jueves, 5 de abril de 2018

Álex Lachhein: "Los animales no tienen derechos"




Y una respuesta animalista de YouTube (de "¿Serás su voz?").

RESPUESTA A SUS FALACIAS: 1) "Los animales no pueden tener derechos porque no pueden tener obligaciones". El derecho no surge de la posibildad de cumplir obligaciones, sino de la voluntad de salvaguardar un interés inalienable y legítimo que tenga alguien. Por ese motivo, un bebé humano o un discapacitado severo tienen derechos pese a no tener obligaciones. Podría argüir que los animales no pueden tener nuestros mismos derechos, en lo cual estaríamos de acuerdo. Un animal no puede tener derecho a una educación, o a la libertad de expresión. O puede tenerlo, pero sería absurdo que se le reconociera un derecho que no responde a ningún interés del animal. Empero, a un animal sí se le puede (se le debe) reconocer el derecho a la vida, a la integridad física y a la libertad, puesto que son conscientes de su propia existencia y tienen la capacidad y el interés en disfrutarla, así como la capacidad para sufrirla (y el interés en no hacerlo). Y esto viene corroborado por la ciencia, que nos explica que los animales son conscientes de si mismos. Esto es un consenso científico expresado en la Declaración de Cambridge sobre la conciencia (2013). Los animales tienen conciencia y disfrutan de las cosas placenteras y sufren con las cosas dolorosas. Por lo tanto, al someterlos a explotación (hacinándolos, encerrándolos, manipulándolos, golpeándolos,etc) estamos frustrando sus intereses y les estamos causando un perjuicio tanto físico como psíquico. Hay también muchos estudios que confirman que los animales y los humanos compartimos las mismas capacidades sentimentales y emocionales. Susan McCarthy y Jeffrey Mason escribieron la obra “Cuando los elefantes lloran: la vida emocional de los animales”, en la que recopilaron multitud de datos que demuestran que los animales tienen una vida emocional. Joe Edgar, responsable de un estudio de la Universidad de Bristol publicado en marzo de 2011 en la revista Proceedings of the Royal Society B, dijo que su investigacion “se plantea la cuestión fundamental de si las aves tienen la capacidad para mostrar respuestas empáticas. Descubrimos que las aves femeninas adultas poseen al menos los atributos esenciales que subyacen a la 'empatía', la capacidad de verse afectadas por, y compartir, el estatus emocional de otro”. Los animales son capaces de amar y empatizar. Y sienten emociones como miedo, estrés, sufrimiento o frustración. Por ello, debemos incluírlos dentro de nuestro prisma ético, puesto que sufren y padecen exactamente igual que las personas humanas. Y no sólo eso, sino que, además, los animales son inteligentes. Recientes estudios nos muestran que mamíferos y aves tienen una inteligencia cualitativamente similar a la nuestra (aunque cuantitativamente lejana): “Pigeons learn virtual patterned-string problems in a computerized touch screen environment” (Wasserman, 2013), “Decisions in the absence of human lenguaje” (Watanabe, 2006) o “Thinking Pigs: A Comparative Review of Cognition, Emotion, and Personality in Sus domesticus” (Marino, 2015). Estos estudios (así como muchos otros existentes) nos dan cuenta de que los animales piensan, aprenden, razonan y recuerdan. ¿Quiere más? Multitud de estudios, comentados y ampliados en el libro "Justicia salvaje. La vida moral de los animales" (escrito por el biólogo evolutivo Marc Bekoff y la filósofa Jessica Pierce), nos muestra que los animales también distinguen entre lo justo y lo injusto, y que tienen también códigos morales. El simple hecho de que los animales sientan y tengan intereses ya es suficiente para no explotarlos ni dañarlos. Pero es que, además, no son tan distintos a nuestra especie como el antropocentrismo nos ha inculcado.


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