia: Historia septentrional





Acabo de leerme la novela póstuma de Cervantes, Los trabajos de Persiles y Sigismunda, y me ha llamado la atención un detalle al final de esta narración subtitulada Historia setentrional (por septentrional). En efecto, está ambientada vagamente en las islas de Noruega y el norte del Mar del Norte, aunque los personajes navegan al sur, para desembarcar en Lisboa y hacer una peregrinación a Roma pasando por España. Es novela peregrina y de mucha peregrinación, muy católica, muy antiislámica, y desconfiada de esos países del norte donde la fe católica anda "algo de quiebra" — Aunque no se menciona la Reforma como tal, la novela está ambientada hacia 1558, con el protestantismo bien asentado en la mayoría de las tierras norteñas que describe. 

Empieza la novela, con una memorable escena de cautiverio in medias res, en tierras más bárbaras que cristianas, entre historias de piratas y salvajes de los que van escapando y librándose poco a poco los protagonistas, los príncipes Persiles y Sigismunda, o más bien Periandro y Auristela, pues con esos alias se los conoce durante toda la novela. Enamorados haciéndose pasar castamente por hermanos, viajan a Roma para ver allí resuelta su historia familiar en una anagnórisis final que los deja libres para volver a reinar a sus tierras (aunque no al parecer para llevar allí el verdadero catolicismo, si a la evidencia histórica nos remitimos).

Bien, pues siendo una novela que tanto canta las loas de la Iglesia, se molesta Cervantes en contarnos, ya casi concluida la novela, estas curiosidades de las iglesias católicas más remotas en los confines de la tierra, allá por el norte mal explorado. Cito estos pasajes de los capítulos doce y trece del cuarto libro. En el primero sorprende Persiles una conversación en noruego, a las afueras de Roma:


Pero lo que más le admiró fue que hablasen en lengua de Noruega, estando tan apartados della. Acomodóse detrás de un árbol, de tal forma que él  y el árbol hacían una misma sombra; recogió el aliento, y la primera razón que llegó a sus oídos fue:
    —No tienes, señor, para qué persuadirme de que en dos mitades se parte el día entero de Noruega, porque yo he estado en ella algún tiempo, donde me llevaron mis desgracias, y sé que la mitad del año se lleva la noche y, la otra mitad, el día. El que  sea esto así, yo lo sé; el porqué sea así, ignoro.
    A lo que respondió:
    —Si llegamos a Roma, con una esfera te haré tocar con la mano la causa dese maravilloso efeto, tan natural en aquel clima como lo es en éste ser el día y la noche de venticuatro horas. También te he dicho cómo en la última parte de Noruega, casi debajo del polo Ártico, está la isla que se tiene por última en el mundo, a lo menos por aquella parte, cuyo nombre es Tile, a quien Virgilio llamó Tule en aquellos versos que dicen, en el libro 1 Georg.:

                                         ... ac tua nautae
           numina sola colant: tibi serviat ultima Thule.

   Que Tule, en griego, es lo mismo que Tile en latín. Esta isla es tan grande, o poco menos, que Inglaterra, rica y abundante de todas las cosas necesarias para la vida humana. Más adelante, debajo del mismo norte, como trecientas leguas de Tile, está la isla llamada Frislanda, que habrá cuatrocientos años que se descubrió a los ojos de las gentes, tan grande que tiene nombre de reino y no pequeño. De Tile es rey y señor Maximino, hijo de la reina Eustoquia, cuyo padre no ha muchos meses que pasó desta a mejor vida, el cual dejó dos hijos, que el uno es Maximino que te he dicho, que es el heredero del reino, y, el otro, un generoso mozo llamado Persiles, rico de los bienes de la naturaleza sobre todo estremo....

etc. etc.,; Reconoce Persiles en el que habla a su ayo Serafido. Y sigue la narración de Serafido sobre el Septentrión remoto en el cap. 13:


Volvióle a repetir Serafido cómo la isla de Tile o Tule, que agora vulgarmente se llama Islanda, era la última de aquellos mares setentrionales,
     —...puesto que un poco más adelante está otra isla, como te he dicho, llamada Frislanda, que descubrió Nicolas Teno [Nicolás Zeno—errata], veneciano, el año de mil y trecientos y ochenta, tan grande como Sicilia, ignorada hasta entonces de los antiguos, de quien es reina Eusebia, madre de Sigismunda, que yo busco. Hay otra isla, asimismo poderosa y casi siempre llena de nieve, que se llama Groenlanda, a una punta de la cual está fundado un monasterio debajo del título de Santo Tomás, en el cual hay religiosos de cuatro naciones: españoles, franceses, toscanos y latinos; enseñan sus lenguas a la gente principal de la isla, para que, en saliendo della, sean entendidos por do quiera que fuesen. Está, como he dicho, la isla sepultada en nieve y, encima de una montañuela está una fuente, cosa maravillosa y digna de que se sepa, la cual derrama y vierte de sí tanta abundancia de agua, y tan caliente, que llega al mar y, por muy gran espacio dentro dél, no solamente le desnieva, pero le calienta de modo que se recogen en aquella parte increíble infinidad de diversos pescados, de cuya pesca se mantiene el monasterio y toda la isla, que de allí saca sus rentas y provechos. Esta fuente engendra asimismo unas piedras conglutinosas, de las cuales se hace un betún pegajoso, con el cual se fabrican las casas como si fuesen de duro mármol. Otras cosas te pudiera decir —dijo Serafido a Rutilio— destas islas, que ponen en duda su crédito, pero, en efeto, son verdaderas. 

Los diversos editores (Carlos Romero Muñoz, editor de la edición de Cátedra que manejo, sus propias fuentes como Lozano Renieblas, R. H. Major, editor del volumen de la Hakluyt Society sobre los Zeno, el almirante Zahrtmann, y las diversas fuentes citadas en la Wikipedia) especulan con diversas localizaciones para Frislanda, tierra nativa de Sigismunda/Auristela, tanto en la geografía mental de Cervantes como en la del mapa de los hermanos Zeno, que reproduzco aquí. Bueno, reproducción de reproducción, que aquí todo va de un oído a otro y una fuente a otra deformándose por el camino, como en el juego del teléfono. (Véase por ejemplo la duplicación de Groenlandia en "Engronelant" y "Grolandia", y la situación norteña, bajo la "Tramontana", del monasterio de Santo Tomás, del cual hablaremos luego.


El mapa, copia de uno del siglo XVI, se remonta supuestamente a un original del siglo XIV.

Aparte de las Shetland y las Faroe, entran en danza especulativa tierras tan alejadas como Labrador o Terranova, amén de las más o menos fantasiosas Estotilandia e Icaria mencionadas por los Zeno. Se mueven más que la isla de San Borondón. A ojímetro de cartógrafo distorsionado, Estotilandia podría parecer alguna tierra firme del Canadá, e Icaria y Frislanda una Terranova un tanto flotante, o vaya usted a saber. Cervantes sí debió conocer algo (no sabemos si de primera mano) de las cartas de los hermanos Zeno transcritas por su descendiente Nicolò Zeno. Aquí hay una edición inglesa de las mismas, en el Archivo de Internet. En las páginas 12-13 del relato de los Zeno (en realidad de su familiar y editor Nicolò Zeno "bis") se encuentra la referencia a un monasterio en "Engroneland" (Groenlandia al parecer), descripción muy magnificada que se reconoce, distorsionada a su vez, en el Persiles: véase una curiosa descripción del uso de fuentes calientes para la calefacción central, algo sin duda aprendido en Islandia, y también una mención de las "piedras conglutinosas" cervantinas usadas para construcción, que aquí en la fuente textual provienen del volcán, pasando quizá por la fuente balnearia:



Las fantásticas exploraciones de los Zeno y de su señor nórdico, el explorador Zichmni, llegan hasta "Estotilandia", quizá Norteamérica según la edición de la Hakluyt Society. Ciertamente hay curiosos encuentros con los nativos que nos recuerdan a relatos similares de Bernal Díaz del Castillo o de Cabeza de Vaca, si bien a la vez enigmáticamente mezclados con aparentes imposibilidades geográficas medievales.

La edición de Major también incluye la traducción inglesa de otro documento de gran interés: la descripción de Groenlandia escrita por un groenlandés adjunto a la sede episcopal, Ivar Bardsen, en el siglo XIV.

En fin, no quiero cerrar el artículo sin aludir a dos fuentes más; una, dudosa historiografía quizá pseudohistórica, el libro de Gavin Menzies 1421, que también se refiere a fuentes que nos citan las diócesis medievales de Groenlandia, en contacto (por remoto que parezca) con el Vaticano durante la Edad Media. Lejos de mí el sustentar las especulaciones de Menzies sobre exploraciones chinas alrededor de todo el mundo, incluida una circumnavegación de Groenlandia, o el crédito que le presta al llamado "Mapa de Vinlandia". Pero sí me interesa, de una de las referencias que utiliza,

una curiosa carta escrita en 1448 por el papa Nicolás V a los obispos de Skálholt y Holar, en Islandia, preparando el terreno con la intención de nombrar un nuevo obispo en Groenlandia: "[Hace treinta años] los bárbaros vinieron de la cercana costa de los paganos, y atacaron a los habitantes de Groenlandia con gran crueldad, y así devastaron la madre patria y los sagrados recintos con el fuego y la espada, de modo que no quedaron más de nueve iglesias parroquiales [...]  se llevaron a los miserables habitantes de ambos sexos [...] después la mayoría de ellos han regresado de la cautividad a sus propias casas." (Menzies, 1421: El año en que China descubrió el Mundo; DeBols!llo, 2004; p. 357-58).

Menzies pasa de allí a especular con muy poca base que pudieron ser "bárbaros chinos". Pero nos interesa hacer constar la fuente de donde saca la cita de la carta de Nicolás V: el libro de Farley Mowat The Farfarers: Before the Norse (Toronto: Seal Books, 1998). La carta de Nicolás V puede hallarse traducida al inglés, con otras referencias papales a la diócesis de Gardar en Groenlandia entre los siglos XIII y XV, en este informe:



Papal Letters Concerning the Bishopric of Gardar in Greenland During the Fifteenth Century. (American Journeys Collection; Document No. AJ-060). Wisconsin Historical Society Digital Library and Archives, 2003. Online at American Journeys.*
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No nos consta sin embargo en ninguna de estas fuentes que hablasen allí jamás italiano, francés y español como dice Cervantes; —y lo que es la fuente de los Zeno sólo menciona el latín como lengua eclesiástica groenlandesa: lo hablan la mayoría de los eclesiásticos, sobre todo los principales; los demás, procedentes "de diversas naciones" nórdicas, deben de hablar además dialectos nórdicos próximos al noruego. Son llamativos los detalles del libro de Zeno referentes no sólo al uso de calefacción central de fuentes calientes cercanas a un volcán, sino también los cultivos en invernaderos y la admiración que despiertan en los demás habitantes de la región. Pero entre la vaguedad y la extrañeza es difícil distinguir aquí qué parte hay de invención, o de distorsión, y qué parte de trasposición de noticias o leyendas de otros países del Norte.

Un artículo de Der Spiegel recogía hace unos años los resultados de una investigación arqueológica de los asentamientos vikingos en Groenlandia. Están bien acreditados, como bien acreditado parece que fueron abandonados hacia finales de la Edad Media (siendo por tanto totalmente fantástica la continuidad de esos reinos cristianos imaginada allí por Cervantes a mediados del siglo XVI).


Stockinger, Günther. "Abandoned Colony in Greenland: Archaeologists Find Clues to Viking Mystery." Spiegel Online 10 Jan. 2013.*
         2019

 
Llegaron los vikingos posiblemente poco después del año 1000, y debido al enfriamiento climático los últimos asentamientos se abandonaron en la segunda mitad del siglo XV, poco antes del inicio de las expediciones colombinas.



Y cierro con el resto arqueológico más impresionante que nos proporciona la pista de esta "historia septentrional": la iglesia, quizá la de Santo Tomás de Cervantes, y que más probablemente sea de San Olaf (Major lxxxi), en Hvalsey, en los fiordos de la costa oriental de Groenlandia. Una construcción medieval, relacionada con un asentamiento que por tradición tenue pero continua llevaba a las noticias que tenía Colón de unas tierras alcanzables por navegación al oeste, y también a la fantasía cervantina de una enrevesada historia de cristianos de tierras remotas que peregrinan a Roma.



Estos últimos confines de la Europa medieval se pueden ver en Google Maps.







No termino de llegar a los confines del artículo. Creo que como colofón y cierre voy a transcribir tres notas apéndices de la edición de Cátedra, de Carlos Romero Muñoz. Una, sobre Frislanda; otra, sobre Ultima Thule. Y la tercera, sobre Groenlandia.



XXXVI
A PROPÓSITO DE FRISLANDA
(IV, 12: 699)

A la vista de la fecha del "descubrimiento" de Frislanda, recordada por este mismo personaje en IV, 13 (706) ("el año de mil y trecientos y ochenta") el cuatrocientos de este pasaje tiene la apariencia de ser un mero error material de lectura (por el probable docientos del original), imputable al cajista más que a Cervantes.

Base de las presentes líneas es la relación publicada por Niccolò Zeno "el joven" en 1558, luego reimpresa en 1574, en la 2ª ed. de las Navigazioni e viaggi de Ramusio. Rudolf Schevill y Adolfo Bonilla recuerdan que, según Fred W. Lucas (The Annals of the Voyages of the Brothers..., Londres, 1898), Nicolò Zeno "el Menor" resucitó el nombre de Frislanda, presente en numerosas geografías, a pesar de su carácter poco fidedigno, "haciendo de la isla una combinación ficticia de Islanda y dee las Feroe. Lucas ha descubierto casi todos los lugares que Zeno pone en Frislanda en otras islas de mapas más antiguos, como el de Olao Magno de 1529". Cfr. ahora Giorgio Padoan, "Sulla relazione cinquecentesca dei viaggi  nord-atlantici di Nicolò e Antonio Zen (1383-1403)", en L'Impatto della scoperta d'America nella cultura veneziana, ed. Angela Caracciolo-Aricò, Roma Bulzoni, 1990, 219-227.

En esta ocasión, lo único de veras importante es recordar que, cuando escribía la parte propiamente septentrional del Persiles, Cervantes podía creer sin excesivas reservas en la existencia de la isla, con gran frecuencia registrada en cartas y tratados de gran autoridad, como el Theatrum Orbis Terrarum, de Abraham Ortelio, eds. de Amberes, 1574, 1579, 1584, 1592 y —en traducción castellana— 1612 (en ningún caso en el mapa general de Europa, pero sí en los dedicados a América y a Escandinavia, con el añadido de una página de texto, en que se traducen, casi a la letra,varias especies afamadas en la relación del viaje de los hermanos Zeno), el Ptolomeo italiano de 1576, el Ptolomeo italiano de 1575 y el latino 1596. Cabe, de todos modos, preguntarse si las cosas habían cambiado de manera sustancial entre 1615-1616. No estoy en condiciones de afirmarlo ni de negarlo. Aquí me limitaré a recordar que, según Novo y Fernández Chicharro (Cervantes, 1928: 25), Frislanda está todavía presente, p. ej., en el mapa "del holandés Jansoon Blaeu, de 1605". Cervantes, de todos modos, podría no haber "puesto al día" su información para estos capítulos conclusivos de la novela, contentándose con la documentación recogida bastantes años antes. Cuando —como, no sin razón, sugiere Harrison (Cervantes, 1993: 53, 150, 160-161)—, podría haberlos escrito realmente, antes de ponerse a complicar la sencilla fábula con la larga serie de episodios.

XXXVII
ULTIMA THULE
(IV, 13: 706)


Tras recordar la importante declaración que el ayo de Periandro hace a Rutilio (IV, 12 [698]): ("También te he dicho cómo en la última parte de Noruega, casi debajo del Polo Ártico, está la isla que se tiene por última del mundo, a lo menos por aquella parte"), Lozano Renieblas (Cervantes, 1998: 94-98) declara que, para entender de veras el pasaje, "el sintagma clave" consiste en el más adelante. El cual

ofrece, al menos, dos interpretaciones. Si Tule está en algún lugar al norte de Noruega, Frislanda está al oeste. Y en consecuencia habría que interpretarlo como sinónimo de occidental. Pero si la situamos al noroeste de Inglaterra, frente a la costa noruega, más adelante habría que leerlo con el significado de septentrional, puesto que Frislanda quedaría al norte. Sin embargo, si se identifica a Tule con Islandia, más adelante parece no tener sentido, habida cuenta de que Frislanda está al sur de Islandia (en algunos mapas, orientada ligeramente hacia el suroeste de Islandia) y Seráfido le habla a Rutilio en Roma. El siguiente fragmento autoriza a descartar esta identificación [lo encontraremos en IV, 13: 706]:

Volvióle a repetir Serafido cómo la isla de Tile o Tule, que agora vulgarmente se llama Islanda, era la última de aquellos mares septentrionales, puesto que un pco más adelante está otra isla, como te he dicho, llamada Frislanda [...]

    El valor concesivo de puesto que plantea un problema de difícil solución si se ubica Tule en Islandia. [...] No tiene sentido decir que Islanda es la última parte de la tierra, aunque más adelante está Frislanda, siendo que está al sur. En cambio, si se sitúa Tule en algún lugar más allá de las Islas Británicas, de acuerdo con la tradición clásica, la salvedad de que más allá está Frislanda no solamente es comprensible, puesto que, en efecto, está al norte, sino obligada si se quiere evitar la contradicción de que 'se tiene por última en el mundo, a lo menos por aquella parte' [...] La localización histórica de Tule se subordina a la tradición literaria a la que pertenece el Persiles, como confirman los versos virgilianos [...] Y no se le escapó a Cervantes que era contradicción lo que estaba diciendo Seráfido: si Tule estaba donde la suponían los textos clásicos no era el último lugar de la tierra para el XVII, porque Groenlandia, Frislandia y otras tierras continuas, ignotas para los antiguos, habían sido descubiertas, como él mismo menciona al final del Persiles [sobre Groenlandia, cff. IV, 13: 706-707]. El autor se sirve de la ambigüedad para resolver el conflicto entre referente y tradición, ajustando el discurso para hacer un relato verosímil. De habernos dado su localización, hubiera caído, como dice Seráfido, en la vulgaridad de identificarla con Islanda, arrancándola a su tradición y despojándola de su leyenda.

El razonamiento es, sin duda alguna, digno de atención. Que yo recuerde, el único estudioso que hasta ahora se ha planteado —muy de pasada— la cuestión de la incongruencia de la colocación de Tile, Frislada y Groenlanda es Novo F. Chicharro (Cervantes, 1928: 27-28, en parte reproducidas en IV, 12 [701 y nota 9] - [9 - Novo y Fernández Chicharro (Cervantes, 1928: 27-28) recuerda que "en el mencionado mapa [de N. Zeno] figuran Groenlandia, Islandia y Frislandia, así es que la confusión de nombres que sufriera Cervantes también la padeícan los cartógrafos de la época, y a causa de ello dudamos si Sigismunda sería natural de Groenlandia (que dista de Islandia, no las 300 leguas que calcula Cervantes, sino algo más de 500), o si, presciendiendo de ese vago indicio, debemos suponerla natural de las islas feroe o, en fin, si, para los Zeni, Frislanda era Vinlandia (descubierta por los normandos en el siglo XI), y entonces llegamos a la temeraria hipótesis de que Sigismunda.... era criolla americana precolombina (¡!)" - p. 701 n. 9], pero debemos tener presente que, para él, Tile/Tule es, a no dudar, Islandia ["maravilloso fuera que en la época en que imperaba el gusto clásico no e citase la isla de Tule de Virgilio, situada 'en la última parte de Noruega' (...), patria de Persiles, que, por tanto, era islandés" (27)]. Con lo que, si no me equivoco, Lozano Renieblas se nos presenta como el pionero en negar sin ambages una identidad formalmente propuesta como auténtica en la princeps por un personaje autorizado, como ayo que ha sido de Periandro. Pero esa bien articulada argumentación ¿es al mismo tiempo de veras persuasiva, convincente?

Conviene volver a examinar todas las informaciones pasadas por el narrador, de manera directa o a través de su personaje.

1) En el c. 12 se nos ha dicho que Periandro, durante la noche, fuera de Roma, cerca de un arroyuelo, en un soto, oye una voz extranjera en lenguaje de su patria (IV, 12: 698). En seguida se da cuenta de que son dos las personas que hablan en lengua de Noruega. No hay el menor motivo de sorpresa. Periandro es, sí, hijo de los reyes de Tile, pero considera el noruego su propio idioma. Cosa natural, dados el estrecho parecido de éste con el islandés y, sobre todo, las relaciones políticas con Noruega, que en más de un sentido podía ser todavía considerada como "madre patria" por los islandeses del siglo XVI (Islandia, poblada sobre todo por noruegos a partir del siglo IX, estuvo anexionada al reino de Noruega —del que dista unos 1.000 kms. —de 1262 a 1381, fecha en que tanto la una como la otra pasaron a depender del de Dinamarca).

2) Serafido explica a Rutilio (IV, 12: 698-699):
También te he dicho cómo en la última parte de Noruega, casi debajo del polo Ártico, está la isla que se tiene por última en el mundo, a lo menos por aquella parte, cuyo nombre es Tile, a quien Virgilio llamó Tule [...] Esta isla es tan grande, o poco menos, que Inglaterra...
El ayo de Periandro ha habldo ya del tema con el ex maestro de danzar senés. Y aún volverá a hacerlo, dentro de muy poco, por cierto que repitiendo casi palabra por palabra sus declaraciones de ahora, Serafido declara que Tule se tiene por última, no ya que lo es de veras (no en 1559 ni, por supuesto, en 1616: pero urge adelantar que en el c. 13 [706] el narrador dirá, en cambio, que era la última de aquellos mares setentrionales). Se trata de algo que, en su misma obviedad, es necesario tener presente a la hora de reconsiderar los dos pasajes del Persiles en cuestión. Continuando la relectura del primero, parece legítimo imaginar que, para quien ha afirmado que Tile es tan grande o poco menos que Inglaterra (en la realidad, si se trata de Islandia, no llega a la mitad de la extensión de la Gran Bretaña: 102.842 Km2, frente a 229.885) [Obsérvese sin embargo que el área de Inglaterra, y no de Gran Bretaña, es de 130.395 Km2—JAGL], declarar que se encuentra en la última parte de Noruega, casi debajo del Polo Ártico bien puede equivaler a se halla en la misma latitud que Noruega aunque, por supuesto, en diferente longitud —bastante más a poniente— que la parte septentrional de la Península Escandinava. (Por lo que se rfiere a la latitud, sabemos que no es así, pero así precisamente resulta en no pocos mapas de la segunda mitad del siglo XVI y aun de principios del XVII.)

3) "Más adelante, debajo del mismo norte, como trecientas leguas de Tile, está la isla llamada Frislanda, que habrá cuatrocientos años que se descubrió a los ojos de las gentes, tan grande que tiene nombre de reino, y no pequeño." (c. 12: 699).

Serafido habla en las afueras de Roma. En principio, su más adelante puede ser entendido (así hace Lozano Renieblas) como más a occidente o como más al norte.  Pero estas soluciones (ella misma lo reconoce) no satisfacen. ¿Será factible encontrar otra al pequeño enigma? A mi entender, Serafido, aquí, está usando más adelante ni más ni menos que en el sentido de más acá, hacia donde nosotros estamos ("Como atrás queda dicho", puede afirmar el autor de un libro, para expresar "como arriba". Y, paralelamente, "como más adelante se dirá", para indicar "más abajo"). Si se acepta cuento precede, Frislanda está situada precisamente más al sur (por supuesto, dentro de la misma zona del Atlántico, como de veras resulta en no pocos mapas de la época) y es de un tamaño respetable (en I, 13 [706], el propio Serafido dirá que Frislanda es tan grande como Sicilia). Ni debe sorprendernos, dado lo aproximado de las cifras aquí ofrecidas, que el personaje fije en unas 300 leguas la distancia entre las dos islas. Más importancia tiene que se feche el "descubrimiento" de Frislanda en unos 400 años atrás. Se trata, sin duda, de un error, con toda probabilidad imputable al cajista (en el c. 13 [706], el propio Serafido dirá que el hecho tuvo lugar en 1380: lo mas probable, pues, es que el original trajera aquí docientos).

4) "Volvióle a repetir Serafido cómo la isla de Tile o Tule, que agora vulgarmente se llama Islanda, era la última de aquellos mares setentrionales,
—... puesto que un poco más adelante está otra isla, como te he dicho, llamada Frislanda [...] tan grande como Sicilia [...] Hay otra isla, asimismo poderosa y asimismo llena de nieve, que se llama Groenlanda... [706]

Tiene razón Lozano Renieblas cuando concede un valor dirimente a ese puesto que. Tal cojunción (en castellano clásico, sólo concesiva) y lo que se leerá dentro de un momento relativo a Groenlanda, con toda evidencia situada al norte de Islanda, desautoriza literalmente cuanto he ido diciendo hasta ahora (si no me equivoco, con un buen índice de "aceptabilidad"). Al llegar a este punto, no hay más remedio que preguntase si el desinterés de Cervantes por la exactitud o, siquiera, por la verosimilitud de lo que está contando es tan grande como para inducirlo a olvidar cosas muy claras en la mente de quienquiera haya visto alguna vez un mapa donde aparezcan las tres islas aquí citadas (dos, reales; otra, casi inventada, resultado del "agigantamiento" y reunón en un solo territorio de casi todo el archipiélago de las Feröe y de los espacios marítimos que las unen/separan, lo que le permite compararla —ya se ha dicho— con Sicilia (Nicolò Zeno "el joven" la considera en cambio "assai maggiore che Irlanda": cfr. G. B. Ramusio, Navigazioni e viaggi, ed. cit.: IV, 189; pero la extensión de ambas islas es, en realidad, muy distinta: Irlanda tiene 84.261 Kms2; Sicilia, tan sólo 25.738). No es demasiado atrevido suponer que nuestro autor habrá visto y estudiado más de una de estas cartas geográficas. ¿Qué ocurre, pues? ¿Debemos atribuir tal falta de coherencia a un Cervantes que ya no dispone del tiempo necesario para revisar estos capítulos finales de su novela y eliminar gratuitas incoherencias, con toda probabilidad debidas tan sólo a la prisa o a otros factores "humanos, demasiado humanos"? ¿Habrá que pensar en la torpe intervención del encargado de revisar un texto a todas luces no perfectamente "terminado"? ¿Se reducirá todo a una mala lectura del famoso sintagma por parte del cajista o incluso a una pérdida de texto, en las líenas que siguen al puesto que? Buscando una respuesta, siquiera provisional, he repasado una vez más los pasajes de los cc. 12 y 13 del lib. IV que nos interesan y constatado en ellos no menos de seis contradicciones y/o errores:

1) Tile o Tule es, según Serafido, la isla que se tiene por última en el mundo [se considera, no es] a lo menos por aquella parte (698), pero más tarde (706), el narrador dice de ella que era [lo que, en el tiempo gramatical del personaje, equivale —ni más ni menos— a que es] la última de aquellos mares setentrionales;

2) Frislanda habrá cuatrocientos años que se descubrió a los ojos de las gentes (699), pero luego (706) Serafido precisa que el descubrimiento tuvo lugar en 1380 (en realidad, más bien resulta oportuno hablar de 1394: cfr. Ramusio, ed. cit., IV 192 y nota 1).

3) el inesperado puesto que (706) desmiente cuanto se había afirmado en 698;

4) un poco más adelante (706) constitutye una vistosa "reducción" del precedente Más adelante, debajo del mismo norte, como trescientas leguas de Tile (699);

5) Zeno resulta deformado en Temo (720-721)

6) Groenlanda, sin duda al norte de Islanda (en la zona hoy llamada Canal danés, a apenas 360 kms.), es citada después que Frislanda, situada en el texto —a mi entender, con no menos certeza— al  sur de la propia Islanda.

De los seis puntos en cuestión, 1), 2), 4) y 5) son fácilmente subsanables por el buen sentido del lector. Las auténticas dificultades consisten, claro está, en 3) y 6).

Por vía de pura hipótesis, cabe conjeturar que 3) no es más que el resultado de una mala lectura del original cervantino o del manuscrito dispuesto —¿por quién?— para la imprenta, donde no es imposible que constara puesta un poco más adelante. De ser ello así, las líneas en cuestión traerían (reproduzco con el mayor escrúpulo las grafías y la puntuación de M1):

Voluiole à repetir Serafido, como la isla de Tile, o Tule, que agora vulgarmente se llama Islanda, era la vltima de aquellos mares Setentrionales, [puesta] un poco más adelante está otra isla, como te he dicho, llamada Frislanda, que descubrió NIcolas Temo Veneciano, el año de Mil y recientos y ochenta, tan grande como Sicilia, ignorada hasta enconces de los antiguos, de quien es reyna Eusebia, madre de Sigismunda, que yo busco... (706)

O, transcrito a la moderna:

era la última de aquellos mares setentrionales. [Puesta] un poco más adelante...

Resta dar una solución, igualmente hipotética, al problema constituido por 6). Si bien se mira, la repetición de algunos términos podría explicar la corrupción de la lección de M1, en este caso por pérdida de algunas palabras del original. Así, donde se lee

que yo busco, ay otra isla, assi mismo poderosa, y casi siempre llena de nieue, que se llama Groenlanda, a una punta de la qual está funado un Monasterio... (706)

no parece absurdo integrar, por conjetura:

que yo busco. [Más allá de Tile] hay otra isla, asimismo poderosa...

Es comprensible que estas consideraciones queden confinadas en los términos de un apéndice, sin que la doble enmienda aquí sugerida pase de ninguna manera al comentario ni, menos aún, al texto. Se trata —bueno será repetirlo— tan solo de una doble hipótesis, finalizada a dar congruencia a un pasaje , que tras haberla tenido, siquiera suficiente, deja del modo más inesperado de tenerla por completo. A primera vista, inexplicablemente, pero... quizá tan solo a primera vista.

Reconozco a Lozano Renieblas el mérito de habernos hecho notar, con ejemplar lucidez, algo que a tantos se nos había escapado. Me resisto, en cambio, a aceptar, sin más, que Cervantes haya obrado así, en estos dos segmentos del Persiles, con el solo propósito de desorientarnos y que la explícita ecuación Tile = Islanda no haya de ser tomada en serio. En mi opinión, la sentencia de la estudiosa (que conviene reiterar: de habernos dado su localización, nuestro autor "hubiera caído, como dice Seráfido, en la vulgaridad de identificarla con Islanda, arrancándola a su tradición y despojándola de su leyenda") peca de ideologismo, resultado de la adhesión a una respetable teoría de la "novela de aventuras" pero poco plausible para quien considera que la citada "identificación" de Serafido tiene un claro sentido, que se impone al lector sin necesidad de ir a buscarle segundas y aun terceras intenciones.


XXXVIII
GROENLANDA
(IV, 13: 707)

En Groenlandia (descubierta en el año 983 por Erik el Rojo, que asentó en ella una colonia a su manera floreciente), el cristianismo fue introducido en torno al año 1000.

"En 1261, la isla pasó a poder de Noruega, lo cuaal no la favoreció en nada. [...] Hacia fines del siglo XIV, Vestriboygd fue devastada por los skrálinger (esquimales), y en 1418 fue destruida por los piratas ingleses. En vano mandaron allá, más tarde, los reyes de Dinamarca expediciones en busca de la desaparecida colonia groenlandesa, la cual andaba errante por la costa este. Los mismos exploradores [Davis (1585-87), Baffin (1616)] y los pescadores de ballenas que luego visitaron la costa oeste, no hallaron huella ninguna de civilización europea. Por fin, en 1721 estableció una nueva colonia en las inmediaciones de Godhaab el misionero Hans Egede..." (Enciclopedia Espasa).

Para Rudolf Schevill y Adolfo Bonilla, todo depende, y bien claramente, del relato de Nicolò Zeno "el joven", cuyo crédito minimizan en casi todo cuanto se refiere al convento, etc. [cfr. Ramusio, Navigazioni e viaggi, ed. cit., IV: 191-194]. "La idea de las fuentes termales en estas regiones pudo proceder de Olao Magno; pero todo demás es sencillamente absurdo." (Para ulteriores precisiones, cf. G. Padoan, art. cit., 268-271.)

Lozano Renieblas (Cervantes, 1997) tras recordar que la alusión a las nacionalidades de los frailes de tal monasterio falta —siquiera en los términos usados por Cervantes— en Dello scoprimento..., concluye (351): "En suma, la información que aparece en el Persiles podría leerse en cualquier atlas sin necesidad de retrotraerse más de medio siglo para encontrar este material. / Hay, sin embargo, un aspecto del relato de Cervantes que permite conjeturarque la selección no viene directamente del relato de Zeno: la denominación de Groenlanda." De acuerdo, pero ello no impide que el mismo Cervantes (para mí, más que probable conocedor del relato en cuestión, vuelto a publicar en 1574 y 1583 en la colección ramusiana, pero sin el mapa que acompaña la ed. princeps de 1558) haya querido "modernizar" por su cuenta —a partir de otros textos y cartas geográficas— el nombre de un territorio ya por todos considerados isla y por casi ninguno nombrado todavía Engroveland o Engrovelanda, como la misma Lozano nos ilustra (ibidem). O, invirtiendo los términos: ese casi seguro recurso de Cervantes a otras fuentes, de identificación más o menos ardua, no excluye por fuerza una (el relato Dello scoprimento...) de la que parece haber tomado varias noticias o detalles útiles para su novela.

(Las notas vienen de la edición del Persiles de Carlos Romero Muñoz en Cátedra, 5ª ed., 2004: 750-57).


























Siempre de camino a Ultima Thule...

Ultima Thule (Refoto)






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