lunes, 29 de febrero de 2016

Emoción, Sentimiento


(Del Diccionario de Filosofía de José Ferrater Mora:)


EMOCIÓN. Se usa a veces 'emoción' en un sentido muy similar a 'sentimiento'. En todo caso, mucho de lo que se ha dicho en el artículo SENTIMIENTO es aplicable a la noción de emoción. en ocasiones se distingue entre 'sentimiento' y 'emoción', considerándose la última como una de las especies del primero. Los sentimientos pueden ser corporales, como cuando se siente frío. Las emociones, aun si se consideran fundadas en procesos corporales, no necesitan describirse en términos corporales. Así, se estima que sentir alegría, temor, amor, etc., son emociones.

La noción de emoción está ligada a la de "pasión", en la acepción de una afección, o de un afecto. Conlleva regularmente la idea de una agitación del alma, del espíritu, de la mente, etc. Algunas veces se ha intentado distinguir entre sentimiento, emoción y pasión por el grado de intensidad. Así, se ha dicho que las emociones son más "fuertes" que los sentimientos, y que las pasiones son más "fuertes" que las emociones.

Nos limiteramos aquí a presentar algunas ideas sobre la noción de emoción, a debatir la cuestión de la relación entre emociones y procesos neurofisiológicos, y a aludir al carácter intencional o no intencional de las emociones. Para varios otros aspectos de la noción de "emoción", remitimos al indicado artículo SENTIMIENTO y también a PASIÓN.

Una teoría de la emoción como afección del alma se halla en Aristóteles, cuando se refiere a las emociones (que, por lo demás, pueden también llamarse "pasiones") como una de las tres clases de cosas que se encuentran en el alma. Emociones son afectos tales como el apetito (VÉASE), el miedo, la envidia, la alegría, el odio y, en general, los sentimientos acompañados de placer y dolor (Eth. Nic., II 4, 1105 b 21 y sigs.). Esta emociones se manifiestan casi siempre ante la perspectiva de algo; el alma se siente con ello agitada y "movida". Los filósofos han discutido mucho acerca del papel que las emociones desempeñan en la vida humana. Algunos han proclamado que debe buscarse una armonía de las emociones; otros, que deben cultivarse solamente aquellas emociones que causan alegría o placer; otros, que cualesquiera que sean las emociones habidas, han de experimentarse con moderación; otros, finalmente, que es mejor descartar las emociones (lo que se suele manifestar usualmente como necesidad de "descartar las pasiones"). Los filósofos que se han inclinado por esta última alternativa (entre los cuales descollaron los estoicos) han fundado su doctrina en una idea de la emoción como perturbación innecesaria del ánimo. Esta perturbación empaña la serenidad que acompaña a la racionalidad, por lo que la emoción es entonces considerada como opuesta a la razón. Sin embargo, aun los filósofos que han acentuado la necesidad de sobreponer la razón a la emoción, no han ido tan lejos hasta predicar una completa supresión de todas las emociones; pues hay emociones "buenas" y emociones "malas", emociones nobles y emociones innobles.

La tendencia de muchos filósofos a predicar el dominio de las emociones (y de las "pasiones") fue continuada por no pocos pensadores cristianos. Pero éstos, especialmente los de inclinación agustiniana, relacionaron con frecuencia íntimamente las emociones con la voluntad. Lo que importa en la emoción no es ella misma, sino el modo como es querida. Como escribió San Agustín, "la voluntad justa es un amor bueno; la voluntad perversa, un amor malo" (De civ. Dei, XIV viii 2). Sin embargo, ello no significa que la voluntad sea absolutamente determinante; en rigor, voluntad y emoción parecen determinarse una a la otra en cuanto que una emoción "buena" puede determinar la dirección de la voluntad. En todo caso, las emociones desempeñan dentro del pensamiento cristiano un papel más fundamental que dentro del pensamiento griego.

En la época moderna ha sido muy corriente considerar las emociones omo una forma inferior de actividad intelectual (Leibniz, Wolff, herbart). La emoción aparece como un conocimiento confuso. Las emociones no tienen una "lógica propia"; la idea pascaliana de una "lógica del corazón" ha sido considerada durante mucho tiempo como una paradoja. Se ha admitido que se puede conocer algo mediante las emociones, pues se ha reconocido el carácter intencional de éstas, pero lo que haya en las emociones de "lógico" se ha reducido al intelecto, única facultad capaz de dirigir y clarificar las emociones. Cuando, después de las citadas tendencias racionalistas, se ha intentado comprender la naturaleza propia de las emociones, lo corriente ha sido negarles el carácter intencional. Las emociones han sido concebidas como "modos de ser" de la psique, capaces de teñir por completo la vida psicológica, pero sin estar necesariamente correlacionadas con "objetos". En este caso se ha subrayado que las emociones eran fundamentalmente "estados" y se ha destacado su carácter básicamente "pasivo". Pero, cuando se ha procurado ver en qué se fundaban las emociones, se ha llegado con frecuencia a las dos conclusiones siguientes. Primero, que las emociones se hallan ligadas a la expresión de las emociones. Segundo, que las emociones se hallan relacionadas estrechamente con procesos fisiológicos. Los que han defendido esta última opinión se han dividido en dos escuelas. Una de ellas sostiene que lo que hay primero es la emoción (por ejemplo, temor, vergüenza) y luego, como consecuencia de ella, ciertas alteraciones fisiológicas (por ejemplo, temblor, rubor). Otra mantiene que lo que hay primero son ciertas alteraciones fisiológicas y luego, como consecuencia de ellas, una emoción. destacados representantes de esta última son F. A. Lange y William James (por lo que tal doctrina recibe el nombre de "doctrina de Lange-James"). ha sido expresada con gran claridad por William James en una famosa página de sus Principios de Psicología (Principles of Psychology, 1890, t. II): "Sentimos algo (we feel sorry) porque lloramos; estamos furiosos, porque golpeamos; temerosos, porque temblamos" y no "lloramos, golpeamos, o temblamos, porque sentimos algo, estamos furiosos o temerosos".

En nuestro siglo ha habido varios intentos de poner de relieve el carácter peculiar (y a veces, irreductible) de las emociones y a la vez su intencionalidad. Uno de los intentos al respecto es el de Max Scheler. Éste hace de la emoción un acto intencional en el cual son dadas esencias sin significaciones. La vida emocional no es una especie inferior en la vida intelectual. No se halla tampoco fundada en procesos fisiológicos (aunque se halle acompañada por ellos) ni es un simple "estado" más o menos pasivo. La vida emocional posee, según Scheler, su propia autonomía. Scheler ha investigado lo que ha llamado "las leyes de la vida emocional" como leyes autónomas. Su doctrina se ha basado en el análisis —y, sobre todo, en la descripción fenomenológica— de "unidades de vivencia" y no en el estudio de supuestos elementos abstraídos artificialmente de estados afectivos totales. Se ha hablado al efecto de un "panemocionalismo" (o "panemotivismo"), tan unilateral como el "panintelectualismo" y el "panvoluntarismo". Nos hemos referido con más detalle a las doctrinas de Scheler sobre ete punto en el artículo acerca de la noción de Sentimiento. Agreguemos que aunque los resultados obtenidos son muy distintos de los de Scheler, el estudio por Jean-Paul Sartre de las emociones se halla encaminado asimismo a destacar su autonomía y su intencionalidad.

Junto a los intentos antes reseñados ha habido esfuerzos con el fin de distinguir entre la emoción y la expresión de la emoción (que en Darwin [The Expression of Emotions in Man and Animals, 1872] y luego, por distintos motivos, en los conductistas aparecen estrechamente ligadas). En un pasaje de su obra sobre el mito del Estado, Ernst Cassirer ha escrito a este efecto lo siguiente: "La expresión de una emoción no es la propia emoción: es la emoción convertida en imagen." A la vez, Cassirer distingue entre expresiones físicas y expresiones simbólicas. Las primeras son comunes a los animales y al hombre; las segundas, son propias sólo del último. Lo que importa en las emociones humanas es su expresión simbólica (la cual ha producido las representaciones míticas y religiosas). Esta distinción se halla fundada en una antropología: aquélla según la cual el hombre es esencialmente un "animal simbólico".

Ha sido común distinguir entre "lenguaje emotivo" y "lenguaje no emotivo". Este último puede ser descriptivo o prescriptivo. Generalmente la distinción de referencia ha subrayado el carácter emotivo o descriptivo de los correspondientes lenguajes. Se ha supuesto que un lenguaje emotivo no describe nada salvo lo que siente la persona que usa el lenguaje. Correspondiendo a dicha distinción se ha propuesto distinguir asimismo entre "significativo emotivo" y "significativo no emotivo". La noción de significativo emotivo ha desempeñado un papel importante en las teorías éticas que se han adherido al llamado "emotivismo" (VÉASE).

Véase: Heinrich Maier, Psychologie des emotionalen Denkens, 1908; — John MacMurray, Reason and Emotion, 1935; 2ª ed., 1962. — Marius Latour, Premiers principes d'une théorie générale des émotions, 1935 y sigs. — R. Lacroze, L'angoisse et l'émotion,  s/f. (1938). — H. M. Gardiner, Ruth Clark Metcalf, John G. Beebe-Center, Feeling and Emotion. A History of Theories, 1937. — Frederick H. Lund, Emotions. Their psychological, physiological and educative Implications, 1939. — Jean-Paul Sartre, Esquisse d'une théorie des émotions, 1939 (trad. esp.: Esbozo de una teoría de las emociones, 1959). — Paul Thomas Young, Emotion in Man and Animal, 1943 (trad. esp.: La emoción en el hombre y en el animal,  1946). — J. Barnier, Émotion, émotivité, constitution émotive, 1947. — Fernand Jason, La vie affective et l'intelligence, 1948. — V. J. McGill, Emotions and Reason, 1954 (American Lectures in Philosophy,  ed. M. Farber). — S. Strasser, Das Gemüt. Grundgedanken zu einer phänomenologischen Philosophie und Theorie des menslichen Gefühlsleben, 1956. —Erik Götlind, Three Theories of Emotions: Some Views on Philosophical Method, 1958. — James Hillman, Emotion, 1960. — Anthony Kenny, Action, Emotion, and Will, 1963. — J. R. S. Wilson,
Emotion and Object, 1972. — Warren Shibles, Emotion: The Method of Philosophical Therapy, 1974. — F. Bergmann, R. C. Solomon et al., Understanding Human Emotions, 1979 (vol. I de Bowling Green Studies in Applied Philosophy). — P. D. MacLean, J. R. Averill et al., Explaining Emotions, 1980. — R. De Sousa, The Rationality of Emotion, 1987. — B. H. Boruah, Fiction and Emotion: A Study in Aesthetics and the Philosophy of Mind, 1988. — F. Sontag, Emotion: Its Role in Understanding and Decision, 1989. — R. C. Solomon, Love: Emotion, Myth, and Metaphor, 1990. — J. MacMurray, Reason and Emotion, 1992. — D. N. Walton, The Place of Emotion in Argument, 1992.

Para Aristóteles, véase W. W. Fortenbaugh, Aristotle on Emotion, 1975.

Para M. Scheler, véase sobre todo: Ética y Esencia y formas de la simpatía (referencias bibliográficas más completas en SCHELER [MAX]). — Véase asimismo bibliografía de PASIÓN y SENTIMIENTO.

Sobre Sartre, véase Joseph P. Fell, Emotion in the Thought of Sartre, 1965.

Antología: C. Calhoun, R. C. Solomon, eds. What Is an Emotion: Classic Readings in Philosophical Psychology, 1984 (contiene fragmentos clásicos de Aristóteles, Descartes, Spinoza y Hume, en la 1.ª parte; de Darwin, James y Freud, en la segunda; de autores contemporáneos, en la 3.ª y 4.ª partes. Tiene una extensa bibliografía).

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SENTIMIENTO. Si se entiende 'sentimiento' como "sentir algo" o "resultado de sentir algo", el término 'sentimiento' podrá tener tantas acepciones como las derivadas del verbo 'sentir'. Por lo pronto, 'sentimiento' puede ser definido como "la acción y el efecto de experimentar sensaciones". Estas sensaciones pueden ser, además, de varias clases: sensaciones de los sentidos corporales, emociones, pasiones, etc. Si reservamos para las sensaciones de los sentidos corporales el nombre de "sensaciones", todavía se podrá entender 'sentimiento' de varios modos: como una afección, como una emoción, como una aflicción, etc. Además, puede entenderse por 'sentimiento' una opinión, un barrunto, una expresión de pena, etc.

Esta variedad de significaciones de 'sentimiento' se hace patente en la literatura filosófica. A veces se llaman 'sentimientos' a todas las acciones y efectos del sentir en general. Pero entonces pueden llamarse también "pasiones". Así, Descartes escribe: "Después de haber considerado en qué difieren las pasiones del alma de todos sus demás pensamientos, me parece que se puede definirlas generalmente como percepciones, o sentimientos, o emociones del alma que se refieren particularmente a ella y que son causadas, mantenidas y fortalecidas por algún movimiento de los espíritus" (Les passions de l'âme, Parte I, art. 27). Se han llamado también "sentimientos" a las afecciones, impulsos, páthe, en cuanto alteraciones del ánimo y, según algunos, perturbaciones del ánimo que deben ser controladas y hasta eliminadas por medio de la razón. Tal sucede a menudo cuando se habla de "sentimientos en el sentido de muchos autores antiguos." A veces se llama "sentimiento" simplemente a todas las emociones en conjunto, o al origen de todas las emociones. Por consiguiente, mucho de lo que hemos dicho en el artículo EMOCIÓN puede corresponder a lo que se diga acerca del sentimiento. Por ejemplo, se ha discutido hasta qué punto los sentimientos, lo mismo que las emociones, son o no intencionales; en qué relación se halla el sentimiento con la voluntad y con la razón; en qué medida el sentimeinto es o no "inferior" al entendimiento y concebible como una especie de prcepción oscura y confusa, etc. En vista de todo ello parece que lo más razonable sea suprimir el vocablo 'sentimiento' y sustituirlo por otros términos como 'sensación', 'emoción', etc.

Mantenemos, sin embargo, el vocablo 'sentimiento' por haberse usado a menudo, especialmente en la filosofía moderna, en varios sentidos más o menos claramente especificados. Así sucede, por ejemplo, con la llamada "filosofía del sentimiento moral" —que puede llamarse también "filosofía del sentido (sense) moral"— de Hutcheson y otros autores. En este caso, 'sentimiento' (o 'sentido') significa una vivencia capaz de aprehender los principios del comportamiento moral humano, su justificación y sus fuentes. Así sucede también con lo que se ha llamado "primado del sentimiento" en Rousseau y otros autores. Aquí 'sentimiento' es el nombre que abarca toda la vida de las emociones. Así sucede también en la idea del sentimiento como saber primario e inmediato, a diferencia del saber mediato del entendimiento, tal como fue propuesta por Jacobi. Pero sucede especialmente cuando el nombre 'sentimiento' ha sido usado para designar una de las "facultades" básicas humanas, junto al pensamiento y a la voluntad. esta división tripartita ha sido a menudo la base para una doctrina del sentimiento como capacidad de experimentar ciertas realidades (o ciertos valores) y de juzgar acerca de tales realidades (o de tales valores). Durante la época romántica fue frecuente considerar el sentimiento como idéntico a la intuición de la realidad última, o como la única facultad capaz de expresar la naturaleza y formas de esta realidad.

Desde aproximadamente mediados del siglo pasado [XIX] se ha discutido con frecuencia si los sentimientos pueden reducirse, como manifestaba Condillac, a las sensaciones, o bien si poseen caracteres propios irreductibles a los de las demás "facultades", "funciones", "modos de sentir", "experiencias", etc. Los autores que han sostenido la posibilidad de reducir el sentimiento a la sensación han intentado radicar los sentimientos en la esfera orgánica. Los autores que han sostenido la independencia (siquiera relativa) de los sentimientos se han fundado por lo común en lo que puede llamarse "fenomenología de los sentimientos". Casi siempre esta fenomenología ha partido de la idea de que los sentimientos son actividades intencionales. Mientras ciertos filósofos, como, por ejemplo, Hamilton, consideraron que solamente los actos del pensar y del apetecer son intencionales, pero que no lo son los sentimientos —consideraron, pues, que se piensa siempre algo y se desea siempre algo (existente o no), mientras que el sentir permanece dentro del sujeto sintiente—, otros filósofos, como Brentano, estimaron que el sentimiento es intencional en el mismo sentido en que puede serlo la representación o el apetito: la expresión de Hamilton "subjetivamente subjetivo", dice Brentano, "se contradice a sí misma, pues donde no se puede hablar de objeto tampoco cabe hablar de sujeto" (Psychologie, II, 1). Los autores que han seguido estas ideas de Brentano se han esforzado por caracterizar los sentimientos o, como se ha denominado también, la vida emocional como algo que, siendo completamente distinto de la inteligencia y de la voluntad, se halla constituido por una serie de actos intencionales. Ha sido el reconocimiento de la intencionalidad de la vida emocional lo que ha permitido a Scheler establecer una serie de distinciones que van desde los sentimientos que parecen más vinculados a los estados afectivos hasta aquellos que poseen un carácter terminantemente intencional. Así, puede hablarse de los 1) sentimientos sensibles o, como los llamó Stumpf, sentimientos de la sensación, los cuales se hallan localizados o extendidos en partes determinadas del cuerpo, tal como acontece con el dolor, con los placeres, con el hormigueo. Estos sentimeintos sensibles no deben confundirse con la mera sensación o sensibilidad, todos los sentimientos tienen, según Stumpf, "una referencia vivida al yo (o a la persona) que les distingue de otros contenidos y funciones (sentir sensaciones, representar, etc.), referencia en principio diversa de otra que puede acompañar a un representar, querer y pensar". Pues mientras en actos como la representación, el yo o la persona tiene que intervenir activamente para mantenerlos dentro de su esfera, el sentimiento está indisolublemente ligado a un centro personal. De todos modos, tal referencia es mínima y muy indirecta en el sentimiento sensible localizado. Este sentimiento se distribuye orgánicamente y parece tener en lo orgánico su unidad de medida, de tal suerte que permanece atado al contenido sensible. De ahí que en la jerarquía que va del estado a la función, el sentimiento sensible se acerque hasta confundirse con el primero y excluya totalmente la segunda; los sentimientos sensibles eluden, en efecto, la intencionalidad, que constituye el núcleo de los sentimientos superiores. La referencia al centro personal y aun al centro corporal se efectúa en ellos indirectamente: todo el peso gravita sobre la parte orgánica afectada. Por eso el sentimiento sensible posee, además, las notas de la exclusiva actualidad, de la puntiformidad, de la ausencia de duración y de sentio; no hay, en efecto, la posbilidad de una renovación de la vivencia del sentimiento mismo, sino sólo de sus recuerdos, causas, efectos, etcétera. Tales sentimientos permanecen por ello más inalterables que los demás frente auna una atención o frente a la interferencia de otros sentimientos. Más aún, la atención parece destacarlos, a diferencia de los sentimientos de especies superiores, que quedan hasta cierto punto desvanecidos. Su dependencia de la voluntad o de la posibilidad de provocación es, por otro lado, mucho mayor, mientras lo posible puede "provocarse", lo espiritual no puede variar con el simple querer o no querer, hasta el punto de que los sentimeintos radicalmente personales están fuera de toda reacción y de toda voluntad. Si bien es cierto que esta sustracción de lo emocional a la voluntad no es probablemente nunca tan completa como el emocionalismo de Scheler supone, la verdad es que hay por lo menos jerarquía en el sentido apuntado. En cambio, 2) los sentimientos llamados vitales, tales como el bienestar y el malestar, el sentimiento de salud, o de enfermedad, los sentimientos de vida ascendente o descendente, la calma y la tensión, la angustia no espiritual, etc., pertenecen ya al organismo entero y a su centro vital, estando vagamente extendidos por la unidad somática. Su ausencia de precisa localización no significa, empero, que broten directemante de la hondura de la persona; la relación con ésta no es doblemente indirecta, como en los sentimientos sensibles, pero es de todos modos indirecta. El sentimiento vital es distinto del sensible inferior y de los psíquico y espiritual superiores; es un sentimiento corporal orgánico y somático, que no está compuesto de sensibilidades ni tampoco constituye lo psíquico y lo espiritual. Su funcionalidad y su intencionalidad son incomparablemente superiores a las de los sentimientos sensibles (tan escasas en estos últimos, que casi pueden declararse inexistentes). En ellos hay ya continuidad y duración. Les siguen los 3) sentimiento psíquicos o anímicos, que no necesitan ya dirigirse indirectamente al yo o, mejor dicho, ser percibidos por éste como suyos, sino que pertenecen efectivamente a él. Tristeza y alegría, melancolía o alborozo son en este sentido claramente intencionales, propios del  yo y reveladores del valor que podía ya ser en cierto modo aprehendido en los sentimientos vitales, aunque sólo de un modo imperfecto. Su independencia de la provocación y de la voluntad no es absoluta, pero es considerable; los sentimientos psíquicos o anímicos brotan de algo más profundo que de una contingente provocación, pero ello no quiere decir que carezcan de motivos. Por el contrario, la motivación es casi completa y su continuidad no puede ser interrumpida, por lo menos fácilmente, con las alteraciones del estado somático. Finalmente, 4) los sentimientos espirituales son puras funciones; todo estado del yo desaparece ante su funcionalidad, que se confunde con el núcleo de la persona misma y brota de su última hondura. Estos sentimientos no están en manera alguna subordinados a los contenidos peculiares de las vivencias. El contenido parece esfumarse ante el carácter absoluto de esa función del sentimiento que colma la persona entera. Se trata de los sentimientos de sí mismo de orden religioso y metafísico, de los sentimientos de salvación que se refieren al núcleo de la persona espiritual. La beatitud, la desesperación, el remordimiento, la paz y la serenidad del alma, etc., son ejemplos de esta suprema región de la vida emocional en la que el ser personal no queda entregado a nada ajeno, ni siquiera a sí mismo en cuanto egoísmo, sino a su auténtica mismidad espiritual, pues "son precisamente el ser y el valor por sí mismo de la persona misma quienes constituyen el 'fundamento' de la beatitud y la desesperación" (Max Scheler, Der Formalismus in der Ethik und die materiale Wertethik, 1913-1916 [del Jahrbuch für Philosophie und phänomenologische Forschung, 1]) (trad. esp.: Ética,  2 vols. 1941-1942).

La "descripción pura" de los sentimientos ha llevado a menudo a juzgar que éstos tienen una estructura propia, irreductible a la de cualesquiera otras actividades mentales, incluyendo las sensaciones. Ha llevado asimismo a subrayar el carácter intencional de los sentimientos. En lo que toca a lo primero, Bergson ha insistido en que el sentimiento es irreductible a la sensación "concomitante" , la cual es sólo como la armónica para un timbre del que sólo una auténtica creación por parte del sujeto humano permite dar la nota fundamental. Más todavía: "al lado de la emoción que es efecto de la representación —dice Bergson— y que se superpone a ella, hay otra que precede a la representación, que la contiene virtualmente y que, hasta cierto punto, es causa de ella" (Les deux sources de la morale et de la religion, cap. I, trad. esp.: Las dos fuentes de la moral y de la religión, 1942). Esto se hace posible en virtud de una previa distinción entre dos tipos de emociones o de "sentimientos": el infraintelectual y el supraintelectual. El primero parece enteramente derivado; el segundo, enteramente anticipador y creador. Esto supone, sin embargo, una cierta utonomía del sentimiento respecto al objeto y, por lo tanto, la negación de esa intencionalidad que Max Scheler ha puesto de relieve.

Es muy corriente agregar a un análisis de la naturaleza de los sentimientos una clasificación de los sentimientos. Así ocurre, por ejemplo, con Wunt, el cual ha distinguido entre sentimeintos de placer y disgusto, sentimientos de excitación-depresión y sentimientos de tensión-alivio. Un ejemplo más reciente de clasificación de los sentimientos es el proporcionado por Alejandro Roldán, S. J. (Metafísica del sentimiento. Ensayo de psicología afectiva. Aplicaciones a la ontología y axiología, 1956). Por su origen, puede distinguirse entre sentimientos por vía cognoscitiva (el conocimiento como productor del sentimiento) y sentimientos por vía conativa (la tendencia como producatora del sentimiento). El sentimiento no se equipara, sin embargo, a su origen; por eso los sentimientos no son ni conocimientos ni tendencias. Según dicho autor, hay tres tipos de sentimientos: periféricos, centrales y superiores.

Parece característico de los sentimientos el recorrer toda una gama que va de lo sensible a lo espiritual. Muchas doctrinas sobre los sentimientos son defectuosas o, mejor, unilaterales, porque acentúan demasiado un extremo en detrimento del otro. También parece característico de los sentimientos el que sea difícil localizarlos y su carácter "polar" (alegría, tristeza; amor, odio, etc.) Una forma particularmente importante de sentimiento es el "sentimiento total" (o "sentimiento tonal"), como ocurre con los temples de ánimo o talantes (véase TEMPLE), si bien puede alegarse que entonces no se trata propiamente de sentimientos, sino de un modo de ser que hace posibles los sentimientos y que explica por qué unos son más frecuentes que otros.

Además de las obras citadas en el texto del artículo (Brentano, Schelr, A. Roldán, etc.), véanse: F. von Feldegg, Das Gefühl als Fundament der Weltordnung, 1890. — Id., íd., Beiträge zur Philosophie des Gefühls, 1900. —Theodule Ribot, La Pscychologie des sentiments, 1896; 14.ª ed., 1936 (trad. esp.: La psicología de los sentimientos, 1924). —Íd., íd., La logique des sentiments, 1904. —E. Bauf, Die Stellung des Gefühls im Seelenleben, 1910. —A. Lehmann, Die Hauptgesetze des menslichen Gefühlslebens, 1914. —Alexander Pfänder, "Zur Psychologie der Gesinnungen", Jahrbuch für Philosophie und phänomenologische Forschung 1 (1913); 3 (1916). —G. Störring, Psychologie des Gefühlsleben, 1916. —J. Segond, L'Esthétique du sentiment, 1927. —Felix Krüger, Das Wesen der Gefühle. Entwurf einer systematischen Theorie, 1928. —R. Odebrecht, Gefühl und Ganzheit, 1928. —A. Wrescher, Gefühl, 1938. —A. Miotto, Psicología del sentimiento, 1941. —Jean Maisonneuve, Les Sentiments, 1948. —Th. Haecker, Metaphysik des Fühlens, 1950 (trad. esp.: La metafísica del sentimiento, 1959). —Jean Lacroix, Le sentiments et la vie morale, 1953. —Cornelio Fabro, Sentimenti, 1956. —A. Roldán,
Metafísica del sentimiento, 1956. —S Strasser, das Gemüt. Grundgedanken zu einer phänomenologischen Philosophie und Theorie des menslichen Gefühlslebens, 1956. —H. Friedmann, Das Gemüt. Gedanken zu einer Thymologie, 1956. —J. Bofill Bofill, "Para una metafísica del sentimiento: Dos modos de conocer", Convivium [Barcelona], I (1956), 19-53; "Para una metafísica del sentimiento: Sentimiento, juicio, existencia", íd., 2 (1957), 3-35. —Giovanni Giraldi, La gnoseología del sentimiento, 1957. —J. D. García Bacca, "Ensayo de catalogación ontológico-fundamental de los sentimientos", Episteme [Caracas], 2 (1958), 5-18. —Suzanne K. Langer, Mind: An Essay on Human Feeling, 1967; reed., 1988. —Stephan Strasser, Phenomenology of Feeling: An Essay on the Phenomena of the Heart, 1977. —C. Gurméndez, Teoría de los sentimientos, 1981. —D. Ulrich, Das Gefühl. Eine Einführung in die Emotionspsychologie, 1982. —F. B. Simon, Der Prozess der Individuation: über den Zusammenhang von Vernunft und Gefühl, 1984. —Q. Smith, The Felt Meanings of the World: A Metaphysics of Feeling,  1986. —R. M. Gordon, The Structure of Emotion, 1987. —D. Best, The Rationality of Feeling: Understanding the Arts in Education, 1992. —C. Wegener, The Discipline of Taste and Feeling,  1992.





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