viernes, 11 de marzo de 2016

Retropost #721 (26 de enero de 2006): Estatut y globalización



Con la aprobación del nuevo Estatut de Cataluña se ha cambiado por la puerta trasera el modelo de Estado. La negociación ha tenido lugar en ese lugar donde la democracia pierde su honesto nombre: en reuniones a puerta cerrada de los líderes de los partidos, y llamadas al cierre de filas y al punto en boca a los numerosos militantes del PSOE que no están de acuerdo ni con el cambio ni con la manera en que se ha llevado a cabo. Pero han aceptado callarse, ¿no? Y van a seguir votando a su líder, ¿no? Pues eso. Se hace la democracia con lo que hay en ella, incluidos los feudalismos y espíritu corporativista, que son de este mundo y no se van a ir. Por las puertas traseras se hace mucho trajín; claro que como se viene haciendo uso exclusivo de ellas las instituciones de representación, el Congreso y el Senado, se vuelven cada vez más en un frontispicio decorativo donde los supuestos representantes sólo dicen "sí bwana" a las decisiones previamente tomadas por lobbies y reuniones entre caballeros. Un sistema más presidencial, o monárquico (siendo el monarca Zapatero) que auténticamente parlamentario. Pero son servidumbres del sistema partidista, que desde luego los partidos no están dispuestos a cambiar desde dentro, por lo que parece.

La solución dada al asunto de la "nación catalana" es obviamente transitoria, y está esperando a la siguiente vuelta, cuando se haya hecho más trabajo (todavía) de atrincheramiento de lo catalán en lo catalán, para terminar de nivelar "nacionalidad" y "nación" en más terrenos. De hecho el gol ya estaba marcado con el término "nacionalidad" en la Constitución, y con la política de vender competencias a cambio de votos que se ha llevado durante las últimas décadas, tanto por parte del PP como del PSOE. Y, más aún que la venta de competencias, la renuncia a ejercer competencias propias o salvaguardias de derechos que pudiesen ofender a los nacionalistas. Es lo que ha pasado en asuntos de política contra el terrorismo en el País Vasco, y de la política lingüística tanto allí como en Cataluña. La terminología es importante, como los demás símbolos, y aquí la cesión terminológica y simbólica ha sido constante (la renuncia a la guerra de las banderas, por ejemplo, donde también se incumple la ley sistemáticamente). Y ha ido a la par, claro, con la cesión de políticas y fondos del Estado central a las autonomías. La dirección está clara, y no va a cambiar.

Algunos aspectos de este proceso son más democráticos. Por ejemplo, los dineros de los catalanes, como desean los catalanes, se quedarán en Cataluña. No se les obligará a ser solidarios en contra de su voluntad, y eso sí que es respeto a la libertad de elección (presupongo aquí, por simplificar, que los políticos catalanes llevan a cabo las políticas que desean los catalanes). La periferia española, exceptuando Madrid, tiene más población que el centro; y la costa mediterránea, turística, obtiene más ingresos que el centro/sur, o el noroeste. Por tanto es de prever que los políticos del PP de esas comunidades (como ya hace Piqué) se subirán pronto al carro de "lo nuestro para nosotros" si les interesa mantener los votos y la fidelidad de los lobbies locales (que les interesa). En Madrid aguantarán mecha a título simbólico, sujetando Ejpaña, pero a la larga pasará a aplicársele el mismo principio. Porque lo que se juega aquí, con mucha agitación de banderas y de sentimientos, tiene mucho que ver con una marea de fondo mucho más poderosa aún: la globalización.

Desde el punto de vista de la globalización, no hay naciones ni repartos solidarios que valgan: hay dos países, que son la ciudad y el campo. El campo, a dedicarse a la agricultura industrial, o subvencionada mientras aguante el lobby; la ciudad, a seguir absorbiendo población y recursos. Los recursos generados en la costa se invertirán ahora en potenciar las infraestructuras de transportes, abastecimientos (agua, etc.), urbanización y servicios sociales de la costa. Al estar la costa más poblada, también es una opción más democrática, menos nacionalista, en cierto modo. Lo que es nacionalista es construir autopistas en Teruel, o en Salamanca, con los fondos de los catalanes. Oía decir a una señora de Castilla-León en la radio, "Yo estoy de acuerdo con los catalanes, que piden lo mejor para su comunidad, ójala tuviésemos políticos que consiguiesen lo mejor para nuestra comunidad".... Ah, pero es que lo mejor para unos no es lo mejor para otros. Los catalanes tendrán más justicia para ellos, gastando en Cataluña sus dineros; pero la España rural se seguirá despoblando por falta de servicios, de comunicaciones y de una política estatal decidida a forzar un equilibrio entre territorios aplicando presiones contrarias a la marcha de la economía. Y la economía lleva a rastras a toda la parafernalia ideológica-nacional-institucional, como bien veía Marx.

Vamos a menos España, y más Urbanización; porque los territorios están desequilibrados, y ahora eso se reconoce un poco más, y se acepta. Pero eso no es sólo nacionalismo. Es globalización, que es la plataforma móvil en la que los políticos montan sus tablados, y con el movimiento de banderas y la acción de la escena no nos fijamos cómo el suelo mismo se va desplazando.




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