viernes, 4 de marzo de 2016

Spanish Revolution, os ama


Ha desclasificado la oficina de inteligencia americana una serie de escritos de Bin Laden, recogidos durante el ataque al santuario, criptocripta o abadía donde se le abatió en Abbottabad— ver Bin Laden´s Bookshelf. Me ha llamado la atención, en el documento llamado "Carta a las naciones ocupantes", que Bin Laden alude de modo explícito al 11-M, y lo celebra como un acto de Al-Quaeda, convirtiéndose así (otra vez) en el candidato mayor a ser considerado el cerebro oculto y último responsable de la trama. Recordemos que en el juicio del 11-M no se le acusó ni se le procesó como tal.

Hay que decir que la referencia tanto al 11-M como al 11-S es muy vaga, y podría interpretarse como una expresión de solidaridad general con los autores de estos atentados, más que como una reivindicación creíble de su organización o autoría. Las simpatías, en todo caso, están claras.

Como lo están en otro caso: se refiere a la caída del gobierno de Aznar y los sucesos que siguieron al 11-M como la "Spanish Revolution" —a no confundir con la otra Spanish Revolution del 15-M, la proto-podemita, que fue posterior, pues este documento no fechado parece corresponder a los años de Bush todavía. (La referencia a Ahmed Yassin invita también a fecharlo en la primavera de 2004). Vamos, que las simpatías de Bin Laden hacia Zapatero & Co. y su "Spanish Revolution" parecen claras.  Si eran recíprocas no está acreditado, de momento, pero son afinidades electivas como para dar qué pensar.

No está bien investigado el 11-M, si no hay autores intelectuales en la narrativa oficial, si hay en ella tantos huecos, misterios y contradicciones; si se han cerrado las vías de recurso una y otra vez con tanta eficacia, y si incluso la única pista que conducía a Al Quaeda (la casa de Morata de Tajuña) se ignoró con toda deliberación. El tema ha pasado con éxito al olvido mediático, a pesar de los esfuerzos de Luis del Pino en Libertad Digital y pocos más. Hoy reaparece en las noticias, pero para ser sin duda ignorado de nuevo.

Es de preocuparle a uno, la aprobación de Bin Laden, especialmente en estas cuestiones—si hasta en otras cuestiones más irrelevantes, gustos musicales, por ejemplo, nos molesta coincidir con quienes no coincidimos en nada más. Me trae a la cabeza esto de las afinidades y coincidencias una observación de Adam Smith en su Teoría de los sentimientos morales, cuando dice así:
El amor es una pasión agradable y el enojo desagradable; así, no estamos ni la mitad de preocupados por que nuestros allegados adopten nuestra amistad como por que ingresen en nuestro resentimiento. Podemos excusarles por no parecer muy afectados ante los favores que podamos haber recibido, pero no seremos nada pacientes con ellos si se muestran indiferentes ante algún ultraje que se nos cause; no estaremos ni la mitad de enfadados con ellos por no merecer nuestra gratitud como por no simpatizar con nuestro enfado. Con facilidad pueden eludir ser amigos de nuestros amigos, pero difícilmente podrán evitar ser enemigos de nuestros oponentes. Rara vez nos irrita el que sean hostiles a los primeros, aunque con ese pretexto en ocasiones podemos simular un enojo con ellos, pero nos enfadamos muchísimo si son amigos de los segundos. (I,ii)
Con mayor razón aún, el elogio de un enemigo que se precia de habernos dañado con eficacia, y nos amenaza con volverlo a hacer, habría de obligar, en buena ley, a una cierta reflexión y desconfianza, a la hora de valorar el legado de esa confusa y manipulada "Spanish Revolution"—y de sus secuelas.

Como también habría de causarnos desconfianza preventiva toda afinidad o simpatía, vaya en un sentido o en otro, con otros terroristas y con filoetarras—también cargados como Bin Laden de razones "alternativas". Pienso aquí en la explícita solidaridad de los podemitas con Otegi y con los etarras encarcelados. Es de hecho de extrañar que indignándonos la ETA como asesina, nos enoje tan poco a los españoles la ETA por las razones que aduce para ello, en tanto que enemiga de España. Tampoco nos enojan lo bastante los que expresan simpatía o comprensión con sus proyectos, ya no digo con sus acciones. Todos los terroristas tienen sus razones, es cierto, hasta Bin Laden, pero hay que distinguir entre las suyas y las nuestras.

Y tampoco es de fiar, por cierto, y también nos enoja (pero menos seguramente de lo que debería) quien pacta o transige o "coincide" con secesionistas que dejan bien claro que su proyecto de comunidad pasa por despreciar, desautorizar, o destruir el nuestro.








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