jueves, 5 de mayo de 2016

El precio de un refugiado

La Unión Europea acaba de poner precio a los refugiados sirios: 250.000 euros por cabeza. Es lo que les cobrarán en concepto de "contribución solidaria" a los países que no quieren admitir refugiados, por cada refugiado que no admitan de su cuota asignada.

Es feo a primera vista, esto de ponerle precio a la gente, cuando solemos cacarear que la vida humana no tiene precio, etc. (y luego no damos ni un duro, qué digo un euro, por salvar una vida tercermundista a través de una ONG). Es cierto que una vida puede tener un precio indeterminado, alto, altísimo, pero sólo si cae en el torbellino de la propaganda de los medios. Si no, salen baratas, y las bombas de alfombra de los Aliados, o los cuchillos garganteros del Estado Islámico, se las ventilan alegremente y sin comentarios.

El precio concreto podría discutirse, como decía Groucho Marx, pero nos aclara las cosas saber que las vidas tienen precio. Y tiraremos a baja, de hecho, por la ley de la oferta y la demanda. Me refiero a que alegremente cogería cada refugiado sirio los 250.000 euros que le dicen que vale, y les diría a los funcionarios de la Unión que se olvidasen de él, dinero en mano. Por eso habrá negociación a la baja.

Pero no me parece mal esta iniciativa de la Unión Europea, por aclarar un poco el panorama. Primero, de cara a los Estados que no quieren refugiados: por aclarar si lo que no quiere Vd. es musulmanes en casa, o si lo que no quiere es gastar dinero. Ahora se puede elegir modalidad, aunque desde aquí me sospecho que lo que no se quiere es ni una cosa ni la otra.

Segundo, porque de cara a cada país, incluidos los de "welcome refugees", los más enrollados que podamos concebir, se plantea ahora un dilema: con este millón de euros disponible, ¿quiere Vd. pagar un subsidio a familias sin ingresos, de ciudadanos de este país, que no lo tengan, o quiere Vd. acoger cuatro refugiados? En la partida de gastos sociales, digo.

Es un dilema a considerar, y es que el dinero a aflojar (y más si es por parte de uno mismo) aclara rápido el precio de las cosas que, supuestamente, no tienen precio. Y establece pronto las prioridades, porque cada cual sabe cómo administrarse las suyas sin asesoramiento, en lo que toca al bolsillo. Aquí por ejemplo, es prioridad regalarle muchos millones de euros a Cuba, a saber por qué. ¿Deberíamos gastárnoslos en refugiados? ¿O en pagar la deuda, visto que tenemos que pedir prestado para dar caridad?

Y oigan, quien sea partidario de gastar más dinero en refugiados, más de 250.000 euros digo, libre es de contribuir. Que nos pase sus cuentas con sus ONGs, de cómo se gasta libremente su dinero, y luego hablamos de cómo gastar obligatoriamente el de todos.


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