viernes, 21 de abril de 2017

Retropost #1575 (21 de abril de 2007): La página 148

Qué cruz, llevo diecisiete años haciendo una bibliografía gigantesca (ésta), y de muchos libros no hay fin, dijo el sabio, todo vanidad. La última vez que la intenté imprimir, me salían cuarenta tomos tamaño tesis. No sólo es que no lleve camino de acabar, porque la gente sigue escribiendo libros a más velocidad de la que yo los apunto. Encima, resulta que desde que inicié la bibliografía se han multiplicado las tecnologías de edición, sobre todo la Web, pero es que además, la web ha hecho aumentar exponencialmente la capacidad de todo quisque para colaborar en la edición de montones de libros. La gente que antes intentaba malamente clavar un peipa en una revista académica, ahora se junta y —zaca!—Libro que te casco. A ficharlo, corre, que sale el siguiente.

Estamos interconectados. Para mí, problema, porque cada vez estoy más lejos de ponerme al día. Otro efecto que ha tenido la web en mi bibliografía es su reducción al absurdo. Que ya era absurda desde el principio, supongo (sobre todo en tanto que empeño vital)—pero es que ahora de repente ha salido, plaf, la Wikipedia, que como la hacen entre varios millones y está mejor planteada desde el principio, pues no hay quien compita con ella como herramienta bibliográfica. O con Amazon. Sin contar con otros varios miles de bibliografías más o menos ambiciosas que han ido apareciendo en la güeb a la vez que la mía. De hecho la misma Web es el libro universal que remite a sí mismo, ya es a la vez el fichero y el libro; Google y Amazon y los buscadores han dejado obsoletos los proyectos acumulativos del estilo de mi bibliografía. Única ventaja, que desde que tuve acceso a Internet, pude hacerla accesible allí, y en la red lleva doce años la bibliografía, en ediciones sucesivas cada vez más enormes y más obsoletas.

Aparte de reducir este trabajo al absurdo, la web me ha descuajeringado el sistema de trabajo. Yo hacía listas caóticas de libros, artículos, etc. (¡ahora también tengo que incluir las páginas web!) en un ordenador, y las iba ordenando en otro. Ahora todas mis listas atrasadas están acumulando polvo imaginario, decenas de miles de títulos... porque se me ocurrió abrir una lista aparte para las cosas más urgentes, en vista de que no daba abasto a poner todo. Y (era de esperar) se me ha inflado hasta límites desproporcionados la lista de urgencias; los otros pacientes ya harán cola para siempre. El año pasado, visto que la lista de urgencias ocupaba doscientas cincuenta páginas, le pegué un tajo, pasé las urgencias menos urgentes a la sala de los pasos perdidos, y la dejé en cien páginas. Pero claro, en vez de encoger, siguió creciendo. Porque por un lado le quito y por otro le pongo, aquí mismo en el ordenador cuando me pongo a trabajar me aparecen cien referencias interesantes, blogs, libros anunciados, artículos electrónicos... pues hale, a la lista, uf, y llevo ya meses intentando que no se pase la lista de la página 150, pero estoy atascado día tras día en la 148, es un pulso inhumano. Siento como su estuviese tapando con el dedo el boquete de una presa y que se me va a derrumbar todo el día que quite el dedo...

Acabará mi empresa archivadora archivada un día de estos, sin duda, como el Mundaneum de Paul Otlet (también conocido como el Internet de tarjetas bibliográficas), otro proyecto imposible, otro sueño de "el libro universal" (vía Tecnología Obsoleta )... Bueno, de ahí salió la Clasificación Decimal Universal; de aquí ni eso, por supuesto. Y para llegar a doce millones de referencias también me falta aún un poquito. Tant d'heures perdues au mirage des mots. Le voy a sugerir al de Tecnología Obsoleta que escriba un artículo sobre mí. Entretanto, le echo otra referencia más para clasificar al montón.





library


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PS: El difunto Paul Otlet es el número 2 de los bibliógrafos en Google Scholar—yo soy el número 4, y, cosa que aún me alegra más, I'm still standing.

 


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