martes, 5 de abril de 2016

Retropost #813 (15 de marzo de 2016): Reflections (On a Drop of Dew)



drop

Hoy hemos comentado en clase el poema de Andrew Marvell "On a Drop of Dew".

El poema está estructurado en torno a una analogía entre una gota de rocío y el alma humana. Ambas proceden "de lo alto", se encuentran en cierto modo exiliadas en el mundo, y ansían volver a su elemento natural, el cielo, lo sobrenatural. Son una pequeña esfera que en cierto modo se contiene a sí misma, aislándose de su entorno, y a la vez refleja también ese mundo exterior que la rodea: tanto el cielo del que proviene, como la base más oscura en la que reposa antes de evaporarse.

Hay un tercer término de comparación en el poema (aparte del maná del final), que no sabríamos decir si está implícito o por el contrario bien explícito, pues lo tenemos delante en todo momento: es el poema mismo. La tercera apoyatura de este conceit es reflexiva: el poema es como una gota que es como un alma. El poema, una gota que refleja el universo. El poema, como el alma humana, a la vez abierto al cosmos y aislado de él para formar su pequeño microcosmos,

Does, in its pure and circling thoughts, express
The greater heaven in a heaven less.
In how coy a figure wound,
Every way it turns away:
So the world excluding round,
Yet receiving in the day:
Dark beneath, but clear above (...)

Marvell hace poesía pura sobre esta gota de rocío, poesía pura porque también incluye una reflexión sobre la propia imposibilidad de la poesía pura: que necesita una base material en la que apoyarse, como la gota necesita la rosa, como el alma el cuerpo. Y sin embargo el poema señala hacia una espiritualidad hacia la que no puede remontarse sin desaparecer, sin evaporarse. Hasta un poema sobre la poesía necesita un mínimo anclaje en la experiencia, un tema humano: siquiera sea la contemplación de una gota de rocío.
Me llama la atención el detalle con que Marvell observa los reflejos en la gota; reflexiones de la mente sobre su propia actividad en su apertura al mundo. Me recuerdan estos versos, en los que el pensamiento puro o reflexivo aparece como la actividad quintaesencial del alma, a aquellos otros de su poema "The Garden". En ellos el placer de la mente contemplando el jardín es también el placer de la poesía centrada en sí misma, en la pura experiencia de la mente como reflejo del mundo y constitución de un pequeño mundo aparte, como el jardín, o la gota, o el poema, son un pequeño mundo aparte del mundo:
Meanwhile the mind, from pleasure less,

Withdraws into its happiness :
The mind, that ocean where each kind
Does straight its own resemblance find ;
Yet it creates, transcending these,
Far other worlds, and other seas ;
Annihilating all that’s made
To a green thought in a green shade.
 

Mientras, la mente, de placeres menores
Se retrae hacia su propia felicidad:
La mente, ese océano donde cada ser del mundo
Encuentra su propia imagen y equivalente marino
Y sin embargo crea, trascendiendo éstos,
Otros mundos muy distintos y otros mares;
Aniquilando todo ser lo vuelve
Un pensamiento verdoso a la sombra verde


No es extraño que esta reflexividad semántica vaya unida, en el poema, a imágenes de reflejos visuales —donde el cielo, o el universo, se reflejan en la gota. La atención a los reflejos, en especial a los reflejos accidentales, va unida aquí, como tantas veces, a la atención prestada a la propia reflexión y a la actividad que es propia del pensamiento.







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