lunes, 11 de julio de 2016

Retropost #1049 (11 de julio de 2006): Anchos especiales



Iba con Ivo por la calle, cuando me dice que tiene los zapatos rotos, y en efecto, lo miro y veo que lleva en cada uno la suela suelta con sendas sonrisas de perro. Así que vamos a una zapatería. Dos dependientas apoyadas en el mostrador, un poco lentas, pero como no hay nadie más en la tienda, me atienden enseguida.

- Buenas... quería unos zapatos para el niño, de esos del escaparate. Un 34, si tiene.
- A ver... estos son un 34.
- ¿Qué tal, Ivo? ¿Te van?
- Ay, me aprietan.
- Pues de largos le van bien.
- Ya, sí, es que tiene el pie un poco ancho. ¿No tendrá un treinta y cinco?
- No.
- ¿Y de otros que sean parecidos? ¿Como esos de al lado?
- (Suspiro...). Voy a ver...
Va al almacén y vuelve con cinco cajas.
- Aquí le traigo treinta y cuatros y treinta y cincos.
- A ver el treinta y cinco. ¿Qué tal, Ivo?
- Ay, me aprieta. Por aquí.
- No le puede apretar. Es un treinta y cinco.
- Vaya, igual otro, a ver.
- Ay, me pincha.
- ¿Que te pincha? A ver... - digo - Ostras, pues sí, es que tiene clavos saliendo de la suela (– dos hermosos clavos de un centímetro cada uno, directos a la planta el pie).
- ¿Clavos? Ah, sí... sí que tiene.
(Silencio)
- Ejem... pues a ver este otro treinta y cinco..., ¿este te va, Ivo?
- Ay, me aprieta.
- Eso es imposible. El niño se equivoca. Es un zapato muy largo.
- Me aprieta a lo ancho.
- Ya, la anchura... ¿no tendrá un treinta y seis?
- Eso no afecta a la anchura. Aunque le traiga un treinta y seis, o lo que le traiga, le va a seguir apretando, siempre. Porque los números marcan la longitud del zapato, no la anchura.
- Ah.... ya veo. Vaya. Bueno, pues tendremos que ir a una zapatería de anchos especiales... Disculpen la molestia.
- Buenas tardes.





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