miércoles, 29 de junio de 2016

Retropost #1024 (29 de junio de 2006): Hemingway frívolo


¿Tenía Hemingway un capital ético en España? ¿Lo derrochó con sus visitas tan publicitadas durante los años 50? Los periódicos del régimen (El Alcázar, Arriba, etc.) dieron una imagen favorable del escritor, a pesar de que "no siempre hubiera sabido escribir bien sobre los españoles". Hemingway no hizo en España declaraciones políticas (muy lejos de mostrarse filocomunista, o de besar la bandera cubana y apoyar la revolución de Castro "en todas sus acciones"). Tampoco es que hubiera un foro donde pudiera hacerlas, porque no había prensa de la oposición, ni por supuesto se invitaba a escritores extranjeros a las universidades a que diesen una visión crítica del país (jaja!). Presentarse como "amigo de España" o "amante de España" era fácilmente identificado por los medios del régimen como ser amigo del régimen. ¿No era una frivolidad por parte de Hemingway prestarse a esa manipulación? Jamás la desdijo públicamente, y los ambientes que eligió para moverse - ambientes toreros, hoteles de primera, fincas lujosas, restaurantes exclusivos - desde luego eran como un anuncio de neón bendiciendo la normalidad de España para los antiguos intelectuales pro-republicanos. No hizo Hemingway ningún intento visible, ni dentro de España ni fuera de ella, por expresar su visión de la España franquista, como no fuera de modo muy muy indirecto, en su libro sobre El peligroso verano. Pero un libro de toros y toreros no es evidentemente lugar favorable a la crítica social, ni es esa su misión primera. Un libro sobre toros y toreros "desde dentro" es ante todo un libro sobre el Establishment, y escrito desde el Establishment. La corrida es ante todo un espectáculo simbólico en el que el representante del orden sacrifica ritualmente al chivo expiatorio que encarna al otro yo abyecto a quien hay que expulsar, purificando el espacio imaginario de la polis. En la España de posguerra, el toro es el rojo, y todos los toreros son Nacionales, héroes de la Cruzada. Por supuesto no hay toreo sin el permiso de la Autoridad, y es así esencialmente le espectáculo de la Autoridad. Así Hemingway despilfarró su pasado como corresponsal de guerra en la España republicana, y arruinó su reputación en España, donde tan apenas se le enseña desde los años setenta. Ni siquiera su influencia literaria (a través, por ejemplo, del Sánchez Ferlosio de El Jarama) es muy reconocida. Hemingway, creo, debería haber sido más cuidadoso con sus visitas a España. Hemingway y Ava Gardner: la beautiful people nos ama. Incluso Por quién doblan las campanas, después de su amistad con círculos del régimen y falangistas, queda vaciado de su sentido político, para reducirse a las aventuras vitales de un individualista en uno de los dos bandos de una guerra en la que lucha por una cierta fascinación con la violencia, un bando que muy bien pudiera haber sido el otro si por azar hubiera aterrizado allí. Para Hemingway las ideas fueron en última instancia accidentales, palabras que dicen los hombres en sus conflictos. Adaptando la parodia que hacía Trotsky sobre San Juan podemos decir que para Hemingway, en el principio fueron la acción, la camaradería masculina y la hombría, y luego siguieron la idea o el posicionamiento político, como sus sombras o coartadas.

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