miércoles, 18 de mayo de 2016

How Things Hang Together


La conexión de todas las cosas: desde Heráclito hasta Adam Smith, y hasta aquí.

La symploké, los sistemas naturales y las máquinas mentales, la integración conceptual, y la consiliencia del saber.

Cita Daniel Dennett en esta conferencia la siguiente frase de Wilfrid Sellars, para definir a la filosofía y a su objeto:

"The aim of philosophy, abstractly formulated, is to understand how things in the broadest possible sense of the term hang together in the broadest possible sense of the term"

Construir un sistema es por tanto en cierto sentido construir un mapa, un mapa de la realidad habitable y concebible.

Si admitimos que la realidad es presente, pasada, o futura, ese mapa es siempre, en cierto sentido, un mapa temporal, un mapa en evolución. Aun si es un mapa estático de la realidad, deja sitio a que nos preguntemos, necesariamente, sobre los orígenes y antecedentes, y sobre el futuro y destino, de esta realidad presente. Pero un mapa global no puede ser un mapa estático, y ha de contemplar una realidad en el tiempo, en evolución y transformación.

De ahí que el análisis de la narración, o de la representación temporal de las cosas y de sus transformaciones, de la realidad en evolución, sea un instrumento filosófico y evolucionista de primera categoría. Es la tesis que defendemos en nuestra conferencia de París, "El relato que hay detrás de todos los relatos". Y exponemos ahí cómo los conceptos de mapa narrativo, y de anclaje narrativo (engarzar unas narraciones con otras en un mapa general de las narraciones) son asimismo nociones absolutamente centrales, y quizá descuidadas, en filosofía, y en ciencia, y en narratología.

Un razonamiento es un pequeño mapa, o instrumento cognitivo para orientarse, que permite conectar dos ámbitos de la experiencia antes desconectados.  De ahí surge el placer de la comprensión, de la iluminación súbita al ver la coherencia de las cosas, y también el goce estético del discurso bien trabado (esté escrito o no con palabras "bellas") que efectúa esa maniobra cognitiva, y la facilita en el lector. "Surge una armonía maravillosa", dice una traducción o paráfrasis de Heráclito, "cuando se une en la mente lo que estaba aparentemente inconexo". 

Por poner un ejemplo cercano a Heráclito, piénsese en la analogía entre la hazaña memorable de las armas y la acción certera y memorable del discurso, en este poema de Píndaro:

Espero,
que por altas que sean mis palabras, den en el blanco de lleno,
como lanzadas por un arco bien tensado. Musa mía, guíame el vuelo
de estas mis palabras
rectas y gloriosas. Pues los hombres pasan
pero las canciones
y los relatos nos devuelven el esplendor de sus acciones.


I hope, 
high though my speech be, it strikes the mark squarely, 
as from a bow drawn true. My Muse, steer me the flight 
of these my words 
straight and glorious. For men pass, 

but the songs 

and the stories bring back the splendor of their deeds. 
 (Nemea 6, en The Odes of Pindar)

La imagen certera y sorprendente, que ilumina inesperadamente un aspecto de la experiencia, fue apreciada por los poetas metafísicos, los conceptistas ingleses—por John Donne en especial, y fue descrita con cierto enfado por Samuel Johnson como un malabarismo conceptual, "the most heterogeneous ideas yoked together by violence". Gracián, más sensible a la estética barroca, les había dedicado a los conceptos y a los conceptistas un par de tratados sobre el Arte del Ingenio, en los que podemos ver un precedente de la estilística cognitivista. En una expresión más benevolente o más cognitivista, Johnson también describió la imagen de los metafísicos como una modalidad de ingenio poético que expande la comprensión (ver "Cognitive Johnson"), una discordia concors que no sólo es una tensión entre los elementos que la crean, sino una tensión entre lo que eran antes de que viéramos su conexión, y lo que vemos ahora, con la iluminación retrospectiva de la analogía que los une.

Surge una armonía o una iluminación—la conexión entre ambas imágenes es natural—acompañando a una idea brillante, una percepción penetrante, o a la satisfacción casi espiritual de la comprensión de un enigma ("something understood", como dice el poema de George Herbert "Prayer").

Una imagen, una analogía vista entre dos fenómenos, es como una herramienta mental. Permite reelaborar el primer fenómeno y presentarlo desde otra perspectiva, conocerlo mejor en alguno de sus aspectos, modelarlo, y prepararlo, quizá, para otra expansión conceptual efectuada mediante otra analogía. Mediante las fusiones o integraciones conceptuales, las metáforas, los símbolos y las analogías, construimos el espacio conceptual de la realidad humana, un espacio navegable y recomponible, plástico y expandible en dimensiones inesperadas. Si la realidad en que habitamos tiene (desde mucho antes de que se inventasen los gráficos de ordenador) mucho de realidad virtual, los símbolos y los puentes tendidos entre ellos son los píxeles y las sinapsis de esta cibernética mental desbordada en la realidad.

Diseñada para comprender y analizar esta maniobra esencial de la mente, esta "sabiduría poética" que diría Vico, está la teoría de la mezcla o integración conceptual, de Turner y Fauconnier. Comprender esa comprensión—es quizá una iluminación de otro orden superior, o quizá una aplicación recursiva de la misma, iluminándose a sí misma—oyendo la audición, como decía Derrida.

La conexión coherente de todas las cosas (o quizá, a veces, el efecto mental que acompaña a la percepción de esa conexión) también se experimenta a veces en las epifanías modernistas, y en otras experiencias trascendentes—me viene a la mente la misteriosa revelación que sufrió Santo Tomas de Aquino, y que le hizo aparecer todas sus Summas como una suma vanidad; o la súbita comprensión del sentido de las cosas que ha experimentado el hiperlúcido personaje de Nabokov en "Ultima Thule".

 Comentábamos (en este artículo al que conecto) la analogía o lazo subyacente entre la perspectiva dominante, topsight, y la visión de esa coherencia subyacente.

Pero hay que señalar otra conexión igual de importante, entre la conexión de ideas y el conocimiento.  Es la noción de consiliencia, el ideal regulativo de la integración deseable o concebible de todo el saber, una noción que ha impulsado E. O. Wilson (Consilience, 1998) desde una perspectiva ecologista y evolucionista. El relato de la Gran Historia, de la evolución cósmica en la que cada fenómeno halla su momento y su ubicación, es (y volvemos a encontrárnoslo aquí) el mapa cognitivo más útil para orientarse en el terreno de la consiliencia—llevándonos, en una primera visión panorámica, a dar un paseo cósmico por todas las ciencias, desde la cosmología y la física básica, a la astronomía, a la química y a la geología; luego a su sección especializada que es la biología y la ciencia de los entornos, y a la teoría evolucionista de la vida, y de las especies y sus muchos mundos. Especialmente los mundos culturales e históricos e inventados de nuestra especie humana, la única que sepamos que es capaz de efectuar unas integraciones conceptuales que le permitan construir estos mapas cognitivos, y estos símbolos dentro de símbolos y mundos dentro de mundos.

La consiliencia puede ser despreciada por muchos filósofos, en especial los menos ambiciosos que Hegel.  Pero quien quiera comprender la conexión de todas las cosas, ha de incluir el concepto de esta conexión de alguna manera en su sistema. La symploké de Platón, por ejemplo, una composición de ideas que es también un sistema de relaciones subyacente a la realidad y que vincula su pluralidad.  (Aquí una lección de Gustavo Bueno sobre esta noción, y las limitaciones que Platón le impone: "unas cosas están relacionadas con otras, pero no todas con todas en la misma medida", por parafrasear).

O, más cerca de nuestro tema, y de la noción de consiliencia, aparece esta conexión o symploké en unas reflexiones de Adam Smith que paso a exponer o recordar.

theological hall


En los Ensayos Filosóficos de Adam Smith se publicaron póstumamente los restos de sus notas (las que no destruyó) encaminadas a un proyecto filosófico de conectar las ciencias y las artes. Escribió Smith sobre economía, como bien sabemos—fundándola como ciencia, dicen algunos, si es que hay ciencia de la economía— y sobre moral y psicología social (he aquí un ensayo sobre su Teoría de los Sentimientos Morales). Pero también dio lecciones sobre retórica, estética y poética, y sobre jurisprudencia. Tiene unos ensayos sobre los cinco sentidos, y unos ensayos sobre el desarrollo de la ciencia en la antigüedad, de la astronomía, de la física, y de la lógica y metafísica, de gran interés para la teoría del conocimiento.

Comienza el libro con un análisis de las emociones de la sorpresa (que se relaciona con lo inesperado) y del asombro (efecto de la novedad). Y se pregunta por el origen de la disposición filosófica—qué es lo que nos lleva a conocer o a indagar en el mundo.  En La Riqueza de las Naciones ya se planteaba Smith esta indagación como la construcción de un sistema conectivo y una reducción a principios básicos, tanto en ciencias naturales como en ciencias morales:

La belleza de una disposición sistemática de observaciones diferentes conectadas por unos pocos principios comunes fue percibida por vez primera en los rudos ensayos que en la ciencia griega antigua apuntaban hacia un sistema de filosofía natural. Con posterioridad se intentó algo parecido en la moral. Las máximas de la vida ordinaria fueron organizadas con un orden metódico y conectadas merced a un puñado de principios comunes de la misma manera en que se había procurado ordenar y conectar los fenómenos de la naturaleza. La ciencia que pretende investigar y explicar esos principios conectivos es con propiedad denominada filosofía moral. (La riqueza de las naciones, libro V)

John Reeder señala el parentesco entre la perspectiva de Smith en su filosofía de la ciencia y la de Thomas Kuhn en La estructura de las Revoluciones científicas. Con respecto a su historia de la astronomía:

En esta Historia, pues, Smith trata de cómo los sistemas científicos, definidos como "una máquina imaginaria inventada para conectar en la mente los diversos movimientos y efectos que ya existen en la realidad" (Seccción IV), de cómo estos sistemas científicos se suceden unos a otros a lo largo de la historia en función no de su mayor capacidad explicativa sino por razones casi de estética y de insatisfacción psicológica. Al aparecer nueva información se hace cada vez más complicado para la imaginación asimilar esta información en el sistema. Se contruye entonces un nuevo sistema, más sencillo en su concepción y diseño, pero que incorpora esta nueva información, es decir, una nueva versión que permite presentar el nuevo conjunto de hipótesis de una manera más coherente, más estéticamente satisfactoria, más capaz en definitiva de tranquilizar otra vez a la imaginación, como diría Smith. Y así sucesivamente. El parecido de esta versión smithiana de la historia de la ciencia con la hipótesis kuhniana de los paradigmas salta a la vista. (Reeder, introd. a Ensayos Filosóficos de Adam Smith, 30).

Hay un cierto psicologismo dieciochesco en la formulación de Smith, que nos hace pensar mucho en la influencia de Addison y sus "placeres de la imaginación", en ensayos que sin duda conoció y apreció. Y se aprecia aquí, como resalta Reeder, la importancia de la coherencia estética y la sencillez digamos "neoclásica" en una teoría cuando logra reducirse a principios sencillos—ser lo que en el siglo XX se llamará una teoría bella, una noción con mucho predicamento en física matemática (ver Gell-Mann, "Beauty and Truth in Physics") pero que como vemos tiene sus raíces también en la estética y en Smith. Hay que matizar que desde luego no es cuestión de pura belleza formal lo que aprecia Smith, sino la capacidad explicativa o cognoscitiva aumentada que va unida a esta formulación más certera.

Y otra cosa que quiero resaltar es la dimensión semiótica o pragmática de la concepción de Smith: las teorías son mapas o modelos, tienen una relación imaginaria (a la vez que real) con la realidad—su finalidad es proporcionar un efecto cognitivo, un mapa o modelo de los fenómenos en la mente, que permita la comprensión y manipulación de la realidad. La mente descansa al  hallar una buena teoría como lo hace al resolver un acertijo, un enigma, o al dar con la solución de un problema matemático, something understood—son otras tantas analogías válidas que ayudan a entender dimensiones de la concepción de Smith.  Y aprovechemos para retomar la noción de una Gran Historia como modelo o mapa de la realidad en evolución, que nos ayuda a ver sus conexiones, las de la realidad, a la par que las conexiones entre las ciencias que estudian sus diversos aspectos. Un modelo para facilitar la consiliencia—y a la consiliencia vamos, de nuevo, pues tiene en Smith, como decíamos, uno de sus precursores.

(Sobre las dimensiones semióticas del concepto de consiliencia, noción de Wheeler y de E. O. Wilson, y sobre las críticas de Gould a la concepción consiliente, puede leerse también este artículo mío, "Consiliencia y retrospección").

Comienza así Adam Smith su ensayo sobre la astronomía (o sobre la consiliencia si se quiere), a su modo psicológico, partiendo como decíamos del análisis de las emociones de la mente—y buscándoles una raíz común, o un sistema que las integre, sacando a la luz sus vínculos:

El asombro, la sorpresa y la admiración son palabras a menudo confundidas, que en nuestra lengua denotan sentimientos que en realidad están vinculados, aunque en algunos aspectos también difieren y son recíprocamente distintos. Lo nuevo y singular suscita el sentimiento que con estricta propiedad se denomina asombro; lo inesperado anima la sorpresa; y lo que es grandioso o hermoso, la admiración. (Ensayos filosóficos, 43)

Comienza con unos comentarios sobre la tendencia de la mente a relacionar fenómenos iguales para comprenderlos, y la sorpresa o inquietud mental causada por lo novedoso que no puede "situarse" en ese mapa mental. Son reflexiones que recuerdan en gran medida (aunque a un nivel menor de densidad y elaboración teórica) a las de Umberto Eco en Kant y el Ornitorrinco: 

¡Con qué notable atención examina un naturalista una planta peculiar o un fósil extraordinario que le sean presentados! No padece desorientación alguna para referirlos al género amplio de plantas o fósiles, pero esto no lo satisface, y cuando considera todas las diferentes tribus o especies de cada uno con las que ha estado familiarizado hasta este momento, comprueba que todas rehúsan admitir entre ellas al nuevo objeto. Está solo en su pensamiento, separado de todas las demás especies del género al que pertenece. El naturalista se esfuerza por conectarlo con alguna de ellas. (Ensayos filosóficos 57).

El pensamiento crea sistemas, por asociaciones de ideas (aquí hay que relacionar a Smith con la filosofía de su amigo Hume, tan próxima en algunas cuestiones), y ello le permite funcionar y ahorrar esfuerzo. La mente crea así, a resultas del hábito y la experiencia, sistemas ordenados y coherentes "Las ideas provocadas por una ordenación tan coherente de las cosas parecen, por así decirlo, flotar a través de la mente de forma espontánea, sin obligarla a ejercitarse ni a realizar ningún esfuerzo para pasar de una a otra" (Ensayos Filosóficos 52). Podríamos, forzando la imagen, decir que una mano invisible crea estos sistemas cognitivos y a través de ellos la realidad mental que habitamos, un orden mental sobre la multiplicidad de los fenómenos. (Recordemos aquí y en el artículo antes nombrado sobre los sentimientos morales, que Adam Smith es uno de los grandes teorizadores del orden espontáneo, y que mucho aprendió Darwin de él a este respecto). En su ensayo sobre la historia de la astronomía, Smith también establece una analogía entre los sistemas y las máquinas, como modos de conectar, organizar y relacionar fenómenos, procesos y efectos (Ensayos Filosóficos 75). Podríamos decir que una analogía tal es de por sí una máquina mental: y un sistema científico es una máquina mental para relacionar partes de la realidad y facilitar la acción humana sobre ella. Veamos cómo Smith da un excelente uso, rentabilizando al máximo estos principios "psicologistas", para exponer una versión de dieciochesca de los ideales de la reducción en física, y de la Teoría de Todo, en la medida en que se pueden atisbar:

El paso del intelecto de un objeto a otro se ha vuelto gracias a la costumbre tan fluido y sencillo que casi prescinde del supuesto de dicho proceso. Es cierto que los filósofos, que a menudo buscan una cadena de objetos invisibles que permita enlazar dos hechos que ocurren en un orden familiar a todos, han procurado descubrir una cadena de este tipo entre los dos hechos que acabo de mencionar, del mismo modo en que han intentado merced a una cadena intermedia similar conectar la gravedad, la elasticidad e incluso la cohesión de los cuerpos naturales con algunas de de sus otras cualidades. (Ensayos Filosóficos 56)

El ejercicio de la atención en la observación de los fenómenos lleva al desarrollo de la misma capacidad de atención, y lleva a percibir discontinuidades allí donde ojos poco avezados o una mente poco entrenada no ve nada—por el mismo proceso de desarrollo de la percepción, el entrenamiento del tren de las ideas:

Y así como para uno puede parecer disonante una música que no alcanza la armonía más perfecta, para el otro unos hechos parecen totalmente separados y desunidos cuando no llegan a la conexión más estricta y perfecta. (Ensayos Filosóficos 57)

—Tengo que decir que en esta frase precedente me parece oír a un Adam Smith que suena casi casi como Heráclito, dos personajes heterogéneos que hasta ahora sólo hubieran podido uncirse mediante una Labor Violenta del Cerebro.

E inmediatamente se nos convierte Adam Smith en Wilfrid Sellars, al darnos su propia definición de la función y definición de la filosofía. Si para Sellars o para Dennett era la filosofía "el estudio de las relaciones entre las cosas", la definición de Smith es parecida, y es toda una propuesta o proyecto consiliente antes de la formulación supuestamente inicial de la consiliencia por parte de Whewell en el siglo XIX:

"La filosofía es la ciencia de los principios conectivos de la naturaleza." (Smith, Ensayos filosóficos 57)

Tómese la definición con cierta precaución, porque en el vocabulario dieciochesco de Smith, "filosofía" quiere decir en realidad algo más parecido a lo que nosotros llamaríamos ciencia, o más bien es un término mucho más general que incluye tanto filosofía como ciencia. Para la disminuida disciplina que hoy llamamos "filosofía" se empleaban términos más concretos como "metafísica", "filosofía moral" o "lógica" según los objetos. Por tanto, si bien nos proporciona, oída desde hoy en día, una bonita y sugestiva definición de filosofía en tanto que metadisciplina, disciplina de disciplinas, o reflexión sobre el conocimiento,  hay en la frase de Smith en realidad algo más próximo a lo que antes decíamos, una concepción consiliente de las ciencias... sin que de ellas quede excluida la filosofía; una concepción plenamente consiliente de las disciplinas del saber, por tanto, que abarca ciencias humanas, ciencias naturales y ciencias formales. Así sigue el párrafo de Smith:

La filosofía es la ciencia de los principios conectivos de la naturaleza. Tras la máxima experiencia que la observación pueda acumular, en la naturaleza parecen proliferar los hechos solitarios e incoherentes con todo lo que los precede, y que por ende perturban el movimiento cómodo del pensamiento; que hacen que sus ideas se sucedan en saltos y corcovos irregulares, por así decirlo; y que tiende de esta manera a introducir las confusiones y desórdenes ya mencionados. La filosofía, al exponer las cadenas invisibles que conectan todos esos objetos dislocados, pretende traer el orden a este caos de apariencias discordes y chirriantes, apaciguar el tumulto en la imaginación y restaurar en ella, cuando revisa los grandes cambios del universo, el tono de tranquilidad y compostura que le es al tiempo más grato de por sí y más conforme a su naturaleza. La filosofía, en consecuencia, puede ser considerada como una de las artes que se dirigen a la imaginación, y cuya teoría e historia caen por ello propiamente dentro del ámbito de nuestra investigación. Intentemos rastreala, desde sus primeros orígenes hasta la cumbre de perfección que se supone ha conquistado en el presente y a la que, en realidad, se supuso casi siempre en el pasado que ya había arribado. Es la más sublime de todas las artes agradables y sus revoluciones han sido las más grandes, las más frecuentes y las más distinguidas de todas las que han occurrido en el mundo del saber. Por ello, su historia debe ser desde todos los puntos de vista la más entretenida e instructiva. Examinemos entonces, los diferentes sistemas de la naturaleza que en estas partes occidentales del mundo, las únicas partes donde sabemos algo de su historia, han sido adoptados sucesivamente por las personas sabias e ingeniosas; y, sin considerar su absurdo o verosimilitud, su acuerdo o incompatibilidad con la verdad y la realidad, estudiémoslos sólo desde el enfoque particular que corresponde a nuestro tema, y limitémonos a investigar el grado en que cada uno de ellos estaba preparado para aliviar la imaginación, para transformar el teatro del mundo en un espectáculo más coherente y por ello más magnífico de lo que podría haber parecido en otro caso. Según lo hayan conseguido o no, habrán sistemáticamente logrado reputación y reconocimiento para sus autores o no; y se verá que ésta es la clave que mejor puede conducirnos a través de todos los laberintos de la historia filosófica; al tiempo sirve para confirmar lo que ha sucedido antes y arroje luz sobre lo que puede venir después; y podemos observar en general que no hay sistema, por mejor fundamentado que haya estado en otros aspectos, que haya podido cosechar un crédito amplio en el mundo si sus principios conectivos no resultaban familiares a toda la humanidad. (57-58)

Por especificar una cuestión importante en la sugestiva propuesta de Adam Smith (sobre los sistemas del saber como propuestas cognitivas heurísticas, basadas en la reducción gradual a principios simples), habría que ir más allá del lenguaje y el énfasis psicológico para discernir aquí también una concepción comunicativa e interaccional: es decir, que el "alivio mental" producido por un sistema más comprensivo o más consiliente no es una cuestión de percepción individual, sino de comunicación social—del mismo modo que las distintas disciplinas y conceptos del saber no son de acuñación individual, sino una obra colectiva. Lo que se facilita cuando una nueva concepción o una nueva ecuación integra electricidad y magnetismo, o teatro y psicología social, no es sólo una iluminación individual, sino que toda una serie de procesos y discursos sociales, modos de comunicación y de concepción de esos fenómenos, operaciones, físicas o mentales, se transforman. Se crea una nueva realidad conversacional, en términos de Shotter (1993). Circula la energía comunicativa de otra manera, y con la nueva concepción teórica se ha transformado el mapa de la realidad para un uso colectivo y comunicativo. (Es en cierto modo la respuesta a Marx cuando denunciaba que los filósofos se limitaban a interpretar la realidad—pues interpretarla es ya transformarla).

Esa transformación de la realidad es la que persigue el estudio de la consiliencia, y de las relaciones entre las cosas. El estudio de las relaciones entre las cosas crea nuevas cosas: la representación de esas relaciones, ahora visibles y manejables. Es una expansión de la realidad, a la vez que una simplificación de la misma... por vía de la complejidad.





Referencias:

Bueno, Gustavo. "Symploké." Video presentation. (Teselas, 34). YouTube (fgbuenotv) 13 April 2010.*
    http://www.fgbueno.es/med/tes/t034.htm
    https://youtu.be/fML2Ysy6l6s
    2015
Dennett, Daniel. "Ontology, Science, and the Evolution of the Manifest Image." Video lecture. YouTube (New College of the Humanities) 21 March 2016.
    https://youtu.be/GcVKxeKFCHE
    2016
Eco, Umberto. Kant y el ornitorrinco. Trans. Helena Lozano Miralles. (Palabra en el Tiempo, 265). Barcelona: Lumen, 1999.
García Landa, José Angel. "Consiliencia y retrospección." Ibercampus (Vanity Fea) 16 Nov. 2009.
    http://www.ibercampus.es/articulos.asp?idarticulo=14473
    2013
Gell-Mann, Murray. "Consciousness, Reduction, and Emergence." In Cajal and Consciousness: Scientific Approaches to Consciousness on the Centennial of Ramón y Cajal's TEXTURA. Ed. Pedro C. Marijuán. New York: New York Academy of Sciences, 2001. 41-49.
_____. "On Beauty and Truth in Physics." TED (Dec. 2007).
    http://www.ted.com/talks/murray_gell_mann_on_beauty_and_truth_in_physics.html
    2009
Gracián, Baltasar. Arte de ingenio. Tratado de la agudeza. Edición facsímil (Madrid: Juan Sánchez, 1642). Introd. Aurora Egido. Zaragoza: Gobierno de Aragón / Institución "Fernando El Católico", 2005.
Kuhn, T. S. The Structure of Scientific Revolutions. 2nd ed. Chicago: U of Chicago P, 1970.
Nabokov, Vladimir. "Ultima Thule." In The Stories of Vladimir Nabokov. London: Weidenfeld and Nicolson, 1996. 500-22.
Smith, Adam. Ensayos filosóficos. Introd. John Reeder. Trans. Carlos Rodríguez Braun. (Clásicos de la Economía). Madrid: Pirámide, 1998.
Shotter, John. Conversational Realities: Constructing Life through Language. (Inquiries in Social Construction). London, Thousand Oaks, New Delhi: SAGE, 1993.
Wilson, E. O. Consilience: The Unity of Knowledge. New York: Knopf, 1998.





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