domingo, 21 de febrero de 2016

Retropost #660 (18 de diciembre de 2005): Por aquí en bata



Se supone que es lo que hacemos los blogueros, ¿no? -- Teclear en pijama o en bata sobre asuntos irrelevantes o trascendentales. Pues hoy estoy vagueando, y con tan mala fortuna que (para un día que duermo a pata ancha) he conseduido perderme la entrega de premios del cole de los nenes, la primera vez que le dan un premio a Oscarelo, de dibujo, y bien ilusionado que iba a recogerlo (lo ha llevado su madre). Bueno, si el material está bien, igual se lo cuelgo en la red con los otros.

Mientras, Álvaro está malucho, con fiebres y dolores de cabeza, pero aun con todo ha estado practicando aquí raíces cuadradas y escudriñando un nuevo método de explicación de las mismas inventado por el abuelo (que desde que se jubiló de maestro se ha dedicado con ímpetu renovado a replantearse la pedagogía de la lectura, de las matemáticas y de todo, concluyendo que aún queda mucho por hacer en todos los campos). Nos ha enviado por imeil esta nueva perspectiva sobre la raíz cuadrada). Y la abuela también nos mandó instrucciones: suerte, porque yo las raíces cuadradas las tenía ya almacenadas en el cuerpo calloso. Por cierto, que mañana cumple años, bueno, cumplen años mi mami, y Bertita, que van simultáneas. ¡Felicidades por adelantado!  



Pues después de teclear este rato no sólo tengo que vestirme y ordenar mínimamente la casa, sino también ponerme a currar en lo que no hago entre semana (demostrado que por mucho trabajo que me quite de encima, todavía no me da tiempo a hacer el que tengo comprometido). Menos mal que mis colaboradores son pacientes, y que pronto llegan las vacaciones para recuperar terreno. Ah, y yo también soy paciente con ellos. Ahora resulta, por ejemplo, que se ha perdido en el correo un libro al que contribuí, y mis separatas. Vaya, pues que me lo tendré que comprar, seré mi propio cliente. Los autores académicos no recibimos ni para alpiste. Lo más curioso es que ni sabía yo que contribuía a ese libro, envié el artículo a una revista y abracadabra, me aparece publicado en un libro (de hermenéutica, sobre el filósofo alemán H. G. Gadamer, que murió centenario y más que centenario hace poco). Bueno, una de las sorpresas es agradable en el fondo, resignación. Por lo menos la revista sí que me la han mandado.

Ahora veo que sale el abuelo (el otro abuelo, el que vive aquí) para misa. Otro que va para centenario (esperemos) -- de momento acaba de cumplir los noventa y un años. Hace años decía mucho eso de "ya me queda poca cuerda"; luego, al ver que el tiempo lo desautorizaba, ha optado por callarse y disfrutar de la vida. Nos comimos una tarta, y nos estuvimos viendo un concierto de Sarah Brightman, que es también la cantante favorita del abuelo, y bien que se lo pasó. Lo han felicitado hasta de Argentina, familiares que nunca lo han visto, pero es que el hombre es tan buena persona que hasta los desconocidos se dan cuenta, cuánto más los familiares. El otro día no estaba yo cuando llamaba una amiga, cogió el teléfono el abuelo, y luego me decia ella en un correo que le había cogido el teléfono "un señor entrañable".

Pues ayer nos fuimos a ver Lutero con Joseph Fiennes (a quien no paro de ver por todas partes, parece Scarlett Johanson). Drama histórico, excelente ambientación, pero suavecito en extremo con la figura del reformador. Se pasa un tanto de puntillas por sus alianzas "con los carniceros", según dicen pero no muestran en la película. Tampoco acaba de funcionar como película con vida propia interna. Pero aquí en España vendrá muy bien para educarnos sobre el personaje. Cuando yo era pequeño, no había gran diferencia entre personajes como Satanás, Barrabás y Lutero. ¡Herejes! Hoy en día casi todos los católicos españoles son luteranos, aunque no lo confiesen...

Y esta tarde, si el Tiempo o la fiebre no lo impiden, nos iremos a ver Otelo, que representa en el Teatro Principal la compañía Teatro che y moche. No he visto un montaje de Otelo (bueno, uno completo) en cuarenta años, o sea que nada me hace esperar que vaya a caerme alguno cerca en otros cuarenta años. Aunque la vida, de hecho, suele tener otra estructura estadística: quizá la semana que viene pongan otro, más bien. Y de momento me voy a vestir, que si no no hago más que inflar el blog.





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