sábado, 12 de abril de 2014

Primeros Principios, Resumen y Conclusión

El gusano que atravesó los Primeros Principios
En Primeros Principios introducía Herbert Spencer los principios básicos de su sistema de filosofía evolucionista, System of Synthetic Philosophy (10 vols. 1862-96). Me interesa por su explicación evolutiva unificada de la realidad. Teniendo el mundo causas comunes y simples, para Spencer la filosofía debería unificar la explicación de la realidad y derivarla de esos principios comunes, mostrando cómo todo el universo y los diferentes aspectos a nivel astronómico, geológico, biológico o cultural no son sino capítulos de sólo una gran historia. La primera edición, First Principles, era de 1862; yo tengo la última revisada por el autor, First Principles, 6ª ed. (The Thinker's Library, Londres: Watts, 1937). En español creo que se publicó en Barcelona hacia 1879; de esa fecha es el prólogo del traductor a esta edición que he encontrado, atravesada por un gusano de parte a parte, en la feria del libro viejo (Obras Filosóficas de Spencer / Traducción de José Andrés Irueste / Doctor en Ciencias exactas / y Catedrático de la Universidad de Granada / Los primeros principios / MADRID / LIBRERÍA DE FERNANDO FÉ / Carrera de San Jerónimo, 2 / 1887; Colección de Filósofos modernos, 4). No puedo resistirme a reproducir un párrafo del capítulo final, "Resumen y conclusión"—donde Spencer llega a la misma conclusión que Próspero en La Tempestad, a saber, que toda la realidad ha surgido de la nada y es una construcción sin base ni sustancia—que los habitantes del mundo feliz, sus hermosos palacios y sus torres que llegan hasta las nubes, sus templos solemnes y de hecho todo el teatro del mundo y los que lo hereden, han de desaparecer y de ellos no quedará ni huella. A esta conclusión llega Spencer no por intuición poética sino por razonamiento—pero en resumen viene a ser lo mismo:


190. Para terminar, hemos estudiado también en todas sus fases la operación contraria á la evolución, la disolución que, ineludiblemente y más pronto o más tarde, deshace lo que ha hecho la evolución.
Siguiendo rápidamente el curso y el fin de la evolución en los varios órdenes de séres, hemos visto que para todos ha de llegar el fatal vencimiento, última fase de aquella operación y primera de la disolución, habiendo luego estudiado ésta rápidamente en diversos órdenes, aunque en sentido inverso de como hicimos el estudio análogo de la evolución. Así hemos reconocido primero, tanto en las diversas clases de seres terráqueos, como en la Tierra misma, las condiciones que revelan su futura disolución en mayor ó menor plazo. Y elevándonos aún más en la vía de las generalizaciones y de las inducciones, hemos también inferido la propia operación en las masas inmensas que constituyen nuestro sistema planetario y nuestro sistema sidéreo, ó sea el innumerable conjunto de estrellas de que el Sol es una, quizá de las menores; concluyendo como muy probable una disolución universal, una vez terminada la evolución univeral que dura y durará un período de tiempo incalculable aunque inmensamente grande. Tal conclusión es también un corolario de la persistencia de la fuerza, y esta suprema unificación de los fenómenos, tanto evolutivos como disolutivos, considerándolos como manifestaciones de una misma ley en condiciones opuestas, unifica también, en cuanto es posible á nuestras limitadas inteligencias, los fenómenos actuales del Universo, con los análogos pasados y futuros; porque si hay, como tenemos fuertes razones para creerlo, una alternativa de evolución y disolución en el Universo entero, lo mismo que en cada una de sus máximas y mínimas partes; si, como es lógica consecuencia de la persistencia de la fuerza, el fin de cada una de esas dos fases opuestas del ritmo universal introduce por sí solo las condiciones para el comienzo de la otra fase; si, por tanto, nos vemos obligados á pensar una serie de evoluciones y disoluciones en un pasado y en un futuro indefinidos, no podemos pensar en un principio y un fin únicos para el Universo; no podemos dejar de pensar la Fuerza que el Universo nos revela, como infinita en el Tiempo y en el Espacio, infinitos también para nuestro pensamiento. (478-79)


Admiro el razonamiento de Spencer, y su esfuerzo en lograr lo que llama esta suprema unificación de los fenómenos, pero lo cierto es que nuestro conocimiento es aún más limitado de lo que admite—y eso porque los primeros principios fallan por la base. No sabemos si la fuerza que dio lugar al universo es infinita para nuestro pensamiento—más allá de que lo sea para nuestros fines prácticos—y tampoco sabemos si es persistente, o si surge de la nada. La teoría de los multiversos parece una versión moderna del razonamiento que intenta salvar este principio central de Spencer, la Persistencia de la Fuerza. Pero es un razonamiento dudoso que nos lleva a mayores perplejidades, sin garantía de certidumbre última.

Porque bien puede ser, también, que el mundo sea caprichoso, y haya salido realmente de la nada, y vuelva a ella, sin que la fuerza persista, ni deje el menor rastro al acabar la función—yea, not a rack behind.

Sobre Spencer di hace un año esta conferencia en la Universidad Internacional de París.





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