lunes, 18 de enero de 2016

Agresiones al orden público


Están juzgando estos días a los españolistas que invadieron un acto nacionalista catalanista en la librería Blanquerna de Madrid, no sé si hace un año o dos, y que gritaron allí consignas condenando el secesionismo que promovían los organizadores. Se piden años de cárcel para los intrusos invasores abucheados en toda la prensa del régimen como fascistas violentos.

Aquí hay un vídeo difundido por uno de esos periódicos, donde se ve la llamada "agresión fascista" en su totalidad: unos empujones para abrirse paso a la fuerza, un fuerte empujón al diputado catalán que les cierra el paso y que lo manda al suelo; el diputado levantándose y cogiendo un poste metálico para agredir a los intrusos, cosa que es impedida por otros asistentes. Coreo de consignas, exhibición de banderas durante unos segundos, y marchando para afuera. Esparciendo además un spray irritante, tan irritante como la irrupción violenta. En total, un minuto exacto (cronometrado por el reloj del vídeo) duró esta agresión fascista que ha sido tratada por toda la prensa española como si de un atentado de la ETA se tratara—atentado con muertos, digo.

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Muy mal me parecen semejantes empujones y malos modos, y es justo que la policía los impida y que se castigue a quien se comporta de manera tan impresentable. Pero no con AÑOS DE CÁRCEL, por supuesto. Que les pongan una multa, o los lleven una mañana a Comisaría, y les den una reprimenda. Y que la prensa tenga un poco de medida a la hora de tratar estas cosas.
Observemos que los fascistas de Blanquerna se estaban manifestando, groseramente, a favor del orden constitucional, y el acto invadido era un civilizado acto de apoyo a un gobierno sedicioso. Porque los secesionistas catalanes están desde hace años pervirtiendo las instituciones, dando un golpe de estado desde dentro de ellas, cometiendo ilegalidades continuas, y hasta ahora ningún fiscal les ha pedido ni años ni minutos de cárcel.

Es más. Con ocasión de cada huelga general organizada por los sindicatos de izquierdas, mareas diversas y podemitas, se producen cientos de situaciones como ésta de la librería Blanquerna,  incidentes que no merecen mención en la prensa, ni por supuesto dan lugar a acciones judiciales ni a intervención de la policía.

En mi propia universidad, la Universidad de Zaragoza, cada vez que hay huelga se impide sistemáticamente a empujones la entrada a las facultades de Filosofía y Letras o Derecho, y esto repetidamente desde hace años; se levantan barricadas, y bandas de embozados y encapuchados echan afuera a quien les da la gana, o impiden la entrada a edificios públicos, a empujones, a escupitajos o a palos si alguien no se intimida. Pero jamás se habla en la prensa de bandas fascistas, ni de camisas pardas, ni de agresiones nacis,  ni de atentados anarquistas en la Universidad. Son sólo "jóvenes" activistas, o representantes sindicales, o estudiantes que hacen huelga, o piquetes informativos, etc. El acceso al campus lo cierran sistemáticamente, con cadenas, y con piquetes de vigilancia e intimidación, con sus palos, capuchas y banderas de estrella roja. ¿Se creen que el Rector, alarmado, llama a la polícía a que los despeje?  No padre. Ahí que los tienen manteniendo a raya al personal. Y mantienen la puerta de la Universidad cerrada no un minuto, ni dos, sino media mañana, o lo que haga falta—hasta la hora de irse de cañas, y que se sepa que la huelga ha sido un éxito, y quién manda allí.

Y esto no escandaliza ni a la Prensa, ni al Rectorado, ni al parecer al profesorado. A mí sí que me cabrea y me escandaliza, sobre todo cuando se nos hace comulgar con estas ruedas de molino de tamaño natural, y cuando se aplica una ley del embudo tan escandalosa, según quién sea el matón de turno.

Dí que desde que llegó la izquierda al gobierno de Aragón, se acabaron las huelgas y manifestaciones como por arte de encanto—ya todo anda suave en la educación; vamos a mejor notablemente, y no se necesita que la banda de la porra, o los piquetes fascistas, o lo que sean, hagan visible el "descontento popular" con el Partido Popular.

Y mientras, el gobierno y el parlamento de Cataluña, semana sí semana no, proclaman la independencia y la desconexión con España, con los Mossos de Esquadra a sus órdenes para velar por el orden público, que eso no cuenta como desvío de poder. Y dieciséis años de cárcel pide el gobierno sedicioso de Cataluña para estos piquetes informativos de Blanquerna, con toda su pachorraEste país no está más manipulado porque ya no hay margen.






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