lunes, 16 de mayo de 2016

Retropost #927 (16 de mayo de 2006): El Lupishome


Estas cosas sucedían en nuestra familia, sé que es difícil creerlo. No me refiero ni siquiera a que la gente por lo general hoy no cree en estas cosas, me refiero a que las asociamos más con películas viejas de terror, no con cosas que realmente creyeras que iban a poder suceder en tu casa, y sin embargo así es. Claro que hablo de personas nacidas en otro mundo y otro siglo.

Pues resulta que necesitaba el hijo mayor, urgentemente, evitar la mili, porque quería irse a América. Si lo pillaban para la mili, estaba aviado, porque entonces era larga (esto era antes de la Primera Guerra Mundial), y necesitaba irse ya. Por fin acabaría yéndose a América, y allá terminó pasando su vida. Y sin embargo aquella vez tuvo que retrasar el viaje, con peligro de no poderse ir, pero era por razones de fuerza mayor. Su madre estaba embarazada, y faltaba poco para el nacimiento del bebé. Tenía que quedarse hasta que naciese la criatura. Porque sólo él podía conjurar el peligro.

El peligro era... que había un riesgo muy importante de que la criatura que naciese fuese un hombre lobo. Un Lupishome, como decían en la aldea. Había que esperar a ver si nacía niño o niña, y entonces se sabría qué hacer. Entretanto había que retrasar el viaje a América... porque hablamos de la época de los vapores de inmigrantes, y de gente humilde; tenía que quedarse porque no podría volver, y sólo el hijo mayor podía conjurar el peligro de tener en la familia al Lupishome.
El hijo mayor tenía muchos hermanos y hermanas. Pero se daba la circunstancia de que ya le seguían seis hermanos varones. El bebé que naciese sería el séptimo varón de la casa. Parecería un bebé completamente normal, pero al ser el séptimo varón correría el peligro de convertirse en Lupishome antes o después. Sólo el hermano mayor podía realizar el ritual que conjuraría el peligro. Y por eso tuvo que retrasar el viaje, con riesgo de ser capturado por las autoridades. Pero como se ve no era una cuestión de poca importancia.

El bebé resultó ser niño. Y tenía los ojos de un marrón muy claro, casi amarillo. ("Tenía ojos de perro", me dicen). Así que cuando nació, el hermano mayor hizo lo ordenado por el ritual: lo llevó a un puente que separaba dos parroquias, y allí conjuró el peligro bautizando a su hermanito él mismo. Luego escapó a toda prisa hacia América. Y pasaron más de noventa años.

Ese niño que nació vive ahora en el último cuarto del pasillo. Me acaba de dar las buenas noches. Al margen de leves episodios de epilepsia, nunca se han apreciado signos extraños en él.




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